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El espacio geográfico como dimensión de la Calidad de Vida

Aspectos teórico-metodológicos

2.3. El espacio geográfico como dimensión de la Calidad de Vida

Según se ha podido observar, la investigación de la Calidad de Vida no es patrimonio exclusivo de una disciplina científica en particular. Además, reviste un grado de complejidad que dificulta el consenso acerca de su área de estudio. Se refuerza así la posición de que el concepto depende de la imagen del mundo que individuos y grupos tengan de la vida en una sociedad espacial, temporal, cultural y políticamente determinada. En este sentido, desde la Geografía, el abordaje de la CdV se presenta como un debate de interés, dado que su estudio implica necesariamente considerar los vínculos existentes entre la sociedad y el territorio.

En general, y en Argentina, los estudios sobre calidad de vida elaborados por geógrafos (Velázquez, 2001; García, 2004; Lucero et. al, 2005; Mikkelsen, 2006) se basan principalmente en un enfoque espacial. Es decir, “mediante indicadores sociales, investigan localizaciones, distribuciones, asociaciones y evoluciones espaciales” (Buzai y Baxendale, 2006:52).

Velázquez (1999, 2001, 2004a, 2008) considera que la calidad de vida o bienestar es una medida de logro respecto del nivel establecido como óptimo, teniendo en cuenta dimensiones socioeconómicas y ambientales dependientes de la escala de valores prevalecientes en la sociedad y que varían en función de las expectativas de progreso histórico. También remarca la necesidad de insistir con el criterio de las expectativas para la definición de niveles de bienestar de la población, ya que no siempre el mero transcurso del tiempo implica mejoras objetivas (Velázquez, 2004; Velázquez y Gómez Lende, 2005). Calidad de vida no sólo tiene en cuenta las necesidades objetivas, sino que incorpora aspectos de carácter subjetivo del individuo y los grupos sociales para cada momento histórico determinado y espacio considerado. Sin embargo, ambas dimensiones recomienda deben ser comparadas pero no asimiladas con las objetivas, es decir, no deben incluirse elementos subjetivos con técnicas objetivas de análisis sobre el bienestar.

Otro aspecto importante que distingue Velázquez, es incorporar también las dimensiones públicas y privadas de la calidad de vida. La primera está referida a aspectos macro, vinculados con cuestiones ambientales y de accesibilidad, mientras que la segunda depende de indicadores micro, asociados con el nivel de ingresos, la composición del grupo familiar o nivel de instrucción. Es posible considerar el peso de ambas dimensiones para el análisis con escalas detalladas para la determinación de niveles de calidad de vida por sectores y grupos sociales.

Desde la geografía anglosajona la calidad de vida es interpretada por Pacione (2003) a partir de un cuerpo conceptual conformado por cinco dimensiones de análisis como se observa en la figura

2.1. Los niveles de análisis pueden variar desde la visión general del bienestar (whole life) hasta los

tamaño y número de habitaciones en una unidad de vivienda). La principal contribución geográfica

de este marco de análisis es la introducción de la dimensión espacial que se suma a las otras

dimensiones tradicionalmente consideras, las condiciones sociales y el tiempo.

Figura 2.1. Modelo de cinco dimensiones en la investigación de la calidad de vida

Fuente: Pacione, M. (2003).

Otra dimensión que considera Pacione es la escala geográfica que va desde la escala local

pasando por la ciudad, la región, y el ámbito nacional e internacional. La tercera dimensión se refiere al tipo de indicador de la calidad de vida empleado. Dos tipos distintivos de los indicadores sociales son apropiados para la medición del bienestar social e individual. El primer tipo comprende indicadores objetivos que describen los entornos en los que las personas viven y trabajan. Los segundos son indicadores subjetivos destinados a describir las formas en que perciben y evalúan las condiciones que les rodea. La cuarta dimensión se emplea para medir la calidad de vida en

diferentes momentos en el tiempo y para controlar los efectos de las políticas destinadas a mejorar

la calidad de vida de las personas y lugares particulares. La quinta dimensión refleja la estructura

socioespacial de la ciudad e indica la necesidad de evaluar la calidad de vida de los distintos grupos sociales diferenciados a lo largo de una serie de categorías como clase social, estilo de vida, origen étnico, el género y la edad al interior de la ciudad.

En este sentido Espinosa Henao (2005:5) remarca que sería presuntuoso procurar unificar en un único criterio la noción de Calidad de Vida, ya que los valores, apetencias e idearios varían en el tiempo, en el interior de las estructuras sociales y en cada persona. La calidad de vida, en el sentido de bienestar, es un construido histórico y cultural de valores sujetos a las variables de tiempo, espacio e imaginarios, con los singulares grados y alcances de desarrollo de cada época y sociedad (Espinosa Henao, 2000:5).

Una primera aproximación empírica al análisis de la calidad de vida urbana para la ciudad de Mar del Plata puede ser observada en el Mapa 2.1. En esta representación aparece la mirada objetiva a través de la construcción del Índice de Calidad de Vida que contempla las dimensiones Salud, Vivienda, Educación y Ambiente, conteniendo diez indicadores estandarizados por puntajes omega y ponderados en la síntesis final, elaborados sobre la base de datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2001 (Lucero et al, 2005; 2006; 2008) siguiendo el diseño elaborado y practicado por Guillermo Velázquez (2001). En el cuadro 2.1. se disponen las dimensiones y variables seleccionadas junto a su ponderación y clasificación en quintiles para su representación.