2. Delimitando el escenario de la práctica preprofesional
2.1. Descripción del ámbito institucional de intervención: La secretaria de
2.1.4. Acercándonos a la dinámica Institucional
2.1.4.1. Del espacio y sus usos
Por otro lado, y haciendo mención al espacio estructural de la residencia preadolescentes, podemos decir que cuenta con cuatro dormitorios, dos baños y dos patios (uno interno, otro externo), la oficina del responsable de gestión, del equipo técnico, sala de ropería, comedor, cocina, lavadero y sala de computación.
Así, el uso de cada uno de ellos y circulación estaba determinado por las funciones y roles de cada actor. La oficina del responsable de gestión sólo era utilizada por éste durante su jornada laboral, como así también cuando desde el equipo técnico era solicitada, como por ejemplo
cuando sucedían dos visitas familiares o cuando se debía realizar una entrevista y se requería de otro espacio (además de la oficina del equipo técnico) para el desarrollo de las mismas.
Cabe destacar aquí, que el espacio designado para el equipo técnico solamente estaba abierto los días que las profesionales se hacian presente en la residencia, teniendo acceso a éste solo ellas y el responsable de gestión, quienes tenían las llaves del lugar.
Asimismo, los educadores permanecían en su mayoría en el comedor; allí transcurría el mayor lapso de tiempo de su jornada laboral, mientras que la rotación por los otros espacios de la residencia resultaba de la circulación de los niños por la residencia, por ejemplo cuando los niños se encontraban en el patio jugando uno o más educadores se situaban allí. A su vez, las cocineras y la encargada del comodato sólo compartían, junto a los educadores y niños, el comedor a la hora del desayuno y merienda.
Resulta preciso entonces, reconocer e indicar cuáles eran los espacios habilitados dentro del ámbito de la residencia para los niños. El curso de la cotidianeidad de los niños se desarrollaba en el patio interno, la sala de computación y el comedor cuando miraban televisión, películas, o cuando se reunían para realizar alguna actividad de tipo recreativa. Además algunos niños solían reunirse en sus habitaciones para compartir un momento de charla y privacidad al interior del
lugar, pero éstos no eran extendidos en el tiempo, ya que los educadores constantemente se acercaban a verificar qué se encontraban haciendo los niños. Actitud que provocaba el desplazamiento de los niños y, por consiguiente, el fin del momento.
El patio y la sala de computación eran los principales espacios de juegos y encuentro entre los niños. La sala de computación es una habitación situada detrás del patio, tiene una computadora, juegos de mesas y una biblioteca con libros escolares, diccionarios, cuentos, etc.
No obstante, cada uno de los lugares de la residencia estaba bajo llave (puertas de ingreso, oficinas, sala de computación, cocina, sala de ropería y comodato) y un educador de cada turno era el responsable de éstas; de mantener abiertos o cerrados ciertos espacios. De este modo, por ejemplo, los niños no podían ingresar a la cocina sin autorización del personal responsable de éste lugar, y si estas personas no se encontraban la cocina permanecía cerrada, o si estaba abierta, se le colocaba un candado a las heladeras, impidiendo el acceso de los niños a ésta.
De la misma manera, los niños únicamente podían ingresar a la sala de computación cuando se los autorizaba, es decir, algún educador debía abrir el sitio para que ellos puedieran estar allí. Entonces, la utilización de este espacio por parte de los niños estaba precedida por un permiso de
algún educador, como a su vez, el no uso del mismo, en su mayoría, era parte de una sanción.
Todo ello nos lleva a considerar la posibilidad de una "absorción institucional de la capacidad de decisión y deseo. Es tal, el efecto totalizador de la institución hacia el sujeto, que éste tiene que pedir permiso y aprobación para cumplir con actividades o necesidades que cualquier otra persona podría realizar sin tener la opinión de alguien más, son actividades tan sencillas pero tan necesarias como ir al baño, comer, tomar agua, poder dormir, etc" (González Padilla. 2009: 12).
Pese a todo lo mencionado, los actores de la institución la definen como “una institución abierta”. Esta concepción imperante en el imaginario institucional se debe, en primer lugar, al adquirir el carácter de una residencia prevencional, “somos prevencionales, es una institución de puertas abiertas”19
Sin embargo, como mencionamos anteriormente, un educador se encargaba del control de las llaves de la residencia. De tal forma, los niños debían solicitar autorización para poder acceder a ciertos espacios, como para salir, ya que la puerta principal de ingreso permanecía constantemente cerrada y la otra, bajo vigilancia del educador a cargo de las llaves.
En segundo lugar, se entiende que la residencia es de puertas abiertas ya que “no hay
regímenes de visitas”. Sin embargo, en el desarrollo de nuestro proceso de inserción hemos visualizado y reconocido que los regímenes de visitas, como así también las llamadas telefónicas, solo eran autorizadas por parte del equipo técnico. En una oportunidad, nos encontrábamos en la sala donde se reúne el equipo técnico, y éste entrevistaba a un grupo de hermanos que había salido con su padre de paseo sin autorización, por lo que se les dice "esta visita no estaba programada, ustedes no pueden volver a salir así, tiene que venir su papá a hablar con nosotros primero para autorizarlo, ¿si?"20
Ese mismo día también se le suspendieron las visitas y llamadas telefónicas a la abuela de otro niño hasta nuevo aviso, circunstancia tal que quedó registrada en el parte diario.
Generalmente, las visitas familiares se realizaban los días martes y viernes, lo cual lo relacionamos con la asistencia del equipo técnico en la residencia, que se desarrollaba en esos días. De esta forma, la trabajadora social y la psicóloga son quienes deciden cuándo se deberán realizar las visitas, quién puede asistir, cómo será la modalidad del encuentro y donde se efectuará, es decir en qué espacio de la residencia (o en su defecto, en los instalaciones del ex complejo Paulo Pizzurno), a razón de la situación familiar diagnosticada. Es así que, en la mayoría de las ocasiones las visitas se 20 Anexo. Registro de una visita en residencia preadolescentes.
realizaban en la oficina del equipo técnico, o en caso contrario, en el comedor o en el patio donde hay una mayor circulación de los niños y del personal; restringiéndose, de este modo, la privacidad de los encuentros.
En relación a ello, en ocasiones, y dependiendo del caso familiar, desde el equipo técnico también se llevaba adelante un control sobre los contenidos de las conversaciones que mantienen durante la visita, intervención ésta que está conceptualizada desde las profesionales como visita supervisada. Sin embargo, en las oportunidades en que se llevó adelante esta modalidad, los partícipes del encuentro, es decir, los niños y sus familias, no estaban al tanto de que estaban siendo monitoreados.
Respecto de esto, un hecho concreto en el cual nos vimos involucradas21, fue cuando
“llegamos a la residencia la trabajadora social nos encarga estar en la oficina del equipo mientras “G” está de visita con “B” y la madre de ella, que disimulemos y escuchemos todo lo que digan, que si escuchamos que la mujer de trenza la dice algo de fugarse que disimuladamente salgamos y le avisemos a ella. Entramos a la oficina, “D” nos acompaña, saludamos y “B” le pregunta a “D” si pueden salir afuera a hablar, que está lindo. “D” le dice que sí, pero que le
21 Esta situación será recuperada en el capítulo V, a la luz de los aspectos
recomienda porque ya van a salir a jugar los chicos. Al final deciden quedarse”22.
En otra ocasión, la misma visita se desarrollaba en el patio, a lo que la trabajadora social mencionó que después les preguntaría a dos niños que jugaban cerca de donde se desarrollaba la visita, qué habían escuchado.
Luego de haber concluido cada visita, se lleva adelante una entrevista con los miembros del grupo familiar, como con el niño, para realizar una valoración del encuentro y de allí evaluar si se continúa o no con el régimen.
De este modo, la circulación, el uso de los espacios y las actividades de los niños se encontraban regladas por otros. Los educadores decidían a qué lugares accedían o no los niños, mientras que las profesionales del equipo técnico evaluaban la duración de cada salida (un día, el fin de semana, durante la semana, etc.), con quién o quienes tenían autorización para salir, si se les permitía o no salir con sus familias, realizar o no algún llamado telefónico; como así también cuándo, donde, con quién y en qué momento podían tener visitas.
Las palabras de Foucault respecto de la distribución del espacio disciplinario pueden resultar esclarecedoras en relación a lo dicho. "Se trata de establecer las presencias y las ausencias, de saber dónde y cómo encontrar a los individuos, 22 Anexo. Registro de un encuentro en residencia preadolescente.
instaurar las comunicaciones útiles, interrumpir las que no lo son, poder en cada instante vigilar la conducta de cada cual, apreciarla, sancionarla, medir las cualidades o los méritos. Procedimiento, pues, para conocer, para dominar y para utilizar" (1975: 87).
2.1.4.2. Ingresos, egresos, traslados,