2. PEDRO LAVIRGEN: ETAPA CORDOBESA (1930-1954)
2.2. ESTALLA LA GUERRA CIVIL
El hecho de que Bujalance tenga una población muy ligada a la producción del olivar, le convierte en una de las zonas de gran conflictividad social de la campiña, con un campesinado anarcosindicalista que muestra una gran capacidad organizativa. Ya en 1933 se produjo un levantamiento revolucionario sofocado por la Guardia Civil, con la detención de más de 200 personas y el fusilamiento de dos de sus protagonistas.171 La República anuncia una reforma legislativa que no se cumple y la población demanda una transformación con profundidad.
La nueva esperanza se deposita en las urnas, en las elecciones convocadas en 1936, que otorga en Andalucía una mayoría absoluta a los partidos de orientación de izquierdas.172 La no aceptación del resultado conduce al Levantamiento del 18 de julio de 1936. El sur de la provincia cordobesa se sumó a la sublevación ese mismo día, excepto la zona anarquista de Bujalance donde la Guardia Civil se acuarteló sin tomar ninguna otra decisión (junto con otras poblaciones vecinas Cañete, Valenzuela y Villa del Río).173
Pedro Lavirgen está a punto de cumplir los 6 años cuando estalla la Guerra Civil y se interrumpe el fluir de una nación que se verá violentamente sacudida durante tres años: El 22 de julio llega a Bujalance un regimiento republicano acompañado de campesinos y mineros. Esa fue la primera noche en la que se desencadenaron actos de violencia con la quema de archivos, imágenes e
171 MÁRQUEZ CRUZ, F. S.: Op. cit., Tomo 1, p. 269.
172 PALACIOS BAÑUELOS, L.: Historia de Córdoba. La etapa contemporánea (1806-1936). Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. Córdoba, 1990, p. 412.
173 Para una visión más completa de los prolegómenos y evolución de la guerra en la provincia cordobesa véase MORENO GÓMEZ, F.: La República y la Guerra Civil en Córdoba (I). Ayuntamiento de Córdoba. Córdoba, 1982, p. 633. Este estudio apunta cómo en Bujalance, el número de fallecidos es el más alto registrado en los municipios cordobeses. Del mismo autor destaca además La guerra civil en Córdoba (1936-1939). Editorial Alpuerto. Madrid, 1986, que nos describe las distintas etapas por las que atraviesa la guerra en esta provincia y en relación con el resto de la península.
iglesias. En pueblos limítrofes como Castro del Río, se declaró el comunismo libertario y llegaban evacuados y refugiados de otros pueblos vecinos.
Bujalance se ve muy afectada por la acción militar de las tropas republicanas en defensa de zonas estratégicas como la carretera que unía Andalucía con Madrid, además de las acciones conjuntas de la lucha obrera de la campiña cordobesa. En diciembre los nacionales llevaron a cabo una serie de operaciones con apoyo aéreo de artillería, que terminaron una semana después con la toma de Bujalance. 174
En este contexto bélico muchas familias se ven obligados a abandonar su pueblo; una de ellas, la familia de Pedro Lavirgen. Padres, abuelos y tíos dejan atrás sus pertenencias y sus casas en busca de una zona mejor:
“Durante los bombardeos mis padres nos metían en las esquinas de las habitaciones, en los ángulos. Así padecimos hasta que en diciembre mi padre nos dijo que nos teníamos que ir, sin más explicaciones. Había oído a los mayores que habían matado a un cura, o a otro que había ardido alguna iglesia de Bujalance. Esto de salir de Bujalance a mí me suponía que iría algún sitio donde no había bombas, pero no fue así. Mi madre cogió lo preciso y con eso cargamos la ropa de cama, ropa, colchones, los niños pequeños en un carro y dormimos
entre Bujalance y Villa del Río.”175
A partir de aquí se inicia una dura etapa en la vida familiar. Atrás quedan las casas de Bujalance. Por el camino, cerca de Marmolejo, el miembro más pequeño de la familia está a punto de morir ante la falta de leche materna. Este incidente es muy recordado por la familia pues la aparición fortuita de una cabra salvó al pequeño Antonio Luis de la desnutrición.
174 A mediados de diciembre, el mando militar inició “la campaña de la aceituna” con el triple objetivo de adueñarse de una serie de pueblos cordobeses y jiennenses productores de aceite, y así finalmente poder controlar la carretera y el ferrocarril que comunicaban con Madrid. El 14 de diciembre, con dos columnas de regulares, apoyo aéreo y artillero, los nacionales llevaron a cabo una serie de operaciones. En una semana los franquistas tomaron Bujalance. Montoro en peligro solicitaba una ayuda que llegó con la XIV Brigada Internacional, pues el resto de las tropas estaban ocupadas con la defensa de Madrid. Replegados en Andújar se escribía una de las páginas más crueles de este enfrentamiento bélico, sometidos al bombardeo de los junkers alemanes de la Legión Cóndor. Véase CUENCA TORIBIO, J. M.: Andújar en la Guerra Civil Española. Alcance editorial. Andújar, 1994, p. 21.
Llegaron hasta la población de Zocueca, en las cercanías de Bailén (Jaén) y se instalaron en la casa de “Fuente Agria”, denominada así porque sus aguas son ferruginosas, situada sobre un montículo, a unos 150 metros del río Rumblar que origina una pequeña presa. En ella vivían, junto al matrimonio Lavirgen y sus siete hijos, dos hermanas de la madre con sus respectivos esposos; y una tía; los abuelos y unos parientes lejanos con sus tres hijos:
“El techo de la casa era de tela. Recuerdo como las patillas de las ratas se quedaban enganchadas. Aquí pasamos los tres años de la guerra y comenzamos nuestros padecimientos, empezamos a pasar hambre, un hambre feroz. No sé ni
cómo podíamos meternos todos en la casa.” 176
Los días en Zocueca vienen determinados por un hecho que marcará la vida de Pedro Lavirgen. Comienza una enfermedad, cuyo padecimiento deja una huella permanente en su pierna izquierda, en un tiempo de guerra de grandes carencias. Un día amanece con la rodilla izquierda inflamada y dolorida, por lo que tienen que llevarlo a Bailén. Al estar los médicos en el frente cuidando a los heridos, sólo quedaba un médico de unos 75 años, el Doctor Patarrilla. Éste, tras reconocerlo, advierte que se trata de un tumor blanco, tuberculoso, de hueso, que en esos momentos de carestía no se podía atender:
“El único sistema rudimentario es que su hijo tome baños de sol en esa pierna y si quiere que se cure, que no se convierta en tuberculoso, con la pierna
completamente encogida y asténico, tiene que comer.”177
Efectivamente, la sanidad durante la guerra tiene que atender a la población militar, lo que unido a la escasez alimenticia va a producir unas patologías de déficit de vitaminas y carencias de proteínas.178 Conforme trascurren los días de guerra, comienzan a desaparecer productos del mercado como la leche, el azúcar, la carne y el pescado. El hambre hace que se recurra al consumo de otros productos como los cardos o los dientes de león. Ante la falta de
176
Ídem. 177 Ídem.
178 Sobre este tema véase, GÓMEZ TRIGO Y OCHOA, G.: Los médicos y la medicina en la
harinas, se hacen gachas de maíz, de altramuces o de boniatos; incluso hacia el año 37 se autorizó el sacrificio de ganado equino para elaborar embutidos.179
Todas las carencias propias de una guerra unido a la falta de medicinas y las fuertes hambrunas, hacía que se depositara toda la confianza en la vis
medicatrix naturae, es decir, en la naturaleza del propio cuerpo y la exterior (agua
y sol). Desde el día siguiente a la visita médica, Pedro Lavirgen permanecerá sentado con una manta en el suelo y la pierna siempre al sol. Este era el único sistema porque no había medicinas ni comida.
El propio tenor no recuerda bien cuál fue la causa de dicha inflamación de rodilla. Su madre la atribuía a una caída que degeneró en un tumor blanco. En una etapa de la vida de un niño en la que el movimiento y el juego son cruciales, se hace necesaria una alternativa para ocupar las horas del día. Enviaba a sus primos a buscar las cosas que le pedía, algún objeto que veía brillar de lejos, porque como le veían postrado sentían compasión. La observación e imaginación de un niño se adapta a la nueva situación y una de las alternativas era cantar, porque como se aburría al sol, se inventaba coplillas para todas las personas de la casa.180
En aquellos tiempos la observación da paso a la admiración hacia un pariente llamado Osuna, un gran atleta que caza y enseña a nadar a sus hermanos. El asombro por lo que cada persona puede hacer, va a ser una actitud que mantendría Pedro Lavirgen durante toda su vida:
“Yo he admirado siempre lo extraordinario, aún hoy, me asombro de todo lo que no es normal. Veo mucha indiferencia cuando no se exaltan. Yo soy un exaltado y cuando veo algo maravilloso me dan ganas de gritarlo. Tal vez esta actitud me ha ayudado bastante a hacer la carrera que he hecho y a poder
sobrepasar todos los problemas, a resolverlos.”181
179 Sobre la vida cotidiana y en diferentes ámbitos durante la contienda resultan muy completos los distintos tomos que aparecen junto a PALACIOS BAÑUELOS, L.: La Guerra civil. Evolución de
las dos Españas. Vol. III. Edilibro. Tudela (Navarra), 1966, p. 44, que son: Vol. I. Los comienzos de la Guerra, Vol. III. Evolución de las dos Españas y Vol. IV. Balance.
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Entrevista personal del tenor con la autora (5 mayo 2000).
181 Ídem. En el transcurso de estas palabras el semblante se va tornando más serio y el ritmo más apaciguado. El período de Zocueca dejará una enfermedad que en algunas ocasiones le supondrá dificultades para el desenvolvimiento de su labor profesional.
Esta etapa la vida de Pedro Lavirgen aparece recreada en un capítulo dedicado a su figura dentro de la serie Estrellas Españolas de la ópera. Como él mismo comenta, es bastante ilustrativa pues Televisión Española reconstruyó la casa tal y como se le describió, sobre todo el patinete y la fachada. Bastante fidedigna, aunque, como nos afirmaba Lavirgen, no comieron serpiente (aunque sí gatos) y él no tenía edad ni salud para nadar, pero en cambio aparece aprendiendo, una actividad que sería posteriormente una de su grandes aficiones.182
Los hombres se dedicaban a trabajar en las obras de construcción cercanas, incluso montaron una pequeña fragua junto a la casa, donde hacían algunas reparaciones y piezas de herrería. Estos días tuvieron también dos acontecimientos que quedaron grabadas en su memoria. Se celebró la boda civil de su tía Concha con un militar republicano, que dejó el frente para casarse, y su padre fue llamado al frente: “fue el día más amargo… horroroso, de no parar de llorar”.183
Posteriormente, de Zocueca la familia se traslada a Manzanares. Se instalan en casa de unos primos que tenían una bodega, los cuales, junto a las tinajas y los caldos se dedicaban también al trabajo del esparto. Clavaban el esparto en una base de pinchos metálicos y tiraban de él, y eso lo repetían una y otra vez hasta que quedaba reducido a una fibra muy fina que se utilizaba para la manufactura de distintos objetos.
De esta localidad se suceden los recuerdos en un entorno de carencias propias de la guerra, unidas a las limitaciones de un niño que arrastra una dolencia, pues sigue con la pierna morada y se ayuda de un palo para andar. Junto a su hermano Tolo llevaban mistela, que vendían por copas en una garrafa a los soldados que iban en los trenes:
“Vendíamos una copa en un vaso de cristal pequeño, el mismo para todos. Yo a la vez pedía pan, un chusco. Estaba famélico, desvalido y guardaba los trozos de pan en una bolsa. Tolo esperaba hasta última hora para bajar del
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Ídem.
183 Ídem. En el episodio de Estrellas Españolas de la ópera, realizado y dirigido en 1978 por José Luis Font, el propio Pedro Lavirgen narra estas amargas escenas de su infancia. La etapa en Fuente Agria fue “el paraíso de su niñez” dentro de lo que califica los horrorosos años de su vida.
tren. Yo también, así que una vez al bajarme, con el palo en que me apoyaba me caí y fui a caer cerca de las vías, de donde me recogió un hombre que me llevó hasta casa.”184
Millares de españoles abandonaron durante tres años sus hogares. Algunos buscando las zonas nacionales que tenían cierta estabilidad, mientras que otros se expatriaron. Desde que se da cuenta del final de la guerra, el hambre se atiende en los camiones de “auxilio social” y en los comedores que proporcionan pan a una población hambrienta. Se quiere volver a la normalidad pero se ha de recorrer un largo camino que pasará por la reorganización de los sistemas de producción, con las cartillas de racionamiento o el estraperlo. La verdadera reconstrucción de España va a recaer sobre una población traumatizada, con grandes privaciones y dividida entre vencedores y vencidos.
Al finalizar la guerra, el 1 de abril de 1939, se produjo un gran trasiego de la población española. Refugiados, desplazados, huidos vuelven a sus casas al encuentro con las familias. Entonces toda la familia de Pedro Lavirgen retorna a su pueblo natal, Bujalance.
Esta vuelta va a permitir una atención médica de su pierna izquierda que continúa sin poder estirar mientras la inflamación se hace muy dolorosa. Así va padeciendo su enfermedad, una tuberculosis ósea, hasta que con la ayuda de su tía Agustina, ingresa en el Hogar y Clínica de San Rafael de Córdoba, el día 1 de julio de 1939, donde estará bajo el cuidado de los Hermanos de San Juan de Dios.185
El tratamiento, intervención quirúrgica y recuperación se prolongaba tanto que los niños quedaban internados en el hospital durante años. Coincide además con un periodo de carestía en que el hermano Bonifacio, cariñosamente llamado “Fray Garbanzo”, salía del clínico a buscar las provisiones que generosamente le cedían para la manutención de los niños internados: gallinas, garbanzos, aceite...
184 Ídem.
185 Datos según la Historia Clínica n.º 123 e Informe del Archivo del Hospital San Juan de Dios y que reproducimos con la autorización de Pedro Lavirgen. Algunos datos biográficos relativos a estos años serán contados muy resumidamente por el propio Lavirgen, véase DE LAS NAVAS PAGÁN, A.: “Entrevista con Pedro Lavirgen”, en: El Informador, 19 enero 1992, p. 7.
Desde los primeros días, Pedro observó cómo los niños cantaban acompañados por D. José al armonio. Sintió tantas ganas de incorporarse al coro que pidió que le escucharan y fue admitido. El director interpretaba un fragmento y tras repetirlo lo aprendían de memoria:
“Así surgió una voz muy aguda y segura que me hizo convertirme en solista. Algunos cordobeses acudían expresamente a la misa del domingo para
escuchar al niño cantor”.186
También es una etapa de mucho sufrimiento personal, pues para que la pierna se estirara con “remedios naturales” tenía que soportar unas pesas de plomo colgadas de una garrucha, que le ocasionaban “un gran dolor y no pocas lágrimas”.Una vez al mes acudían sus padres a visitarlo y los domingos puntualmente esperaba la visita de tía Agustina, quien le llevaba provisiones que él, tal y como había aprendido, repartía generosamente entre los niños, además de unos cuentos ilustrados que le leía. Con las aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín sintió la necesidad de aprender a leer y con las rudimentarias enseñanzas de su tía empezó a unir las sílabas hasta que fue capaz de leer él solo. En el Hogar y Clínica adquirió también una formación religiosa por parte de los Hermanos de San Juan de Dios. Contaba diez años de edad cuando hizo la primera comunión.
Finalmente, con una intervención quirúrgica, realizada el 9 de enero de 1941, se corregiría la posición viciosa de la articulación de la rodilla. Una vez escayolado recibiría el alta clínica el 27 de marzo. La secuela física que marcará la adolescencia y su estancia en el Hogar de San Rafael se conformarán parte de la personalidad espiritual y religiosa de Pedro Lavirgen.