El impacto disruptivo de la explosión de un artefacto acaba con el transcurso normal de la vida tal y como era, tal y como se esperaba que continuara. Las víctimas sobrevivientes han de superar un proceso de incorporación de los hechos a sus vidas y de asimilación de su nueva situación, con el único apoyo de sus familias en el mejor de los casos. En otras ocasiones, han de realizar este recorrido existencial en solitario.
La distancia entre los campamentos de Tinduf y la ciudad de Ain Naadja en Argelia a donde son evacuadas las víctimas más graves o con necesidades de asistencia más especializada, unos 1.700 km, es también una distancia emocional de separación familiar. Los períodos de internamiento hospitalario o de dependencia ambulatoria de estas instalaciones pueden superar el año, durante el cual, las personas afectadas permanecen fuera de su entorno y recibiendo un régimen de visitas que dependerá del poder adquisitivo y circunstancias particulares de cada familia en cada momento. El POLISARIO dispone de alojamientos para ello, como se ha mencionado con anterioridad, a la vez que provee de unas modestas dietas que sirven de complemento durante las largas estancias en Argel. Aún así no todas las familias pueden desatender sus ocupaciones y desplazarse a la capital de Argelia.
El curso de la vida personal y familiar se ve totalmente truncado. Salama Mohamed Hali Taleb sufrió la explosión de un artefacto en 1993. El incidente alojó metralla en su cabeza y tórax que no pudo ser extraída en su totalidad. El tiempo de hospitalización es vivido como una separación en el momento que más se necesita estar cerca, mientras nace un hijo o se muere alguien, mientras la víctima se encuentra sola esperando su recuperación y ante un futuro muy incierto.
De toda la vida yo vivía en Tifariti, tenía ganado de cabras. Vivía con mi padre, mi madre y tres hermanos. En el 93, con el incidente ya estaba casado y aún no tenía el niño, mi hijo. Mi hijo nació tres meses después del incidente. Cuando nació yo estaba en el hospital, y hasta seis meses después de nacer no pude conocer a mi hijo. Salama Mohamed Hali Taleb, Tifariti, 1993 (E).
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El fuego escondido
Salem Mohamed Ahmed estaba casado y tenía dos hijos cuando una mina antitanque lo dejó sin movilidad. En los casos en que la mina afecta a una madre o un padre de familia, las consecuencias para el resto son muy negativas también. Los familiares tratan de buscar apoyos, pero la falta de medios económicos, de cuidados o de su presencia y cariño, aumenta su vulnerabilidad. Los duelos vividos en la distancia del hospital, aún en condiciones muy difíciles, suponen procesos muy traumáticos con impactos muy negativos a largo plazo.
En este plazo yo no volví a visitar a mi gente y a mi ganado de allá. Hay un señor que se llama Jatri elJer. Es familiar mío. Durante mi ausencia se encargó de mi familia. Los animales se habían perdido, los camellos y las cabras. Quedaron tres cabras. Cuando regresé por primera vez de Argel me avisaron que mi mujer había fallecido y mis dos hijos estaban con la abuela materna. Cuando yo ingresé el hombre ese solo mantenía a los animales. Es algo muy triste. Cuando llegué a donde estaba viviendo, fui a visitar a los niños pero vi que era más conveniente para ellos quedarse con la abuela que venir conmigo, porque ¿qué iba a ofrecerles yo? Resulta que con la abuela se fueron a vivir cerca de la frontera con Mauritania. Hubo un brote de enfermedad y los dos niños fallecieron. Yo vendí todo lo que tenía y me vine aquí... Lo pasé muy mal. Pasé mucho tiempo como perdido... Casi tres años... No podía superarlo y sigue afectándome mucho. Salem Mohamed Ahmed, Tifariti, 1993 (E).
Las nuevas tecnologías, fundamentalmente los dispositivos móviles, han acortado estas distancias entre las personas hospitalizadas y sus familiares. En los tiempos anteriores al desarrollo de esta tecnología, la preocupación durante los ingresos se centraba en la situación en que se encontrarían sus familiares y la imposibilidad de tener un contacto directo. Con la urgencia de la evacuación de los heridos, la mayor parte de ellos llega hasta el hospital sin haber contactado antes con sus seres queridos. La incertidumbre y falta de noticias en ambas direcciones, de los familiares al herido y de la persona herida hacia ellos, provocan intenso sufrimiento en las víctimas hospitalizadas y en los familiares.
Lo peor que he vivido de toda esta situación fue cuando me separé de mi familia. Cuando me encontré en Argelia siempre estaba pensando en mi familia, en la situación en la que estaba. Después de todo eso me di cuenta que todos necesitaban ayuda. Mohamed Ali Buzeid, Tifariti, 1993 (E).
En el caso de los padres o madres, la preocupación por los hijos y la vulnerabilidad de sus familias constituye una fuente de ansiedad añadida a su propia situación. La separación familiar y la incertidumbre que le acompaña constituye un potente estresor durante ese tiempo en las víctimas de minas, aunque el apoyo familiar y de los vecinos ayuda a enfrentar parte del impacto, especialmente en la atención al ganado y el cuidado de la familia.
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III. Consecuencias y secuelas en víctimas y sobrevivientes
Por otra parte, dejando fuera los dolores y el malestar, lo peor fue tener que abandonar a mi familia, dejarla separada, los niños en una parte, la madre y los otros niños en otra. Y mi hijo en esa situación, con problemas psicológicos cuando yo estaba viendo que estaba mejorando. También sentí miedo por mi hijo, porque a lo mejor se ponía peor, o a lo mejor se perdía en medio del desierto y moría de sed. Cuando estaba hospitalizado, no necesitaba nada, estaba bien cuidado, pero siempre pensaba en la familia, en su situación, en la situación en la que estaba el niño... y me hubiera gustado que alguien me hablase de esto. Pero gracias a aquellos hombres que humanitariamente se han puesto al lado de la familia, han cuidado de ella, le han prestado ayuda hasta aquí. Era la primera vez que me separaba de mi hijo, nunca me había separado. Lo que yo más sentí fue miedo por el niño, por si le ocurría algo o se escapaba... Mohamed-Salem Ali, Diret, 1993 (E).
En otros casos la responsabilidad por el cuidado de los padres, tan importante en la cultura saharaui, conlleva mayor sufrimiento de los heridos.
Cuando mi madre me vio se emocionó y lloraba mucho, sobre todo cuando le dijeron que me estaban esperando en el aeropuerto para evacuarme a Argelia. Una semana después a mi padre le subió tanto la tensión que se quedó paralizado, y eso fue a causa de pensar en cómo estaría yo y en lo que me había pasado. Los argelinos cuando vieron que mi madre no quería separarse de mí quedaron tan impactados que me dejaron para evacuarme en el avión siguiente... Lo que más me dolió no fue el incidente en sí, ni todo lo que me causó físicamente, sino el tiempo que estuve separado de mi familia, sobre todo de mis padres que eran dos ancianos que no tenían más que esas cabras y no había nadie que me sustituyera. Cada vez que lo recuerdo me emociono... Mi padre no tardó mucho en fallecer, entonces tuve que convencer a mi madre para que viniera con nosotros. Enhamed Abdalahe Hadan, Meheris, 1996 (E).
La población separada por el muro construido por Marruecos sufre un doble impacto en los momentos en que resultaría más necesario su soporte. La separación familiar y la imposibilidad de comunicación o movilización de familiares al otro lado del muro constituye un duro impacto en situaciones de crisis cuando el apoyo familiar resulta tan importante. Taher Mohamed Embarek señala un doble efecto de desamparo mientras se encontraba hospitalizado a causa de una mina en 2008. Su familia desde los campamentos no podía desplazarse, a la vez que sus padres fallecían en el Sáhara Occidental sin que pudiera despedirse de ellos.
En aquellos nueve meses he sufrido demasiado. No había visitas por la lejanía. Mi familia de los campamentos no pudo trasladarse a Bechar a visitarme. Mi padre y mi madre, ya muy mayores, estaban en las ciudades ocupadas y en aquellas fechas fallecieron también. Ha habido una carga de sentimientos muy fuerte. Fallecieron estando yo en el hospital y no supieron si me habían amputado la pierna, si he vivido, si no he vivido. Es lo que más me molesta de
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El fuego escondido
toda la situación, lo que más me duele es esto, ese incidente, que mis padres hayan fallecido estando yo en el hospital, no supieron nada y no pudimos vernos. Taher Mohamed Embarek, Gdeim Ech-ham, 2008 (E).