De las víctimas infantiles recogidas en los testimonios compilados en el presente trabajo, casi una de cada cuatro falleció a consecuencia del impacto de un explosivo (23%). La edad media en el momento del fallecimiento fue de 9 años.
La muerte violenta y súbita de estos menores como consecuencia de las minas y otros artefactos bélicos conllevó un duro proceso de duelo traumático en sus familias, especialmente en sus padres y madres, pero también en los abuelos quienes en ocasiones crían a algunos nietos y nietas. Varias madres de niños fallecidos tras las explosiones dieron su testimonio sobre el impacto de sus muertes.
Entre estos testimonios se dio la circunstancia de que varias madres se encontraban embarazadas en ese momento. En ocasiones, tratando de evitar un mal término de sus estados de gestación, se privó a estas mujeres de la oportunidad de despedirse de sus hijos en el momento de la pérdida, al no informarles de la muerte. La dificultad en la elaboración del duelo se incrementa para ellas, generando un intenso sufrimiento adicional.
Fatimetu Halil Hanun se encontraba embarazada en el momento del fallecimiento de su hijo Halil Mohamed Nayun Mumu, a consecuencia de la explosión de un artefacto. Sin embargo, no se le informó de esa circunstancia en su momento, y no pudo despedirse de él. Nunca ha llegado a saber cuál era su tumba. Tampoco ha recibido ninguna muestra de acompañamiento o condolencia desde las instituciones, lo que profundiza una herida que continúa abierta.
Había perdido a mi hijo, no era normal, no lo había visto muerto, no lo había enterrado. Pido a Dios que no le ocurra a nadie, a ninguna otra madre. Era muy
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El fuego escondido
pequeño, cursaba cuarto, nunca había repetido sus estudios, siempre aprobaba el curso... Sólo tenía diez años cuando falleció. No puedo superar esto, siempre que veo a un niño que llega a la jaima, o cuando me veo a mi padre que lleva su nombre, me afecta mucho. Es algo que no se puede superar, me afecta cuando veo a los niños que eran amigos suyos, que estudiaban con él y que ahora son hombres... Desconozco donde está. Sé que está en el cementerio de Smara, pero no dónde. Una vez les dije que me enseñaran donde estaba para ponerle el nombre, pero ellos me dijeron que se ocuparon otros de eso... Sólo me han dicho que está en el cementerio de Smara por eso mismo siento esto... esta angustia. Jamás me ha preguntado nada nadie, nadie me ha dicho nada, ni los del Ministerio de Enseñanza ni los que se interesan por las víctimas de minas. Fatimetu Halil Hanun, El Aaiún, 1994 (E).
Tampoco Kaltum Sidahmed pudo asistir a la ceremonia de duelo por su hijo Ahmed Nayem, de 13 años en el momento del fallecimiento. En su testimonio se reflejan las consecuencias psicológicas de ese duelo traumático
Tuve una niña. Se llama Salma. A los tres meses [del fallecimiento de su hijo Ahmed]. Se vieron obligados a darme la noticia antes del parto, para que no fuese otra persona ajena quien me lo dijera porque habían asistido muchas personas al funeral, también de la MINURSO, y a lo mejor saltaba la noticia. Mi madre empezó a hablar conmigo con calma, poco a poco, paso a paso, diciendo que la muerte formaba parte del camino de la vida y que iba a morir todo el mundo. Hasta que me lo dijo. Siento mucho haberme separado de mi hijo, no haber estado allí. Cuando nos acordamos de este tema, todos empezamos a llorar. Normalmente la gente nace para morir pero lo que más siento es que no asistí al funeral del chico y sobre todo que murió de esa manera, siendo una persona sana y fuerte... Padecí mucho, muchas cosas. No podía dormir. Perdía el sueño. Me hinchaba de vez en cuando. No podía dar el pecho a la niña porque no tenía leche. Estaba nerviosa. Psíquicamente no estaba bien. Es muy difícil de olvidar ese momento. Cada vez que alguien habla de aquella tierra o sobre ese lugar, aunque esté a mucha distancia de donde ocurrió el incidente, me acuerdo como si fuese hoy. Kaltum Sidahmed, 1998 (E).
Elbatul Abdul–Lah Mohamed Fadel perdió también a su hijo Mohamed Salek, de 9 años, tras la explosión de una mina. Ella también se encontraba embarazada, pero en este caso sí se le facilitó la información de la pérdida, evitando los detalles más duros de los hechos. El impacto del duelo aumenta también en los abuelos, especialmente cuando han criado al niño o niña, y a familiares que fueron testigos del hecho o tuvieron que recoger los restos, muchas veces mutilados por la explosión, como en este caso.
Y entonces encontró una cosa de metal le dio una patada y se explotó. Iba sólo sí, entonces en algún momento después su padre escuchó una explosión en la dirección norte en la que se fue.... cuando llegó estaba el niño destrozado, estaba
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III. Consecuencias y secuelas en víctimas y sobrevivientes
a trozos, solo pudo recoger el padre los trozos del niño. Entonces vinieron los de la región militar y lo ayudaron, le hicieron una tumba para el niño... Yo estaba en estado, en ese momento me comunicaron que había fallecido pero no con los detalles de que estaba destrozado... El niño lo crió la abuela paterna, desde pequeño, por eso la abuela se vio muy afectada. Dejó de hablar hasta que murió. También el padre se quedó muy afectado. Elbatul Abdul-Lah Mohamed Fadel, Bir Lehlou, 1991 (E).
El impacto de la pérdida de un familiar, puede traer como consecuencia del sufrimiento del duelo una nueva pérdida en el caso de mujeres embarazadas. En este caso la madre embarazada sufrió un aborto involuntario a los quince días de conocer la noticia de la muerte de su marido por una mina. La información se le facilitó siguiendo la tradición saharaui, al recurrir a una mujer de la familia para ello.
Era un domingo cuando vinieron a avisar a una vecina mía, la cual aviso a otra mujer de mi familia y ellas fueron las que me contaron la mala noticia. Es lo que hacen aquí las mujeres habitualmente. Esos días yo estaba en estado, tuve un parto al cabo de quince días, después de enterarme de la mala noticia. Fue un parto sin éxito, un aborto, estaba embarazada de dos meses. Me avisaron del fallecimiento de mi marido, fue uno o dos días después de haber estado hablando con él por teléfono y no esperaba esa noticia. Cumplí con el deber de ponerme el luto pero estaba muy mal y muy decaída. En esos quince días fue cuando yo sufrí el aborto. Fatma Lehbib Ali, 2011 (E).
Las narraciones del dolor en las madres o hermanas, en un contexto cultural frente al duelo donde los hombres muestran en general una actitud más estoica, da cuenta del impacto en la salud, del silencio como expresión de tristeza profunda, o de la imposibilidad de expresar en palabras la pérdida y el shock que esta conlleva. Los siguientes ejemplos hablan del dolor de la pérdida de un hijo.
La familia de Salek Sidahmed, fallecido a los 14 años en el mismo incidente explosivo que su primo Ahmed Nayem, abandonó la zona donde vivían para asentarse en un área más precaria, con menos pastos, pero más segura. El padre tuvo que afrontar un duro proceso de duelo y la familia se trasladó a otro lugar, tanto por prevención como por evitar el doloroso recuerdo de la pérdida de su hijo.
Mi padre realmente se puso muy malo, muy bajo de ánimo. No sentía nada malo en su cuerpo, pero ya no hablaba con nadie. No le interesaba nada, ni su ganado... sólo se quedaba en su jaima. Entonces pensamos en trasladarlo de allí para ver si mejoraba cambiando de ambiente. Tardó tiempo en esa situación hasta que vino otro hermano para estar con él y apoyarle. Nos fuimos a la frontera con Mauritania. Yo fui con ellos. No sólo era para olvidarlo, sino para evitar que ocurriera otra vez. Por eso mi padre dijo ya no iba a vivir en territorios liberados donde hay restos de guerra. Y prefiere vivir en una parte segura en la frontera con
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Mauritania... Ellos ya no quieren vivir donde ocurrió el incidente, ahora están más cómodos y más seguros; aunque vivan peor, porque no hay lluvias, no hay pastos. Toufa Sidahme, Meheris, 1996 (E).
Otros episodios de explosiones de minas que afectaron a menores de edad se dieron desde el inicio de la guerra. Se recogieron en la muestra de los testimonios un total de doce referencias a menores victimizados antes de la firma del Alto al Fuego, diez de ellos sobrevivieron y dos fallecieron. En 1977, en la ciudad de Cabo Bojador, falleció uno de estos niños, Labeid Ahmed Sidahmed Machnan, de 8 años, en medio de la desatención y la posterior criminalización de sus familiares. El niño, malherido tras la explosión de un artefacto explosivo con el que jugaba, fue trasladado a un cuartel de la Gendarmería marroquí. Según el relato de su hermana, lejos de proporcionarle socorro, el niño falleció desasistido. La madre mientras tanto era interrogada y escuchaba sus gritos, y no se le permitió acompañarlo. La familia no denunció nunca los hechos por temor a represalias. En aquel entonces poseían ciudadanía española todavía. Como otros casos más recientes ya señalados, en ese tiempo del conflicto armado la explosión fue considerada como algo sospechoso de tener relación con el POLISARIO por encima de las necesidades de atención a las víctimas, en este caso del niño.
Yo en esa época tampoco era mayor de edad pero no estaba presente en ese momento, avisaron a mi madre cuando ocurrió y fue al punto del indecente. Acudió la Gendarmería y las autoridades locales, impidiendo a la familia acercarse a los dos chicos. Mi hermano gritaba pidiendo que se le dé de beber y que le quitaran la pierna completa encima del tórax. La Gendarmería los trasladó a un cuartel que tenían aquí en ese tiempo. No dejaron a nadie entrar para verles. Mi madre escuchaba sus gritos y sus lamentos; falleció después. Podría haber estado cerca de él vivo todo el medio día. A lo largo de ese tiempo, de las horas que estuvo vivo mi hermano, no les prestaron ninguna asistencia médica, tan solo se preocuparon de interrogar a los presentes donde habían encontrado esas minas o esos artefactos. Mi hermano no recibió ninguna asistencia médica en el lugar de los hechos, lo único que se hizo fue interrogar a mi madre durante los tres meses siguientes acerca de dónde había encontrado esos artefactos, es lo único que ha hecho la Gendarmería marroquí... No hemos denunciado a ninguna parte porque estábamos horrorizadas. Después de tres meses de interrogatorio a nuestra madre, nos hemos olvidado. Nunca hemos compartido nuestra experiencia con nadie a lo largo de los años por temor. Ghabrata Machnan. Cabo Bojador, 1977 (O).
10. Impacto psicosocial en las víctimas y sus familias
Me quedé sin hacer todas las cosas que quería. Mohamed Ali Abdalahi Chaban. Gdeim Ech-ham, 1992 (E).
El impacto psicosocial puede definirse como aquel en el que las consecuencias psicológicas del hecho traumático se dan en el contexto de la interacción con el medio, la respuesta
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III. Consecuencias y secuelas en víctimas y sobrevivientes
social o el significado del hecho. Las secuelas de la pérdida de capacidad o del proyecto de vida y el duelo traumático en el caso de personas fallecidas, no son solo individuales, sino que dependen también del marco social y la respuesta colectiva. Esto supone un fuerte impacto psicológico, la necesidad de manejo del estigma o la discapacidad como consecuencia de los hechos, o la extensión del impacto en la familia, los roles familiares y el estilo de vida o la cultura.