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3. MARCO TEÓRICO

3.1. Elementos del sistema político

3.1.2. Estructura de Oportunidad Mediática (EOM) como dimensión de la EOPD

Los medios de comunicación son constructores de realidad (Borrat, 1989; McCombs y Shaw, 1984; Rodrigo Alsina, 1989; Saperas, 1987). La construcción de la realidad implica que los medios realicen una serie de operaciones: a) incluyen y excluyen hechos; b) jerarquizan la información; c) otorgan ciertos atributos a los acontecimientos (Shaw y Mc Combs, 1984; Sábaba, 2008). A partir de estas operaciones, los medios llevan adelante el denominado proceso de tematización (Saperas, 1987) y framing (Sádaba, 2008). De tal modo, los media definen ciertos issues que aparecen ante la opinión pública totalmente permeados por estos procesos. Ahora bien, estas dinámicas mediáticas no se realizan al margen del sistema político ni por fuera de los intereses materiales. Por ello, consideramos que la EOM puede constituir una dimensión de la EOP en función de las alianzas que los medios guardan, en diferentes momentos, con ciertos sectores del sistema político. El concepto alude “al contexto en el que se produce la apertura de las líneas editoriales e informativas a los actores sociales. Son las condiciones en las cuales los medios convencionales recogen las demandas de distintos colectivos” (Sampedro, 2005: 236).

La prensa gráfica, como lugar privilegiado para el establecimiento de agenda, puede ser considerada como un actor político. El periódico narra y comenta conflictos políticos que ha priorizado e incluido en su temario. Los medios desarrollan un poder de influencia bajo la premisa de que no diseñan ni ejecutan programas y políticas pero afectan al proceso de toma de decisiones del sistema político (Borrat, 1989; de Fontcuberta y Borrat, 2006). De esta manera se convierten en referentes insoslayables a la hora de determinar la profundidad de los intentos de las élites por establecer “una visión del mundo”. Pretenden volver hegemónica su visión sobre un tema y manipular la opinión de los grupos sociales no alineados o menos informados al respecto.

Las agendas del sistema político y la de los medios de comunicación expresan la distribución de una forma de poder (control de agenda). Este poder-control de agenda- se traduce en la capacidad para definir un problema social, atribuirle importancia y fijar su posible solución (Sampedro, 1996). Identificamos tres tipos de agenda: 1- la agenda

65 política, incluye los temas o iniciativas del gobierno o de la oposición; 2- la agenda mediática, refiere a los contenidos de interés de los medios de comunicación y 3- la agenda pública, conformada por los asuntos que preocupan a la ciudadanía (Sampedro, 2000). Proponemos que la EOM en general suele funcionar en sintonía con la EOP. Ocurre que si los intereses del sistema político y los de los medios coinciden, ciertas problemáticas, aún cuando sean ampliamente movilizadas por los intereses de movimientos y coaliciones sociales adversas al poder vigente, no serán recogidas ni visibilizadas por las agendas de los medios e, incluso, pueden aparecer estigmatizadas por ellos. Por tanto, “las condiciones de éxito político dependen inexorablemente de las condiciones de visibilidad mediática” (Jerez et al., 1998: 32). Estas condiciones de visibilidad resultan de tres modelos elaborados por Sampedro (1996, 2000) a partir de los tres tipos ideales de poder que postula Mann (1993): elitismo puro, pluralismo y elitismo institucional o neoinstitucionalismo.

Es decir, las agendas políticas e informativas vienen determinadas teóricamente por tres tipos ideales de control político e informativo de la esfera pública, según se detalla:

Tabla 5: Modelos de poder, fuentes de control y resultados en las agendas políticas e informativas

Modelo de poder

Forma de control

Agenda Política Agenda Informativa

a) Inactividad a)Silencio Elitismo puro Exclusión elitista b) Coerción b) Silencio o

Marginación

Pluralismo Movilización de

recursos

Innovación política Cobertura de protestas y/o de controversia oficial Elitismo Institucional Dinámicas de interdependencia institucional a) Cooptación b)Marginación institucional del conflicto a) Institucionalización de fuentes (sensacionalismo) b) Indiferencia Fuente: Sampedro (1996; 2000).

66 Este modelo de análisis refuerza la idea de que las agendas políticas e informativas guardan una simetría o paralelismo y, por tanto, cuestiona la independencia que la teoría de la democracia les suele atribuir (Sampedro, 1996): 1) En el elitismo puro, las élites controlan la agenda política y el poder comunicativo está en manos de la clase dirigente (política y económica). Los medios están subordinados y responden al control de los dirigentes políticos y económicos. Resaltan la “anormalidad” de aquellos grupos que cuestionan el statu quo, favoreciendo a las élites. Por tal motivo, algunas organizaciones y redes ven a los medios o como una plataforma imprescindible de expresión de sus demandas o como un enemigo en tanto la información oficial que vierten puede ser leída como “desinformación”. Las agendas se establecen en una dirección descendente (desde el poder hacia abajo).

2) En el pluralismo la esfera pública está abierta a las demandas y reivindicaciones sociales y entiende que los medios de comunicación representan un espacio para el debate. Este modelo supone que las agendas mediáticas puedan ser construidas por los diferentes actores y grupos de interés en competencia. Aquí la idea es que los medios constituyen una herramienta a disposición de cualquier grupo socialmente representativo. Las agendas se establecen en una dirección ascendente (de abajo hacia arriba). Sin embargo, la información es un recurso que pueden movilizar aquellos actores que cuenten con el suficiente nivel organizativo y apoyo público. Por ello, la crítica que se le atribuye a esta perspectiva es que no existe la uniformidad de recursos y acceso a las agendas de parte de todos los grupos en igualdad de condiciones.

3) En el modelo del elitismo institucional las agendas ya no son fijadas por las élites poderosas (elitismo puro) o por la competencia abierta de distintos grupos de interés (pluralismo), sino a partir de una arena estructurada por el mapa institucional en el que se actúa. Las instituciones otorgan preeminencia a los grupos más poderosos y les imponen las reglas de juego. La competición para establecer las agendas aunque da lugar a todas las partes del sistema sociopolítico y mediático no se disputa en igualdad de condiciones entre el poder gobernante, los medios más poderosos y los activistas sociales. En este modelo, las agendas son difícilmente modificables ya que, como las instituciones, pueden cambiar pero gozan de largos períodos de estabilidad.

67 Estos modelos, como todos los tipos ideales, suelen presentarse de forma estructurada para dar cuenta de relaciones complejas (control político e informativo de la esfera pública). Estos modelos comportan las distintas fases de un proceso de institucionalización que se desarrolla desde que se inicia el activismo social hasta que el mismo resulta o bien cooptado o bien marginado. La secuencia que ejemplifica este proceso marca el inicio en una primera fase de elitismo puro cuando el poder político limita el acceso a los actores sociales y merma sus posibilidades de expresión. Luego pueden producirse cortos períodos de fases pluralistas donde la atención mediática llegaría a visibilizar las demandas sociales de aquellos actores marginados o mostraría los desacuerdos entre las élites en el poder. Por último, la fase propia del modelo del elitismo institucional presenta tres factibles resultados: 1) si hay cooptación política, los medios prestan atención a las negociaciones burocráticas entre activistas y políticos; 2) si los movimientos se reducen a protestas de carácter sensacionalista suelen aparecer banalizadas en los medios; 3) si los procesos son tediosos y demasiado complejos se produce una saturación e indiferencia mediática y la marginación institucional reduce la cobertura de la demanda (Sampedro, 2000).

A partir de estas apreciaciones, si tenemos en cuenta que la hegemonía no es una construcción monolítica sino el resultado de luchas de fuerzas entre los bloques de clases en un determinado contexto histórico los medios de comunicación desempeñan un rol relevante en la construcción de hegemonía y en la búsqueda de consensos a través de la generalización de ciertas miradas del mundo que intentan ser impuestas y sostenidas en el tiempo como verdades indiscutibles y universales (de Moraes, 2011). En este proceso es necesario llamar la atención sobre la importancia del discurso de los medios y la estructura de oportunidad que ellos brindan. Pues las formas de sus signos (discurso) están condicionadas por la posición que ocupan los participantes (implicados) en la organización social. De tal modo, el discurso de los medios es necesariamente ideológico y representa la arena de la lucha de lo político (Voloshinov, 1992).