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3. MARCO TEÓRICO

3.2. Ideas, discursos y marcos

3.2.2. Factores simbólicos y marcos interpretativos

El elemento que permite discernir la situación oportuna en la cual llevar adelante una decisión asumida colectivamente reside en la percepción del propio actor social sobre un conjunto de representaciones simbólicas y factores cognitivos que son los que median entre la oportunidad y la acción. Esas representaciones simbólicas originan el desarrollo de la noción de marcos interpretativos que son definidos como “un conjunto de creencias y significados orientados hacia la acción que legitiman las acciones de un movimiento social” (Snow y Benford, 1992: 152)38

. Ahora bien, la creación estratégica de esos marcos se produce en relación con la cultura e ideología vigentes39.

Las percepciones se convierten en insumos estratégicos a partir de los cuales, el actor individual o colectivo, construye la realidad social y abandona el lugar de mero espectador pasivo. Sin embargo, la producción simbólica no orienta únicamente por dispositivos estratégicos y racionales, sino que resulta fundamental el rol que juegan las emociones -economía libidinal- en relación a un tema o problema (Jasper 1997, en della Porta y Diani, 2015). Los marcos interpretativos resultan pues recursos de movilización para la acción colectiva en tanto formas lógicas que representan universos de sentido aunque menos estructurados y más simples que la ideología. Empero, guardan una relación con ella tanto como con la cultura política y son elaborados estrictamente en función de tal acción. Símbolos, marcos interpretativos e ideologías se crean y modifican durante los procesos de movilización social que abarcan desde la oposición ciudadana no violenta hasta formas disruptivas de protesta social que pueden desencadenar en revoluciones y procesos de cambio social.

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El concepto de marco (frame) surge del trabajo de los exponentes de la Escuela de Palo Alto en el campo de estudios de la psicología y la conducta con Gregory Bateson y los aportes que desde la sociología realiza Ervin Goffman.

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Según Zald la cultura implica “el conjunto compartido de creencias y formas de ver el mundo, todo ello mediado y constituido por los símbolos y el lenguaje, propios de un grupo o sociedad” y la ideología constituye un “conjunto de creencias que sirven para justificar u oponerse a un orden político determinado, además de para interpretar el mundo de lo político” (1999: 371).

74 Este encuadre, de índole constructivista, otorga una perspectiva singular sobre distintos aspectos de la realidad social y crea la condición de posibilidad para generar identidades. El desarrollo del framing y de “vocabularios de motivos” permite entonces una construcción de la realidad y una elaboración identitaria de la agencia (Benford, 1993 citado en Sádaba 2008: 3l9). En esta línea, Gamson aporta la noción de “marcos de injusticia” y distingue tres frames que guían la acción colectiva y que aplicaremos a nuestro análisis: la percepción de que existe una situación de injusticia; la percepción de que se puede hacer algo (agencia) y la definición de una identidad colectiva que abra el camino para confrontar visiones, valores e intereses. Con esto, los marcos constituyen “el resultado de la negociación de un significado compartido” (1992: 12).

Si los problemas son definidos como injusticias sociales o políticas es necesario darle solución, de allí que surja el descontento y, en consecuencia, la acción colectiva. Se activan, entonces, marcos de diagnóstico (indican cuándo un acontecimiento necesita ser modificado), marcos de pronóstico (proponen soluciones al conflicto) y marcos de motivación/movilización (incentivan el compromiso de participación) (della Porta y Diani, 2015; McAdam et al., 1999; Snow y Benford, 1988; 1992; Tarrow, 1997). El siguiente gráfico detalla las funciones de los marcos interpretativos:

Gráfico 3: Funciones de los Marcos Interpretativos de la Acción Colectiva

Fuente: Elaboración propia en base a della Porta y Diani (2015); Ibarra et al., 2002, Kingdon (1984); Snow y Benford (1992).

75 Cabe destacar que la presencia tanto de estos marcos interpretativos como de los aspectos cognitivos, afectivos y emocionales resultan fundamentales para que los actores sociales se movilicen (Gamson, 1992; Snow y Benford, 1992; Tarrow, 1997). En una escala mayor, también actúa un master frame que desempeña una función similar a la del marco de significación pero que actúa en relación a un conjunto de organizaciones de varios movimientos sociales interpretando acontecimientos y experiencias bajo una determinada clave (Chihu Amparán, 2007; Ibarra et al., 2002; Snow y Benford, 1992).

Las coaliciones críticas hacen un uso estratégico de símbolos y marcos en la contienda con quienes disputan diferentes posiciones respecto a las condiciones de la integración y el carácter y alcance de la participación en las negociaciones. Así, un conjunto de autores latinoamericanos, que retoman la propuesta gramsciana, consideran que la cultura es política en tanto las formas de significación resultan centrales en el desarrollo de procesos de pugna que definen, de modo implícito o explícito, el poder social. En los casos más extremos se oponen abiertamente a los marcos dominantes y sus proyectos políticos y en otros apelan a la inclusión de la dimensión social, sea en la forma de una carta social o de cláusulas laborales y medioambientales, entre otras.

En el neoliberalismo -entendido como proyecto político cultural- se produce una pugna entre defensores de distintos marcos. Cuando se esgrimen posiciones contrahegemónicas y desarrollan nociones alternativas sobre cuestiones establecidas por el orden dominante se activa la cultural politics entendida como “el proceso que se desata cuando entran en conflicto conjuntos de actores sociales que a la vez que encarnan diferentes significados y prácticas, han sido moldeados por ellos” (Escobar et al., 2001). En consecuencia es fundamental comprender que los movimientos sociales deben ser considerados como protagonistas de luchas a la vez materiales, políticas y culturales (Álvarez et al., 2000) y por ende las coaliciones críticas que conforman también resultan actores inscritpos en esas complejas luchas.

En síntesis, la movilización no solo es fructífera cuando están dadas las condiciones contextuales para el desarrollo de la acción colectiva. También debe operar un proceso de interpretación de las oportunidades políticas de parte del actor colectivo, el cual debe estar convencido de la visión de la realidad por la que brega. Este

76 convencimiento descansa en motivos subjetivos. Son los factores ideológicos y motivacionales más profundos los que permiten sostener tanto al movimiento como a la acción, aún en coyunturas adversas. Esta dinámica incluye, pues, el proceso de alineamientos de marcos y se construye a la luz de los discursos que circulan en el espacio público, los cuales como hemos mencionado ut supra pueden ser incorporados en la agenda de los medios masivos de comunicación priorizándolos o banalizándolos (desestimando, solapando o espectacularizando/ridiculizando el tema que presenta el movimiento) (Gamson y Meyer, 1999).