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1.4 ¿Dónde murió la dictadura?

6.3 Estudiar y vivir de otro modo

A mediados de los años sesenta las universidades españolas empiezan a vivir un considerable aumento de la población estudiantil. Aun no estamos en un periodo de popularización de la enseñanza superior, pero el camino está abierto. Habrá en ese momento muchos casos de estudiantes que representan el primer miembro de la familia que consigue llegar a la universidad. Se trata de personas que tienen interés en aprovechar su oportunidad, tienen ganas de trabajar en la facultad. En demasiados casos esta inquietud chocará con lo que encontrarán en las clases, afortunadamente otros

encuentros serán estímulos. Los estudiantes más activos afirmarán que esa universidad no puede continuar. No puede ser que haya profesores que no vayan a clase, que sean incompetentes y que estén colocados por su inquebrantable vinculación al régimen. La incompetencia, la ineficiencia, no es admisible.

Se trata de estudiantes que quieren estudiar, levantarán su voz contra aquellos que no cumplen. Estamos ante una generación que va a plantear abiertamente la necesidad de que las cosas funcionen de otra manera. Y serán ellas y ellos quienes lo harán de manera mas clara en la sociedad franquista. Consideran sus peticiones cuestiones obvias, tal vez ingenuamente, pero no se retraen. Formulan abiertamente sus reivindicaciones.

Cabe distinguir entre las diferentes sensibilidades de los estudiantes de la época. Hay sectores minoritarios muy politizados, pero no es el enfrentamiento político el que se impone. Se podría decir que es una cuestión prepolítica. El discurso que conseguirá aglutinar a un sector mayoritario de los estudiantes es el que plantea la necesidad de transformar la institución para obtener mejores resultados, para conseguir una mejor formación, para que la sociedad pueda avanzar. Lo que está en discusión es la mejor gestión, la competencia de los profesores, las instalaciones, los equipamientos de las facultades, los laboratorios... En muchos casos no existe un pensamiento político que fundamente la actuación. Es un comportamiento que responde a la situación concreta en la que se encuentran. Tampoco teorizan, no hay verborrea. Hay alternativas concretas a problemas concretos, una gran practicidad. Lo que se impone es la participación en la gestión para hacer lo que los otros no hacen, la ampliación de ayudas y becas, la mejora de las instalaciones, del nivel del profesorado...

Las suyas eran reivindicaciones centradas en la universidad, pero que incorporaban la propuesta de una nueva sociedad. De manera poco consciente en algunos casos, en otros totalmente deliberada, se expresaban unas reivindicaciones para una nueva universidad que de instaurarse llevaban consigo la transformación de la sociedad. Es un momento en el que las corrientes políticas están en formación. Tiene un peso muy significativo el PSUC y su comité de estudiantes, se trata del partido referente en la lucha por una nueva

sociedad. Pero las sensibilidades son múltiples y las ideas difusas. La práctica se impone a la teoría.

La creación del SDEUB fue una tarea colectiva en la que participó una parte considerable de los estudiantes de la universidad de Barcelona y también algunos profesores con un apoyo más o menos declarado dependiendo de los casos. ¿Qué hizo que una propuesta de estas características pudiera conseguir aglutinar a tantas personas y de sensibilidades diferentes? Los elementos que lo propiciaron fueron dos: el tipo de propuestas que hemos comentado y las personas que las hacían.

Una parte considerable de los estudiantes obró, se decidió a actuar de una manera u otra, siguiendo el comportamiento de aquellos que estaban delante de la reivindicación. Les generaban confianza, eran vistos como estudiantes referentes, eran plenamente respectados. Había conciencia de las diferencias entre unos y otros, pero estas nunca se ponían en primer plano, lo que se imponía era el hacer en una dirección que era seguida por la mayoría de los estudiantes. Algunos estudiantes que no estaban de acuerdo con la posición crítica que estaba surgiendo argumentaban su disconformidad apelando a la posición política de algunos de los representantes, de los delegados. Pero la autoridad de estas críticas era mínima. Los delegados eran bien vistos por sus compañeros pero no tanto por las ideas que pudieran representar políticamente, que en muchos casos también, si no por su quehacer diario, por su trabajo en la facultad, por la actuación en las asambleas...

El modelo de los buenos estudiantes también tuvo su peso entre el profesorado. Había algunos que ya tenían clara su posición, pero otros la fueron modificando en la medida que aprendieron de sus estudiantes. Para una parte de los profesores la actuación, las reivindicaciones, de algunos de estos estudiantes generaba muchas dudas. Por ejemplo, por qué un grupo de estudiantes de sobresaliente debía preocuparse por los exámenes para los estudiantes que habían suspendido. El diálogo con los profesores permitió exponerles unas reivindicaciones, explicarles en que consistía el sindicato que se solicitaba, y que algunos de ellos cambiarán su posición, incluso que llegarán a ofrecer su apoyo a estudiantes de la junta de delegados cuando estos fueron detenidos; una actuación que resultaba impensable unos meses antes. La

evolución de una parte del profesorado fue muy significativa entre 1965 y 1967. Hubo profesores y decanos que cambiaron substancialmente su comportamiento, ya fuera por proximidad afectiva o porque vieron en las reivindicaciones algo que merecía ser considerado. Cabe destacar, no obstante, que el posicionamiento público no era fácil, significativamente para aquellos que provenían de tradición republicana y para los que estaban pendientes de algún trámite académico del que podía depender su situación en la universidad.

La universidad vivía un período convulso, se producían reivindicaciones y en contra de lo que habitualmente se dice en este tipo de circunstancias estaban impulsadas por estudiantes con expedientes brillantes. No se les podía desautorizar por ese lado. Su prestigio les sirvió para ayudar a difundir las propias propuestas. Debe valorarse la incidencia que tuvieron estos jóvenes en el despertar de determinados sectores de la sociedad barcelonesa, catalana, que siendo contarios al régimen político existente no habían alzado su voz. Podemos pensar, incluso, en familias de una burguesía relativamente liberal enriquecida con el franquismo. Unos buenos estudiantes, algunos hijos de estas familias, habían constituido un sindicato de estudiantes alternativo al oficial, que se enfrentaba a lo que éste representaba, que trabajaba por una universidad diferente y lo habían hecho con la colaboración de profesores, intelectuales, sectores de la iglesia... Un sindicato que representaba unas reivindicaciones de democratización de la universidad, y por extensión de la sociedad. Incluso alguno de estos sectores, por ejemplo ambientes catalanistas, podían considerar a estos jóvenes estudiantes como valientes que se atrevían a realizar actividades que ellos no osaban ni pensar, pero que veían con simpatía.

Entre 1965 y 1967 los estudiantes de la Universidad de Barcelona han roto con el Sindicato Español Universitario (SEU) y han constituido el Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona (SDEUB). Eso supone que a cara descubierta han planteado una alternativa a la participación estudiantil en la universidad franquista. El SDEUB significa gestión de la universidad por los propios estudiantes. Los estudiantes quieren que su voz sea determinante en todo aquello que tiene que ver con algo tan importante como su formación. Tienen

reivindicaciones a hacer en el ámbito de las ayudas y las becas, tienen opinión formada sobre el profesorado, son responsables de la gestión de determinados servicios en las facultades. Aprovechan, también, su presencia en la universidad para organizar actividades teatrales o cinematográficas con gran libertad.

El proceso que les ha llevado hasta este punto es el que les legitima como autoridad dentro de la universidad. Han conseguido, por medio de ideas y actos, demostrar que en la universidad son un elemento decisivo, por su capacidad de movilización y por la vida universitaria que están desarrollando. El día a día les lleva a estar construyendo la que puede ser la universidad por la que han decidido pasar a la acción. Una universidad en la que no existan barreras clasistas, y para eso se trabaja para conseguir mejores condiciones de transporte, comedor o residencia; una universidad con una enseñanza de calidad, y por eso se hacen y publicitan encuestas sobre el profesorado; una universidad con capacidad para generar cultura y pensamiento crítico, y por eso se potencian los cine clubs, los grupos teatrales, las lecturas poéticas...

Todo esto estaba pasando en la universidad entre 1965 y 1967, pero no ocurría en el conjunto de la sociedad. Al salir de la universidad la situación cambiaba. Lo que los estudiantes estaban empezando a conseguir dentro de sus facultades no tenía su correlato en otros espacios de la sociedad española del momento. Los estudiantes que podían pensar en extender aquello que estaban realizando dentro de la universidad antes o después vieron que la España franquista era una suma de realidades muy distintas.