Francisco Martín Suárez nació en 1932, estudió Sociología y Economía. Entre 1962 y 1965 fue profesor y director del Departamento de Sociología de la Universidad Católica, hasta que la Universidad decidió cerrar la carrera. También trabajó en el ECLA (Estudios de la Ciencia Latinoamérica) perteneciente a la Universidad del Salvador. Además fue director de la Escuela de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la misma Universidad. Durante este cargo recibió varios subsidios de Conicet para investigación (Actas del Directorio de Conicet, 1971). Fue Investigador del Centro de Sociología comparada del Instituto Torcuato Di Tella (Actas del Directorio de Conicet, 1965).
En 1966 CONICET, le otorgó una beca externa para realizar una estadía en el Departamento de Sociología en la Universidad de Columbia, Nueva York Estados Unidos. (CONICET, 1966). El tema sobre el que investigó fue ―Sociología de la Ciencia y de las Profesiones‖. En 1970 fue director (Junto con Justino O´Farrell) de Juan José Llach a quién CONICET le otorgó una beca de investigación para trabajar sobre "Estratificación social en la Argentina: 1958-
1970. Un enfoque metodológico‖ (CONICET, 1970). En 1972 posibilitó la incorporación a Carrera de investigación de Mónica Peralta Ramos quien tuvo como lugar de Trabajo el Proyecto E. C. L. A. (Estudio de la Ciencia Latinoamericana) de la Universidad del Salvador. En 1974 Isidoro Luís Felcman obtuvo una beca de CONICET, para investigar sobre ―Transferencia de Tecnología Administrativa‖ que también fue dirigida por Suárez en el Instituto de Sociología de la Organización perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (CONICET, 1974). Al año siguiente, dirigió la investigación de Mario José Krieger, becado también por CONICET (CONICET, 1975), alumno de Suárez en la Universidad de El Salvador y co-autor junto con Suárez, de la compilación que comentamos más abajo. Efectivamente, Krieger egresó como Licenciado en Ciencias Políticas en 1969 y Licenciado en Administración Pública en 1971, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador. En 1975 obtuvo una beca de investigación de CONICET para investigar sobre "Análisis organizacional de la capacidad tecnológica de los laboratorios químico-farmacéuticos de sustitución de importaciones en materia de tecnologías y principios químicos activos" Su director será el Dr. Francisco Suárez y tuvo como lugar de trabajo: Cátedra de Sociología de la Organización de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Por su parte, estos dos autores publicaron trabajos junto con Eduardo Amadeo, economista, graduado en la Universidad Católica Argentina, que realizó también estudios de postgrado en Estados Unidos y en Inglaterra.
Estos autores publicaron la compilación titulada ―Autonomía nacional o dependencia: la política científico – tecnológica‖ en 1975, en la Editorial Paidós, bajo el auspicio del ECLA que era un Centro de investigación de la Universidad del Salvador. El libro era parte de la colección Biblioteca de Economía,
Política y Sociedad, junto con otras obras que tuvieron fuerte circulación dentro
del campo de las Ciencias Sociales, algunas de las cuales comentaremos más abajo. Entre ellas: ―La estrategia del desarrollo indirecto‖ de Guido Di Tella; ―Modernización y autoritarismo‖ de Guillermo O´Donell; ―Las etapas del desarrollo económico argentino‖ del mismo G. Di Tella y Zymelman; ―Doctrinas económicas, desarrollo e independencia‖ de Diamand; ―El pensamiento latinoamericano en la problemática Ciencia- Tecnología- Dependencia‖ de Jorge Sábato; ―Tecnología y política económica. Reflexiones sobre la experiencia latinoamericana‖ de Aldo Ferrer; ―El problema agrario argentino y sus soluciones‖ de E. Gastiazoro.
El objetivo general de la compilación es abordar la política científico- tecnológica en el contexto de la realidad latinoamericana, la cual para todos los autores que escriben en él, estaría fuertemente condicionada por el carácter dependiente de los países de este continente. Entre las inquietudes que plantean los autores está fundamentalmente la necesidad de debatir sobre los condicionantes básicos de la política, del papel de los actores involucrados y de las estrategias posibles. Buscar cierta coherencia entre los objetivos sociales y los objetivos de la política científico- tecnológica. Es por esa razón que el acento estará puesto en la dimensión teórica e ideológica de las relaciones entre ciencia y sociedad, y el tratamiento de la problemática relacionada con los ―instrumentos‖ de la política científica y tecnológica será dejado para futuras elaboraciones. Un objetivo fundamental será el pensar cuáles son los condicionantes de la política en función de las necesidades de un país y de su proyecto nacional (Suárez y otros, 1975: 9).
Los autores demuestran estar impregnados de todos los debates contemporáneos sobre la problemática de la dependencia que se venía dando desde la difusión del clásico ―Desarrollo y Dependencia en América Latina‖ de Cardoso y Faletto a través de la edición de Siglo XXI, México, 1969). A lo largo del libro hay varias referencias del clásico de Theotonio Dos Santos ―El nuevo carácter de la dependencia‖ (1968), que llegó a Buenos Aires a través de la compilación de José Matos Mar ―La crisis del desarrollismo y la nueva dependencia‖ editado por Amorrortu. El libro también da cuenta de los documentos claves de CEPAL, de los informes estadísticos producidos en UNESCO y OEA. A lo largo del libro dialoga también con aquellos trabajos dependentistas que fueron producidos dentro del campo argentino de las ciencias sociales como los de: Oscar Varsavsky – a quien se le dedicará varios comentarios- , Jorge Katz, Oscar Braun, O´Donell, trabajos del CIE y del CIS (Centro de investigaciones económicas y Centro de investigaciones sociales del ITDT). En un cruce disciplinar muy afín al pensamiento dependentista elaborado en Chile, también se apoyan en los trabajos de historia económica argentina realizado por José C. Chiaramonte (―Nacionalismo y Liberalismo económico. 1860-1880‖), Oscar Cornblit, Ezequiel Gallo y Arturo O´Conell (―La generación del 80 y su proyecto‖). No sólo dialogan y utilizan fuentes provenientes de América Latina, si no también una extensa cantidad de trabajos provenientes de países como Inglaterra, EEUU y Francia, con algunos de los cuales discutirán eventualmente (ver capítulo 9).
En cuanto a los debates más significativos que aparecen en los artículos que compila este libro, podríamos señalar la discusión con las ―teorías del desarrollismo‖ en general y en particular, con aquellos estudios que, enrolados en estas teorías, analizan el campo científico tecnológico en países centrales como meta a alcanzar por parte de los países no desarrollados.
A pesar de que los estudios compilados tienen un fuerte basamento empírico y que el discurso se organiza en torno de una lógica científica, los autores aclaran en la introducción general que este libro intentará realizar una contribución directa para la política científica argentina. Declaran, por lo tanto, que no apuntan a los académicos o lectores especializados en estas temáticas sino a los funcionarios públicos, fundamentalmente aquellos que dirigen las políticas universitarias y los órganos de administración y planificación de la política científica en los países latinoamericanos: ―El presente volumen intenta una contribución al tema de la política científico – tecnológica tal como se presenta en la realidad latinoamericana. No apunta al sector relativamente pequeño de los estudiosos sobre esta problemática sino al más amplio de aquellos que se preocupan, desde el ángulo general de la cultura o la política, por entender mejor las relaciones que tienen la política de la ciencia y la tecnología con la sociedad. Quizá sería exacto decir que está orientado específicamente hacia el sector de quienes tienen capacidad para influir en la adopción de decisiones públicas. Consiguientemente, el nivel de las reflexiones corresponde a algo intermedio entre lo que sería de interés para especialistas y lo que podría considerarse de difusión culta‖ (Suárez, 1975: 9). En definitiva, declaran la intención no sólo de producir un conocimiento sobre la realidad científico-tecnológica sino de intervenir en la direccionalidad de las políticas públicas en la materia. Vale la pena ahora concentrarse en el análisis de las distintas partes del libro, puesto que constituyen aportes relevantes a los estudios de la dependencia y es un buen muestrario del tipo de estudios que nos proponemos describir.
La primera parte del libro contiene estudios referentes al origen de los conocimientos en que se apoya la política científico- tecnológica, esto es, su génesis social e histórica, la naturaleza de sus limitaciones y algunas líneas incipientes de nuevos desarrollos. En este sentido, lo que les interesaba era empezar por ―el análisis de las perspectivas teóricas, metodológicas y contextuales desde las cuales se abordaba la producción de conocimientos sobre las relaciones antes mencionadas‖ (16). Estas bases cognitivas de la política científico-tecnológica constituían, para los autores, su condicionante
interno. Dentro de esta sección escribieron: Manuel Mora y Araujo; Eduardo Amadeo y Alberto Sánchez Crespo. Mora y Araujo ofrece un panorama de la sociología y la ciencia de la ciencia, Eduardo Amadeo escribe en esta sección sobre el factor tecnológico en las estructuras económicas y Alberto Sánchez Crespo realiza un esbozo del desarrollo industrial de América Latina y de sus principales implicaciones sobre el sistema científico y tecnológico. Presenta un panorama en donde intentará relacionar los cambios en la estructura socioeconómica con los problemas de política científico – tecnológica que se han dado en los distintos momentos de industrialización y desarrollo dependiente en América Latina. Quizá, una de proposiciones más interesantes de esta sección es la que advierte sobre la ambivalente situación de la ciencia y la técnica, las cuales, dependiendo de su uso, puede ser ―uno de los más refinados instrumentos de penetración externa y por lo tanto de domesticación cultural y dominación económica o, por el contrario, uno de los medios más importantes a tener en cuenta en cualquier estrategia de liberación‖ (21).
La segunda parte se refiere a condicionantes externos. Presenta, en el marco general de las estructuras de la dependencia, las interrelaciones entre las diversas formas y dimensiones que alcanza: particularmente, entre dependencia económica y tecnológica, cultural y científica, científica y tecnológica, etcétera. Mario Krieger se encarga de analizar más a fondo la dependencia desde el punto de vista teórico, entendida como el contexto macrosocial de la política científico-tecnológica. Para esto presenta en primer lugar, una conceptualización del fenómeno, y luego un breve recorrido por las teorías del desarrollismo y del funcionalismo frente a la teoría de la dependencia. Luego analiza comparativamente la teoría del imperialismo. Comenta la existencia de nuevas formas de dependencia para finalizar con una serie de interpretaciones acerca de ―La tercera posición como estrategia de liberación‖. En este fragmento puede observarse la incursión en la prosa típica del ensayo formal. El cierre afirma una perspectiva crítica, conduciendo a una dimensión proyectiva, que es una preocupación central para el autor y que forma parte ineludible del debate que propone la compilación (Krieger, 1975: 131). Por su parte, Eduardo Amadeo escribe en esta sección sobre la exportación de tecnología y su relación con la expansión capitalista. También se referirá en otro capítulo a la dependencia económica y su relación con la dependencia tecnológica. Francisco Suárez se dedicará en esta parte, a la problemática de la dependencia cultural y además a la relación existente entre este fenómeno, dependencia científica y tecnológica.
En el tercer apartado se abocan al análisis de algunos actores de la política científico-tecnológica y sus interrelaciones; el Estado, que sería el diseñador y ejecutor de la política y la universidad el mayor productor y usuario de la ciencia; Jorge Sábato analiza a las empresas del sector público, como el sector productivo nacional de mayor peso y, por ende, como un posible instrumento de autonomía. Y Héctor Ciapuscio se encarga de recopilar las principales voces sobre el potencial papel de las Universidades en la actividad científico - tecnológica. Finalmente, en la última parte del libro se presentan estrategias de política científico-tecnológica y su relación con el proyecto nacional y hace referencia a la instrumentalidad de la política científico- tecnológica en relación con objetivos sociales globales y con la viabilidad socio- política de esas estrategias.
Muchos trabajos incluidos en el libro intentan dar cuenta del ―estado de la cuestión‖ en torno a los estudios de la dependencia científico-tecnológica. Como es el caso de Eduardo Amadeo con su trabajo ―El factor tecnológico en las estructuras económicas‖ en donde presenta los rasgos fundamentales de dos de las principales corrientes teóricas que se desarrollaron en ese periodo acerca del problema tecnología- desarrollo económico: por un lado, la ―escuela latinoamericana‖ y por otro lado, aquella nacida juntamente con el cuestionamiento y los supuestos neoclásicos de la teoría del capital y la producción y radicada en los centros académicos de algunos países centrales – en especial en la Universidad de Cambridge, Gran Bretaña.
Dentro lo que él denomina ―la escuela latinoamericana‖ incluye el aporte de autores que tuvieron un ―origen‖ común en los trabajos de CEPAL, ya sea por haberse desempeñado allí, o por haber recogido y desarrollado las ideas que ese organismo produjo durante la segunda mitad de la década de 1950, en especial: Furtado, Dos Santos, Jaguaribe, Sunkel, Pinto y Cardoso.
En esta misma línea se encuentra un breve artículo de Francisco Suárez sobre la dependencia cultural. El argumento principal se basa en la idea de que en cualquier sociedad es posible observar una cultura de los dominantes que es también la cultura dominante. Esto no significa que la cultura dominante sea la única matriz cultural existente en la sociedad. Por lo tanto no se puede desconocer la existencia de una cultura o subcultura de los dominados. Lo que resalta Suárez es la tendencia a querer imponer el sistema de valores dominantes a través de ―todo el aparato institucional organizativo en manos de los dominantes, como el sistema educacional, el de los medios de comunicación masiva, el sistema científico etcétera‖ (146).
El fenómeno de la dominación cultural en los países latinoamericanos no se puede explicar si sólo prestamos atención a las manifestaciones internas sin tener en cuenta el peso de la penetración imperialista sostenida por los grupos dominantes de estos países, conformando el fenómeno de la dependencia cultural. ―Ese proceso de imperialismo cultural y su correlato de la dependencia cultural, han impregnado estructuras muy profundas (valores, creencias, y todo aquello que conforma nuestra superestructura cultural e ideológica), permitiendo que la dominación sobre nosotros ejercida fuese más aceptable en tanto y en cuanto se expresaba en valores considerados universales y perennes de la así llamada civilización occidental y cristiana‖ (148).
En una prosa común, también, al espíritu performativo del ensayo formal, termina concluyendo que el problema del cambio cultural no está en el rechazo irrestricto de los productos culturales extranjeros con el objetivo de lograr la autarquía, sino en intentar concretar un proyecto cultural autónomo que ―libere tanto a los dominantes como a los dominados‖ (148).
El trabajo de Floreal Forni y Raúl Bisio ―La relación ciencia – tecnología – producción. Algunos modelos de política tecnológica‖, propone develar las relaciones estructurales y los aspectos ideológicos contenidos en algunas estrategias que han sido propuestas para los países de América Latina. Estos autores señalan la importancia del hecho de la dependencia estructural de esos países y formulan a partir de ello una revisión de algunos enfoques significativos para poner de relieve parcializaciones de índole teórica o metodológica que indicarían, en su opinión, la oportunidad de nuevos esfuerzos, la necesidad de integrar la estrategia de política tecnológica en el cuadro global de una política de desarrollo los conduce más adelante a la proposición de una matriz de estrategias tecnológicas alternativas, que por su rigor y utilidad merecen atento análisis. ―El rol del Estado, actor relevante de la política y planificación de la ciencia y la tecnología, diseñador y ejecutor de esas actividades, debería ser analizado, en opinión de los autores, a la luz de un enfoque histórico- estructural que descubra las relaciones de conflicto que existen dentro del aparato político y del aparato productivo y entre ambos sistemas.‖ (163).
Finalmente, en la cuarta parte del libro, se incluyen trabajos que ofrecen un panorama histórico del desarrollo de los sectores del sistema científico – tecnológico, como el aporte de Sánchez Crespo. En ellos, se proponen análisis descriptivos en torno a las estructuras que sostienen el campo científico – tecnológico de los países latinoamericanos. Apuntan a la construcción de un
diagnóstico y ofrecen posibles alternativas de acción orientadas a la autonomización del campo científico – tecnológico.
Una mirada global del libro que venimos presentando muestra la convivencia de varias estrategias de abordaje, que van desde estudios netamente teóricos, pasando por estudios más empíricos hasta llegar aquellos que, como dijimos más arriba, utilizan la prosa ensayística para presentar distintos caminos posibles para una política nacional. El análisis conceptual del problema de la dependencia, está presente y ocupa una parte importante del libro. Son estudios de carácter interdisciplinario ya que están realizados por especialistas que provienen de la economía, la sociología y la ciencia política y que ofrecen un análisis del fenómeno desde distintos enfoques.