Como podrá observarse en los capítulos siguientes, existen grandes diferencias en cuanto a las tomas de posición de estos agentes. Una manera de organizar estas tomas de posición, sería ubicarlas en una especie de ―continuum‖ definido en los extremos por dos posturas que permitan establecer zonas grises y matices más cercanos a uno u otro extremo del continuum. Una de esas tomas de posición surge de los estudios asentados en una mirada nacional - popular, donde la principal contradicción de fondo es: ―Imperialismo - Nación‖, y la contradicción de clase queda prácticamente solapada, cuando no inexistente. Los que manifiestan explícitamente esta postura son: Alen Lascano, Caterina, Leyendecker, Carri, Cárdenas, Álvarez, Losada. En la otra punta del continuum nos encontraríamos con trabajos arraigados en la tradición de la izquierda, marxista, y en donde la contradicción principal sería ―Imperialismo – proletariado‖. Hay un acento muy fuerte en las articulaciones existentes entre la dominación externa y la clase dominante (dominación interna). Los que manifiestan explícitamente esta postura son: Peralta Ramos, Portantiero, Braun, Ciafardini, Vilas.
Otras diferencias teóricas se explican a partir de la disciplina de origen del que escribe. Los trabajos escritos por aquellos que provenían de la carrera (de grado) de economía (como Ferrer, Katz, Braun, Ciafardini, Rofman) son fundamentalmente trabajos realizados con las herramientas (teóricas y metodológicas) propias de la economía. Los que provienen del derecho pondrán
el acento en un enfoque jurídico institucional (aunque este no sea el único), en el tema del papel del Estado, y se apoyaron fundamentalmente, en la Historia. Finalmente puede señalarse que los trabajos realizados por sociólogos son los que revisten un carácter más interdisciplinario ya que a la hora del análisis, apelan tanto a la sociología como a la economía y a la historia.
El uso del concepto de ―dependencia‖ se extiende, así, entre aquellos que se enrolaban en posiciones teóricas e ideológicas disímiles. Este concepto ―omnipresente‖ que formaba parte del clima político cultural de fines de 1960 y principios de 1970, parece haber sido la partitura de toda una orquesta. Pero es posible diferenciar algunas cuerdas: a) Los que otorgan un gran peso a la teoría del imperialismo como : Aznar, Peralta Ramos, Portantiero, Braun, Ciafardini, Llach; b) Los que trabajan sobre la línea autonomía/dependencia académica: Varsavsky, Sadosky,; c) Los que trabajan sobre el tema dependencia científico- tecnológica: Katz, Suárez, Amadeo, Krieger, Sábato; d) Los que tienen como objeto de estudio la empresa multinacional: Vilas, Lozada, O´Donnell; e) Los que están anclados en el movimiento peronista y esperan contribuir al proyecto de liberación nacional , como Carri, Cárdenas, Caterina, Leyendecker, Gutiérrez, Bertone, Trevignani, Álvarez, Franco; y finalmente, f) Los que se enrolan en una postura ―dependentista moderada‖, es decir que reconocen la situación de dependencia de los países subdesarrollados, pero que defienden un proyecto de ―capitalismo nacional‖ con un Estado fuerte: Ferrer, Katz.
Otro rasgo que diferencia al grupo es la recepción del pensamiento socio-económico chileno. Aquellos que demostraron a través de sus obras conocer este pensamiento y manejar su marco teórico eran: Suárez, Amadeo, Krieger, O´Donnell, Ferrer, Portantiero, Braun, Vilas, Rofman, Kaplan, Álvarez, Franco. En este punto nos estamos refiriendo a aquellos que citaron por lo menos a cuatro obras características del ―dependentismo chileno‖. Como señalamos ya al principio del capítulo, otros, en cambio dialogan principalmente con posturas revisionistas de la historia en contra de la historiografía ―liberal‖: como Carri, Álvarez, Cárdenas, Caterina y Alen Lascano.
Con respecto a la especificidad que tuvo el debate dependentista argentino, podemos mencionar que todos cuestionan y discuten con la teoría del desarrollo. Ya sea un análisis desde el punto de vista teórico, como también una crítica a los gobiernos desarrollistas, sobre todo por haber adoptado un proyecto ―imperialista‖, por la apertura al capital extranjero, porque les abrieron el espacio a las empresas multinacionales. Pero la especificidad estaría dada básicamente por este ―enrolamiento‖ en el uso del concepto de dependencia aún
existiendo posturas tan disímiles desde posiciones de izquierda marxistas hasta posturas nacionalistas. Estas posiciones de izquierda cuestionarán entonces (además de la crítica al desarrollismo) las posturas nacionalistas, y algunas corrientes dentro del dependentismo (en muchos casos porque éstos no reconocían la superioridad de la teoría del imperialismo).y aquellos que sostenían una postura nacionalista discutirán fundamentalmente con aquellos que consideraban que la contradicción fundamental estaba dada entre ―Imperialismo (clase dominante/capital) y clase trabajadora‖. No es que negaran de la contradicción existente entre estos dos polos sino que este antagonismo estaba subordinado a la contradicción principal existente entre el Imperialismo y las naciones de los países del tercer mundo. Muchos de ellos cuestionarán al ―cientificismo‖ como una corriente teórica defendida por una ―elite académica‖ dentro de las ciencias sociales que adoptaba métodos importados de otros países (EEUU y Europa fundamentalmente), que fragmentaba la realidad para su estudio y que estaba totalmente escindida de la práctica transformadora de la sociedad. Se trata de una crítica al eurocentrismo en las ciencias sociales, la sociología germaniana, al marxismo europeo. Muchos de estos agentes que sostenían estas disputas eran los integrantes de las llamadas ―cátedras nacionales‖ Carri, Cárdenas, Álvarez, Franco, Gutiérrez que no hicieron otra cosa que reflejar en sus escritos el intenso debate que se dio entre fines de la década del sesenta y principios de la década del setenta en el espacio de las carreras de las ciencias sociales en la UBA, sobre cuáles debían ser los objetos de estudios, los métodos, los marcos teórico y sobre todo cuál debía ser ―la misión‖ de la producción de este tipo de conocimientos.
Son pocos los cientistas sociales argentinos que tomaron contacto directo con el ―circuito académico regional‖ que estaba trabajando sobre la dependencia en Chile. Estos contactos además, se dieron de formas muy disímiles. En el caso de Alejandro Rofman y Carlos Vilas, se trata de estadías cortas durante el período analizado, en Santiago de Chile, el primero por estudios de postgrado y trabajo (después) y el segundo por estudios de postgrado. Marcos Kaplan se instalará por más tiempo para trabajar en Santiago de Chile desde 1967 hasta 1970 en la Universidad de Chile y en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Políticas (FLACSO). Luego Aldo Ferrer, participará intensamente en los debates producidos en el ámbito abierto por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales entre 1967 y 1970. Y Oscar Braun tendrá oportunidad de debatir estas ideas en un Seminario organizado por el Centro de Estudios del Desarrollo – CENDES – de la Universidad Central de Venezuela, y
por la Comisión de Estudios sobre la Dependencia del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y realizado en 1976. En él participaron representantes de numerosas instituciones como: el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, el Peace Research Institute de Oslo, Noruega, el IDEP de la ONU de Dakar, Senegal (cuyo representante era el mismo Oscar Braun), Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, del Colegio de México, del CEBRAP de Brasil, de FLACSO, entre otras.