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LOS DEPENDENTISTAS ARGENTINOS

In document El dependentismo en Argentina (página 73-76)

Nuestra tesis pretende abordar un período de desarrollo académico en el que la dependencia no sólo fue discutida en el ámbito periodístico, literario y político, sino que fue tratada en ámbitos universitarios y científicos, a través de enfoques y metodologías propias de una etapa particular de las ciencias sociales en el Cono Sur. Pero los ―dependentistas argentinos‖, al igual que sus pares en Chile y en otros países de la región, tomaron un conjunto de aportes que ya estaban presentes en el campo intelectual, ya sea en la forma de ensayo o discurso científico, para incorporarlos o para discutirlos. Esto significa, entonces, que es necesario reconocer primero un conjunto de ensayos, artículos de periódico, discursos y cartas que se ocuparon de pensar la dependencia económica, política o cultural, según el estado del campo intelectual.

Estudios recientes muestran que el concepto de dependencia existe en el campo cultural desde hace más de 150 años y fue re-significándose: ―Pocas dudas caben acerca de que lo que se denominó teoría de la dependencia, se convirtió en un paradigma para las ciencias sociales en esta parte del mundo. Pero se conoce menos el hecho de que la categoría de dependencia tiene una trayectoria bastante larga en nuestro campo intelectual, cuyos antecedentes se remontan al siglo XIX, mientras se desenvolvía el movimiento de la llamada ―segunda emancipación‖ y el debate acerca de los alcances de la Independencia. Durante esta etapa, los países latinoamericanos transitaban largos períodos de inestabilidad política, caracterizados por el enfrentamiento de proyectos sociales diferentes. Unos tendían a promover el desarrollo hacia afuera y buscaban modos de integración de nuestras naciones al capitalismo para absorber el ―progreso‖ que se creía inminente. Otros favorecían un desarrollo hacia adentro, preservando formas de trabajo doméstico, el latifundio y las modalidades de producción del período pre-independentista. Luego de la primera emancipación, que nos había librado del ―enemigo externo‖, estos escritores creían que la afirmación nacional dependía de lograr una segunda

independencia, esta vez de lo que llamaban el ―enemigo interno‖. ¿Pero, quién era el enemigo interno? Era el conjunto de hábitos y costumbres ―contrarias al progreso‖. Estos enemigos se alojaban en las masas, que quedaban confinadas siempre al polo ―bárbaro‖ e incivilizado. Frente a estas ―enfermedades‖ las elites recurrieron a dos medios, supuestamente ―emancipadores‖: la educación represiva y la aniquilación de importantes segmentos de la población (Beigel, 2006: 291).

Según Arturo Roig, aunque algunos exponentes del movimiento de la ―emancipación mental‖ revalorizaban el ámbito ―plebeyo‖, lo hacían desde una actitud paternalista, que consideraba indispensable ―adaptar‖ a ese conjunto social a los modelos del progreso, o desde una posición psicologista, que reducía los obstáculos del desarrollo nacional a las desviaciones morales (Roig, 1980: 360). Si bien la cuestión de la ―emancipación mental‖ ha sido retomada muchas veces por el pensamiento social más reciente, es a partir de esta perspectiva crítica que podemos efectuar un balance histórico de este movimiento, teniendo en cuenta sus contradicciones –pero muy especialmente sus horrores- a la hora de hablar de los sujetos/objetos de esa ―segunda independencia‖. Con José Martí y Manuel Ugarte se produjo un paso hacia adelante en la reflexión acerca de la ―segunda independencia‖ y la cuestión de los sujetos del cambio social. El cubano no separaba la acción ―material‖ del ―pensamiento‖ ni tenía una visión paternalista de los pueblos. Superaba el elitismo de Rodó y Alberdi porque el eje de su planteamiento no estaba en la necesidad de hallar un grupo selecto que fuera el encargado de implementar los modelos europeos o norteamericanos. Los valores-fuerza estaban en los oprimidos, y estos tenían derecho a irrumpir históricamente e imponer la estructura axiológica interna del discurso liberador (Beigel, 2006:292).

―El concepto de ―dependencia‖ se forjó, en suma, para pensar lo particular, aunque no lo exclusivo, de nuestro continente. Se trató de discusiones que superaban las fronteras del ámbito cultural pues se desenvolvían en las instituciones del Estado, en el ámbito de la praxis política en general y por supuesto, en el periodismo. Luego, durante las décadas de 1960- 1970, el término ―dependencia‖ adquirió mayor vigor en el campo académico latinoamericano. El afán por entender la especificidad del subdesarrollo dependiente y efectuar, al mismo tiempo, un balance de las políticas desarrollistas de la década de 1950, motorizó la aparición de un ―dependentismo‖ en la sociología, la historia y la economía: ―La crítica a las políticas del desarrollo y el economicismo llevaron a explicar la dominación

como un fenómeno de mayor importancia que articulaba: a) estructura productiva, d) políticas estatales y c) lucha por el poder. La dependencia fue señalada como una situación histórica, que ocurría bajo ciertas condiciones nacionales e internacionales, como resultado de la estructura internacional del subdesarrollo. No era visto como una imposición externa sobre los países de Latinoamérica, sino como una relación entre países industrializados y países dependientes‖ (Beigel, 2008b: 7).

Ciertamente, Santiago de Chile fue el epicentro de la producción de estudios sobre la dependencia en las ciencias sociales, durante este período. Argentina no fue un eje dentro del circuito de discusión del dependentismo, sin embargo, no ha sido estudiado en qué forma esta problemática atravesó el campo de las Ciencias Sociales. Existe en torno al tema un lugar común que tiende a suponer que la ―dependencia‖ fue una preocupación extendida en el ámbito cultural, pero que no tuvo desarrollo académico en la época en Argentina. Lo cierto es que el campo de las Ciencias Sociales argentinas no estuvo ajeno al proceso de circulación de esos conocimientos. De hecho la documentación analizada y las entrevistas realizadas muestran que existió una producción de estudios dependentistas relativamente desarrollada en el campo académico argentino. Probablemente, la suposición de que se trataba de ensayos políticos o investigaciones periodísticas tiene que ver con la evaluación de conjunto que existe sobre este período, que tiende a suponer que el mundo académico perdió completamente su autonomía y se convirtió en apéndice de los movimientos sociales o de los gobiernos de turno.

En este capítulo nos proponemos demostrar que Argentina no sólo fue receptora de la producción chilena sino que existió un territorio académico de estudios dependentistas conformado por trabajos empíricos sobre el caso nacional y ensayos formales que procuraban sistematizar la información histórica y económica para producir interpretaciones sociológicas sobre las formas de dominación contemporáneas. Si bien dichos estudios se nutrieron de la producción dependentista chilena, ésta no fue la única tradición teórica en juego, sino que se pueden identificar otras corrientes provenientes del campo intelectual argentino las cuales sirvieron – también - de sustento para estos trabajos. En lo que sigue, nos proponemos demostrar en qué forma la problemática de la dependencia fue asumida en el campo de las Ciencias Sociales en Argentina. En función de este objetivo, analizaremos qué agentes fueron sus productores, cuáles eran sus principales características y cuál fue la especificidad de esas investigaciones, entre 1966 y 1976.

In document El dependentismo en Argentina (página 73-76)

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