3.3 ARGUMENTOS A FAVOR DE LA RENTABILIDAD DE LA
3.3.2 ESTUDIOS TEÓRICOS
Hacemos a continuación referencia a una serie de artículos y estudios teóricos procedentes del sector empresarial y profesional así como del mundo académico, unos y otros como veremos, abundan en la idea de que las inversiones en prevención mejoran la rentabilidad empresarial. Observaremos como en las distintas referencias que van a ir apareciendo se va conformando una lista de las razones, que resumiremos al final del capítulo, y que confirman las conclusiones reflejadas en las NTP ya mencionadas y en los estudios analizados en el punto anterior. Empecemos mencionando, que en todas las páginas Web de las distintas organizaciones empresariales consultadas se aboga por las ventajas económicas de la prevención, así por ejemplo, el Instituto de Gestión Empresarial Agraria promociona la prevención en el sector agrario, destacando la mejora de la rentabilidad de las empresa debido a una buena gestión de la prevención apoyándose en los siguientes puntos:
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Evita sanciones Administrativas. Cada día más trabajadores denuncian a sus empresarios por la falta de medidas preventivas.
Evita pérdidas por accidentes.
Impide que la maquinaria se deteriore.
El trabajador agrario que se siente protegido, realiza mejor su trabajo, con más confianza y de forma más eficaz.
Con un mayor detalle, en la I Jornada de prevención de riesgos laborales celebrada el 22 de abril de 2002 en AICA (Asociación de empresarios de Alcobendas) para trabajadores y empresarios de la Comunidad de Madrid. Don Francisco de la Poza Martín, de “Ceres prevención”, basa su estudio de la rentabilidad de la prevención en los siguientes puntos:
De forma directa y tangible por:
Incremento del patrimonio de la empresa por inversiones en elementos de
seguridad. Dependiendo de las características del objeto de la inversión, que permita tipificarlo como constructivo, instalación, equipo, etc., su amortización se llevará a cabo en plazos regulados por la normativa al respecto (entre un mínimo de 3 años y un máximo de 80).
Descuentos en primas de seguros. Las compañías de seguros conceden descuentos en las primas de ciertas pólizas de seguros cuando existen medidas de seguridad que reducen la frecuencia o la gravedad de los siniestros.
Menor coste de las primas por autoseguro. Cuando la empresa tiene establecida la retención financiera de ciertas pérdidas por accidentes, esto representa un menor coste de las primas de seguros.
Subvenciones públicas. Por la adopción de ciertas medidas de seguridad, que se consideran de interés social, como es la mejora en servicios e instalaciones
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públicos, las administraciones públicas conceden fondos de ayuda para la financiación de dichas medidas, con lo que se consigue disminuir el importe total de las inversiones y su incorporación al patrimonio con un coste menor.
Deducciones fiscales. De forma indirecta y tangible por:
La seguridad, a nivel interno y externo, incluida la seguridad de los productos, definida inteligente y razonablemente, se constituye también en un elemento de la estrategia de empresa, que tiene un efecto catalizador sobre los componentes de la empresa y su mayor eficacia en los objetos sociales y económicos.
Mejora de la calidad de los productos y servicios. Los fundamentos de las
actuaciones de seguridad son coincidentes, en su mayoría, con los de la calidad, con lo que al actuar sobre cada una de ellas, surge una influencia positiva recíproca.
Mejora de la productividad. La seguridad de los medios humanos, técnico y
materiales contribuye a la eficacia de los sistemas productivos, que sufrirán menos accidentes, averías o interrupciones. En tal sentido, la interjección seguridad-productividad se manifiesta en la expresión frecuente de que los “incidentes y siniestros son síntomas de fallos en la organización”.
Mejora del clima laboral. Las actuaciones de seguridad desarrolladas por la empresa para la protección de la salud y la seguridad de sus trabajadores, bien percibidas por éstos, que se sienten protegidos y considerados, los predisponen a mostrar una actitud favorable para el entendimiento y cooperación con los objetivos de la empresa. Esta actitud favorable, incidirá en mejorar la calidad y la productividad.
Mejora de la imagen externa. La existencia de un programa adecuado de seguridad y su comunicación apropiada hacia el exterior, tienen unos efectos
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beneficiosos sobre la imagen de la empresa. Los receptores de la información y los beneficios que reporta pueden ser:
- Los clientes y consumidores: los productos seguros suelen ser preferidos por los consumidores, obteniendo claras preferencias en los mercados de consumo.
- Los vecinos y asociaciones: una correcta y veraz información sobre los riesgos y las medidas de seguridad dispuestas evitarán protestas de vecinos y asociaciones relacionadas con la empresa, así como la difusión de una mala imagen de la misma, provocando, por el contrario, actitudes positivas en sus relaciones con estos colectivos.
- Las administraciones públicas: el cumplimiento de la reglamentación vigente y una comunicación y colaboración abierta sobre los temas de seguridad y medio ambiente, colocará a los responsables políticos en una posición receptiva para la solución de aspectos administrativos y de otro orden de la empresa.
En el mundo académico, encontramos los artículos de Don Juan Antonio Sagardoy Catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad Complutense de Madrid citado en el capítulo anterior, en los que defiende la rentabilidad de la prevención y no sólo por evitar accidentes, también y de forma muy especial, por la mejora del clima laboral que conlleva:
“Normalmente, el tema de los riesgos laborales se identifica con la salud física de la persona y, dentro de ella, con los fallecidos por accidente, con lo cual muchas empresas -sus directivos- se quedan tranquilos porque en su empresa no tienen accidentes. Sin embargo, se margina algo cada vez más importante en la vida laboral, como es la salud psíquica de los trabajadores. Su satisfacción en el trabajo, su autoestima, su trato con los superiores, la conciliación con la vida familiar y un largo etcétera. Y ahí un directivo responsable y maduro tiene que entrar, tiene que medirlo y, en definitiva, tiene que pensar que su empresa merecerá, con justicia, tal nombre, si su entorno lleva a la realización personal y no a la frustración. Y no estoy pensando en
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términos idílicos, sino en datos tangibles, puesto que tal empresa genera unos dividendos muy apreciables, también desde el punto de vista económico.” (Sagardoy, 2004).
Otra vía que el profesor Sagardoy propone, como medio de que los empresarios sean conscientes de la repercusión negativa, que en los resultados empresariales tiene la no – prevención, es la de las responsabilidades administrativas, civiles y penales:
“Como en todas las acciones humanas, el palo y la zanahoria, hábilmente combinados, darán soluciones a la cuestión pero, desde luego, no hay zanahoria más eficaz que la propia concienciación del empresario de que éste es un tema vital, tanto desde el punto de vista humano, como económico. En esa línea, la batería de responsabilidades que señala la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, de 1995, son de tal magnitud como para preocupar seriamente a los responsables del gobierno de la empresa.” (Sagardoy, 2004).
Las responsabilidades que el profesor Sagardoy destaca son administrativas, civiles y penales y ya fueron tratadas en el capítulo dos de esta tesis: “En definitiva, sea por razones morales o por razones económicas, desentenderse de la prevención de los riesgos que tienen los trabajadores para su salud física o psíquica, no sale nunca gratis para los directivos de la empresa” (Sagardoy, 2004).
También los profesores Ángel Tejada, Rosario Perea y J. Antonio Rojas (2000) de la Universidad de Castilla la Mancha, afirman que una prevención adecuada puede repercutir favorablemente en la cuenta de resultados de la empresa y no sólo reduciendo costes laborales, sino incidiendo en otras partidas de costes, como mantenimiento de equipos, gastos de energía, inversiones, etc., así como en el capítulo de ingresos, incrementando la producción, mejorando la calidad del producto, mejorando la imagen competitiva de la empresa, etc.
Los mismos autores nos hablan de lo que denominan como “falso ahorro”, es decir si bien tradicionalmente parte de los costes de los accidentes son asumidos por la sociedad en general, existen cada vez más presiones para que sean las empresas las que asuman directa o indirectamente los mismos, al igual que ocurre con los costes
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medioambientales incurridos como consecuencia del desarrollo de procesos productivos poco responsables.
En opinión de Fernández (2008), el trabajo es, esencialmente, una actividad económica. Las empresas se establecen con el fin de fabricar productos o proporcionar servicios para el mercado, intentando hacerlo de la forma más eficiente. Además de los costes humanos, los accidentes y las enfermedades derivadas del trabajo imponen unos elevados costes a las propias empresas y a la sociedad en su conjunto. Por ello analiza esta cuestión en base a una serie de estudios realizados en algunos países de Europa Occidental, que nos indican que el coste anual de los accidentes de trabajo y enfermedades derivadas del trabajo, se sitúan aproximadamente entre el 5 y el 10% de los beneficios brutos de todas las empresas de un país.
Como apunta Fernández, un sistema eficaz de prevención de riesgos laborales, supone una mejora de la productividad y de la competitividad de la empresa. Implica mejorar la comunicación, el entendimiento y la colaboración, lo que repercutirá en una mayor competitividad, productividad y una mejor imagen empresarial, sin olvidar que la prevención de riesgos laborales, en el fondo, no persigue la mejora de las condiciones de trabajo, sino en su opinión, la mejora productiva. “No se trata de producir menos o peor para proteger mejor al trabajador, sino de cómo producir más y mejor disminuyendo de forma simultánea el impacto sobre sus trabajadores. Cuanto más seguro y saludable sea el entorno de trabajo, menos posibilidades existirán de aparición de factores tan temidos como el absentismo laboral, los accidentes o un descenso continuo en el nivel de calidad y de productividad. Si profundizamos un poco veremos que las causas de los accidentes son las mismas que afectan negativamente a la productividad, a la calidad o a la competitividad. Por todo ello, la prevención de riesgos laborales debe dejar de ser un objetivo para convertirse en un fin, en una feliz consecuencia derivada” (Fernández, 2008).
Como en otros estudios y artículos ya presentados, Fernández coincide en señalar que un accidente de trabajo, afecta a la empresa, ya que le supone una pérdida de recursos humanos: los conocimientos y experiencia de un trabajador, problemas y molestias que se derivan para el personal de la empresa, pero también le suponen una serie de procesos judiciales, como son el aumento de las primas de seguros, salarios perdidos,
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reparaciones y pérdida de la imagen de la empresa, ya que en la actualidad cualquier empresa que se ve afectada por un accidente grave, y más si es mortal, aparece rápidamente en los medios de comunicación. Lo que ocurre según explica Fernández, es que en numerosas ocasiones estos costes no son visibles dado que son externos a la propia empresa, en otras palabras ésta no paga una cantidad extra, es la sociedad u otras compañías las que cargan con los costes de su baja seguridad y salud laboral. Esto genera que numerosas firmas no sean sabedoras de los aspectos económicos de la seguridad y salud laboral. “No reconocen los costes de los accidentes y de las enfermedades laborales, y en el caso de que sean conscientes de este hecho, raramente lo miden” (Fernández, 2008).
Si miramos otras referencias fuera de nuestras fronteras, encontramos que muchos son los autores de distintas nacionalidades que han argumentado a favor de la rentabilidad de la prevención:
“Los beneficios derivados de unas adecuadas condiciones de trabajo son de múltiple naturaleza y tienen destinatarios directos e indirectos. Los beneficiarios directos son los propios trabajadores, puesto que son los principales afectados por los accidentes, y la empresa porque está evitando pérdidas, mejorando la rentabilidad de la misma. Asimismo, los beneficiarios indirectos son los aseguradores, los contratistas, los consumidores, las familias y la sociedad en general” (Mossink, 2002 en Fernández; Montes y Vázquez 2006).
Los argumentos son similares a los ya expuestos en los trabajos y artículos de los autores españoles que hemos analizado:
“Los accidentes laborales provocan interrupciones en el proceso de producción, generando, por un lado, costes tanto financieros como de oportunidad (Heinrich, 1959; Andreoni, 1986; Brody et al. 1990; Grimaldi y Simonds, 1991; Bernal, 1996; Bestratén et al., 2003) y, por otro, descensos de la cantidad y calidad de la producción obtenida, con el consiguiente descenso de la productividad de la empresa (Hunter, 1999).
Adicionalmente, las inversiones preventivas pueden originar cambios en la naturaleza de la tecnología de proceso y producción que supongan beneficios materializados en ahorros de materiales o de energía, reduciendo, de esta forma, los costes reales de dicha inversión. La importancia de los avances tecnológicos fue tratada por Ashford
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(1999), el cual argumenta que la nueva normativa sobre prevención de riesgos sirve de estímulo para el desarrollo de una nueva tecnología que permita a las empresas su cumplimiento a menor coste, estimulando el crecimiento y la competitividad” (en Fernández; Montes y Vázquez 2006).
Para terminar con las opiniones favorables a la rentabilidad, de los agentes implicados en la prevención, mencionaremos que en todas las páginas Web de los servicios de prevención ajenos consultadas, se hace hincapié en las ventajas de aplicar la LPRL., destacando que aumentan la rentabilidad de los recursos humanos y materiales de la empresa. Como ejemplo, aportamos a continuación algunos datos que ofrece la empresa CareWork10.
En el año 2002 el coste total estimado por accidente laboral ascendió a 5.984 €.,
produciéndose un accidente cada 11,2 trabajadores ocupados, lo que supone un coste por trabajador ocupado de 534 €. Ante estas cifras, la rentabilidad de cualquier
inversión en prevención, está asegurada y es notoria proporcionando al empresario los siguientes beneficios (CareWork 2005):
Ahorra al no incurrir en los importantes costes derivados de la no prevención. Mejora el absentismo, aumentando directamente la productividad.
Mejora el clima laboral y evita conflictos. Aumenta la calidad del producto
Observamos como en los beneficios expuestos por CareWork, en los que basa su defensa de la rentabilidad de la prevención, una vez más, nos encontramos con ventajas derivadas de la reducción de costes y de la generación de intangibles, puntos clave en los que se basa la investigación de esta tesis doctoral.
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