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La fidelidad

Hablar de ser fiel con la pareja lleva la mente de muchos a la aventura sexual con una tercera persona. Este aspecto sólo toca una parte del amplio territorio del valor de la fidelidad. Me explico. La fidelidad es mantener la palabra dada. En las relaciones humanas, la persona fiel cumple todo compromiso adquirido, sea en una salida al cine, entregar un trabajo en la fecha acordada o en la guarda de un secreto. La fidelidad hace a la persona leal y todos la buscan para consejero, para amigo o para socio, ya que la fidelidad es la garantía de una relación estable y segura, que no falla. Todos queremos una pareja fiel, que mantenga sus compromisos, no solo en materia sexual.

La fidelidad en un compromiso que depende de la fuerza personal y de la prioridad que se da a la persona con quien se acordó. ¿Puedo dejar a mi pareja plantada por mi grupo de amistades? ¿Puedo dejar una cita con mi pareja por mi deporte favorito, cuya fecha olvidé? ¿Puedo cancelar una salida con mi pareja por una flojera mayúscula? Se puede. Pero hablándolo, para explicar mi situación y tomar un nuevo acuerdo. O puedo engañar, buscar una excusa y zafarme. O puedo mantener mi compromiso con la persona más importante para mí. La fidelidad es cumplir la palabra dada, un mecanismo muy simple de la persona fiel.

La influencia nociva contra la fidelidad es alta en la cultura dominante, sobre todo en los medios de comunicación. La persona infiel forma parte de los modelos que triunfan, mientras la gente leal se ve como carente de la astucia y de la habilidad que conduce al éxito. Queda a cada uno fortalecer la convicción de que los valores duran mucho y el placer poco. De lo contrario, la idea de que la infidelidad es buena siempre que no se entere la pareja, calará en nuestra mente y nos empujará al abandono de este valor, y a preferir el placer.

¿Por qué la infidelidad sexual parece hoy poco grave en algunos sectores de la población? En los últimos decenios, se ha pasado de rasgarse las vestiduras ante la infidelidad a ver normal la cana al aire o la unión libre, donde no existe diferencia entre noviazgo y matrimonio. ¿Será que nos conviene una mentalidad más tolerante y menos cerrada, aceptando formas de vida en pareja diferentes a las tradicionales?

En ocasiones, se rechaza lo tradicional para presumir del progreso que trae la novedad. La fidelidad pierde así su color de relación natural en la pareja y es señalada como artificial, forzada, enemiga de la libertad. Palabras impactantes, que ignoran el raciocinio firme: Dios perdona siempre, los humanos algunas veces y la naturaleza nunca. Hoy se promueve la relación sexual libre, abierta, con terceros, incluso los intercambios de pareja “para experimentar y conocer más”. Estas relaciones no consideran todo el alcance del

amor, el cual tiene muchos ingredientes, como la atracción, la entrega, los sentimientos, el compromiso y la unión fiel. ¿O acaso la deslealtad, el engaño y los paréntesis de abandono a la pareja por un rato son expresiones de amor y no de egoísmo?

Quienes desdeñan la fidelidad, aducen que compartir la sexualidad con la persona que la acepta es un agrado, un acuerdo libre entre personas maduras. Se olvida, sin embargo, que las personas a quienes no amamos también nos producen reacciones sentimentales agradables y que no todo sentimiento agradable es amor. La excitación sexual o la satisfacción corporal tampoco son amor, a pesar de que sea uno de sus componentes.

La mayoría de las personas, también hoy, ven una falta de respeto en la infidelidad. Las minorías que admiten la deslealtad como algo normal, exigen que la relación sexual entre adultos se considere un acto de libertad, legítimo, porque así lo ven ellas. Me pregunto si los violadores piensan que actúan bien porque así les parece. Creo que, si no hubiera compromiso en las parejas, la infidelidad estaría bien. Pero, si el noviazgo es un compromiso de unir dos vidas, de jugársela juntos en todo, ¿a qué viene la intromisión de una tercera persona?

Cuando se da la infidelidad, surge la cuestión sobre si es bueno perdonarla. Creo que el perdón siempre es bueno. Y que ninguno puede tirar la primera piedra, pues la fidelidad mantenida no da garantía de que jamás se manchará. Mi posición ante un fallo es el equilibrio entre perdón y recuperación, es decir, que una falta siempre se perdona, pero que la reincidencia no merece la tolerancia de más ofensas.

¿Qué consecuencias tiene la infidelidad? Fundamentalmente, dos. Una es la traición. La otra es la debilidad. Si mi pareja traiciona, ¿puedo confiar todavía en su compromiso y en su entrega? Si es débil y falla, ¿fallará también en más cosas y en más ocasiones? ¿Cómo comprometer toda la vida con quien se escabulle para engañar?

Se dice que todos los hombres son infieles. Y que hay muchas mujeres traicionadas. Yo siempre he pensado que, para la infidelidad de cada varón, existe una mujer infiel. Sé que matemáticamente no es correcta mi fórmu-

la, pero contrarresta esas ideas difundidas, que no resuelven nada, pues aunque la estadística muestre más hombres infieles que mujeres, lo que importa a cada quien no es el número de gente infiel, sino la fidelidad de la propia pareja. No obstante, los varones son más fáciles a la relación sexual sólo física y las mujeres se implican más afectivamente para completar el coito. Esta diferencia no disminuye el fallo de la infidelidad, pero indica que cada caso debe medirse según las circunstancias, pues no es igual una aventura que crece y se alimenta, que un descuido tras un exceso de copas.

La fidelidad nunca es igual a la infidelidad, es decir, la grandeza y el valor de la lealtad con el compromiso adquirido siempre será más valioso que el resbalón. Todos, por tanto, requerimos de algo imprescindible para construir una pareja feliz: la disposición a la resistencia ante la seducción. Resistir refuerza el alma para no sucumbir ante los enojos o ante las atracciones que asoman al doblar una esquina.

La resistencia sabe callar y soportar pequeñas ofensas de la vida diaria, que preparan la paciencia ante conflictos más penosos. ¿Cómo ser más resistentes? Terminando toda tarea iniciada, a pesar del cansancio o del desgaste por el trabajo acumulado; dejando

cada cosa en su lugar, en vez de regar herramientas o ropa sobre los muebles de la casa; callando cuando tenemos ganas de protestar y gritar de cólera; pasando por alto pequeños descuidos sin corregir ni reprender a la pareja; perdonando pequeños errores.

La fidelidad dibuja la joya más brillante que se puede ofrecer a la pareja. No sólo en la fidelidad sexual, sino en el cumplimiento de todos los acuerdos y compromisos que se toman con la persona amada. Porque la persona fiel es la que permanece cerca y como apoyo. Hasta el final.

El ser humano es mucho más complejo de lo que parece a primera vista. Y la pareja es más compleja aún, porque suma la complejidad de dos seres humanos. El amor verdadero en ambos es lo que hace avanzar a esta complicada máquina de la pareja, compuesta por dos corazones, dos mentes y dos historias diferentes. Si ambos aman por encima de sus propios egos, compartirán muchísimos momentos de felicidad.

El amor mismo es un tesoro complejo. En muchos momentos, empaña la mirada cuando ve las limitaciones de la pareja. Para caminar juntos, además del amor, se requiere realismo, sacudirse los filtros que desenfocan la visión sobre la otra parte y decidir lo más oportuno, valiente o doloroso, porque la vida también se salva ampu- tando el miembro gangrenado.

Cuando sumamos amor, realismo y sacrificio, la vida en pareja es posible. Más todavía, es feliz y muy gratificante. No insisto en las satisfacciones sentimentales, en los momentos divertidos que ofrece ni en el agrado sexual que trae, pues estos dulces los saboreamos sin problema. El éxito hay que completarlo con el uso de todos los ingredientes, con el cuidado en la aplicación de las cantidades y con el buen gusto para cocinar unidos.

¿Qué consecuencias tiene la infidelidad? Fundamentalmente, dos.

Una es la traición. La otra es la debilidad.

Si mi pareja traiciona,

¿puedo confiar todavía ensu compromiso y en su entrega? Si es débil y falla,

¿fallará también en más cosas y en más ocasiones?

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