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Ruptura del compromiso

Lloraba.

—¡No se vale! Su amiga la abrazó. —Bórrale de tu mente. —¡Es que no se vale!

—Tienes razón. No era para ti. —Pero, ¿y si vuelve?

A veces es sencillo saber cuándo terminar un noviazgo, sea por una traición, un descubrimiento atroz en la otra parte o por una ofensa. Otras veces, el corazón y la cabeza luchan, sin ponerse de acuerdo. Entonces, se sufre.

La mayoría de las rupturas suele ser dramática: discusión, reproches y, ¡hasta aquí! Unos intentan recomponer la relación, buscan a la otra mitad, ambos lo reintentan, algunos se recuperan del encontronazo y otros estallan de nuevo con el rompimiento definitivo. ¿Existe una fórmula para asegurar cuándo se exige la ruptura y cuándo hay sólo un distanciamiento pasajero?

Existen parejas condenadas a la autodestrucción, pues sus conceptos de amor, sus formas de ser o sus valores son muy contrapuestos. Pueden durar años, pero su destino estaba escrito: demasiadas barreras entre ambos.

Otras tienen más posibilidad de superar el bache, según influya su indecisión o su terquedad. La persona indecisa concede mayor margen y, tras un tiempo de tensión, la pareja se compone. El individuo duro corta con más energía y dificulta un encuentro nuevo.

—Quizás es sólo un enojo… —dijo la muchacha entre sollozos. Su amiga pensó que no era sólo eso.

—Ahora cálmate. No pienses en él. —¡Es que no puedo olvidarlo!

La ruptura puede encenderse por una situación trivial, como el retraso en una llamada o el olvido de una cita. Se endurece el alma de una parte, deja de hablar, ni siquiera responde llamadas de teléfono o mensajes. Puede arrancar de algo más grave, como una infidelidad o una humillación. Sin embargo, el proceso es siempre igual: dudas, enemistad, dolor y quiebra. ¿Hay una fórmu-

la para distinguir la crisis pasajera de la ruptura total? No. No hay fórmula. Aunque la pareja esté en el camino adecuado, el choque puede abrir una llaga muy agria y descomponer lo avanzado. No obstante, el futuro depende siempre del amor verdadero que exista en ambos y de las diferencias no importantes. Pero no hay un laboratorio que asegure el tamaño del amor ni las diferencias: sólo queda poner lo mejor de sí y coser la herida.

—¿Crees que debo aceptar el rompimiento o buscarle? La amiga arrugó los labios.

—Quién sabe… Ahora no te metas en líos.

Buscar siempre lo más conveniente para los dos, no sólo para sí, ni sólo para la otra persona. Desde luego, no es bueno continuar con alguien desajustado, porque una relación nociva perjudica a ambos. Se forma pareja para dar y para recibir, para construir, no para que uno levante el edificio y el otro lo disfrute o destruya.

La amiga dio un buen consejo:

—Espera que pase la tormenta. Así decidirás mejor cuando estés más calmada. —Pero, ¿qué hago mientras?

—Pues eso: esperar. —Y, ¿qué gano?

—Pensar qué sientes con más calma.

Repito que el deseo no es igual al amor. En los aprietos, las personas solemos pensar que existe amor porque continúa la atracción hacia esa persona.

—¿Cómo romper, si siento el deseo de su compañía, de compartir aventuras? —el recuerdo de buenos momentos pasados remacha la duda.

La amiga calló y le acarició el cabello.

—Si tuvimos esas experiencias felices, ¿por qué romper? La muchacha volvió a llorar, alterada.

También ayuda distinguir el deseo, que desaparece con la posesión del amor, que continúa aun con la ausencia de la persona amada: cuando la herida recibida se reabre en el encuentro con la persona que ofendió, mezclada con el gusto de estar con ella, es señal de haber sufrido un daño profundo. Este gusto no debe ocultar el maltrato recibido.

Siempre me ha parecido mentira, pero existe gente que se enamora sin amor, sólo por egoísmo. Con el avance de la relación, este tipo de personas expresan ganas, palabras atractivas, detalles cautivadores, pero sin entrega exigente ni compromiso con acciones importantes. Sus ganas y sus palabras no brotan del amor, sino de un ego exaltado. ¿Merecen otra oportunidad? No. Porque el noviazgo es una relación entre dos amores, no con alguien avaro.

—Sí. Me duele mucho su abuso sufrido —dijo con más lágrimas— ¡Es injusto! Te entregas y mira cómo te corresponde.

Otra vez, la amiga la dejó llorar sin añadir comentarios.

Hay que afrontar la ruptura. ¿Cuesta? Seguramente. Y mucho. En caso de agresión, se avisa a la autoridad para protegerse de un maltrato posterior y se corta la relación. ¿Cómo?

Lo más oportuno es una conversación en un lugar público, como una cafetería, donde la presencia de la gente evitará cualquier explosión imprevista y con alguien cercano que espere en la salida para mayor seguridad; o en la casa propia, donde los familiares sirvan de apoyo en caso extremo.

Se exponen las razones de la ruptura y se corta definitivamente. ¿Pide la posibilidad de demostrar que va a cambiar? Si ya lo prometió y no lo cumplió, no se concede. ¿Insiste

en sus gestos de amor? Se le dice que fue bueno, pero insuficiente. Para evitar reacciones fuertes, se puede cerrar con la sugerencia de un tiempo amplio de distancia, seis meses por ejemplo, donde ambos tengan la oportunidad de pensarlo mejor: es un margen muy bueno para tener alejada a la otra parte, darle la oportunidad para que encuentre a otra persona y recomponer el propio ánimo. Eso sí: subrayar que una aparición para pedir el retorno a la relación, antes del tiempo fijado, equivale a la ruptura final.

Cuando se ve la necesidad de la ruptura, nunca retrasarla. Se busca el momento adecuado, pero sin pasar semanas. Un virus es más difícil de eliminar si se incuba en el organismo varios días.

El apoyo de amistades y de la familia tras la ruptura es recomendable. El desaliento, los ratos con depresión y la tristeza son normales, aunque molestos. La compañía de los seres queridos, las distracciones tranquilas y el trabajo son muy buenas herramientas para reforzar el corazón. Y para convencerse de haber dado el paso correcto. Una amiga mía rompió con un novio, al que se entregó por completo y que sólo buscaba la ventaja de la habitación que no podía rentar y una compañía agradable, me dijo cuando le pregunté si estaba dolida:

—Sólo le lloré un día. No mereció más lágrimas.

Hay quien deja el noviazgo y pasa a una relación de muy buena amistad. ¿Es una salida aconsejable? Puede ser, como excepción. Pero, cuando un noviazgo termina, se necesita un espacio entre ambos para sanar la herida. Tras un corte profundo, la amistad pide tiempo de recuperación y asentamiento, como el árbol trasplantado a otra tierra necesita adaptarse, pues todo cambio es traumático. La frase “Esto lo podemos manejar bien” es un pretexto para seguir atado a la persona, atando también la vida a alguien desaconsejable.

—¿Crees que un clavo saca otro clavo? —preguntó con los ojos enrojecidos. —¿Vas a buscar ya otra persona?

—Pues quizás me ayude.

Lo que no te han dicho sobre el noviazgo es que acercarse a alguien para olvidar a otra persona es construir una pareja casi por juego, por interés, no por amor. ¿Qué fruto se puede esperar? Un fruto mal germinado. Si te juntas con alguien que sale de una ruptura como tú, estás pegando dos descosidos, que no harán un buen remiendo. Es más humano dejar curar la lesión, convalecer un tiempo, reforzar el corazón y descubrir maravillas escondidas.

La estabilidad emocional después de un rompimiento se recupera con más o menos tiempo. Las personas más sensibles la conseguirán en meses y las más frías en semanas. Las amistades y la familia facilitarán este tránsito, como ya dije.

¿Cómo encarar la relación si se llega a recomponer tras la crisis? Reforzando la unión entre ambos. Porque superar la crisis no basta: hay que vigorizar la pareja. Si se logra, se pasa del compromiso a la unión.

La mayoría de las rupturas suele ser dramática: discusión, reproches y, ¡hasta aquí! ¿Cómo terminar una relación?

¿Qué hacer si pide la posibilidad de demostrar que va a cambiar?

Si ya lo prometió y no lo cumplió, no se concede. ¿Insiste en sus gestos de amor? Se le dice que fue bueno, pero insuficiente.

Para evitar reacciones fuertes, se puede cerrar con la propuesta de un tiempo amplio de distanciamiento, seis meses por ejemplo, donde ambos tengan la oportunidad de pensarlo mejor: es un margen muy bueno para tener alejada a la otra