• No se han encontrado resultados

F UENTES DE PRESIÓN

NUNCA CEDA A LA PRESIÓN

F UENTES DE PRESIÓN

Esta es una fuente de presión a la que el ser humano se ve sometido cada día. A veces las personas, sobre todo las mujeres, se sienten presionadas a cambiar todo su guardarropa solo porque cada cierto tiempo la sociedad les vende la idea de que su ropa ha pasado de moda y que necesitan cambiarla. Pero cuando tenemos una nuestra identidad en Cristo, la moda puede cambiar; quizás hasta nos critiquen por vestir con ropa «pasada de moda», y dichos comentarios no nos afectarán. Sin embargo, cuando tenemos inseguridades, vamos a una fiesta y estamos fijándonos en la ropa que el otro viste para ver si estamos o no vestidos de acuerdo a la moda del momento; y si nos damos cuenta de que no es así, entonces nos sentimos avergonzados. Lo que sucede es que nos dejamos presionar por la sociedad debido a nuestras propias inseguridades.

En otras ocasiones la presión viene del deseo de tener el mismo estilo de vida de otros, lo que en inglés llaman Keeping up with the Joneses o mantener el mismo nivel que los vecinos. La esposa ve que el vecino de al lado está remodelando su casa y entonces ella va junto a su esposo y le dice que ellos tienen que hacer lo mismo porque «todo el mundo» lo está haciendo y ellos no se pueden quedar atrás. ¿Pero qué tiene que ver el tamaño o la remodelación de la casa del vecino con la nuestra? Si ellos lo pueden hacer, que lo hagan; pero nosotros lo haremos cuando lo necesitemos.

La familia

El núcleo familiar al que pertenecemos ejerce una presión enorme sobre nosotros, para bien o para mal. Como pastor, muchas veces he visto casos de parejas de novios cristianos que, en el momento de planear su boda, se sienten presionados por sus padres, sobre todo por aquellos que no son creyentes, a celebrarla de determinada manera, a veces incluso de una forma no digna de un hijo de Dios. Y no se atreven a decir que no a sus padres por temor a lo que pensarán ellos y porque en la mayoría de los casos son los padres quienes están costeando los gastos de la boda. Entonces yo me pregunto: ¿a quién responden estos jóvenes, a Dios o a sus padres? En casos como esos, lo que hace falta es convicción para tener el valor de enfrentar a los padres con amor y respecto para explicarles que ellos desean honrar a Dios antes que a los hombres, y que por lo tanto no pueden realizar la boda a la manera del mundo, sino a la

manera de Dios. Lo triste es que a veces usamos el querer honrar a la familia como excusa, pero la realidad es que no tenemos convicciones firmes y nos dejamos influenciar, o peor aún, eso era lo que nosotros queríamos desde un principio y por eso lo hicimos así.

La educación

La instrucción que recibimos en las distintas instituciones académicas por las que pasamos a lo largo de los años es una fuente de presión significativa. Si en la universidad, por ejemplo, se enseña sobre la teoría de la evolución, el cristiano muchas veces no se atreve a decir que cree en una creación hecha por Dios por miedo a ser el único en la clase con esta convicción, o por miedo a que la defensa de su posición le cueste su nota, o por temor a ser ridiculizado. Pero de eso precisamente se trata: de que, sin importar el costo, podamos defender nuestras convicciones y valores frente a los demás. Es vital que el cristiano desarrolle una cosmovisión cristiana antes de entrar a la universidad para poder filtrar todas las corrientes educativas que vendrán en vía contraria.

Muchos no quieren sentir que están «atrasados» en términos de los tiempos que vivimos y, si la educación del momento entiende que no es inteligente hablar de Dios o de moralidad porque eso sería ser estrecho de mente, entonces muchos permanecen callados o peor aún comienzan a articular las ideas que son consideradas progresistas para estar a la par con los avances.

Las malas compañías

Las malas compañías corrompen las buenas costumbres, dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 15:33. La presión de grupo, sobre todo en los jóvenes, ha sido un factor clave en muchas de las malas decisiones que se han tomado a lo largo de la historia. Muchos jóvenes sienten el deseo de pertenecer a un grupo en el que encuentren su identidad y, por esa razón, están dispuestos a ceder a las presiones del grupo con tal de que el grupo los acepte y les dé la bienvenida. El cristiano tiene que aprender a escoger a sus amigos; de lo contrario, esa mala elección le puede costar muy caro. Si bien es cierto que el creyente puede y debe influenciar al incrédulo, lamentablemente es el incrédulo quien con frecuencia termina arrastrando al creyente. Así pasó con Pedro:

Pero cuando Pedro vino a Antioquía, me opuse a él cara a cara, porque era de condenar. Porque antes de venir algunos de parte de Jacobo, él comía con los gentiles, pero cuando vinieron, empezó a retraerse y apartarse, porque temía a los de la circuncisión. Y el resto de los judíos se le unió en su hipocresía, de tal manera que aun Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban con rectitud en cuanto a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos? (Gál. 2:11-14).

Pedro se dejó influenciar por los judíos y Bernabé se dejó arrastrar. Las malas compañías corrompen las buenas costumbres. Lo extraordinario de este pasaje es que las personas que estaban cediendo a la presión no representaban al creyente promedio: uno era un apóstol que había caminado sobre las aguas, había sido entrenado por Cristo y luego lo había visto resucitado; y el otro fue el introductor de Pablo a la comunidad cristiana y compañero de misiones en su primer viaje. Dos pilares de la fe cedieron a la presión por la mera presencia de judíos entre ellos.

El ambiente laboral

El lugar de trabajo puede convertirse también en una fuente de mucha presión para las personas. El empleado que se siente presionado por su jefe a producir y vender más a veces termina comprometiendo sus valores y principios porque no quiere perder su trabajo o la aprobación de su jefe. De igual manera, el sentido de competencia y el deseo de destacarse por encima de sus colegas puede llevar al empleado a olvidarse de sus convicciones y violar su integridad.

Por último, aquellas personas que tienen autoridad sobre nosotros, de una u otra manera, se constituyen en una fuente de presión en nuestras vidas. Y si bien la Palabra de Dios nos manda a someternos a las autoridades (Rom. 13:1), debemos tener cuidado de no violar nuestra integridad solo porque nuestro jefe o alguna autoridad nos haya pedido que hagamos algo que va en contra de nuestras convicciones. Debemos aprender a decir que no cuando sea necesario y de manera respetuosa explicar por qué no podemos hacer lo que se nos está pidiendo. Cuando usted haga eso, Dios lo va

a aplaudir y, la próxima vez que se vea en una situación similar, verá cómo le resulta cada vez más fácil hacer lo correcto porque ha desarrollado fuertes convicciones que no lo dejan ceder ante la presión.

La minoría puede hacer una diferencia

El cristiano siempre estará en la minoría y sobre todo en nuestros días. Ahora bien, esto no significa que Dios no pueda usarlo a usted como minoría para llevar a cabo Sus planes. Mire lo que observó G. K. Chesterton: «No necesitamos buenas leyes para restringir a gente mala. Necesitamos gente buena para restringir malas leyes. El problema está en que la mayoría no quiere aceptar sus responsabilidades. Por tanto, recae sobre la minoría proteger a la mayoría de su propia preferencia por aceptar la tiranía tontamente».60 Es decir, la minoría que está clamando por valores es

la que termina protegiendo a la mayoría de las consecuencias de no haber sido responsables.

Por ejemplo, hace poco en mi país de origen, hubo una controversia por un proyecto de ley para la legalización del aborto. Si hay algo de lo cual estoy seguro es de que Dios odia el sacrificio de vidas inocentes en el vientre de una madre, aunque esta no es la opinión de la mayoría. Sin embargo, es la minoría la que ha estado tratando de proteger a la mayoría de las consecuencias de aprobar una ley como esa. Y si, como creyente, usted entiende su llamado a ser sal y luz de la tierra, va a aceptar con gozo su rol de minoría dentro de la sociedad y se va a sentir bien de que, aun siendo minoría, está tratando de salvar a muchos de las consecuencias de sus malas decisiones.

Si nos detenemos a revisar la historia, podremos ver que los grandes cambios que la sociedad ha experimentado a través de los años han sido siempre producidos por la minoría: Jesucristo, Martín Lutero, Abraham Lincoln, William Wilberforce, Simón Bolívar….

R

EFLEXIÓN FINAL

Como señalábamos antes, la Palabra de Dios está en contra de la cobardía y aplaude el valor. Notemos lo que dice 2 Timoteo 1:7: Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de

amor y de dominio propio. De esta manera, cuando el cristiano se comporta como un cobarde al no defender sus convicciones, está negando el Espíritu de Dios que mora en él. El contexto de este pasaje es que Pablo está exhortando a Timoteo a hacer todo cuanto sea necesario para defender el evangelio porque Dios le había dado, y nos ha dado también a nosotros, un espíritu que no es de cobardía, sino de poder y de dominio propio. Timoteo necesitaba ser valiente porque los cobardes tarde o temprano terminan comprometiendo la doctrina y, con ella, la causa de Cristo y el nombre del Señor.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill fue un hombre que supo mantener la valentía en medio de circunstancias difíciles. El 29 de octubre de 1941, durante uno de los peores momentos de la guerra, Churchill dijo: «Nunca te rindas. Nunca te rindas. Nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, en nada, grande o pequeño, importante o insignificante, nunca te rindas, excepto a convicciones de honor y sentido común. Nunca te rindas ante una amenaza poderosa, nunca te rindas a lo que parece ser una fuerza abrumadora del enemigo».61 Este fue el hombre que en diferentes

momentos supo decir en el parlamento que había que detener a Hitler y nadie le hizo caso hasta que ya era tarde. Sin embargo, fueron su coraje y su valentía al pronunciar estas palabras lo que inspiró a Inglaterra en uno de los peores momentos de la historia.

Necesitamos convicciones profundas y actuar en consecuencia; esta frase, atribuida al filósofo Edmund Burke, nos deja ver la necesidad de que actuemos conforme a nuestras convicciones: «Lo único necesario para que triunfe la maldad es que los hombres buenos no hagan nada». Si usted quiere ver la maldad triunfar en la sociedad, no haga nada al respecto y verá cómo la maldad triunfará. Por tanto, no basta con decir que somos valientes: necesitamos actuar. Esta frase que aparece hacia el final del libro de Daniel, refiriéndose a los tiempos futuros, siempre me ha inspirado: mas el pueblo que conoce a su Dios se mostrará fuerte y actuará (Dan. 11:32b).

De acuerdo con este versículo, el pueblo que va a actuar es el pueblo que conoce a su Dios. Esto implica que, si el pueblo de Dios no está actuando, es porque no conoce a su Dios íntimamente, porque el creyente que conoce en intimidad a su Dios no permanece en silencio. Va a sufrir, va a ser puesto en la cárcel, va a ser

martirizado, va a ser quemado; pero él va a actuar. Esto siempre ha sido así: no importa si nos referimos a la época del profeta Daniel, o en el tiempo de los apóstoles, o en el tiempo de los reformadores. La realidad es que, mientras mayores han sido las convicciones, mayor ha sido el impacto que estos hombres han causado en la sociedad. La manera en que vamos a desarrollar convicciones y el valor para defenderlas es meditando en las Escrituras y poniéndolas en práctica. Hasta que eso no ocurra, la verdad de Dios no va a taladrar nuestro corazón y nuestra mente de tal forma que se haga parte de nosotros. Recuerde: «el pueblo que conoce a su Dios se mostrará fuerte y actuará».

6.

LA VERDAD, SOLO LA VERDAD Y NADA