El carácter en la literatura de sabiduría
L A INTEGRIDAD EN LA LITERATURA DE SABIDURÍA
Demos ahora un vistazo a un par de versículos para ver algunos principios que podemos aprender directamente de estos libros ricos en sabiduría.
En el segundo capítulo del libro de Job, nos encontramos con este pronunciamiento: Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay otro como él sobre la tierra, hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y él todavía conserva su integridad, aunque tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa (Job 2:3). Es evidente a la luz del resto de la
revelación bíblica que Job no era un hombre sin pecado. Sin embargo, a la luz de la evaluación que Dios hace de él, Job es considerado como una persona de integridad. Y cuando en ese mismo contexto Dios describe la integridad de Job, Él dice que Job era un hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
¿Implica la palabra intachable que alguien está sin pecado? ¡Claro que no!, porque esa característica solo le pertenece a Dios y como hombre a Jesús, el Dios hecho hombre. Pero una persona intachable, a la luz de la literatura de sabiduría, es una persona con un buen testimonio, alguien que no es reconocido por tener un carácter pecaminoso, aunque sí posee una naturaleza caída. Pero, a pesar de esa naturaleza pecaminosa, los demás no lo conocen como un hombre que vive en la práctica del pecado, sino como alguien que trata de huir de él. Una persona intachable es alguien de quien la gente habla bien. Al referirse a esta persona, no se podría decir con honestidad: «Bueno, esa persona tiene graves problemas; tiene grietas en su carácter», pues eso no es lo que caracteriza su caminar.
Recordemos que, como ya mencionamos, la palabra integridad significa que algo está completo. El primer requisito que aparece en el Nuevo Testamento para el anciano u obispo es ser irreprochable (1 Tim. 3:2). ¿Implicaría esto que el anciano no debe tener pecado en su vida? ¡No! Eso es imposible. Intachable es un hombre de buen testimonio en todas las áreas de su vida: en el hogar, en la iglesia, en el círculo social donde se desenvuelve, en su trabajo. Cuando la Palabra de Dios habla de un individuo que es justo o recto, está hablando de alguien que vive una vida de santidad; alguien que es temeroso de Dios, reverente; una persona que tiene cierto temor sano a las consecuencias.
Job fue descrito como alguien «apartado del mal». De esta manera, una de las características por las que Job se distinguió fue precisamente por su separación de aquello que Dios considera malvado y de hombres pecadores. Un tema recurrente en el libro de los Salmos es cómo el hombre de Dios debe ser alguien que se separa del escarnecedor, del hombre pecador y malvado (Sal. 1). Esto es congruente con lo que significa ser santo porque el significado primario de la palabra santo en hebreo (kadosh) es
«apartado», el ser distinto. En ese mismo sentido, cuando Dios habla a Satanás acerca de la integridad de Job, Él le dice que Job era un hombre apartado del mal.
La integridad garantiza una estrecha relación con Dios
Al leer los Salmos, nos damos cuenta de que el salmista entendió la importancia y la relación que hay entre la integridad y la santidad. El Salmo 15 dice: Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte? El que anda en integridad y obra justicia, que habla verdad en su corazón (vv. 1-2).
En este texto, el concepto de integridad está vinculado con guardar una estrecha relación con Dios. Esta es la pregunta: ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte?. Es claro que, cuando hoy en día aplicamos este pasaje a nuestras vidas, no estamos hablando de vivir en el tabernáculo. Aun en el Antiguo Testamento esa no era la connotación del salmista, sino ¿quién tendrá comunión íntima con Dios? ¿Quién es el hombre con quien se complace el corazón de Dios? La respuesta está dada en el mismo salmo: El que anda en integridad. Entonces, esa persona que anda en integridad es vista como alguien que obra con justicia. Su obrar, aquello que hace delante de los demás, es justo. Esa es una persona que no solo dice verdad, sino que también, cuando Dios examina su corazón, resulta que sus intenciones son también veraces porque habla verdad en su interior, y no solo frente a los demás. El que anda en integridad es veraz en lo más íntimo de su ser, allí donde nadie lo puede ver; él es la misma persona en público y en privado. Lo que dice con palabras es lo que él ha estado pensando en su mente, y frente Dios. Esa es la persona de integridad de acuerdo a la literatura de sabiduría.
El resto del Salmo 15 lo explica de esta manera: El que no calumnia con su lengua, no hace mal a su prójimo, ni toma reproche contra su amigo; en cuyos ojos el perverso es menospreciado, pero honra a los que temen al Señor; el que aun jurando en perjuicio propio, no cambia; el que su dinero no da a interés, ni acepta soborno contra el inocente. El que hace estas cosas permanecerá firme (vv. 3-5). En otras palabras, es un hombre de integridad en su interior (v. 2), al hablar (v. 3a), en su conducta (v. 3b), en sus valores (v. 4) y en el manejo de su dinero (v. 5).88 La única persona que cumplió a
cabalidad estos requisitos fue Jesús; por tanto, Él es la persona que ha podido disfrutar de la mayor intimidad con Dios. Ahora bien, el salmista señala que el hombre que ha sido lavado por la sangre de Cristo (justificación) necesita comenzar a transitar el camino arriba descrito (santificación).
La integridad garantiza Su protección
Si continuamos explorando la idea detrás de la palabra integridad en la literatura de sabiduría, vemos que el autor de Proverbios dice que Dios reserva la prosperidad para los rectos y es escudo para los que andan en integridad (Prov. 2:7). Note la relación que el autor de este libro establece entre la protección que Dios brinda a Sus hijos y su andar en integridad. Cuando nuestro caminar está marcado por la maldad, no podemos contar con la protección de Dios precisamente por no andar en integridad de corazón. Por ejemplo, si estamos haciendo negocios de una forma no íntegra, ¿por qué debería Dios proteger nuestros negocios y transacciones ilícitas, o lo que compramos o vendemos de manera fraudulenta? Solo la persona que realiza esas transacciones con integridad de corazón puede contar con la protección de Dios. Y de ahí que Él reserve la prosperidad para los rectos (v. 7a).
La palabra recto, que aparece en el versículo que acabamos de citar, está íntimamente relacionada con la palabra integridad. En esa porción de las Escrituras podemos ver uno de los paralelismos del libro de Proverbios, que es el estilo como el libro está escrito en su gran mayoría. La primera línea del paralelismo dice: Él reserva la prosperidad para los rectos, y a continuación nos presenta la misma idea, pero dicha de otra forma: es escudo para los que andan en integridad.89
La integridad me permite servir
En el libro de los Salmos encontramos otro texto que nos presenta el vínculo que existe entre la integridad y el andar en rectitud: Mis ojos estarán sobre los fieles de la tierra, para que moren conmigo; el que anda en camino de integridad me servirá (Sal. 101:6). En este pasaje, la integridad de la persona está en directa relación con el servicio que ella le pueda brindar a Dios, o el deseo que Dios pueda tener de usar a ese individuo. En ocasiones, es nuestra falta de integridad lo
que hace que Dios no quiera usarnos. Es como si Dios dijera: «Yo ando la búsqueda de individuos íntegros con los que me pueda relacionar íntimamente; ando buscando individuos íntegros que me puedan servir; ando buscando individuos íntegros a quienes pueda proteger precisamente por la integridad de su corazón».
Por eso, cuando nos hacemos preguntas de este tipo: ¿por qué Dios no escucha mis oraciones?, ¿por qué no me protege? o ¿por qué no siento Su presencia como otros?, debemos preguntarnos si estamos caminando con integridad y sabiduría. No queremos ser simplistas afirmando que todo se reduce a una falta de integridad, pues no siempre es así. Pero muchas veces, la única respuesta es esa: no estamos caminando en integridad de corazón. Por tanto, la falta de integridad hace que nuestras oraciones no sean escuchadas, impide que Dios pueda usarnos, lleva a Dios a remover Su protección de nuestras vidas (por lo menos de manera parcial) y no nos permite disfrutar la presencia de Dios como Él quisiera dárnosla simplemente por nuestro caminar no íntegro.
Cuidado con el orgullo
Una de las cosas de las que debemos cuidarnos es de que nuestra integridad no se convierta en un ídolo o en un motivo de orgullo para nosotros. Años atrás, el Señor me mostró dos áreas de orgullo en las cuales Él entendía que yo debía trabajar mucho: una de ellas tenía que ver con la excelencia en la práctica de la medicina y la otra con la integridad personal. En ese momento, el Señor me confrontó con la siguiente pregunta: «¿Quién te crees que eres? Si la integridad de mi Hijo, quien es Santo, fue cuestionada de arriba a abajo, ¿quién te has llegado a creer que eres para estar exento?». Así fue como descubrí que la integridad al caminar se había vuelto un motivo de orgullo personal. Para evitar que esto ocurra, debemos tener siempre presente que es la gracia de Dios la que hace posible que caminemos con integridad de corazón.
La oración del íntegro
Los salmos muestran un énfasis especial en la vida de integridad del creyente. En el capítulo 26 del libro de los Salmos, encontramos lo que se ha denominado como la oración del íntegro. El salmista se dirige a Dios y le dice:
Hazme justicia, oh Señor, porque yo en mi integridad he andado, y en el Señor he confiado sin titubear. Examíname, oh Señor, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón. Porque delante de mis ojos está tu misericordia, y en tu verdad he andado. Con los falsos no me he sentado, ni con los hipócritas iré. Aborrezco la reunión de los malhechores, y no me sentaré con los impíos (Sal. 26:1-5).
Notemos cómo el salmista pide a Dios que le haga justicia y cómo luego establece la razón por la que él entiende que Dios debería o podría obrar a su favor: porque yo en mi integridad he andado (v. 1, énfasis agregado). Por otro lado, el autor del Salmo 26 revela que Dios es quien lo ha hecho capaz de caminar de esa manera: en el Señor he confiado sin titubear (v. 1b). Al confiar en Dios, ese Dios le ha dado lo que él no tenía en sí mismo.90 El salmista se siente tan
seguro de su andar que él le dice a Dios: Examíname, oh Señor, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón. Porque delante de mis ojos está tu misericordia, y en tu verdad he andado (vv. 2-3). He ahí una característica de cómo el salmista ve la integridad: alguien que anda en verdad hasta el punto de pedir a Dios que escudriñe todo su ser, su mente y su corazón. Obviamente, si Dios examinara a esa persona, no la encontraría libre de pecado, pero sí encontraría una coherencia (no perfecta) entre sus palabras y su obrar.
Al analizar este salmo, notamos en primer lugar que el salmista expresa su confianza en Dios: [E]n el Señor he confiado sin titubear (v. 1b). En segundo lugar, el salmista reconoce: [E]n tu verdad yo he andado (v. 3b). Y en tercer lugar, el salmista afirma: Con los falsos no me he sentado, ni con los hipócritas iré. Aborrezco la reunión de los malhechores, y no me sentaré con los impíos (vv. 4-5). Con esto último, el autor está reconociendo que parte de su integridad consiste en que él se ha apartado del mal y de aquellos que hacen iniquidad. Dicho de otra manera, hay tres características en este salmo que nos muestran lo que implicaba la integridad para el salmista: confiar en Dios sin titubear, caminar en la verdad y apartarse de los pecadores.