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L A IMPORTANCIA DE LA FORMACIÓN DEL CARÁCTER

MI CARÁCTER DETERMINA MI INTEGRIDAD

L A IMPORTANCIA DE LA FORMACIÓN DEL CARÁCTER

El carácter es vital porque, si no se forma de manera adecuada, el individuo se encuentra vulnerable ante las presiones de la vida y corre el riesgo de desplomarse en medio de las pruebas. Steven Berglas, un psicólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, alguien que ni siquiera es cristiano, pero que ha hecho observaciones muy acertadas con relación a este tema en su libro The Success Syndrome [El síndrome del éxito], señala: «la gente que alcanza grandes alturas pero carece de un carácter sólido que lo sostenga a través del estrés, va de cabeza al desastre».78

Esta es la historia detrás del famoso «Escándalo Enron» y detrás de todas las demás historias de desastres económicos que surgieron después: grandes ejecutivos que alcanzaron altos niveles de poder, pero que carecían de una formación moral sólida que los sostuviera porque se levantaron en una sociedad que no los formó, sino que los deformó. Lamentablemente, esta generación formó a sus líderes, tanto seculares como no seculares, en un horno de microondas. En el pasado los líderes se levantaban y se formaban a fuego lento, con el paso del tiempo; y de ahí la gran diferencia porque no podemos formar una persona debidamente de la noche a la mañana y mucho

menos cuando la persona no se ha propuesto, de manera intencional, formar su carácter.

A decir verdad, si se realizara una encuesta entre líderes cristianos, me pregunto cuántos de ellos han hecho una decisión intencional y han tomado las medidas necesarias para formar su carácter. Esto explica las grandes crisis morales que estamos viviendo en el mundo de hoy.

Si hay algo que la historia nos ha enseñado, tanto la historia bíblica como la secular, es la importancia de ser una persona formada en medio del calor del fuego de la prueba… que sea capaz de sostenerse en medio de las crisis y las tentaciones, y que sea lo suficientemente maduro para permitirle manejar el éxito y el poder. Si ponemos a una persona sin la fortaleza apropiada en medio de estas circunstancias, pronto veremos cómo esa persona se quebranta, porque es el hombre probado y forjado por Dios el que posee las herramientas necesarias para conducirse de manera apropiada en todo tiempo.

La fortaleza de carácter brinda estabilidad emocional. Habrá

momentos de turbulencias, pero el hombre de firmeza y que depende de Dios será capaz de permanecer firme. Podemos ilustrarlo de esta manera: si usted traza en un papel dos líneas horizontales paralelas que representan los momentos altos y bajos de la vida, las crisis quizás puedan hacer que por momentos sus emociones suban o bajen, pero su carácter le permitirá tener una estabilidad emocional que lo mantendrá dentro de estas dos líneas paralelas, sin moverse por encima o por debajo de ellas, de manera que usted pueda seguir funcionando aun durante esos momentos difíciles. Eso es tener estabilidad emocional y eso solo lo permite la fortaleza interna del individuo. La persona de carácter débil podría estar representada por altas y bajas que pasan por encima y por debajo de estas dos líneas paralelas.

Otro aspecto notable es que la fortaleza de carácter nos permite

ver las cosas objetivamente incluso en medio de tempestades que sacunden a otros. No hay necesidad de querer justificar o

racionalizar las cosas; más bien se requiere una habilidad de asumir cualquier tipo de falta y una disposición a cambiar, en caso de que

sea necesario. Cuando no hay estabilidad interna, la persona está tan involucrada emocionalmente en la crisis que pierde toda objetividad. Por otro lado, las crisis generan temores, y estos a su vez generan en nosotros ciertas reacciones como no querer avanzar y entonces nos detenemos, una respuesta muy natural en el ser humano, pero la

fortaleza de carácter va a permitirnos experimentar el temor sin que este nos paralice, de forma tal que podamos continuar

avanzando en la dirección en la que íbamos. Además, en la medida en que Dios va formando nuestro carácter, la estabilidad que experimentamos nos va a permitir tomar decisiones sabias y correctas incluso en medio de los problemas que nos aquejan.

La fortaleza de carácter no solo es capaz de sostenernos en medio de las crisis, sino que también nos ayuda a enfrentar las tentaciones. Mientras más fuerte es nuestro carácter, más fácil nos

resultará ver y rechazar las tentaciones que están frente a nosotros. La realidad es que no podemos evitar que nos sobrevengan tentaciones, y esto por sí mismo no es pecado; el problema está cuando no tenemos la fortaleza de carácter necesaria para huir de la tentación. En ocasiones no podemos ver la tentación como tal porque muchas veces se trata de algo que nos hace sentir bien, algo que en nuestra debilidad creemos necesitar; y por tanto no vemos tal cosa como una tentación, pues se ha convertido en un complemento de algo que anhelamos y deseamos para llenar un vacío. Ahora bien, si el carácter ha sido forjado, la persona no solo podrá identificar la tentación, sino que también sabrá cómo escoger. La fortaleza de carácter le permitirá decir que no a las tentaciones, pues el poder de seducción que estas tienen sobre el individuo es ahora menor, y este ya no será atraído con tanta facilidad por aquello que antes lo tentaba.

No importa de qué se trate: dinero, sexo, poder, celos o envidia; cualquiera que sea la tentación, un carácter firme le permitirá considerar las consecuencias de ceder ante ella. De ahí la importancia de tener un carácter que ha sido previamente fortalecido y probado por Dios, pues, de lo contrario, al llegar la tentación, seremos sacudidos a tal punto que olvidaremos las terribles consecuencias de sucumbir.