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P UEDE LA MENTIRA SER JUSTIFICADA EN ALGUNA OCASIÓN ?

LA VERDAD, SOLO LA VERDAD Y NADA MÁS QUE LA VERDAD

P UEDE LA MENTIRA SER JUSTIFICADA EN ALGUNA OCASIÓN ?

En algún momento de su vida, todo ser humano ha tenido que enfrentar un dilema ético relacionado con decir la verdad. En la Palabra de Dios encontramos varios ejemplos de personas que se vieron envueltas en situaciones que las llevaron a una encrucijada moral, en la que debieron escoger entre decir la verdad o mentir. Y aunque hay evidencia en las Escrituras de que el Señor desprecia y condena la mentira, lo cierto es que en la Biblia encontramos algunos casos particulares en los cuales Dios pasó por alto la mentira. Al leer estas historias bíblicas, muchos se preguntan si la mentira puede ser justificada en alguna ocasión. Pero antes de poder dar respuesta a esa inquietud, necesitamos conocer y entender lo que Norman Geisler, teólogo y apologista cristiano, definió como absolutismo graduado.67

Entender el absolutismo graduado

El absolutismo graduado es un sistema ético que está arraigado en Dios y Su Palabra, y que se basa en tres premisas que explicaremos a continuación.

1. Existen leyes morales que pueden entrar en contradicción y, ante ese conflicto moral, algunas leyes toman preponderancia sobre otras.

Jesús mismo ilustró este conflicto:

Por aquel tiempo Jesús pasó por entre los sembrados en el día de reposo; sus discípulos tuvieron hambre, y empezaron a arrancar espigas y a comer. Y cuando lo vieron los fariseos, le dijeron: Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo. Pero Él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, que no les era lícito comer, ni a él ni a los que estaban con él, sino sólo a los sacerdotes? ¿O no habéis leído en la ley, que en los días de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo y están sin culpa? Pues os digo que algo mayor que el templo está aquí. Pero si hubierais sabido lo que esto significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”, no hubierais condenado a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo (Mat. 12:1-8).

En el ejemplo anterior, el principio del sostenimiento de la vida tomó preponderancia sobre la prohibición de comer el pan consagrado del templo.

Quizás Jesús, mejor que cualquier otro ilustró cómo leyes que regulan principios morales pueden entrar en contradicción, y en esos casos, debemos decidir honrar un principio de Dios sobre otro principio también de Dios como vimos más arriba. En Mateo 23:23, leemos algo similar: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas.

Diezmar con fidelidad para Dios mientras no expresamos misericordia hacia los demás no tiene sentido. Si tuviera que dejar de diezmar en un momento para comprar un medicamento que va a salvar la vida de alguien, es obvio cuál de estos dos principios debería tomar el primer lugar: el principio de la dignidad de la vida.

Con estas palabras, Jesús nos deja ver que hay leyes morales que tienen mayor peso, es decir, que son superiores a otras. En otra ocasión, a Jesús le preguntaron: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? (Mat. 22:36), o como está registrado en el Evangelio de Marcos: ¿Cuál mandamiento es el más importante de todos? (Mar. 12:28b). Al escuchar esta pregunta, Jesús no negó que hubiese un mandamiento mayor que otro, sino que les dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento (Mat. 22:37b-38). Esta es una ilustración más de la escala de valores que existe aun dentro de la economía de Dios.

Por otro lado, en Proverbios 6:16, leemos: Seis cosas hay que odia el Señor, y siete son abominación para Él. Esto no quiere decir que solo hay siete pecados que el Señor detesta, sino que Él ha querido destacar estos siete de manera particular, porque reflejan la profunda perversidad del hombre, y enfatizar que Él los aborrece por encima de los demás.

2. En algún momento de nuestra vida, nos encontraremos con conflictos morales.

Durante el tiempo de la conquista, el Señor mandó a Josué a eliminar a todos los habitantes de la tierra prometida. Sin embargo, no mucho tiempo antes, Él le había dado al pueblo de Israel los diez mandamientos, y uno de ellos era: No matarás. Esta nueva ordenanza de parte de Dios debió representar un conflicto moral para Josué. Por un lado estaba la ley dada a Moisés que decía «no matarás» y, por el otro, estaba el mismo dador de la ley diciéndole que entrara a Jericó y destruyera por completo todo lo que había en la ciudad, incluyendo a hombres y mujeres, jóvenes y ancianos. ¿Cuál de estas dos ordenanzas debía cumplir Josué? ¿O acaso debía ignorar ambas? Pero si no cumplía cualquiera de ellas estaría desobedeciendo y, por consiguiente, pecando contra Dios. De seguro esto representó un conflicto moral inevitable para Josué. Sin

embargo entendió la necesidad de obedecer a Dios en la toma de Jericó. La ordenanza de «no matarás» es para el hombre, pero Dios que es dador, sustentador y dueño de la vida, puede ordenar hacer algo que viola este primer principio; en cambio, el hombre no lo puede hacer.

Cuando alguien miente para salvar vidas humanas, viola un absoluto menor para guardar uno mayor. Y un ejemplo de esto lo encontramos en la Palabra de Dios, en el libro del Éxodo.

Éxodo 1:16-21 dice:

[Y] les dijo: Cuando estéis asistiendo a las hebreas a dar a luz, y las veáis sobre el lecho del parto, si es un hijo, le daréis muerte, pero si es una hija, entonces vivirá. Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños. El rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, y habéis dejado con vida a los niños? Respondieron las parteras a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias, pues son robustas y dan a luz antes que la partera llegue a ellas. Y Dios favoreció a las parteras; y el pueblo se multiplicó y llegó a ser muy poderoso. Y sucedió que por haber las parteras temido a Dios, Él prosperó sus familias.

Las parteras de las hebreas tenían temor de Dios y mintieron con el propósito de salvar vidas. Como resultado, Dios no solo las exoneró de culpa, sino que Él prosperó a sus familias. Así mismo, en el Antiguo Testamento encontramos la historia de Rahab, una ramera que escondió en su casa a los dos espías que Josué había enviado para explorar la tierra de Jericó y a quienes luego envió por otro camino protegiendo así sus vidas de aquellos que los perseguían. De acuerdo al testimonio de las Escrituras, es gracias a esta acción que hoy su nombre se encuentra en la lista de los héroes de la fe que menciona el capítulo 11 del libro a los Hebreos. Dice el versículo 31: Por la fe la ramera Rahab no pereció con los desobedientes, por haber recibido a los espías en paz. De esta manera, este es otro ejemplo que podemos encontrar en la Palabra de un absoluto menor (el llamado a ser veraces) quebrantado para salvaguardar un absoluto mayor (el respeto a la vida humana). De igual manera, estos ejemplos que acabamos de mencionar también nos sirven para ilustrar cómo la

misericordia puede prevalecer por encima de la veracidad en algunos casos que representan más las excepciones que las reglas.

Por otro lado, la Palabra de Dios nos deja ver con claridad que debemos obedecer a Dios y cumplir Sus mandamientos. Y uno de estos mandamientos es obedecer y estar sujetos a los gobernantes y a las autoridades de turno (Tito 3:1). Ahora bien, cuando estos dos absolutos se encuentran, nosotros [d]ebemos obedecer a Dios antes que a los hombres (Hech. 5:29b). De igual forma, la Palabra nos manda a amar a nuestro prójimo, pero, cuando este absoluto entra conflicto con el mandato de amar a Dios, es necesario recordar que debemos amar a Dios por sobre todas las cosas.

3. Dios no culpa a la persona cuando viola una ley menor para guardar una mayor.

En el pasaje donde se relata que David comió el pan del templo, Cristo está respondiendo al cuestionamiento que le hicieron los fariseos de por qué sus discípulos recogían espigas en el día de reposo, algo que según ellos estaba prohibido por la ley.68 Jesús

entonces les recuerda cómo el rey David había violado la ley al comer de los panes consagrados para el templo, y sin embargo Dios no se lo había tomado en cuenta; y cómo los sacerdotes que sirven en el templo también profanan el día de reposo, pues se la pasan trabajando y sirviendo durante todo el día, pero a pesar de ello dice la Palabra que están sin culpa (Mat. 12:5). De esta manera, cuando quebrantamos una ley menor a expensas de cumplir una ley mayor, Dios nos exonera. Pero si quebrantamos cualquier ley de Dios para nuestros propios beneficios, ya no estamos hablando del mismo principio. Hago la aclaración para que el lector no vaya a creer que, cada vez que él determine que un principio es mayor que el otro, él tiene licencia para justificar las excepciones.

Algunas observaciones sobre absolutismo graduado, el relativismo y la ética situacional

El absolutismo graduado es la posición que acabamos de explicar; el relativismo es la posición filosófica que entiende que todas las ideas son igualmente válidas y que no existen valores absolutos, sino que la verdad es relativa a cada individuo y cultura; y la ética situacional es la creencia filosófica popularizada en la década de los

70 por Joseph Fletcher cuando publicó su famoso libro Ética situacional, que plantea que la ley del amor es el único principio ético al cual está sujeto todo ser humano.

El absolutismo graduado cree en la existencia de valores absolutos, mientras que el relativismo y la ética situacional no creen en absolutos. Por otro lado, la fuente de la verdad en el absolutismo graduado es Dios; sin embargo, tanto en el relativismo como en la ética situacional, la fuente de verdad es el hombre. El máximo valor en el absolutismo graduado es la Palabra de Dios, mientras que en el relativismo la fuente de la verdad es la opinión individual, y en la ética situacional es el amor.

Por otra parte, en el relativismo nos encontramos con que hay excepciones a las reglas, pues todo es relativo y no hay nadie que tenga la verdad absoluta. De la misma manera ocurre en la ética situacional, pues todo va a depender de lo que el amor determine en cada situación. Ahora bien, algo muy importante para observar es que en el absolutismo graduado no hay excepciones a la regla. Cuando una persona miente para salvar una vida, no estamos hablando de que se hizo una excepción en ese caso en particular para considerar la mentira como buena. Lo que sí hubo fue una exoneración. Es decir, la mentira que se dijo para salvar una vida sigue siendo mentira, pues no se encuentra arraigada en el carácter veraz de Dios; pero como Él es soberano puede exonerar a la persona que tomó una decisión en favor de un absoluto mayor por encima de uno menor. Se trata entonces de una exoneración de la culpa, no de una excepción a la regla. Por ejemplo, cuando se habla de que los sacerdotes profanan el día de reposo y están sin culpa, lo que Dios ha hecho en ese caso en particular es una exoneración, no una excepción.

En ese sentido, podemos decir entonces que el absolutismo graduado explica la cruz del Calvario, porque un valor absoluto (la misericordia) prevaleció sobre otro valor absoluto (la justicia). De lo contrario, lo que ocurrió en la cruz sería un acto inmoral de parte de Dios, pues permitió que el inocente fuera clavado en lugar del culpable,69 cuando Él mismo dice en Su Palabra que no tendrá por

inocente al culpable (Ex. 34:7) y que no absolverá a aquel que derrama sangre inocente (Ex. 23:7). Por otra parte, la única razón

por la que Dios puede exonerar al pecador de las consecuencias en estos casos es justamente porque Cristo fue a la cruz y pagó por cada uno de esos pecados que luego permiten la exoneración de parte de Dios cuando estos absolutos entran en conflictos.