Servicios ecosistémicos Definición
LA CULTURA Y EL TERRITORIO YA NO SON LOS MISMOS
4.2. Mapeando las transformaciones de los ecosistemas de Villanueva
4.2.2. Las transformaciones de los ecosistemas desde la visión de los pobladores: cartografía social
4.2.2.1. Finca de Don Alfonso
La finca de nombre Morroco, propiedad de don Alfonso Vargas (entrevista 3), está ubicada en la vereda La Libertad, nombre que heredó del hato. Tomando la vía Villanueva- Villavicencio hay un desvío (5 minutos en carro), cuya carretera destapada entre el bosque de palma conduce a la finca de don Alfonso (20 minutos después del desvío).
Don Alfonso vive con su esposa, su hijo y la esposa del hijo, en una finca de 20 ha, en medio de los cultivos de palma de las empresas Palmar del Oriente, Casanare y Santana. Don Alfonso migró de Santa Teresa, Boyacá hace unos 45 años, con su esposa y sus pequeños hijos (hoy mayores de edad). Llegó buscando mejores tierras y oportunidades a raíz de la época de la violencia de los años cincuenta. Desde que él y su familia llegaron, han permanecido allí.
Viven del cultivo de yuca y plátano, frutales tales como papaya, mangos, cocos, guanábanos, naranjos, nonis. También tienen 60 cabezas de ganado (cebú y criollo) que les proporcionan leche y carne. De los cultivos, no venden nada, todo es para el autoconsumo. El ganado es el que le proporciona sus ingresos. Los cultivos y el ganado le dan lo necesario para vivir.
El primer agrónomo que llegó al palmar, incitó a don Alfonso a sembrar palma27. Los del
palmar se comprometían a arreglarle la tierra, en darle las semillas y lo ayudarían a administrar el cultivo de palma. Sabiamente, él no quiso. En palabras de él: “si sembraba palma, me tocaba salir de las poquitas vacas que tenía, la palma no me iba a dar leche ni carne”. Desde entonces, no lo volvieron a molestar hasta que un día, le ofrecieron comprar su terreno. En palabras de don Alfonso: “ellos querían que uno les regale la tierra, que se las venda barato”. Inteligente, volvió a declinar la oferta de los palmeros.
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27 Con el mismo discurso de hoy: “los linderos de las fincas se eliminan y se consolidan en una sola unidad empresarial. Los pequeños productores son accionistas y a la vez trabajadores de su empresa (especialmente durante la etapa de desarrollo de la palma), de manera que logran un buen nivel de ingresos como parte de un negocio competitivo a escala y un adecuado flujo de caja en un cultivo de tardío rendimiento”. En: FEDEPALMA. Visión y estrategias de la palmicultura colombiana: 2000-2020. Lineamientos para la formulación de un plan indicativo para el desarrollo de la palma de aceite. Bogotá, diciembre de 2000.
Figura 17. Mapa que ubica la Finca El Morroco en medio de los tres palmares más grandes en el municipio de Villanueva. Fuente: Google earth. Consultado el 3 de octubre de 2012.
Don Alfonso cuenta que antes de los cultivos, había sabanas, ganadería, morichales. El hato La Libertad (donde se encuentra hoy el cultivo de la empresa Palmar del Oriente) tenía unas 46 000 ha, divididas en 6 hatos. Los dueños de La Libertad, eran la familia bogotana López Caballero. Don Alfonso trabajó con ellos, por varios años, “trabajando llano”. Los López vendieron y los nuevos dueños sembraron palma y arroz.
Don Alfonso cuenta que antes de que fuera tierra arrocera y palmera, eran contadas las personas, no “había casi nadie, para llegar de una casa vecina a la otra, me demoraba 2 o 3 horas a caballo, eran bastante retiradas, había muy poca gente, ahora sí que está sobrando, ahora si hay cantidad”.
Don Alfonso relata que la primera gente que fue poblando la vereda, era de Boyacá, la gente “fue llegando y colonizando lotes, construían sus ranchos y así empezó a crecer el pueblo”. Muchos de los primeros colonizadores, se han ido. Así como ellos se fueron, la fauna y flora también. Don Alfonso recuerda que antes salía de caza con sus hijos. Traían venados, cachicamos, chigüiros, patos, con la cara entristecida comenta: “hace años que no veo un bicho de esos, hasta el ganado se está yendo”. Ya poco queda. Ahora sólo “están los arroceros, palmeros y los petroleros”. “Antes había morichales y esteros, todo eso se acabó”. (Ver Figuras 18 y 19).
Figura 18. Mapa de recursos naturales y uso del suelo antes de la llegada de los palmares a Villanueva. Don Alfonso pudo ubicar 4 esteros, El Arco, Largo, El Boral y Algarrobo, los cuales fueron drenados para darle paso a los cultivos de palma. Fuente: Don Alfonso, Cartografía Social.
Realizada el 3 de marzo de 2013.
Con referencia al caño que pasa por su finca recuerda que antes: “los chinos se bañaban, ahorita viene contaminado”. Ellos conservan aun un “jagüey” (sería oportuno hacerle pruebas al agua del “jaguey” y al caño que pasa por la finca, ya que podrían estar filtrándose los químicos del cultivo). La fertilidad de la tierra no se ha afectado, sus plantas parecieran confirmarlo (también sería oportuno hacer análisis de tierras, comparar la del cultivo de palma con la del cultivo de pancoger de don Alfonso).
Don Alfonso es consciente de que su vida ha cambiado después de la entrada de los cultivos de palma. Hasta la gente ha cambiado. Sin embargo, él y su familia están felices. Mientras que hacía la entrevista y la cartografía social, sus hijos jugaban al dominó. Ninguno de los Vargas trabaja, ni han trabajado en los cultivos de palma. Ellos ríen de esa posibilidad, uno de ellos apunta: “si estuviéramos trabajando en esos cultivos, no estaríamos jugando dominó”.
Figura 19. Mapa de recursos naturales y uso del suelo después de la llegada de los palmares a Villanueva. La finca hoy en día está rodeada por los tres grandes palmares. Las líneas en negro corresponden a los canales del distrito de riego. Fuente: Don Alfonso, Cartografía Social. Realizada
el 3 de marzo de 2013.
Al preguntar a don Alfonso sobre el futuro, responde: “moriré aquí, aquí quiero ser enterrado, con mis gallinas, mis marranos, mis perros, mi ganado”. Aunque ante una buena oferta de su tierra, la vendería, y se iría a una finca más retirada.
En cuanto a los impactos del cultivo de palma, sobre el bienestar humano, don Alfonso manifiesta “a veces no cierran arriba la compuerta principal, y baja el agua bien sucia, para lavar, para uno bañarse, para cocinar sacamos el agua del jagüey, pero el caño al pasar pesado y hondo, el jagüey sube y el agua se pone amarilla, lechosa, se pone fea.
Cuando hacen los riegos, cierran la compuerta arriba, y nos la quitan casi toda, hemos visto mortandad de hartísimos pescados, porque el agua se calienta y no tienen oxígeno para respirar, eso nos pasa cada año, cuando empiezan los riegos, y cuando terminan, ya el agua baja sucia, al no cerrar la compuerta principal.
Antes de los palmares no había tanta mosca, lo que es de abril a julio cada año, hay millones de moscas acá, una plaga terrible. Los del palmar del Oriente vinieron a colocar 60 trampas, pero eso no es suficiente, ojalá usted pudiera venir y darse cuenta de esa plaga. Además las moscas atacan al ganado, la gente de la Umata sabe del problema, al
igual que los de Corporinoquia, el ICA y nadie hace nada, solo nos mandaron a poner 60 trampas que no sirven casi, son millones de moscas, pareciera imposible parar eso. Hasta los perros, los gatos, nosotros, mantenemos desesperados. Esa mosca pica y le deja una roncha roja a uno, y pican bien duro.
Los de Santana, no colaboran para nada, nunca han ayudado para poner una trampa o algo, lo que sí hacen es traer estiércol que traen de sus cocheras y vienen y lo riegan aquí como a 50 metros, el olor es insoportable, como si uno viviera dentro de la cochera, además vienen y tiran la tusa de la palma al otro lado del caño, aquí cerquita. Uno pone la queja y es como si no pasara nada, es mejor no ir. Los del Oriente y Casanare, para que ser uno desagradecido, ellos si han estado pendientes, con lo de las trampas y mandan la gente a limpiarlas, cada tercer día. Ellos si botan la tusa lejos, pero igual cuando esa mosca dice a reproducirse, se riegan por todos lados, es tremendo. Hay más moscas en los potreros, que en los mismos palmares. Todos los finqueros que estamos cerca de los palmares, tenemos ese problema. Lo único que les pedimos es controlar eso, y no se ha podido.
Cuando pescamos en el caño, al arreglar el pescado, al lavarlo, le llega a uno un olor como a ACPM, y a veces como un olor a sifón, como a cañería, por supuesto no lo preparábamos, nos tocaba botarlo, no sirve para comer. Cuando la gente se baña en el caño, salen con una rasquiña y se les brota la piel”.
Figura 20. Entrada a la finca Morroco, antes había sabana, hoy hay cultivos de palma africana.