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LA CULTURA Y EL TERRITORIO YA NO SON LOS MISMOS
4.1. Relatando el territorio, historias de vida 1 Don David, el último llanero de Villanueva
4.1.3. Hugo Angola, el deportista
La entrevista con Hugo (entrevista 13), fue hecha en una oficina del colegio donde trabaja su esposa Epi. A su vez, el colegio es la casa de la familia Angola Roda. Ellos viven allí. Hugo tiene 37 años.
Antes de empezar, le pregunto a Hugo si sabe de dónde viene su apellido, a lo cual él responde: “mi apellido es africano, de Angola, según mi abuelo que nuestros descendientes venían de lo que hoy es el país de Angola, netamente africano”.
De Puerto Tejada a Villanueva
“Yo nací en un pueblo que se llama Puerto Tejada, Cauca, y fui criado en otro pueblo cerca a ese municipio donde yo nací, que se llama Guachené. Yo llegué aquí a Villanueva en 1985, cuando tenía doce o trece años, de ahí para atrás viví en Guachené. Yo llegué acá por medio de mi madre, mi padre se fue a buscar otros horizontes a Venezuela, y por allá se quedó y no regresó. Mi madre se hizo cargo de nosotros, somos cinco hermanos. Mi madre vino a trabajar en palma y nos trajo con ella.
Figura 14. Hugo Angola y su familia.
Inicialmente, traían a la gente por medio de lo que se conoció como “enganche”, irse desde Villanueva, e ir a traer gente de por allá del norte del Cauca. Los traían a Villanueva, a los que les gustaba, los que se quisieran quedar, pues se quedaban trabajando, los demás si no les gustaba, pues se iban. Eso pasó porque aquí los llaneros eran netamente ganaderos, ellos para trabajar la palma les pareció muy duro. Entonces a los empresarios se les iluminó el bombillo y se ingeniaron traer negros de por allá, para que trabajaran en los palmares y así sucedió. Así nos trajeron aquí y por eso que somos muchos afro en Villanueva, dicen que hay 5 000.
En Cauca hay mucha caña, y la caña con la palma son similares en su cosecha, que es cortar, llevar, transportar, y así, entonces los dueños, me imagino yo, dijeron esa gente nos puede servir, y verdad, fue la mejor opción que pudieron hacer. Nos explotaron al 100%”. (Dice esto entre risas).
Guachené, Cauca
“Mi infancia en Guachené vivíamos en el casco urbano, en aquella época había 5 000 habitantes, como era un pueblo pequeño, todos nos conocíamos con todos, uno era conocido de todo el mundo. La economía de Guachené eran las parcelas de la gente en sus fincas, en esas parcelas se sembrara café, cacao, naranjas, zapotes, el plátano y la yuca, todo lo sembraban en una sola parcera; yo digo que el que más tenía tierra podría tener unas cinco o seis hectáreas. De eso vivía la gente, autoconsumo y comercializaban los productos. Lo otro era el oro, mucha gente iba al río y hacían “tambaque”, que era
echar arena en un baile de madera y era sacudir toda la tierra y quedaba todo el oro ahí. Otra gente trabaja en la caña de azúcar, porque era pura mano de obra humana, ahora ya no, ahora son las máquinas.
El viaje de Guachené a Villanueva, fue muy traumático, muy largo, nos echamos unas 40 horas por ahí. El trayecto más demorado fue el de Bogotá a Villanueva, de Bogotá a Villavicencio había muchas curvas y casi no había pavimento, y de Villavicencio a Villanueva, ni se diga, eso eran unas trochas ni las berracas. Cuando se crecía el río nos tocaba esperar a que bajara el cauce del río para poder cruzarlo. Ya ahorita se empezó a desarrollar y se llegó a lo que conocemos, la Marginal de la Selva. De Guachené a Bogotá no fue tan duro, pues ya había pavimento”.
Villanueva, la vieja
“Las calles de Villanueva eran un tierrero, el aeropuerto quedaba casi en la mitad del pueblo. Era bien rudimentario pero si tenía sus cosas básicas, el colegio, la iglesia, un parque principal e infantil, había un puesto de salud, no había acueducto, el agua la tomábamos de una represa pequeña, que todavía existe”.
La llegada a Villanueva
“El recibimiento por parte de los habitantes fue duro, tedioso, aburridor, llegar uno a una tierra ajena y de color diferente la gente lo ve a uno como si uno fuera un bicho raro, un animal. Eso se fue cambiando a medida que demostramos que éramos gente buena y trabajadora, nosotros veníamos a trabajar.
Nosotros no llegamos directamente a Villanueva, nosotros llegamos directamente a los campamentos de los palmares, uno se quedaba allí, las mujeres eran las que cocinaban y los hombres en el campo. Cuando las madres ya no podían tener los hijos allí, sacamos una casa en arriendo en el pueblo, por intermedio de un doctor del palmar, porque si no hubiera sido por él, no hubiéramos conseguido casa tan fácil. Ese señor fue y habló con el alcalde y le dijo que le colaborara con eso, que esa gente es trabajadora.
Cuando se fueron cerrando los campamentos, los alcaldes se quejaban que esa carga que era de los palmares, ahora pasaba al municipio, de ahí fue que empezaron a ver programas de vivienda de los palmares hacia el municipio, como Villa del Palmar. Los alcaldes les decían a los gerentes de los palmares que eso era responsabilidad de ellos, habernos traído aquí a nosotros, ellos tenían que responder por nosotros.
Cuando entré a estudiar, los niños no se podían sentar al lado de uno porque ese es negro, y uno decía, Dios mío a donde nos fuimos a meter, y eso fue que lo que causó que nosotros los negros nos demorábamos mucho para estudiar. Ir al colegio era bien traumático, a que lo trataran a uno como un bicho. Ya después eso fue cambiando. La gente empezó a recapacitar y ya viendo que en el caso mío, fui muy buen deportista y ya iba representando el colegio con el deporte o con las danzas entonces, ya lo empezaron a ver a uno de una forma diferente.
La gente decía que éramos bruscos en el trato, si la gente misma no nos dejaba la oportunidad de tratarlos. Una anécdota de esas, cuando a uno lo invitaban a las minitecas, nadie quería bailar con el negro. Cuando ellos empezaron a ver que ellos bailaban de una forma y nosotros de otra, entonces ellos ya querían saber cómo era que se bailaba, ahí ya se empezaba a ver esa mezcla, ya empezó la gente a cogerle más cariño a los negros.
A pesar de que en una época fueron muy racistas, la gente se culturizó, ya nos miran con otros ojos, ya no nos señalan y tildan como antes.
En mi caso, me saqué ese prejuicio de mi mente porque ya fui uno de los mejores estudiantes, por el deporte, por las danzas, por el estudio, uno tenía que sobresalir de una u otra forma. Luego vinieron las novias no afrocolombianas, si uno le gustaba a una muchacha, ya las cosas eran diferentes. A raíz de todo esto, ya empezaron a verse las mezclas”.
Mezcla de culturas
“El mayor acercamiento entre el llanero y el negro, fue el deporte, eso fue fundamental, pues nosotros veníamos de una tierra netamente futbolística, aquí en el llano, en ese entonces, al negro solo le ganaban en coleo, el resto de deportes, éramos nosotros los sobresalientes. El deporte fue un trampolín para esa unión de culturas, los equipos terminaron mezclados, rompiendo la estigmatización.
A Villanueva no llegaron solamente negros, llegaron gente de distintas regiones, pero los negros si manteníamos entre nosotros, ya después si vino una mezcla que no ha parado en estos días”.
Relaciones sociales afro
“En cuanto a las relaciones entre los afro, políticamente no estamos organizados, es una mezcla de falta de envidias, de inteligencia, no sé cómo llamarlo, si alguien de la comunidad quiere salir adelante, nosotros mismos no los dejamos, por nuestra propia envidia. En vez de rodear a ese líder, nosotros mismos le ponemos zancadilla. En la historia de Villanueva, solo hemos tenido dos concejales afro, después de tanto tiempo. Acá somos muy desunidos. Es triste decirlo”.
Identidad, sentido de lugar
“Mis abuelos y mis tíos siguen en Guachené, si los he visitado varias veces, uno va los visita y se regresa, aunque ya van seis años que no voy. Por celular también estamos en contacto con ellos.
La comida de por acá es muy simple, en el Cauca si nos gusta condimentarla bastante, acá en Villanueva solo se conseguía cebolla, a veces ajo, en el Cauca había mucho más diversidad de color y sabor en las comidas.
Uno no es de donde nace, si no donde se hace, yo aquí en Villanueva llegué niño, aquí me volví hombre, trabajé, tengo mi familia, aunque no desconozco mi tierra ni mi cultura, si me siento más de aquí de Villanueva que de Guachené”.
De la cultura afro
“Acá en Villanueva se ha perdido mucho como esas tradiciones, porque estamos en cultura diferente y nos ven con otros ojos, allá cuando estábamos en el Cauca, los 28 de diciembre, allá en el pueblo, le dan fuete a la gente, allá usted se pone una máscara, se disfraza y sale a perseguir gente.
Cuando se muere un niño, en el Cauca hacemos algo que se llama bunde, coger una tambora y tocar, una señora o un señor canta, y todo el mundo a adorar ese niño que se murió, aquí en alguna época lo hicimos, pero la gente local nos miraba extraño, cantándole a un niño muerto, qué le hacíamos, esa es nuestra cultura, pero eso se ha ido perdiendo, ya no lo hacemos.
Eso es falta de ganas, recrear nuestras tradiciones acá, por ejemplo, en Colombia se celebra el día de la afrocolombianidad26, y aquí ese día pasa desapercibido, no se hace
nada, esa fecha es especial para nosotros, habiendo tanto afro en Villanueva y no somos capaces de organizarnos para celebrar nuestro día. Nos falta ponernos la mano en el corazón y volvamos a traer todas esas raíces. Lo lamentable de esa situación, son las nuevas generaciones de afrocolombianos, que ya ellos no saben nada de nuestra cultura y tradiciones. Yo conservo mi dialecto afro, ojalá no me cambie nunca”.
De la cultura llanera
“Si he tenido la oportunidad de experimentar con ganado, ir a las fincas y trabajar llano, marcar ganado, a encerrar, es bien bonito, iba por aprender, a ver cómo lo hacen, a pesar de que uno es de otra cultura, uno se interesa por las prácticas culturales de las otras, por eso me gustaba trabajar en fincas, más que por el dinero, voy por hobby. Como es bonito es bien duro y peligroso, el que no sabe de eso, ni mejor se meta al corral, se enreda uno con un ganado de esos, con un toro y se puede lastimar. El coleo también me gusta, no soy muy amante, pero si me gusta.
No me gustaría quedarme solo por la noche en la sabana, nunca he visto la llorona ni la pata sola, ni la bola de fuego, ni el silbón, pero dice la gente que existen, y uno sin saber cómo es la contra, ni sabe cómo controlarse, que tal uno por allá en el centro del llano y solo, como le digo, no he visto nunca nada, pero pueda que sí existan de tantos relatos de amigos de por acá que dicen que sí han visto cosas de esas”.
Recreación en Villanueva
“La cultura afro somos muy folclóricos, nos gusta mucho el bullicio, sea la música que sea, yo me la gozo, sea llanero, salsa, bullerengue, la disfruto. Llanero aprendí a bailar en el colegio, mis hijos todos saben bailar música llanera. Cuando hay presentaciones de música llanera, me gusta ir a verla, la música llanera siempre lleva un mensaje bonito, se caracteriza por eso, por cantarle a la naturaleza, al amor, a la mujer, eso me gusta.
Nosotros con mi familia tratamos de estar unidos cuando hay la fiesta de las colonias, vamos juntos y disfrutamos de los eventos, hay muchas representaciones folclóricas de todas las regiones, uno ve cosas muy bonitas en las colonias, como uno no puede ir al eje
70 26 Ley 975 de 2001.
cafetero por ejemplo, la fiesta de las colonias le permite a uno ver parte de la cultura de esas tierras”.
El gran proyecto
“Me gusta mucho Villanueva, mis hijas están bien acá, por lo pronto seguiremos acá, no queremos con mi familia empezar de ceros otra vez.
Me gustaría trabajar con los niños y jóvenes afro de Villanueva, hacer una cátedra de afrocolombianidad, para que ellos no pierdan sus raíces, recrear la memoria de nuestros ancestros”.