CAPÍTULO 1: MARCO TEÓRICO
1.3. Análisis de la persona
1.3.2. Formación continua
La Formación Continua se entiende como el conjunto de acciones formativas que desarrollan las empresas, los trabajadores o sus respectivas Organizaciones, a través de las modalidades preestablecidas, dirigidas tanto a la mejora de competencias y cualificaciones, como a la recualificación de los trabajadores asalariados, que permitan compatibilizar la mayor competitividad de las empresas con la formación individual del trabajador. (Escuela Julián Besteiro, 2001)
Entre los objetivos de la formación continua podemos citar:
Promover el desarrollo personal y profesional de los trabajadores. Mejorar la competitividad de las empresas.
Adaptar los recursos humanos a las innovaciones tecnológicas y a los cambios organizativos.
Mejorar la gestión de la formación continua. Optimizar los procesos de formación.
La realización plena del ser humano se da cuando éste consagra su vida a la ejecución magistral de una tarea, en este caso la docencia. Al respecto podemos citar la siguiente frase:
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“El valor de la Formación Continua reside en que constituye una garantía, en sí misma, para
asegurar la promoción personal y social de los trabajadores y la competitividad de las
empresas”. (Escuela Julián Besteiro, 2001, p.8)
La formación inicial que reciben los docentes en las universidades podría comparare si se desea, con la educación que el niño recibe en casa antes de ingresar a la educación formal. La familia imbuye en el espíritu del pequeño los principios, valores, y creencias que de forma directa incide sobre su carácter. Con estas herramientas se enfrenta al mundo para aprehenderlo desde su cosmovisión. De igual forma, el alma máter propicia en el ser humano la construcción de los cimientos sobre los que se erigirá el conocimiento en base a haberle dotado de las estrategias para aprender a aprender.
Al respecto, Yadarola ( 2007 en Lidón, Jaume & Castellón, s.f.), expresan:
En la actualidad, nos encontramos ante el nacimiento y la consolidación de la Sociedad de la Información y del Conocimiento. Esta nueva realidad, que está penetrado de forma progresiva en nuestras aulas, demanda nuevos desafíos en el profesorado. A este contexto debemos sumarle la gran heterogeneidad y diversidad del alumnado, reto a los que los docentes han de dar respuesta y afrontar de una forma adecuada. En este marco, el profesorado necesita de nuevos conocimientos y habilidades, de un cambio de actitud y una asunción de los valores educativos inclusivos para desempeñarse en un nuevo rol, lo cual requiere procesos de capacitación, pero también de una práctica educativa reflexiva y en equipo. (p. 26)
La formación continua es un aspecto importante en la profesionalización del docente. Si ella los conocimientos quedan caducos y el profesional pierde eficacia en cada una de sus actuaciones. Por ello el Ministerio de Educación mantiene programas de formación continua como el Sí Profe. Las universidades han visto un polo de desarrollo ofreciendo Educación continua como parte de sus proyectos de vinculación con la sociedad. Además el Instituto Ecuatoriano de Crédito Educativo ofrece créditos y becas para cursar estudios de cuarto nivel, cursos de formación y otros.
Al respecto se ha mencionado anteriormente lo estipulado en la LOEI y en el Plan Decenal de Educación 2006 – 2015 sobre la formación y la revalorización del ejercicio docente. La parte normativa está determinada, sin embargo para que sea factible el estado deberá: 1) procurar que existan varias posibilidades de capacitación para los docentes; presencial, semipresencial y virtual, y 2) movilizar los recursos para ello.
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1.3.3. La formación del profesorado y su incidencia en el proceso de aprendizaje.
Es indudable que uno de los responsables directos y que más influye en el aprendizaje de los estudiantes es el docente pues es quien se ha preparado para desempeñarse profesionalmente dentro del aula.
Delors (1996) afirma que:
Para mejorar la calidad de la educación hay que empezar por mejorar la contratación, la formación, la situación social y las condiciones de trabajo del personal docente, porque éste no podrá responder a lo que de él se espera si no posee los conocimientos y la competencia, las cualidades personales, las posibilidades profesionales y la motivación que se requieren. (p. 162)
En relación a la formación inicial Delors (1996) recomienda como objetivo a largo plazo que todo el profesorado, fundamentalmente el de secundaria, tenga estudios superiores, siendo las universidades quienes cooperen con este fin.
Para (Clark, 1995 en Grau Company, Gómez Lucas, & Perandones González, s.f.) en relación al educador y la calidad de la educación:
La enseñanza está organizada de manera que los docentes interpreten y pongan en práctica las normas educativas, el currículo y la instrucción. Son el punto de contacto humano con los alumnos. Todas las influencias sobre la calidad de la educación están mediadas por él y por su acción. Tienen la posibilidad de aumentar la calidad de la educación dando vida al currículo e infundiendo en los alumnos la curiosidad y el aprendizaje autodirigido. Y también pueden degradar la calidad de la educación merced al error, la pereza, la crueldad o la incompetencia. Para bien o para mal, los profesores determinan la calidad de la ecuación.
Y también pueden degradar la calidad de la educación merced al error, la pereza, la crueldad o la incompetencia. Para bien o para mal, los profesores determinan la calidad de la educación. (p.1)
Así mismo Grau et al. (s.f.) expone que es crucial el rol que desempeña el profesorado en la calidad educativa. Por ende todo sistema educativo de atender a la formación y actualización de sus docentes.
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El profesorado, se convierte en el arquitecto y albañil de toda reforma educativa. Como proponen Martínez y Carrasco (2006 en Grau et al. s.f.), éste rol protagónico del docente implica preparación suficiente para afrontar las demandas de la sociedad del siglo XXI.
Medina & Domínguez (1989 en Grau et al. s.f.), expresan que “es fundamental proporcionar al profesorado una formación, centrada en su lugar de trabajo, donde se le capacite para analizar el sistema educativo y desarrollar su práctica como una labor de innovación. (p.2)
Las universidades e institutos formadores de profesores deben desarrollar la capacidad de innovación y auto-reflexión sobre la labor diaria, a fin de que el docente se sea diseñador, planificador y se comprometa con el cambio social.
Existen elementos que obstaculizan la renovación metodológica y pedagógica, como pueden ser, el poco reconocimiento a la labor trascendental del docente, la escasa valoración de la docencia para la promoción, la falta de oportunidades de formación, la rutina, el temor al cambio, la falta de energía a causa del envejecimiento del profesorado y otros.
Todas las reformas educativas encaminadas a mejorar la calidad de la educación conllevan estrategias que deben ser aplicadas con éxito. Si existen demasiadas reformas en un lapso corto de tiempo no se consiguen los objetivos pues no queda tiempo para adaptarse a los cambios. Otras son demasiado teóricas en detrimento de lo práctico, convirtiéndose en un factor desmotivante que aniquila toda iniciativa de apoyo a la misma. (Delors, 1996)
Para Delors (1996) existen tres agentes fundamentales que propician el éxito de las reformas educativas:
La comunidad local, esencialmente los padres y madres de familia, los directivos y los docentes (participación entusiasta en la evaluación de necesidades, la capacitación de los docentes en ejercicio);
Las autoridades públicas (diálogo permanente y sostenido con los miembros de la comunidad educativa para mejorar y ampliar el acceso a la educación, así como la extensión de este diálogo a través de los medios de comunicación en debates dentro de la comunidad);
La comunidad internacional (apoyo financiero, técnico y profesional).
La falta de compromiso de alguna de estas partes determina el fracaso de cualquier reforma tendiente a mejorar la calidad de la educación al igual que tratar de imponer las mismas.
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En contraposición, el diálogo permanente entre las partes anteriormente señaladas y el apoyo técnico, financiero y profesional de organismos internacionales en mayor o menor medida han determinado el nivel de éxito de cualquier reforma.
El Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI, presidida por Delors (1996) además recomienda:
Una descentralización inteligente, que permita incrementar la responsabilidad y la capacidad de innovación de cada establecimiento escolar;
Prestar especial atención a la situación social, cultural y material de los educadores.
En este sentido Delors (1996) manifiesta que:
Se exige mucho al docente, incluso demasiado, cuando se espera que calme las carencias de otras instituciones también responsables de la enseñanza y la formación de los jóvenes. Mucho se le pide, mientras que el mundo exterior entra cada vez más en la escuela, en particular a través de los nuevos medios de información y comunicación. Así pues, el maestro se encuentra ante jóvenes menos apoyados por las familias o los movimientos religiosos pero más informados. Por consiguiente, debe tener en cuenta ese nuevo contexto para hacerse escuchar y comprender por los jóvenes, para despertar en ellos el deseo de aprender y para hacerles ver que la información no es conocimiento, que éste exige esfuerzo, atención, rigor y voluntad. (p. 24-24)
Como están las cosas, la formación del profesorado va más allá de la asignatura que imparte; hace falta que el profesor sea un educador, un formador de juventudes convirtiéndose de esta forma dentro y fuera del salón de clases en el factor más importante y decisivo para el cambio social y cultural de las nuevas generaciones.
Está claro que el centro del proceso de aprendizaje es el estudiante pero el centro y ejecutor de cualquier reforma educativa para mejorar la calidad de la educación sigue siendo el docente.
1.3.4. Tipos de formación que debe tener un profesional de la educación. Las personas que se forman para ser docentes en el camino de su profesionalización debe poseer un conjunto de dominios y actitudes para ejercer la docencia. En las universidades del país reciben conocimientos generales de pedagogía, didáctica, evaluación, filosofía y otras áreas lo que quizá no son suficientes para desempeñar acertadamente su función.
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En un estudio publicado por la Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe (OREALC), en relación a la formación de los docentes en algunos países, menciona que la mayoría de las instituciones formadoras de docentes de los Estados Unidos de Norteamérica (Villegas-Reimers, 2002), se encuentra implementando programas que incluyen los elementos listados a continuación:
Conocimiento pedagógico general: experticia en el manejo de entornos de aprendizaje y estrategias de instrucción, organización del aula, conocimiento de los discentes y de la forma como aprenden.
Conocimiento de las materias de estudio: dominio del contenido científico.
Conocimiento del contenido pedagógico: cómo enseñar determinada asignatura, estrategias de enseñanza-aprendizaje, currículo y materiales curriculares.
Conocimiento del contexto del estudiante: involucrar a las familias en el diario quehacer de la escuela.
Capacidad para implementar un amplio abanico de estrategias que permitan salvar la brecha entre la teoría y la práctica.
Evaluación externa de las competencias del futuro docente.
Capacitación sostenida en áreas en que se hayan detectado debilidades.
Conocimientos de estrategias, técnicas y herramientas diseñadas para crear y sustentar una sociedad del conocimiento.
Conocimientos, destrezas y la predisposición a trabajar con niños de diversas procedencias culturales, lingüísticas y sociales.
Conocimientos y actitudes que apoyan la justicia política y social como realidades sociales y convierten a los maestros en importantes agentes del cambio social.
Conocimientos y destrezas para aplicar la tecnología al currículo.
Desde inicios de los ochenta en Estados Unidos la capacitación docente ha sido reemplazada por el desarrollo profesional docente, reconociéndose a la docencia como una profesión. En algunos estados exigen el título de Magíster para obtener la licencia completa de ejercicio de la docencia.
Majós (2002) menciona que en España la formación profesional capacita a los docentes para:
Mantener los referentes de identidad social y cultural en un marco intercultural dentro de un mundo globalizado inmerso en la sociedad de la información y la comunicación, para lo cual los docentes deben prepararse en el dominio de recursos
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de información y participación social y cultural siendo imprescindible el acceso a internet y el desarrollo de habilidades sociales, cognitivas y lingüísticas que les permitan adaptarse críticamente a los cambios. Además de una sólida formación en valores de carácter ético y moral, que contribuyan a una distribución justa de la riqueza, a la igualdad de oportunidades de acceso a la cultura, la información, la salud, la educación y el trabajo.
Ser reflexivos y críticos, capaces de tomar decisiones educativas que respondan a las situaciones cotidianas del quehacer educativo.
Trabajar en equipo conjuntamente con los demás docentes, tutores y profesores especialistas y con otros profesionales y agentes sociales que buscan el desarrollo del estudiantado.
Dominio de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que permite al docente implicarse en un contexto de práctica profesional más allá de su centro escolar, participando en debates, foros y creaciones de entornos virtuales de aprendizaje que propicien el aprender a aprender. Los docentes deben desarrollar criterios de búsqueda de información en la web 2.0, así como la capacidad para discernir entre lo realmente relevante y la información banal.
Prepararles para el dominio de formas estratégicas de organización, mediante el trabajo en equipo para el logro de los objetivos institucionales y la evaluación de los logros alcanzados.
La búsqueda consciente de la mejora mediante el logro de estándares educativos.
Ball & Cohen (1999, en Marcelo 2001) plantean cuatro tipos de conocimiento que los profesores deberían tener:
Comprender a profundidad el contenido que enseñan y la forma como este se conecta con la vida cotidiana para resolver problemas.
Conocer al estudiantado, cómo son, qué les interesa.
Conocer al estudiantado desde su cosmovisión, lo que piensan, su lenguaje, clase social, su familia.
Conocer sobre didáctica, modelos de enseñanza y manejo de aula.
En Inglaterra Moon (2002) manifiesta que en el año 2002, el gobierno laboralista impulsó una consulta nacional sobre el tema Professional Development: support for teachers and learning (Desarrollo Profesional: apoyo a los docentes y al aprendizaje), en donde se proponen diez principios como fundamento de una política nacional de desarrollo profesional docente:
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que los maestros eficientes se empoderen de su desarrollo profesional, clasificándolo como de alta prioridad.
Que el desarrollo profesional se concentre en elevar los estándares en el aula, desarrollando estrategias para mejorar el aprendizaje de los alumnos y el surgimiento de destrezas profesionales más amplias como trabajar con otros docentes o profesionales vinculados con la educación más allá de las fronteras del centro escolar;
que se facilite a los docentes una amplia gama de oportunidades de desarrollo para satisfacer las distintas necesidades de formación;
que exista igualdad de oportunidades para el desarrollo profesional;
que los docentes aprendan en el aula, trabajando conjuntamente con expertos;
buscar mejores formas para optimizar el tiempo y los recursos disponibles para el desarrollo profesional;
las TIC deben tener un papel preponderante en el acceso a oportunidades de autoaprendizaje;
el desarrollo profesional debe tener una alta calidad, siendo los docentes quienes deben discernir entre la formación de excelencia de la que no lo es;
el desarrollo profesional debe partir de una buena planificación y evaluación de necesidades de formación;
socializar el conocimiento tácito y explícito, para lo cual la web 2.0 se convierte en una excelente herramienta.
En Israel, Ganiel (2002) expone que el perfil del docente con formación universitaria debe manifestarse en tres aspectos de su formación que son:
Formación de un docente profesional autónomo y reflexivo a lo largo de su vida profesional. Un docente que trasciende de la sociedad de la información a la del conocimiento, desarrollando un estudiante autónomo e independiente en su aprendizaje.
Formación de un docente experto profesional, que domina su campo profesional y sus materias correlacionadas, capacitado para profundizar en determinados conocimientos y actualizarse en ellos a lo largo de su vida profesional, competente en sistemas y métodos de evaluación.
Un docente consciente de la diversidad de estudiantes, preparado para responder a cada una de las diferencias individuales que surgen en el proceso de enseñanza – aprendizaje.
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Como síntesis de los tipos de formación que debe tener un profesional en educación, se deduce que:
Los docentes deben habituarse al uso de las TIC’s, a fin de acceder a información de calidad que contribuya a mejorar su práctica profesional.
La preparación para trabajar en equipo para el logro de los objetivos organizacionales y como forma de combatir el aislamiento profesional.
Aceptar el asesoramiento de expertos trabajando conjuntamente con los docentes dentro del aula de clases.
Tener un sólido dominio del área que imparte y de las asignaturas conexas.
Estar consciente de la necesidad de actualizarse permanentemente.