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El MST y la educación

2. La Formación Política

La formación política229 fue desde los inicios una de las acciones pe-

dagógicas encaradas por el movimiento (Morissawa, op. cit.), como for- ma de ampliar los horizontes de la conciencia meramente reivindica- tiva. Con el avance del movimiento se constituyó el Sector Formación como un colectivo de trabajo encargado de dar coherencia a la tarea planteada desde el comienzo.

Fue desarrollándose en consonancia con las líneas estratégicas de- finidas en las diferentes etapas de la experiencia organizativa, en ese paso de una organización local y regional a otra con fuerte protago- nismo en el plano nacional e internacional dentro de la Vía Campesi- na. Así, de acciones encaradas junto a organizaciones con las cuales compartían objetivos, pasaron a desarrollar espacios propios desde los cuales articulaban con otras organizaciones, hasta llegar a la etapa actual en la que se crea una escuela nacional abierta a las articulacio- nes con movimientos campesinos latinoamericanos y mundiales. Ten- dencias complementarias en tres sentidos: el crecimiento cuantitativo y cualitativo de las acciones pedagógicas, el aumento de la autonomía y la profundización de articulaciones en pos de un proyecto popular que va más allá de las fronteras de Brasil.

Decíamos que en los primeros tiempos realizaron cursos de forma- ción política junto con la Iglesia progresista (Gasparin, 2007), con or- ganizaciones de Educación Popular y con la Central Única dos Trabal- hadores (CUT) (Pizetta, 2007) denominadas, estas últimas “escuelas sindicales” (Morissawa, op. cit).230 En ellos se priorizaba, tanto la for-

mación sindical, como la formación de líderes de base de los primeros campamentos y asentamientos.

En el período marcado por el 2º congreso realizado en 1990 –cuando el MST hizo ese repliegue que les permitió fortalecerse internamen- te– cuya consigna era “ocupar resistir y producir”, se encaró la tarea de formación para multiplicar el número de militantes (Gasparin, op cit.). Si bien ampliaron sus articulaciones con otras organizaciones nacionales, latinoamericanas e internacionales, desde ese momen- to encararon la formación política con autonomía, de modo que la experiencia del Movimiento fuera el punto de partida de la reflexión, asumiendo “sus contradicciones, desafíos y posibilidades” (Pizetta, op. cit). En 1990, se creó una escuela nacional de formación en Caçador, Santa Catarina, para llevar adelante esta tarea. (Morissawa, op. cit.).

El 3º congreso en 1995 que, recordemos, tenía como consigna “refor- ma agraria una lucha de todos”, marcó un momento de mayor aper- tura hacia otros movimientos de Brasil con una formación desde la perspectiva de clase (Gasparin, op. cit.).

A partir de 1998 empezó a madurar la idea de una escuela que per- mitiera cubrir la formación de más militantes propios231 y de otros

movimientos con una formación de más alto nivel, una institución de nivel universitario. En 2005 finalmente se inaugura la Escuela Nacio- nal Florestan Fernandes en Guararema, estado de Sao Paulo, como espacio de formación superior dentro del movimiento. Coordinados por esta forma institucional, se desarrollan carreras de grado y post grado universitario en diversos campos del conocimiento (por conve- nio con Universidades Nacionales) y actividades de formación política “sistemáticas” de más alto nivel.

Un artículo de Pizetta, miembro del Colectivo de Coordinación Pedagó- gica de la Escuela Florestan Fernandes y de la Coordinación del Sector de Formación Nacional del Movimiento, nos acerca a las prácticas y sen- tidos de la formación política del MST y al papel que desempeña en este momento esa escuela. En efecto, el movimiento concibe a la formación como comprensiva de los procesos que se dan en las diferentes ins- tancias de la praxis del movimiento, en cuanto apuntan al crecimiento de la conciencia, pero consideran que es preciso ir más allá de lo tácti- co inmediato y ello a través de la “formación sistemática” de “cuadros” que abarcan desde los campamentos y asentamientos hasta la dirección nacional. La formación política debe orientarse hacia el aumento de la “unidad política e ideológica”, “el desarrollo de la conciencia política-or- ganizativa” y “la superación de los desafíos impuestos por la realidad” (Pizetta, op. cit: 242). Para ello, es necesaria la planificación y la coor- dinación de las actividades, una de las tareas asumidas por la escuela. La noción de praxis les permite recuperan la concepción de forma- ción en todos los tiempos y espacios en su íntima vinculación con la práctica social y política. Sobre esta cuestión nos detendremos, por- que en ella radica una de nuestras preocupaciones centrales, la vin- culación entre saberes de diversos orígenes. En efecto, reconocen la relevancia del crecimiento en el conocimiento desde lo cotidiano, pero también sus límites. En el día a día se desarrollan

las habilidades necesarias para una actuación crítica, coherente y uni- taria. Ese entendimiento no descarta, por el contrario, requiere cada vez más el esfuerzo y la dedicación al estudio sistemático y profundizado,

principalmente de la filosofía, de la economía política, de la historia y de

la realidad en que estamos actuando. Aquí entra la Escuela Nacional Flo- restan Fernandes, como espacio de articulación y planeamiento de esas acciones formativas (ibidem.: 243, traducción nuestra).

Esta manera de concebir la formación sistemática no se aparta, an- tes bien, subraya esa noción de praxis. Entienden que esa “formación de la conciencia” se da en

un proceso infinito y permanente de reflexión sobre la práctica, y en la

práctica, busca apropiarse de los conocimientos ya producidos social- mente y envuelve la permanente producción y socialización de los nuevos conocimientos que van siendo generados gracias a las vivencias de la rea- lidad concreta, o, mejor aún, de los nuevos conocimientos que brotan de las contradicciones de esa realidad; conocimientos que derivan de la con- frontación de ideas, de éstas con la realidad y de la realidad con las ideas. Proceso de producción y reproducción del conocimiento de la realidad que asumió el compromiso de desear descifrarla, no sólo para comprenderla, sino con la intención de transformarla (ibidem: 243, traducción nuestra).

La teoría, por cierto, no reemplaza a las acciones concretas de “la cla- se trabajadora” en la “lucha de clases”, pero esas luchas la necesitan como el soporte “que les indique las tendencias, las posibilidades, las direcciones” (ibidem.:249, traducción nuestra) y que les permita tanto desarrollar todas sus potencialidades como evitar que desfallezcan. Es necesario interpretar la realidad para cambiarla, dice Pizetta recor- dando a Florestan Fernandes.

Vemos así que la formación política sistemática concebida por el MST no reniega del conocimiento de origen académico ni propone su apro- piación desvinculada de la acción transformadora. Enlaza la práctica social con la teoría en relación con el proyecto político y los objetivos estratégicos del MST y otras organizaciones de la clase. La formación sistemática busca contribuir a la interpretación adecuada de la rea- lidad que permita el logro de los objetivos de corto, mediano y largo plazo, pero lo hace desde la perspectiva estratégica y no limitada a lo inmediato.

Los procesos de formación deberían, según expone ese militante, con- tribuir al conocimiento “de la formación, los fundamentos y las con- tradicciones del capitalismo y del imperialismo en su fase actual”232;

atravesada por la historia, tanto “de la formación económica, política, cultural y religiosa de nuestro pueblo”, como en sus “tendencias socia- les, económicas y políticas” (ibidem: 244, traducción nuestra).

Esa formación debe también contribuir a conformar el “instrumento político de la clase trabajadora que asuma la tarea de dirigir el proceso de la revolución brasileña”, un “instrumento revolucionario que asu- ma la función de organización, de formación, de movilización y de di- rección del proceso”. En este sentido, la formación política tiene tam- bién un papel relevante en la “evaluación de las alianzas” que superen “las concepciones corporativistas” (ibidem: 245, traducción nuestra).

Para ello, además, es preciso que avance en la reflexión y desarrollo de lo metodológico de la “pedagogía de masas”, en relación con el “trabajo de base”, la “organización y dirección”, la “formación per- manente de militantes y de dirigentes de los diferentes movimientos

sociales”, “las formas de comunicación con la base y con la masa” (ibidem: 245). Y que aporte también a la creación de una cultura para “la nueva sociedad socialista” dentro del horizonte emancipatorio de los sujetos, de forma que asuman su lugar histórico con el desarrollo de su creatividad e imaginación. En suma

esos procesos deben contribuir a la formación de revolucionarios, sujetos con elevado nivel de conocimientos especializados y de cultura humanís- tica. Sujetos dotados de capacidad teórica y práctica para interpretar la realidad y, a partir de ella, de forma colectiva, desarrollar la praxis trans- formadora de las condiciones objetivas y subjetivas. El dominio teórico (marxismo) debe tornarse una llave de apertura de las puertas por donde ha de pasar la praxis revolucionaria de la cual debemos tornarnos porta- dores (ibidem: 246, traducción nuestra).

2.1 La Escuela Nacional Florestan Fernandes

Esta escuela tiene entonces como propósito:

pensar, programar, planificar, organizar y desarrollar la formación polí- tica e ideológica de los militantes y dirigentes del conjunto del MST. Ella pasa a ser un (no el) espacio de articulación de las innumerables iniciati- vas y experiencias que están en curso en los estados y articuladas por los diferentes sectores de actividades en el MST, en el sentido de buscar una

mayor unidad y cualificar esa praxis. Por tanto, debe primar el estudio científico, y reflexión de la práctica política y organizativa de los miembros

y de la organización, y contribuir en la elaboración de tácticas y estrate- gias de acción en las diferentes áreas (ibidem:246, traducción nuestra).

Una escuela que, frente al avance del neoliberalismo y el imperialis- mo, procura también “fortalecer los lazos de unidad, de solidaridad y de articulación de los pueblos de nuestros países, afectados por esas políticas” (ibidem: 246, traducción nuestra), creando un lugar de for- mación y de encuentro de sus cuadros. En este marco la escuela, no se limita a su espacio sino que puede desenvolverse en distintos lu- gares en asociación con diversas organizaciones educativas, siempre enraizada en la acción de las organizaciones

los espacios-momentos de cursos, seminarios, encuentros (estudios cien-

tíficos de la teoría de la revolución, de la realidad, de la metodología del trabajo popular, de la historia, de la filosofía, de la economía, etc), necesa- riamente deben estar vinculados con los problemas orgánicos, pegado con el momento histórico que estamos viviendo, donde el proceso de la praxis sea un permanente hacer y pensar de todos los dirigentes y militantes (ibidem, 247, traducción nuestra).

Adopta para ello el método de análisis el materialismo dialéctico y el materialismo histórico que permite develar los aspectos ocultos de la

realidad y arribar al conocimiento de sus contradicciones. La escuela tiene además otros objetivos, tales como:

a) establecer lazos con instituciones de nivel superior y otras, espe- cialmente de Latinoamérica, con la forma de actividades realizadas en asociación (parceria).233 Estas asociaciones están enmarcadas en la

afirmación de la autonomía de la escuela con relación a instituciones públicas y privadas, lo que implica que se sostiene con contribuciones de los que estudian (entre los que se encuentra el trabajo cotidiano para la subsistencia), en convenios con diversos organismos, en diver- sos aportes solidarios234 y en el trabajo voluntario de muchos de sus

docentes. Decíamos que en la escuela se dan también carreras de gra- do y de postgrado en asociación con Universidades Públicas naciona- les y latinoamericanas, quienes certifican los estudios y con quienes el MST acuerda los lineamientos fundamentales. En este momento, la formación universitaria en Educación se desarrolla en el marco de esta escuela, aunque no se dicte necesariamente en su sede.235

b) buscar “soluciones a los desafíos de la organización”, es decir, que la escuela se concibe como dinámica, en tanto procura responder a necesidades cambiantes, pero sin perder el “rigor científico” ni su compromiso con las líneas políticas de la organización;

c) “desarrollar análisis profundos de la realidad” para potenciar las luchas con vistas a la transformación de la sociedad;

d) “hacer el registro y memoria de las luchas por la reforma agraria, de las luchas de los pueblos del mundo, en especial de América Lati- na…” (ibidem: 248, traducción nuestra);

e) realizar actividades “de intercambio de experiencias, estudios y definiciones comunes, entre los diferentes movimientos y centros de educación popular que actúan en el continente latinoamericano”, en relación con “las diferentes teorías pedagógicas, las diferentes concep- ciones de formación” que sustentan las experiencias de formación y que, enriquecidas por las particularidades de cada una, vayan conflu- yendo en una perspectiva compartida para la “formación integral de los militantes y dirigentes” (ibidem: 249, traducción nuestra).

Se trata, además, de una escuela del MST y que, como todas ellas, se basa en la gestión democrática compartida por todos sus prota- gonistas y en la autoorganización de los estudiantes –tanto para la discusión de los contenidos y de toda la vida de la escuela, como para llevar adelante las actividades que tienen que ver con esa vida, des- de la limpieza hasta la cultura. Procesos educativos también, en tan- to implican salir de lo individual para encarar lo colectivo y poner en juego otro principio del MST, el respeto por las diferencias que es “fundamental para construir una propuesta de transformación” (Ma-

ria Gorete, op. cit). También, al igual que muchas de las escuelas de nivel medio del Movimiento, organizan los tiempos dentro del régimen de alternancia que, además de ser una forma de facilitación del acceso a la escolarización de la población rural en un territorio tan extenso, posibilita la permanente vinculación, tanto entre la teoría y la prácti- ca, como entre los estudiantes con su comunidad.