El MST y la educación
1. La importancia de la educación para el MST
Entendemos que la novedad no es el valor fundamental de la pro- puesta educativa del MST, si se lo mira desde sus componentes ais- lados. Lo nuevo del MST radica en la singular forma en que sintetiza en su praxis, tanto en la organización de las experiencias educativas, como en la forma que enlaza los conocimientos de diversos orígenes con su práctica, los valores que sustenta y el proyecto político que construye. En este proceso se apropia de la experiencia de luchas po- pulares y de la pedagogía contestataria. Precisamente, se conciben dentro de la historicidad como herederos de anteriores luchadores y generadores de nuevas construcciones culturales como expresión de la conciencia de clase. De esta forma lo expresa Caldart (2000), miem- bro destacada del colectivo nacional de educación:
un movimiento social que se traduce en cultura, en esta concepción, sig-
nifica un movimiento social enraizado, tanto en el sentido de que sus raíces pueden ser encontradas en la propia memoria histórica del pueblo que representa o del que forma parte, como en el sentido de que deja raíces para la continuidad histórica que van más allá de sí mismo, o de luchas inmediatas que caracterizan su actuación en una determinada coyuntura política. Se trata de la herencia que trae y que también puede dejar, o no, para las nuevas generaciones de luchadores sociales, lo que
quiere decir un lugar menos o más significativo en la historia o en la me- moria de su pueblo (pags. 29-30, cursiva en el original).
Una conciencia atravesada por la historia de las luchas populares que va consolidándose en formas culturales propias que conforman la herencia para las siguientes generaciones. El estudio, para la apro- piación de la historia en la que se basan gran parte de sus decisiones, y la generación de formas culturales a transmitir, son ejes del sentido pedagógico del Movimiento Sin Tierra.
Entendemos, entonces, que la construcción de la noción, de las ex- periencias y de la intencionalidad educativas, no pueden pensarse sino enlazada con la construcción de este movimiento historizado y territorializado. En los momentos dialécticos de esa construcción fue- ron imbricándose la identificación de necesidades, las prácticas, la reflexión sobre esas prácticas, el estudio de otras experiencias y de la
producción de origen académico, los acuerdos y las decisiones orien- tados también por objetivos estratégicos, por valores compartidos y por los principios que fueron construyendo.
Nos aproximamos así a diversas categorías conceptuales y prácticas (tales como formación, conciencia, educación, pedagogía) que pue- den ser englobadas dentro de una noción abarcativa de educación, tal como lo fue concibiendo el mismo Movimiento (Frei Sergio y Stedile, op. cit; Caldart, 2000). Una noción de educación que presupone, tanto la “formación integral” en el marco de la búsqueda de la “emancipa- ción” y de la contribución a la formación de un hombre y una mujer nuevos,222 como la conquista efectiva del “derecho” al conocimiento
para la “derrota de la ignorancia”.223 Pero no se trata de una propues-
ta limitada al movimiento, sino que es también una propuesta para la población rural y urbana224 y para la sociedad brasileña225 (Stedile
y Fernandes, op. cit; Caldart, op. cit.). Así lo entendían Frei Sergio y Stedile (op. cit.) ya en 1993:
Hay una conciencia creciente, en el MST, de la importancia estratégica de la educación en la lucha por la reforma agraria, en la viabilidad de los asentamientos, en la construcción de nuevas formas de convivencia, en la capacitación para ejercer los derechos del ciudadano y participar de- mocráticamente en la vida política del país y en la lucha por un hombre nuevo y una sociedad, democrática y socialista (pags: 50-51).
A partir de las diversas producciones escritas y de nuestro trabajo de campo, podemos identificar prácticas y reflexiones sobre la edu- cación que pueden agruparse en cuatro expresiones de la práctica del movimiento226:
• Los procesos organizativos que intervienen, tanto en la construcción de la dimensión cultural de la organización, como en la producción de subjetividades. Tal como describimos en el capítulo anterior, la propia vida dentro de la organización es entendida como un proceso pedagógico y en ella cobran singular relevancia las diversas expre- siones de la lucha, las instancias de toma de decisiones, la forma de organización de la producción y de la reproducción materiales y simbólicas. En estos procesos que son praxis, en los que se produce conocimiento y se apropia el que va consolidándose, toma lugar una de las expresiones de lo que consideran un valor, el estudio. Inmerso en la práctica económica, social, política y cultural los Sin Tierra, consideran que es imprescindible enriquecer la toma de decisiones con el conocimiento proveniente de diversas fuentes: producciones escritas de origen académico, asesoramiento de diversos intelectua- les, experiencias que los protagonistas de diversas organizaciones pueden transmitir.
• La formación para tareas específicas vinculadas con la producción o la reproducción de la vida dentro del movimiento.227
• La formación política orientada a ampliar los horizontes de la com- prensión de la realidad y fortalecer la acción del movimiento. • La educación escolar para la formación sistemática de niños, jóve-
nes y adultos y que abarca desde el nivel inicial hasta el postgrado universitario.
La educación no se limita a la escuela, ni los educadores son tan sólo los maestros. Es el mismo Movimiento quien interviene decididamente sobre la constitución de sus sujetos:
Entendiendo a la educación en un sentido más amplio, relacionando los
procesos de formación humana, podemos afirmar que educadores y for- madores en el MST son todos los que hacen la lucha por la tierra y por la Reforma Agraria, en sus más diversas dimensiones, en la perspectiva de la formación de la persona humana (histórica) y de la formación de conciencia de clase (...)
Y aún más, creyendo que la existencia social concreta del ser humano es el objeto fundamental de la formación de su conciencia (de persona, de
clase, de mundo), podemos también afirmar que, al final de cuentas, es
el MST, en cuanto movimiento de lucha social y en cuanto organización política de los trabajadores y de las trabajadoras sin tierra, el gran Edu- cador/Formador de quien en él participa o con él se involucra. De ahí se construye toda la riqueza pedagógica que se desdobla en diferentes situa- ciones formativas (Caldart, 1997: 15-16).
Tomaremos a continuación las acciones relacionadas con la forma- ción política y con la educación escolar. Cabe hacer algunas aclaracio- nes. La construcción de los sectores del movimiento fue respondiendo a la necesidad de crear colectivos, desde los asentamientos y cam- pamentos hasta la conducción nacional, que fueran responsables de acompañar diversos procesos de la organización. Fue así que se con- formaron diversos sectores como el de Producción, Formación, Edu- cación y el Frente de Masas que siguieron el desarrollo de su tarea fundamental. Los procesos educativos, en sentido amplio, fueron de- sarrollados por todos esos sectores, aunque designándolos con diver- sas categorías (capacitación, formación, educación, concientización). La misma dinámica organizativa condujo a la constitución de escue- las, tales como el Instituto Técnico de Capacitación y Pesquisa da Re- forma Agraria (ITERRA) y la Escuela Nacional Florestan Fernandes, en las que estos sectores confluyeron. Para llegar a estas experiencias de formación sistemática de técnicos y de cuadros, partiremos de la conformación de los sectores Formación y Educación.228