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FORMACION DEL SECTOR UNIVERSITARIO PRIVADO.

SEGUNDA PARTE EXPERIENCIAS REGIONALES

II. FORMACION DEL SECTOR UNIVERSITARIO PRIVADO.

Una extraordinaria expansión cuantitativa ha sido la característica más sobresaliente de la educación superior dominicana durante la segunda mitad del presente siglo, manifestada en la matrícula, la oferta curricular y el número de instituciones.

El fenómeno universitario dominicano es llamativo por la magnitud y rapidez de su formación y, además, por la extraordinaria participación del sector privado en su configuración durante los últimos treinta años. En 1986, solamente siete países de la región contaban con más universidades que República Dominicana, y únicamente seis tenían más privadas. En ninguno de ellos, la relación de instituciones privadas vs. públicas era tan favorable a las primeras.

El ordenamiento jurídico de la educación superior privada fue establecido por las leyes 273 y 236 de 1966 y 1967. Esa legislación determina que el “respeto al orden público” es, teóricamente, la única limitación para la fundación de instituciones privadas de educación superior. La existencia de una libertad de tal amplitud puede explicar, de alguna forma, la extraordinaria expansión del sector privado educativo en la República Dominicana. La primera universidad privada fue fundada en 1962; en la misma década surgieron otras 2. Durante la siguiente fueron abiertas 9; y en la de los ochenta 13 y 4 Institutos de Estudios Superiores.

El Poder Ejecutivo dictó el Decreto 1255, en 1983, estableciendo el “Reglamento para la Educación Superior Privada”, con requisitos nuevos y más limitativos, pero ya no se podía regular adecuadamente el crecimiento de la educación superior privada por lo

contrarrestar, en lo sucesivo y posible, la práctica vigente de crear entidades sin criterios institucionalizados de orden educativo, con fuertes implicaciones socioeconómicas.

La matrícula del sector público creció más aceleradamente que la del privado en una primera etapa, hasta la mitad de los ochenta. La participación del sector privado fue más lenta, y al principio, se produjo por la vía de la multiplicación de las instituciones. Pero a finales de los años 70, la matrícula privada suponía el 49,1 de la total. Posteriormente, la población estudiantil de la universidad oficial comenzó a descender y fue superada por el sector privado como conglomerado. Actualmente, más de alguna universidad privada se acerca al número de estudiantes que tiene la universidad estatal.

La expansión y desarrollo de la oferta curricular está mal documentada. Algunos estudios han señalado que en 1960 la universidad estatal ofrecía 17 programas y 99 en 1989. La participación del sector privado en la oferta curricular aparenta ser muy fuerte, superior al medio millar. Sin embargo, tomando con reservas la información disponible, se podría aventurar la hipótesis de que sea oferta encierra una doble repetición. Por un lado, existen programas de prácticamente idéntico contenido pero con un nombre diferente. Por otro, muchos programas de nivel técnico son verdaderamente la primera parte de una misma licenciatura. Una realidad semejante se da en las menciones, diseñadas a base de un tronco curricular común y salidas terminales, pero sin marcadas diferencias entre sí.

Los Institutos de Estudios Superiores son recientes en el sistema. No tienen ni matrícula ni oferta curricular significativas. La población en programas técnicos, según el Consejo Nacional de Educación Superior, ascendía, en 1989, a 23.814. De esa cantidad, solamente 921 estudiantes eran de los Institutos de Estudios Superiores. El resto parece estar ubicado en las universidades, en los programas de licenciatura con una primera parte técnica.

Para comprender el crecimiento de la educación superior privada es preciso relacionarlo con la corriente cultural que reafirmaba el valor e importancia de la educación para el progreso individual y social. Esa valoración, fue rápidamente apropiada por los grupos sociales recién incorporados a la clase media, y puede explicar el inusitado incremento de la educación superior dominicana, despojada de su tradicional carácter elitista al ser ofrecida por la universidad estatal a todos los sectores, con igualdad de oportunidades para ingresar.

Los efectos de esta corriente, que coincide con otros factores, demográficos, urbanósticos y económicos, se dejaron sentir en la universidad estatal, que de una matrícula de 5.000 en 1965, ascendió a 20.000 al inicio de la década de los 70, sobrepasando los 60.000 al final de la misma.

La ampliación de las oportunidades de acceso suponía disminuir o abolir la rigidez de las condiciones tradicionales de ingreso, pero, muy pronto, también significó garantizar facilidades de permanencia en las aulas independientemente del rendimiento académico. La politización de la Universidad Autónoma de Santo Domingo facilitaba esa versión de la democratización de la educación, situación común a otras macrouniversidades públicas de otros países de la región.

La universidad estatal se batió trágicamente, por mantener su bandera de la democratización, contra las penurias de un presupuesto insuficiente para manejar una población estudiantil superior a la disponibilidad resultante de los recursos entregados por el Gobierno central. Pero muchos jóvenes, sin el capital cultural adecuado para la educación superior, encontraban mejores ventajas en la universidad estatal, donde era bastante difícil aplicar controles al rendimiento estudiantil por incapacidad administrativa o por otras razones.

De esa forma, la masificación de la universidad estatal se convirtió en un descenso cualitativo en muchos de sus programas o niveles, adquiriendo a los ojos de ciertos grupos sociales la imagen de institución donde no convenía ingresar por la lentitud e irregularidades del calendario académico y por otros motivos sociales.

La situación de la universidad estatal, el fuerte credencialismo arraigado en la sociedad dominicana y otros factores contribuyeron a crear una plataforma de ventajas comparativas muy excelentes y propicias para la fundación de instituciones privadas de educación superior.

La primera institución privada fue la Universidad Católica Madre y Maestra, fun- dada en 1962 por la Iglesia con el fuerte apoyo de un grupo de empresarios, respondiendo a la corriente creadora de universidades católicas, vigente aún en América Latina.

Posteriormente, van surgiendo nuevas universidades como alternativas a la estatal y a la eclesiástica, para ser opción de aquellos jóvenes que no se identificaban con ambas posibilidades educativas o como resultado de la formación de nuevos grupos de patrocinadores interesados en disponer de relaciones importantes con una institución de educación superior.

Algunas de esas nuevas instituciones buscaban asegurar, de alguna forma, espacios académicos de excelencia dentro de la educación superior dominicana. Pero esas mismas no venían a impulsar la democratización de la educación superior, y muchos de los jóvenes, que ingresaron, al no reunir objetivamente las condiciones de formación, necesarias para realizar ellas los estudios superiores, desertaron al encontrar serias

universidades siempre fue controlada y mantenida en una población adecuada para una gestión ágil y productora de una imagen de eficiencia.

Sin embargo, la juventud dominicana aspiraba a contar con un título universitario como medio de su realización social. Esos jóvenes conformaron una demanda de educación superior significativa que fue atendida por otras instituciones, surgidas a lo largo de los años 70, ya en franca dimensión de mercado educativo, que, incluso, llegó a ser explotado como una zona franca de titulación profesional para extranjeros.

El sector privado de educación superior se había conformado bajo intereses y presiones diferentes y como resultado se fue concretando en una polarización de dos grandes grupos de instituciones. Las diferencias entre ambos coinciden con las del estudiando que recibe cada uno, sobre todo en el origen socioeconómico y educativo de nivel medio. Características que se ha ido afirmando con el transcurso del tiempo.

En otra dimensión, no enteramente desconectada de la anterior propiedad o nota, unas instituciones, pocas, cuentan con apoyo, a veces más social que económico, de un grupo patrocinador, más o menos amplio e indefinido en el entorno social, igual que su posible cuota de poder. Otras, por el contrario, obedecen al dominio de un criterio muy reducido de personas. En el caso de las que intentan identificarse con el modelo regional, comparten en su mayoría el mecenazgo religioso y empresarial de su comunidad. Ese respaldo formalizado, identificable socialmente, ha sido muy importante para el desarrollo de las instituciones que han sabido convivir con él.

Las diferencias en la oferta curricular, que presentan cada institución o grupo, es otro factor importante en la expansión, segmentación y diferenciación institucional del sector privado de la educación superior en República Dominicana.

Las instituciones elitistas centraron su oferta, aunque no exclusivamente, en las ingenierías, a veces, con diseños curriculares no tradicionales. Las otras, ofertaron carreras tradicionales, para el comercio y la burocracia gubernamental, principalmente dirigidas a áreas con amplia posibilidad de empleos y, en muchos casos, con varios niveles de puestos dentro de la profesión.

La oferta curricular también jerarquizó a las instituciones de acuerdo al prestigio social de las profesiones. La medicina fue un caso especial dentro de la oferta curricular. Actualmente existen menos diferencias en la oferta curricular como tal, pero existen distancias considerables en la formación que puede obtener el estudiante, que obedecen a la calidad de la organización institucional, académica y curricular, pues en unas han sido objeto de constante preocupación y perfeccionamiento, y en otras de minimización y de no inversión.

Esta distinción en el diseño y operación de los modelos organizativos, vigentes en el sector privado de la educación superior dominicana, es uno de los aspectos más importantes en las discrepancias entre las instituciones y está íntimamente vinculado a la apreciable libertad existente para abrir una universidad y en los objetivos presentes en tal empresa.