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LIDERAZGO Y CALIDAD EN EL SECTOR PRIVADO.

SEGUNDA PARTE EXPERIENCIAS REGIONALES

III. LIDERAZGO Y CALIDAD EN EL SECTOR PRIVADO.

Al analizar el desarrollo logrado por el sector privado de educación superior durante los últimos cuarenta años, puede ser considerado como muy significativo. Sin embargo, ese desarrollo es eminentemente cuantitativo. Su expansión vertiginosa y descontrolada por presiones e intereses, no permitió alcanzar metas de otro tipo.

La entera libertad jurídica para fundar instituciones no exigía, a las que surgían, reunir un mínimo de condiciones, que garantizaran un cierto nivel cualitativo en su operación. Además, la carencia de un Plan de Desarrollo Nacional y de una Política de Ciencia y Tecnología, que señalaran los parámetros de inserción de cooperación de la educación superior en la consecución de los objetivos globales del país, dejaba a las universidades en plena libertad de ofrecerse a sí mismas los objetivos y metas que considerasen más afortunados, pero sin ninguna obligación de ajustar sus acciones al desarrollo nacional en una forma organizada y planificada.

En esas circunstancias, la cultura nacional de las funciones de la educación superior se limitó a seguir ideas no muy específicas de la teoría del Capital Humano, de moda en el medio nacional, y la educación superior se relacionó paradójicamente con otros sectores sociales solamente de una manera indirecta y casual. Sin embargo, una fuerte conexión con ellos hubiera ayudado a las universidades a encontrar un proyecto de autodesarrollo más eficiente internamente y ajustado a las necesidades nacionales y a su rol social.

Anteriormente señalábamos que la reacción a la politización de la universidad pública había sido uno de los factores contribuyentes a la formación y crecimiento del sector privado. Algunos grupos, con peso específico en la vida nacional, apoyaron el surgimiento de algunas instituciones privadas para contar con servicios de educación superior adecuados a sus cálculos y conveniencias, sin ningún tipo de contaminación ideológica. Pero también con el nivel de calidad tecnocrática correspondiente a la categoría que esos grupos tenían en el mundo de la economía nacional.

aplicaron medidas especiales de exigencias académicas durante el proceso formativo. El factor del monto de la colegiatura, incosteable para la mayoría de la población, también funcionó como mecanismo de precontrol.

La población estudiantil, que no podía ingresar en esas instituciones, acudió a las otras, fundadas precisamente en función de la existencia de una demanda de educación superior y cuya disparidad básica con las primeras fue la carencia de mecanismos de control y sistemas organizativos desarrollados. Además, en estas últimas, no existía soporte de planificación en la configuración y desarrollo institucional. Las elitistas, que habían enfatizado la aplicación de controles, por su parte, habían utilizado la planificación más como instancia de organización que de evaluación de los resultados.

Durante ese tiempo, la sociedad nacional no solicitó evaluación de la educación superior, ni de la pública ni de la privada. Ni el Estado, ni la comunidad científica nacional y tampoco el mercado laboral, que podían tener expectativas sobre el funcionamiento de la educación superior, no establecieron exigencias a las universidades para que evaluaran los logros de sus actividades institucionales.

Sin embargo, en la medida que pasaban los primeros años de la década de los ochenta, varios sucesos fueron presionando para que la universidad dominicana examinara sus actividades y resultados.

Por una parte, la matrícula de la educación superior parecía que había llegado a un techo y comenzaba a estabilizarse sin perspectivas de crecimiento. Al ser los ingresos por concepto de la matrícula la fuente principal de los presupuestos institucionales, cuando se presentó esa situación, las medidas para atraer el estudiando, ahora limitado, a las propias instituciones, se tornaron más agresivas.

En esas circunstancias, desde el exterior se comenzó a poner en tela de juicio la calidad de algunas instituciones, sobre todo de aquellas, que tenían una población mayoritaria de estudiantes extranjeros en la carrera de medicina.

Otro factor, que se agregó y dejó sentir su presión extraordinaria, que la aparición de las primeras manifestaciones de la madurez de la crisis económica a la que se precipitaba el país.

Estos factores, juntos, fueron creando una situación con dos características funda- mentales íntimamente relacionadas. De un lado, se afirmó cierta velada competencia entre las instituciones. De otro, se instrumentó en algunas universidades una clara decisión de diferenciarse de otras instituciones, o grupo de ellas, consideradas de menor calidad.

empleador, estaban preocupadas por hacer que el sistema de educación superior lograra niveles cualitativos de forma progresiva. Sabían muy bien que las cuotas cualitativas, alcanzadas individualmente, no eran suficientes para que la educación superior privada desempeñara su correspondiente rol, y se hacía necesario llegar a que una mayoría se incorporara a un proyecto de calidad, al ritmo y con las metas, que la sociedad demandaba.

Varias de esas instituciones formaron, en 1981, la Asociación Dominicana de Rectores de Universidades, (ADRU).

La ADRU comenzó muy pronto a adquirir liderazgo en los diferentes sectores relacionados de alguna forma con la educación superior. La nueva asociación tenía preocupaciones fundamentales respecto a la situación universitaria de esos momentos. La ADRU percibía fuertes indicios de que la calidad de la educación superior se estaba deteriorando en algunas de las instituciones y eso, a juicio de los Rectores de la ADRU, venía en perjuicio de todas, fueran o no de la asociación. Por eso la ADRU consideró que la acción más urgente y trascendental era la de consolidar un nivel aceptable de calidad por los menos en un grupo considerable de universidades.

La fundación de la Asociación Dominicana para el Autoestudio y la Acreditación, ADAA, en 1985, concretó los esfuerzos de la ADRU para impulsar la calidad de las universidades dominicanas.

IV.

ASOCIACION DOMINICANA PARA EL AUTOESTUDIO Y LA