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Formalidad matemática y diversitatem económica

2.3. Anima sensitiva

2.3.3. Formalidad matemática y diversitatem económica

Intentando liberar las doctrinas de Gossen y Jevons de su herencia utilitarista390, el economics’ imperialism pretendió superar al mero esse

sentientis con Marshall y Hicks. Ante la imposibilidad de cuantificar la

utilidad391 optó por ordenar la realidad de un modo distinto. En adelante, la “utility es tomada como correlativa a desire o want (…) los desires no pueden ser medidos directamente, sino sólo indirectamente por el fenómeno externo al que dan origen: en aquellos casos con que la economía está principalmente interesada, la medida está en el precio que una persona está deseando pagar por la realización o satisfacción de su desire”392. Si bien Alfred Marshall, al inaugurar esta línea de pensamiento dentro del economics’ imperialism, no caracterizó suficientemente los wants, sí los refirió a útiles del esse sentientis: satisfacen fines relacionados con la conservación de la vida y con el cuidado de su fortaleza y vigor393.

Con un ejemplo, Marshall formuló el asunto que consideró propio de la economía: una primitiva ama de casa cuenta con una determinada cantidad de lana obtenida del esquileo anual de sus ovejas. Debe decidir entre destinarla a la confección de calcetines o sacos. La decisión está determinada por la utilidad394. Ésta, naturalmente, es marginalmente decreciente395. En consecuencia, cada incremento en la cantidad de unos o de otros disminuirá la utilidad del incrementado. De otra parte, en tanto la cantidad de lana es determinada o fija, sólo puede producir una pre-establecida cantidad de calcetines o sacos, de tal

389 “De acuerdo con la ley de la utilidad marginal decreciente, a medida que poseemos un mayor número de unidades de una cosa cualquiera, menor es el valor que atribuimos a unidades adicionales”. ROBBINS, L., op. cit., 183.

390 Cfr. SCHUMPETER, J., Historia del análisis económico, ed. cit., pp. 1146-1148. 391 Cfr. J

EVONS, W., op. cit., pp. 71-77; SLUTSKY, E., “Sobre la Teoría del Equilibrio del Consumidor”. Seguimos el artículo publicado en, STIGLER, G. J., y BOULDING K., Ensayo sobre la

teoría de los precios, Aguilar, Madrid, 1968, 24-53; HENDERSON, J.M., y QUANTD, R.E., op. cit., pp. 6-7.

392 M

ARSHALL, A., op. cit., p. 92.

393 Cfr. Ibid., pp. 67-69; S. Th.,I q. 97, a 3 co. 394 Cfr. M

ARSHALL, A., op. cit., pp. 117-118. 395 Cfr. Ibid., p. 93.

modo que un incremento en la cantidad de unos, únicamente puede obtenerse a costa de disminuir la cantidad de los otros. La primitiva ama de casa solucionará el problema produciendo una cantidad de calcetines y de sacos, en la que ningún incremento de utilidad derive de aumentar la producción de calcetines sacrificando sacos, o sacos sacrificando calcetines396. Es idéntica a las soluciones de Gossen y Jevons.

A continuación, el economista inglés pretende ponernos ante similar ama de

casa. La diferencia radica en que ésta ya no dispone de cierta cantidad de lana

para producir, sino de una suma fija de dinero para intercambiar397. Su problema es similar: decidir entre adquirir calcetines o sacos. La utilidad, naturalmente, sigue siendo marginalmente decreciente. La solución al problema de esta nueva

ama de casa, según Marshall, es idéntico al de la primitiva: comprará una

cantidad de calcetines y de sacos, en la que ningún incremento de utilidad pueda derivar de aumentar la adquisición de calcetines sacrificando sacos, o sacos sacrificando calcetines398. La solución, nuevamente, es similar a las de Gossen y Jevons.

En realidad, la dos amas de casa son radicalmente distintas a pesar de su aparente similitud: la primitiva o ruda se autoabastece, mientras la otra intercambia. Aquella es insuficiente para bastarse a sí misma. Se encuentra ante recursos escasos porque un solo hombre no es suficiente por sí mismo para

vivir399. La otra ama de casa, ciertamente no es primitiva. Actúa dentro del orden propio del homo agens: intercambiando, que es una manifestación de quien vence su individual insuficiencia uniéndose a otros, dado que est animal

politicum, vel sociale400. La nueva ama de casa intercambia porque debido a su

diversitatem causada por la diversidad sexual, el libre arbitrio o aún por el

mero-fatum se aplicó a aquello para lo que era más hábil. El resultado es que

progresa más en justicia y ciencia que los otros401. En igual situación se encuentra el otro con quien esta segunda ama de casa intercambia. De este modo se origina específica una situación bifrontal.

396 Cfr. Ibid., p. 118. 397 Cfr. Idem. 398 Cfr. Idem.

399 Cfr. Contra Gentiles, lib. 3, cap. 85, n. 11. Cfr. Contra Gentiles, lib. 3, cap. 128, n. 1; cap. 134, n. 2; Super Sent., lib. 4, d. 26, q. 1, a. 1 co.; De Veritate, q. 12, a. 3, arg. 11; De regno, lib. 1, cap. 1 co.

400 Cfr Contra Gentiles, lib. 3, cap. 85, n. 11. Cfr. Contra Gentiles, lib. 3, cap. 128 n. 1; lib. 3, cap. 134, n. 2; Super Sent., lib. 4, d. 26, q. 1, a. 1 s.c. 2; S. Th.,I-II, q. 72, a. 4 co; Sententia Ethic., lib. 9, l. 10, n. 7.

De una parte, cada quien abunda en aquello en lo que ha progresado por encima de sus congéneres. Tanto, que al exceder su propia delectación402 o medida natural, determinada por la virtus finita, compositionem organi o virtus

rei403, su efectiva remoción es deleitable404. De otra parte, la abundancia termina haciendo apetecer otras cosas405. ¿Cuáles? Tomás de Aquino no lo dijo pero una conclusión lógica nos remite a aquellas de las cuales se carece. Las mismas en que abunda el otro, que también se aplicó a aquello para lo que era más hábil, progresando en ello más que sus congéneres. Así pues, la situación final es que cada quien tiene abundancia de algo que otro necesita406: el intercambio da cuenta de que cada quien aumenta los bienes existentes407.

La primitiva o tosca ama de casa está frente a la escasez: si progresa aumentando su capacidad productiva; la virtus rei, determinando lo último que

la cosa puede408, convierte la abundancia en inútil. La nueva ama de casa, al contrario, se encuentra ante la abundancia causada por la diversitatem característica del homo agens. Mientras la primitiva accede a los limitados recursos que su individual insuficiencia le permite producir; la nueva adquiere la abundancia causada por la suficiencia del orden propio del homo agens: bienes cuyas cantidades aumentaron, disminuyendo, en consecuencia, sus utilidades marginales y sus precios, según los supuestos de Marshall. La

diversitatem característica del homo agens, alteró la virtus rei: la abundancia, de

inútil ha devenido altamente útil.

Lo que realmente buscaba Marshall era un instrumento que cuantificara la utilidad, no obstante la imposibilidad de hacerlo: “los desires no pueden ser

402 Cfr. Sententia Ethic., lib. 10, l. 8, n. 8. 403 Cfr. In De caelo, lib. 1 l. 25 n. 4. 404 Cfr. S. Th.,I-II, q. 32, a. 2 co. 405 Cfr. S. Th.,I-II, q. 33, a. 2 co.

406 Cfr. S. Th., II-II, q. 77, a. 1 co. Los juristas romanos, a quienes repitieron los doctores españoles, ya habían explicado el origen del intercambio: “Unusquisque secundum necessitatem temporum ac rerum utilibus inutilia permutabat, quando plerumque evenit, ut quod alteri superest alteri desit”. Digesto, XVIII, I, 1. Lo que no explicaron fueron las causas de la abundancia ni por qué vuelve inútiles a las cosas.

407 “El intercabio mercantil es productivo: incrementa la satisfacción de las necesidades humanas habida cuenta de los recursos disponibles. La civilización es tan compleja –y la actividad comercial tan productiva- precisamente porque, en un orden civilizado, los numerosos y subjetivos contextos personales difieren tanto entre sí. De manera aparentemente paradójica, la diversidad de fines individuales potencia –en mayor medida que la homogeneidad, la unifromidad y el comportamiento controlado- la posibilidad de satisfacer las humanas apetencias”. HAYEK, F. A., La fatal arrogancia, ed. cit., p. 157.

medidos (…), en aquellos casos con que la economía está principalmente interesada, la medida está en el precio”409. Sin embargo, la economía implica algo más radical. Entonces, Hicks realizó otro intento. Para el efecto entendió que, previa a la elección entre dos o más cosas útiles, éstas sólo se desean. Desearlas implica optar por una o combinarlas410. En cualquier caso, supuso que las mercancías tienen “utilidad marginal positiva”411, porque el consumidor “siempre desea más de ambos productos”412 dado que “is not satiated”413: la cosa carece de ultimo potentia potest. A la expresión matemática de cada posible combinación, resultante de los anteriores supuestos les llamó curvas de

indiferencia, mientras al conjunto de todas ellas mapa de indiferencia414. De las supuestas curvas de indiferencia derivó ciertas consecuencias: (a) cada curva de indiferencia o combinación posible, tiene mayor o menor utilidad según la mayor o menor cantidad que contengan de cada una de las cosas combinables415; (b) aumentar o disminuir el monto de una cualquiera de las cosas combinables, en cada una de las diversas curvas de indiferencia o combinaciones deseadas, implica una disminución o aumento correlativo en el monto de las otras cosas416. Esto sin duda, describe la situación de las amas de casa marshallianas antes de producir o intercambiar: desean calcetines y sacos, a partir de una cantidad fija de lana o de dinero. Como Marshall, Hicks pretendía lo que siempre ha querido establecer el economics’ imperialism: definir anticipadamente qué se elegirá417.

En el corpus tomista, la solución exige distinguir si entre la delectación de una y otra cosa existe gran diferencia en el exceso de deleite, o una de ellas

agrada poco, sosegada o débilmente418. En el primer caso, quien disfruta “omite

409 M

ARSHALL, A., op. cit., p. 92. 410 Cfr. HICKS, J. R., op. cit., p. 5. 411 Ibid., p. 6.

412 H

ENDERSON, J.M., y QUANTD, R.E., op. cit., p. 9. 413 KRUGMAN, P., y WELLS, R., op. cit., p. 258. 414 Cfr. H

ICKS, J. R., Valor y capital, ed. cit., pp. 5-7. “El lugar geométrico de todas las combinaciones de artículos que proporcionan al consumidor un mismo grado de satisfacción, es una curva de indiferencia. Un mapa de indiferencia es el conjunto de curvas de indiferencia correspondientes a distintos niveles de satisfacción”. HENDERSON, J.M., y QUANTD, R.E., op. cit., p. 11.

415 Si el paso de una combinación A a otra B aumenta el monto consumido de los combinables “debe corresponderle a B un nivel de utilidad más alto que a A”. HENDERSON, J.M., y QUANTD, R.E., op. cit., p. 11.

416 Cfr. HICKS, J. R., Valor y capital, ed. cit., p. 6. 417 Cfr. Ibid., p. 3.

totalmente la operación que le resulta menos deleitable. De ahí que cuando nos deleitamos vehementemente en algo, no podamos hacer ninguna otra cosa. En cambio cuando el deleite es poco, sosegado o débil aún podemos hacer otra cosa”419. Con esto no se dice que la apetencia de todo esse sentientis es idéntica. De una parte, los experimentos de los biólogos de la conducta ya confirmaron que “cada cosa tiene su propia delectación, así como su propia operación”420. De otra, es manifiesto “que distinta es la delectación equina, otra la del perro y otra la del hombre”421.

La respuesta de Hicks es idéntica a la del ama de casa marshalliana que intercambia: se comprará una combinación de cosas en la que ningún incremento de utilidad pueda derivarse de aumentar una, sacrificando las otras. La diferencia reside en que la formuló con términos matemáticos más sofisticados. Para el efecto expresó la suma fija de dinero disponible, como una función que relaciona las diversas cantidades de cosas combinables, adquiribles según los precios de mercado que suponía. Se le llamó línea LM o ecuación de

balance422. Al final demostró matemáticamente que la utilidad máxima se alcanza cuando la línea LM o ecuación de balance, es tangente a una de las diversas curvas de indiferencias o funciones que expresan las diversas combinaciones de bienes deseadas423: la relación entre las tasas de intercambio de mercado es idéntica a la relación entre sus tasas de sustitución para el consumidor. Esta explicación de la realidad económica, según su fuerte

analogía con la ciencia de la mecánica estática424, adolece de las mismas deficiencias de Marshall. También de otras adicionales.

En primer lugar, Hicks se concentró en las diversas curvas de indiferencia o

combinaciones de cosas deseadas por el consumidor, porque pretendía eliminar

419 “Totaliter omittit operari secundum operationem minus sibi delectabilem. Et inde est, quod quando vehementer delectamur in aliquo quocumque, nihil aliud possumus operari. Sed quando aliqua placent nobis quiete, idest remisse vel parum, possumus etiam quaedam alia facere”.

Sententia Ethic., lib. 10, l. 7, n. 8.

420 Sententia Ethic., lib. 10, l. 8, n. 8. 421 Sententia Ethic., lib. 10, l. 8, n. 9.

422 Cfr. HICKS, J. R., Valor y capital, ed. cit., pp. 9-10; HENDERSON, J.M., y QUANTD, R.E., op. cit., p. 16.

423 La utilidad sera máxima cuando “la línea LM toque (sea tangente) a una curva de indiferencia (diversas combinaciones preferidas). Pues si el consumidor se mueve en cualquier dirección a ambos lados del punto de tangencia se trasladará a una curva de indiferencia inferior (…). La tangencia de la línea de precios y una curva de indiferencia expresa, en términos de curvas de indiferencia, la proporción que existe entre utilidades marginales y precios”. HICKS, J. R., Valor y

capital, ed. cit., p. 10. Cfr. HENDERSON, J.M., y QUANTD, R.E., op. cit., pp. 16-17. 424 Cfr. J

del intercambio toda referencia a la utilidad marginal decreciente425. No obstante, la sustitución de una cosa por otra, dentro de cada curva de indiferencia es fatal426. Lo que no contó es qué causa distinta a la natural utilidad marginal decreciente causaría tal fatalidad. Sin ella resulta imposible explicarla. Ciertamente, la operación de las cosas, en este caso de los útiles de cada combinación o curva de indiferencia, ha de ser proporcionada según cierta medida a lo ultimo potentia potest, porque virtus humana sit finita427. Cuando las cosas no se ofrecen de una vez en tal proporción o medida sino sucesivamente, se desea disfrutar lo que falta mientras se deleita en lo poseído428. Siendo varias las cosas ofrecidas, la elección de cuál disfrutar dependerá de la que proporcione mayor diferencia en el exceso de deleite, o nos

agrade poco, sosegada o débilmente429.

Ahora bien, suponer que las mercancías se comportan como teniendo “utilidad marginal positiva”430, debido a que el consumidor “desea más de ambos productos”431 dado que “is not satiated”432, equivale a decir que las mercancías nunca alcanzan la proporción o medida que colma al esse sentientis: carecen de la ultimo potentia potest. Si la alcanzasen, fatalmente su eficiente

remoción deleita, porque fastidia, y es cuando el apetito desea otras cosas.

Entretanto, sin embargo, el consumidor disfruta de lo poseído de cada una. Al poseerlas en diverso quantum que aún no colma la potencia apetitiva, ciertamente puede resultarle indiferente colmarla con cualquiera de ellas, como en principio supone Hicks. Más, si la sustitución de una mercancía por otra es fatal, como lo supone Hicks, sólo hay dos razones para explicarlo.

La primera nos dice que el consumidor tiene menos colmada la medida del uno, y por eso resulta más deleitable colmarla con éste que con el otro: una de las cosas está más cerca de la ultimo potentia potest que la otra. La segunda explicación reside en que “la actividad más deleitable excluye a la otra, en tanto que si hay una gran diferencia en el exceso de deleite, se omite totalmente la

425 Podemos “saber las cantidades que comprará examinando el diagrama de sus curvas de indiferencia (diversas combinaciones preferidas), sin necesidad de tener ningún dato sobre la utilidad que deriva de las mercancías”. HICKS, J. R., Valor y capital, ed. cit., p. 9.

426 Cfr. S

CHUMANN, J., Fundamentos de la teoría microeconómica, Herder, Barcelona, 1980, 25- 26; BILAS, R., Teoría microeconómica, Alianza Universidad, Madrid, 1974, 92

427 Cfr. S. Th.,I-II q. 32, a. 1, ad 3. 428 Cfr. S. Th.,I-II, q. 33, a. 2 co. 429 Cfr. Sententia Ethic., lib. 10, l. 7, n. 8.

430 HICKS, J. R., op. cit., 6. Cfr. SCHUMANN, J., op. cit., 24. 431 H

ENDERSON, J.M., y QUANTD, R.E., op. cit., 9. 432 K

operación que le resulta menos deleitable”433: la exposición de la cosa preferida, aumenta su efecto deleitante en mayor cantidad que la otra u otras434. En conclusión, la natural utilidad marginal decreciente es la única explicación posible a la supuesta fatal sustituibilidad.

Ahora bien, sólo parece razonable suponer cierta fatal sustituibilidad entre útiles referidos a idéntica cualidad pasible: dos moléculas odoríferas o degustables pueden perfectamente comportarse como fatales sustitutas. Cuando afectan la distinta cualidad pasible no parece una suposición razonable: ¿qué similitud comparativa haría fatalmente indiferente o sustitutas, por ejemplo, una molécula sonora y otra degustable? Ello sólo podría explicarse porque quien elige ha sido previamente sometido a la sustitución de estímulos descubierta por Pavlov. Se le ha adiestrado o dispuesto para que, como el perro rechaza el ácido mortífero, la oveja huye del lobo depredador o el ave acopia pajas para el nido, apetezca o rechace una cosa que, le inmuta, así la inmutación no sea en sí misma lo que realmente le daña o hace bien. En tal caso no podría ni siquiera suponerse que específico y fatal adiestramiento garantiza una determinada elección, porque los experimentos de Skinner ya probaron que cada esse

sentientis “tiene su propia delectación, así como su propia operación”435.

Finalmente, como ya explicamos en el primer capítulo, suponer los precios de mercado impide la finalidad perseguida con la explicación, cual es predecir qué útiles se elegirán con la suma fija disponible. Esta suma fija, advertimos antes, ha sido obtenida porque su poseedor vendió bienes que produjo: “la compra es el fin de la venta”436. De este modo, aumentó el quantum de bienes intercambiables, disminuyendo su utilidad marginal y correlativamente sus precios. En consecuencia, las tasas o precios currens son distintos a los pasados, que se suponen invariables. De lo contrario, estaremos ante un omnisciente que anticipa cómo es afectada la utilidad marginal decreciente, por el aumento de la producción. El mismo Hicks reconoció que tal cosa era imposible: “en todo el estudio (…) casi siempre desdeñaremos la influencia que puedan tener sobre la oferta los cálculos hechos por vendedores respecto al efecto que produzcan sobre los precios las ventas que hagan ellos mismos. (Igual para la demanda) (…) es muy difícil tener en cuenta esta influencia salvo en los problemas más sencillos”437.

Sintetizando, el supuesto de la fatal sustituibilidad en la explicación matemática de Hicks, se acredita al fatum de la utilidad marginal decreciente y

433 Sententia Ethic., lib. 10, l. 7, n. 8. 434 Cfr. S. Th., I-II, q. 33, a. 2 co. 435 Sententia Ethic., lib. 10, l. 8, n. 8. 436 D

E SOTO, D., op. cit., p. 543. 437 H

con ello reaparece el problema de la medición de la utilidad; o se imputa a cierta disposición o adiestramiento individual del esse sentientis, eliminando su carácter cuantitativo y con ella la explicación matemática que sustenta. Por su parte, la suposición de los precios, repetimos, elimina toda la capacidad predictiva de la explicación. En palabras de Krugman y Wells, estamos ante una teoría que “no se parece mucho al modo como pensamos en nuestras decisiones de consumo. El propósito de esta teoría, sin embargo, es ayudar a que los economistas piensen sistemáticamente”438.

Mejor sería reconocer que estamos “construyendo una armazón en la que esperamos que con el tiempo puedan encajarse los hechos. Si los que conocen los hechos no pueden realizar este ajuste, lo sentiremos; pero nuestra doctrina conservará su valor lógico y, permítasenos añadir, pedagógico. Y como usted sabe, resulta muy bonita en gráficos y ecuaciones”439. Sin duda, la aspereza de Mises está justificada: las “ecuaciones formuladas por la economía matemática no pasan de ser inútil gimnasia mental”440. Así pues, las aserciones del

economics’ imperialism parten de supuesto que no pueden explicar: la

insaciabilidad, la fatal sustituibilidad y precios de mercado invariables ante el aumento de la oferta.

Existe, sin embargo, cierta evidencia experimental con ratas: “pueden pulsar un número limitado de veces por hora cualquiera de dos palancas. Una de ellas suministra pequeños vasos de agua; la otra bolitas de comida. Tras observar las elecciones de las ratas, se les cambia (…) el número de veces que tienen que pulsar cada palanca para obtener cada uno de los bienes. Lo cierto es que las ratas satisfacen la regla de la elección racional [de Hicks…]. If rats are rational,

can people be far behind?”441, se preguntan Krugman y Wells. La respuesta nos lleva al fondo del problema que abate al economics imperialism: el