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Origen de la abundancia

1.1. Especialización e intercambio

1.1.3. Origen de la abundancia

Los estudios jurídicos de los escolásticos sobre el intercambio, que terminaron en la economía, partieron de considerar, como antiguamente lo habían hecho los juristas romanos, que la abundancia simplemente existía: era un supuesto que no requería explicación. Adam Smith, el otro escritor a quien tradicionalmente se le atribuye la paternidad de la economía, estimó que esta ciencia tenía un principio más radical. Explicitarlo fue el objetivo inicial de su investigación: el primer capítulo de su tratado de economía explica la causa de

la universal opulencia que se extiende por sí misma hasta los estratos más bajos de la sociedad. Opulencia que permite a cualquiera “intercambiar una

gran cantidad de sus propios bienes por una gran cantidad, o, lo que viene a ser lo mismo, por el precio de una gran cantidad de los bienes de otros”114.

No hay certeza acerca de si el interés científico-económico de Adam Smith fue consecuencia de haber conocido la proto-economía escolástica115. Su importancia científica genera polémica. Algunos sostienen que no fue el fundador de la ciencia económica, porque esta ciencia ya existía desde los

escolásticos medievales. Que todo lo que originó fue erróneo, y que aún en una

época que no eran comunes las citas y notas a pié de página, Adam Smith fue un

plagiario desvergonzado116. Para otros, a pesar de que “la mayor parte de las intuiciones decisivas de las cuestiones técnicas que constituyen ahora el meollo de la teoría económica, los problemas del valor, de la distribución y del dinero, se habían alcanzado una generación anterior, y que ni siquiera apreció siempre plenamente la importancia de este trabajo previo (…) él fue con mucho el más grande de todos, no sólo por su influencia sino también por su perspicacia y clara percepción del problema central de la ciencia”117.

Cualquiera sea la posición sobre su obra y figura118, la tesis en que Adam Smith enraíza la economía es suficiente para tener un lugar destacado en la

114 S

MITH, A., op. cit., p. 16.

115 “Nunca reveló las huellas de sus predecesores”. Sin embargo, “el esqueleto del análisis smithiano procede de los escolásticos y de los filósofos del derecho natural”. SCHUMPETER, J.,

Historia del análisis económico, ed. cit., p. 224.

116 ROTHBARD, M., Historia del pensamiento económico, vol. I, ed. cit., p. 476. 117 H

AYEK, F. Obras completas, vol. III, Unión Editorial, Madrid, 1991, 119.

118 “Wealth of Nations es, de todos modos, una gran hazaña y merece perfectamente su éxito, pese a no contener ideas realmente nuevas”. SCHUMPETER, J., Historia del análisis económico, ed. cit., p. 227.

definición del objeto de esta ciencia119. La abundancia o universal opulencia, dice, es “efecto de la división del trabajo”120. Lo demuestra apelando al ejemplo de una factoría de alfileres en la que cada hombre hace una parte distinta del pequeño alfiler, de manera tal que la fabricación se divide en numerosos pasos. La consecuencia inmediata es que cada “individuo deviene más experto en su propia y peculiar actividad”121, aumentando su productividad y con ella la cantidad de bienes producidos122. El economista escocés concluye que de tal modo esta es la realidad social, que la “persona media de cualquier país civilizado no podría ser abastecida adecuadamente sin la asistencia y cooperación de muchos miles”123 de otras personas.

Smith consideró que la economía debía dar cuenta del principio que da

origen a la división del trabajo. La respuesta intentó proporcionarla en el

segundo capítulo de su tratado de economía: “es la consecuencia necesaria, aunque muy lenta y gradual, de certain propensity in human nature que no visualiza su utilidad expansiva: la propensión a trocar, canjear e intercambiar una cosa por otra”124. Es una propensión ciega e indeterminada porque, de una parte, lleva al hombre a intercambiar cosas sin visualizar el fin al que le conduce. De otra parte, no es que talentos diferentes lleven a los hombres a actuar diferentemente dirigiéndoles hacia específica actividad: la “diferencia de talentos naturales en los diferentes hombres es, en realidad, mucho menos de lo que creemos (…). Las diferencias entre los más diferentes caracteres, entre un filósofo y un común hombre de la calle, por ejemplo, muestran aparecer no tanto de la naturaleza, como de los hábitos, costumbres y educación”125.

Aquella ciega propensity in human nature permite al hombre adquirir “certeza de ser capaz de intercambiar todo remanente del producto de su trabajo, que supere y esté por encima de su propio consumo, por el producto del trabajo de otro hombre, en la cantidad que pueda hacerse”. De este modo “impele a todo hombre a aplicarse por si mismo a una particular ocupación y a cultivar y perfeccionar cualquier talento o genio que pudiera poseer”126. Esta explicación es contradictoria porque al principio sostiene que es poco el papel

119 Sobre la importancia de la división del trabajo para la ciencia de la economía y, en general, en las ciencias sociales, cfr. MISES, L., El socialismo, ed. cit., pp. 290-293, 297-303.

120 S

MITH, A., op. cit., p. 9. 121 Ibid., p. 16.

122 Cfr. Ibid., p. 11. 123 Ibid., p. 17.

124 “Certain propensity in human nature which has in view no such extensive utility; the propensity to truck, barter, and exchange one thing for another”. Ibid., p. 19.

125 Ibid., pp. 21-22. 126 Ibid., p. 21.

que juega, en la división del trabajo, la diferencia de talentos naturales en los

diferentes hombres. Después afirma que son precisamente los talentos y genio

de cada quien lo que lleva a cada hombre a ocuparse en una actividad específica. Con todo, esta no impide reconocer que Smith mostró cómo la abundancia, causante del intercambio, es consecuencia de la diversidad humana. Lo que no entendió es aquello en lo que consiste tal diversidad.

La contradicción de Smith acerca de cómo operaba el principio que da

ocasión a la división del trabajo, oscureció su principal aporte. Tanto que,

como veremos más adelante, la economía terminó entendiendo que su objeto no era la abundancia causada por la diversidad humana, sino su antípoda : la escasez. Todo esto tiene su origen en la ligereza con que Adam Smith asumió el estudio de la supuesta propensity in human nature: “si esta propensión es uno de aquellos principios originales de la naturaleza humana, de los cuales ninguna cuenta puede darse; o si, como parece más probable, es la necesaria consecuencia de las facultades de la razón y del habla, no es pertinente inquirirlo en nuestra presente investigación”127.

Si bien Smith no pudo explicar cómo la tal propensity in human nature termina por dirigir a cada quien a una actividad específica, sí intentó mostrar el límite de la división o especialización del trabajo que origina. En el capítulo tercero de su tratado de economía escribe que “así como el poder de intercambiar da ocasión a la división del trabajo, la extensión de esta división también debe ser limitada por la extensión de ese poder, o, en otros términos, por la extensión del mercado”128. Ciertamente, si lo que lleva a la persona a ocuparse en una actividad específica es la certeza de ser capaz de intercambiar

todo remanente del producto de su trabajo; solamente asumirán una específica

ocupación sí efectivamente existen intercambiantes dispuestos a adquirir su producto. De lo contrario aquellas personas no se especializarán129. De este modo se estableció que la actividad económica está determinada por la

demanda.

Enseñaron los escolásticos que el mercado está constituido por los intercambios currens, esto es, por los intercambios actuales y reales. Sin abundancia previa, mostraron, no habría intercambios ni mercado. Para Smith es al contrario: los intercambios del mercado, originados en la tal propensity in

human nature, son causa de la abundancia y de los currens intercambios. Si los

intercambios y el mercado son previos a la abundancia y a los currens intercambios, entonces, ¿qué es el mercado? ¿La tal propensión a trocar,

127 Ibid., p. 19. 128 Ibid., p. 24. 129 Cfr. Ibid., pp. 26-28.

canjear e intercambiar una cosa por otra pre-anuncia el mercado? ¿Existe

algún camino para acceder a ese pre-anuncio?.

El carácter ciego e indeterminado de la tal propensity impide contestar estas preguntas, dirá Smith. Desear conocer el mercado, fin hacia al que conduce la

propensity, es propio de quien imagina poder “ordenar los diferentes miembros

de una gran sociedad con la misma facilidad con que se disponen las piezas sobre el tablero de ajedrez. No advierte que, mientras estas piezas no tienen otro principio motor que el que les transmite la mano del jugador, en el gran tablero de la sociedad humana cada una de las piezas posee su propio impulso, siempre diferente del que el legislador puede desear imponerle”130. Sin duda es lo que fundamenta su postura acerca del laissez-faire y su tesis acerca de la mano

invisible en la economía131.

Por la misma época en que Smith divulgaba sus reflexiones sobre la división del trabajo y la abundancia, Anne-Robert-Jacques Turgot, un economista menos famoso y de quien existen razones para afirmar que conocía el pensamiento escolástico132, también publicaba las suyas133. Allí sostiene que ciertamente los hombres se especializan. La causa, sin embargo, no es la demanda, como en Smith. Es resultado de un proceso que se inicia cuando cada quien se ocupa de aquello que resulta de sus específicas condiciones personales: “los primeros que cultivaron labraron probablemente tanto terreno como se los permitieron sus fuerzas, y, por consiguiente, más de lo que se necesitaba para alimentarlos”134. La existencia de grupos constituidos por un mayor número de personas trajo consigo desigualdad de posesiones: “quien tenía una familia más numerosa, con más necesidades y también más brazos, extendió más sus posesiones; y esto fue ya una primera desigualdad”135.

130 Cfr. HAYEK, F.A., Obras Completas, vol. III, ed. cit., pp. 119-120. 131 Sobre estas ideas de Smith, cfr., R

OTHBARD, M., Historia de pensamiento económico, vol. I, ed. cit., pp. 509-516.

132 Obtuvo el título de bachiller en teología. En “1749 fue admitido en la Maison de Sorbonne, anexo de la Facultad de Teología de la Universidad de París, para hacer los estudios de license”, donde además fue elegido prieur. Allí permaneció hasta 1751, cuando decide abandonar su carrera ecleciástica. Cfr. TURGOT, A., Cuadro filosófico de los progresos sucesivos del espíritu

humano y otros textos, Fondo de Cultura Económica, México, 1998, 8-10.

133 Existen razones para sostener que Turgot dio a conocer sus ideas económicas antes de Smith, que éste último las conoció y recibió alguna influencia de ellas a pesar de que no reconocerlo en sus libros. Cfr. GROENEWEGEN P., “Part III: Chapter 20: Turgot and Adam Smith”, en Eighteenth

Century Economics, 2002, 363-378.

134 T

URGOT, A., Cuadro filosófico de los progresos sucesivos del espíritu humano y otros textos, ed. cit., p. 87.

Dice Turgot que como ninguna tierra lo produce todo, la experiencia no tardó en enseñar a cada quien cuál era el género de producción más conveniente para su tierra, limitándose a cultivarla de ese modo136. Como consecuencia, perfeccionaron sus habilidades laborales mediante “una larga experiencia, que no se adquiere sino trabajando ininterrumpidamente (…). Todo el mundo salió ganando con este arreglo, puesto que cada cual, al dedicarse a una sola clase de trabajo, alcanzó un éxito mucho mayor. El labrador sacó de su campo la mayor cantidad posible de productos y consiguió satisfacer mucho más fácilmente todas sus demás necesidades mediante el intercambio de su excedente”137. Este proceso termina convirtiendo “a los hombres en necesarios unos a otros, a la vez que forma de tal manera el vínculo de la sociedad”138.

Así pues, en la visión de Turgot el intercambio es efecto de la especialización. Ésta última no resulta de ninguna fuerza extraña a manera de ciega propensity. Al contrario, es algo perfectamente conocible, sometido a la mediación de la experiencia humana cuyo origen último se encuentra en las condiciones personales de cada quien. Mientras Smith fundamentó la nueva ciencia en la demanda, Turgot mostró que su origen estaba en la oferta: en la abundancia producida por la diversidad distintiva del hombre.