1. Textos de la Sagrada Escritura
1 Tim 2,1-13; 1 Tim 6,12; Cor 9,24-27; 2 Cor 6,1-10; 12,6-10; Rom 5,1-5; 1 Pedr 1,3-8; Rom 8,22-25; Ap 22,17-20; In 19,25; Lc 22,2; 1 Cor 1,24-29; 2 Cor 1,37; 1 Cor 4,1-4.
2. La Fortaleza:
- El servidor tiene que cargar con sus propias debilidades sin desanimarse.
- Tiene que mantenerse constante, aun en medio de grandes dificultades, pruebas, contrariedades, sufrimientos.
- Tiene que afrontar las dificultades inherentes a su propio crecimiento espiritual; a su compromiso apostólico.
- Tiene que cargar, muchas veces, con ánimo generoso, con las debilidades de sus hermanos; de la pequeña grey que se le ha encomendado.
- Tiene que saber animar, corregir, consolar… con espíritu de verdadera ―compasión‖,
amor y esperanza.
- Tiene que saber hacer frente a situaciones difíciles, aun con el temor de sentir herida su fama de verse incomprendido; de ser juzgado injustamente.
- Tiene que luchar contra la tentación del desaliento; del sentirse fracasado; incomprendido, pero viviendo en esperanza.
- Tiene que aprender a vivir cada día para los demás, renunciando, a veces, a legítimas satisfacciones propias por el bien ajeno.
- Tiene que aprender a compadecerse y procurar remediar las necesidades ajenas, sin quizá encontrar la legítima satisfacción del agradecimiento, puesta su esperanza en Dios.
- Tiene que estar dispuesto a morir día a día por sus hermanos, a veces, en la mayor soledad interior.
- Tiene que perdonar constantemente en lo pequeño y en lo grande y pedir por los que ―le persiguen‖ de modos diversos.
- Tiene que hacer suya la expresión paulina del ―Muero cada día por vuestro bien, hermanos‖ ( 1 Cor 15,31).
- La fortaleza tendrá que mostrarla, no pocas veces, luchando contra la tentación de la vanagloria, del ―dominio espiritual‖, del ―llamar la atención‖; del apego del cargo…
- Quizá el servidor tiene que aprender a colaborar en obras que requieren un esfuerzo y abnegación especial.12
3. La fidelidad:
- En nuestra relación con el Señor (así como en nuestro trabajo para realizar su obra), es una exigencia fundamental. En realidad, nada grande acontece en la vida, a la larga, si no es dentro de una actitud de fidelidad.
- La fidelidad viene exigida por el amor. En nuestras relaciones interpersonales, solemos medir la calidad de la amistad, de la motivación profunda… por la fidelidad en nuestra entrega, en nuestro servicio sobre todo cuando éste nos resulta tedioso y mortificante.
Quizá nada muestra tanto la profundidad de nuestra relación con otra persona como la fidelidad.
- La fidelidad en nuestra relación con Dios en la oración es el ―test‖ por excelencia de que le buscamos a El sobre todas las demás cosas: el gozo de la comunicación, las experiencias perceptibles de su presencia…
- Fallar en la fidelidad es cerrarse el paso al crecimiento en el trato con El y en la realización de la obra que nos encomienda.
- Pero la fidelidad es cerrarse el paso al crecimiento en el trato con El y en la realización de la obra que nos encomienda.
- Pero la fidelidad resulta, frecuentemente dolorosa: Tiene que superar la prisa de acabar; la impaciencia de acortar el tiempo cuando nos hallamos ―desolados‖, secos, áridos….Tiene que revertirse de paciencia, porque la obra del Espíritu en nosotros necesita tiempo para irnos purificando, limpiando, sanando; elevando…Hay en nosotros una oculta y tenaz resistencia a dejarnos transformar por el Espíritu y El se ve ‖obligado‖ a ir paso a paso según la medida de nuestra acogida y apertura.
Más de una vez nos veremos impedidos de comunicarnos con el Señor a la hora prefijada y entonces hemos de ordenar nuestro tiempo y acaso hacer renuncias imprevistas para buscar otra ocasión.
- Si Dios es importante en mi vida y en mi corazón, si quiero mantener viva la llama del amor hacia El y crecer paulatinamente, tengo que estar dispuesto a ser fiel a toda costa en mi relación con el Señor. Lo sabemos ciertamente y en las relaciones humanas exigimos la fidelidad como una condición sin la cual ni el matrimonio, ni la amistad pueden subsistir. Esta exigencia nace del mismo corazón del amor y no necesitamos demasiadas reflexiones para probárnoslo.
- Esto mismo, en grado eminente, acontece en nuestra relación con Dios. Por eso, si algo aparece patente y manifiesta en los Evangelios, es la llamada a la fidelidad que nos hace Jesús a través de su vida y de sus enseñanzas. Ante Dios lo había recordado y exigido por los profetas: La fidelidad a la alianza con su pueblo.
En la vida espiritual resulta uno de los tópicos fundamentales a que recurren los autores; precisamente porque saben la gran dificultad que se le crea a la debilidad humana.
Pero no olvidemos que la fidelidad a Dios es un don y un fruto, a la vez, del Espíritu. Por tanto, no consiste solamente en nuestro esfuerzo; es necesario contar con su ayuda, clamar por su don y pedir la fortaleza que necesitamos para superar las dificultades que nos saldrán al paso con más frecuencia de la prevista.3
4. La perseverancia:
Se ha dejado intencionadamente para el final esta virtud oculta, humilde, sin pretensiones, pero sobre la que, a fin de cuentas, descansa el peso de todo cuanto se ha dicho sobre la formación del servidor.
Los más bellos ideales, las virtudes heróicamente practicadas, los esfuerzos más arduos, a una oración más ungida son poco menos que nada sin perseverancia. Es la piedra de toque de toda auténtica santidad. La fidelidad al Señor; la perseverancia y fortaleza en el seguimiento de Jesús es lo que cuenta a la hora de evaluar nuestra vida cristiana. Todo se viene a tierra cuando procedemos por entusiasmo de momento, sin ese fondo callado, doloroso… de la perseverancia. Esta es la medida que se usa para tomar las proporciones del santo y del que lo parece.
Por eso, le damos, en cierto modo, el sitio de preferencia. No porque está antes y sobre la caridad, sino porque ésta misma se desvirtúa sin perseverancia.
Pero no olvidemos: sin la gracia, sin el auxilio del Espíritu, no lograremos poseerla, aunque tenga sus propias raíces humanas. Cuando entramos en el dominio espiritual, ha que contar necesariamente con la acción del Espíritu. 4.5
NOTAS
1. Cfr. A. Bernard, Vie Morale et croissance dans le Christ, Roma, Universitá Gregoriana, 1973,81-87; 153-157.
2. ―San Pablo nos dice que la constancia de la perseverancia, la perseverancia de la esperanza y por la esperanza tenemos el amor de Dios que ha sido derramado por el Espíritu Santo al nuestro corazones (Rom 5,5). Yo creo que la virtud de virtudes que es necesario pedir al Señor, el don de dones, es esta perseverancia y esta constancia en el Espíritu Santo‖.
3. R. Faricy, L. Rooney, the Contemplative Way of Prayer, Servant Books, Ann Arbor, Michigan, 1985, 17-18; cfr. Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, nn. 317-318; J- C. Haughey, ¿Quién puede decir para siempre? Edic. Narcea, 1980.
4. J-C. Haughey, o.c., 113-124. (El misterio de la fidelidad).
5. Cfr. el precioso capítulo de la obra de J. Lafrance: El Poder de la Oración, Edic. Nancea, Madrid, 1986,81-130. Toca ampliamente el tema y ―perseverantes en la oración‖.
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