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Los canales ordinarios de manifestarse el Espíritu

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Formar para el discernimiento:

A. Inspiración ordinaria: inspiración carismática:

5. Los canales ordinarios de manifestarse el Espíritu

Aunque éste puede manifestarse del modo que quiere (Jn 3,8), tiene canales ordinarios de comunicación o cajas de resonancia donde se pueden sentir más fácilmente sus inspiraciones. Indicamos algunos:

a) La Sagrada Escritura

Si deseamos escuchar al Espíritu y discernir su modo ordinario de actuar, necesitamos adiestrarnos en la Sagrada Escritura, para escuchar la Palabra de Dios con espíritu sencillo y abierto. Esto no indica minusvalorar el conocimiento de la misma, al contrario, como nos lo dice repetidamente el Vaticano II en la Constitución (Del Verbum, c. 5), (Cfr. Mt 11,25-27; Hebr 1,1-2; Jn 16,13-15).10

b) El Magisterio de la Iglesia

La Sagrada Escritura, es la doctrina católica, no se justifica por si misma. Es decir, la interpretación de la Palabra de Dios no es tan patente, al menos muchas veces, que no necesite la intervención del Magisterio

auténtico de la Iglesia; de aquellos a quienes el Señor los dejó como pastores y maestros y les confirió el derecho y la obligación de velar por la integridad de la fe y por su recta interpretación: el Papa y los Obispos, sucesores de los Apóstoles.

De otro modo se cuenta con suma facilidad en la libre interpretación protestante tan devastadora y origen de la inmensa multiplicación de las sectas.

Se necesita, pues, una guía que nos conduzca con toda seguridad en la lectura de la Sagrada Escritura. Y es la misma Escritura la que nos indica la necesidad y también la existencia de este guía seguro (Pedr 1, 20; 3,6). 11

Por consiguiente, en la lectura (e interpretación) de la Sagrada Escritura es necesario tener presente la enseñanza de la Iglesia y atenerse a ella (Jud c. 3; 1 Tes 2,13); (Lumen Pentium n. 12).

c) La oración:

(Sal 115, 10,15-16, Lc 6,12s.; 22,39 etc.)

El discernimiento se hace a la luz del Espíritu. Un lugar privilegiado de comunicación e iluminación del Espíritu es la oración. La luz recibida en la oración nos capacita para discernir los hechos relativos a una decisión de discernimiento.

Un mismo hecho se puede considerar desde dos visiones distintas: desde la visión de la fe, en la luz de la oración y desde una visión puramente humana. En la primera no se elimina la luz de la razón, se va más allá, acudiendo a la oración, a la ayuda del Espíritu que ilumina nuestras facultades. Sin duda la probabilidad mayor de discernir según Dios esté del lado del que ha hecho oración en humildad y súplica al Señor.

Esto no excluye la consulta, muchas veces necesario, a una persona competente en este campo que nos ayuda a ver, a tomar una decisión de discernimiento. No nos dice lo que debemos hacer eliminando nuestra propia decisión; nos ayuda a ver con objetividad la voluntad de Dios y a discernir sus mociones. 12

d) La comunidad. Ef 4,11; 1 Cor 12,28; Hech 13,1; 1 Tes 5,12. Dios tiene una pedagogía que, ordinariamente, sigue. No la quebranta con facilidad. Dios, ciertamente, habla de una manera aislada, personal. Pero en esa manera de hablar siempre tiene presente a la comunidad (Rom 12,4-8; 1 Cor 12,4,28; Ef 4,3-16). Esto quiere decir que al hacer el discernimiento de espíritus hemos de tener presente las implicaciones que la decisión que vamos a hacer pueda tener dentro de la comunidad

en la que estamos insertos.; familiar, religiosa, grupo de oración, parroquia, etc.

Esta pequeña comunidad viene a ser una parcela de la gran comunidad de la Iglesia.

El Señor no sólo habla a la persona, sino que también habla a la comunidad (Mt 18-20). Entonces la comunidad es el medio por el que se comunica, como antes era el fin al que va dirigida su inspiración, aunque inmediatamente se refiera a una persona particular. Recordemos que, de un modo o de otro, toda decisión personal afecta más o menos directamente a una comunidad determinada, aún a varias.

La razón de por qué se insiste en la Renovación Carismática asistir a un grupo de oración o pequeña comunidad de discernimiento está en esa doble comunicación del Señor, de que hablamos. 13

e) La dirección espiritual Es importante, frecuentemente imprescindible, sobretodo en las determinaciones más importantes y cuando se manifiesta el Señor de un modo extraordinario.

No podemos olvidar la facilidad con que cada una tiende a ver sus propias cosas como según esté afectado interiormente hacia ellas, las desee vivamente, las rechace…. No solemos ser buenos jueces en nuestra propia causa.

Si en algún punto hay una sorprendente unanimidad en la Iglesia es en la necesidad de la consulta de discernimiento con personas de experiencia espiritual, de conocimiento de los caminos del Señor, de sagacidad humana…

Y esta doctrina ha sido practicada desde siempre en la Iglesia, aun entre aquellas personas que por su virtud, prudencia, dones del Espíritu, parecían necesitarla menos.

Su papel, ya insinuado, es escuchar con la mente y el corazón, intentar discernir cómo el Espíritu actúa en este caso determinado (que puede estar en relación con otros muchos momentos de su vida); ayudarla a reconocer lo que el Señor pide de ella, pero en modo alguno sustituir la decisión de la persona por la suya propia.

Esto supone en el buen director, sobre todo en los momentos importantes o difíciles, una tarea, a veces muy ardua de oración, estudio, reflexión…14

f) Los deberes de estado.

En ellos se manifiesta concretamente la voluntad de Dios.

Al determinarnos por una opción es capital. Hemos de tener en cuenta si ésta afecta en bien o en mal lo que ya previamente sabemos ser voluntad concreta del Señor para nosotros. 15

g) Las mociones experimentadas en la consolación y desolación (Cfr. Instrucción correspondiente). 16

h) Otros modos de manifestarse o hablarnos el Espíritu.

Los enumeramos solamente no porque sea de poca importancia, sino porque no podemos extendernos en su desarrollo:

- Los acontecimientos personales o comunitarios. - Los ―signos de los tiempos‖.

- Las necesidades ajenas.

- Las dificultades que encontramos pueden ser signos favorables o desfavorables (son señales ambiguas).

- La enseñanza.

- El buen juicio natural.17

6. Actitudes ante el discernimiento de espíritus:

Para poder discernir la acción del Espíritu Santo es preciso:

a) Creer en su acción, en la acción del espíritu del mal y de nosotros mismos: deseos profundos, pasiones, actuación del subconsciente como fuentes de influencia que es preciso discernir.

b) Deseo sincero de buscar y hallar; antes que nada, la voluntad de Dios. Esto supone despojarse de la voluntad propia con la gracia de Dios. Sin esta actitud respecto de la voluntad de Dios, no se puede entrar en un discernimiento personal o comunitario.

c) Esperar serenamente que Dios vaya manifestando su voluntad de los modos diversos que él puede hacerlo. Hay que evitar toda ansia y desasosiego interior.

d) Contar con el tiempo. No toda realidad que se discierne, no toda opción que debe ser tomada exige el mismo tiempo.

La importancia, las repercusiones o consecuencias para la persona misma o para otros hace que se tome más tiempo de oración, de reflexión, de consulta…

e) Fuerte insistencia en la oración: Todo discernimiento tiene un punto final. Empleado el tiempo discreto que exige, se ha de llegar, sin prolongarlo, a una decisión.

Si la persona no se decide, habrá que considerar o abandonarlo o recomendarlo por no estar bien hecho, o postergarlo para otra oportunidad o tomar otra decisión, pero no se puede eternizar el discernimiento como tampoco precipitarlo. 18.19

NOTAS

1. R.A. Hagan, Poseídos por Cristo, en: Ejercicios y Renovación carismática (autores varios), Centrum ignaciamum Spiritualitatis, Roma, 1989,70-71.

2. B-V Aufauvre, G Constant, E. Garin, Qui ferá taire le vant? Desclée de Brouwer, Paris, 1988, 175-176; 183-184; Cfr. R. Laurentin, Tríos Charismes, Pneumtheque, Paris, 1980, 8.

3. Cfr. Citas del n. anterior.

4. B-V. Aufauvre, G. Constant, E. Garin, o.c., 188-190. 5. V.M. Walsh, o.c., 170.

6. Autores citados en el n. anterior, 191-193. 7. Autores citados anteriormente, 180-183. 8. Autores citados anteriormente, 179-180.

9. G. Gil Discernimiento, Centrum Ignatianum Spiritualitatis, Roma, 1980. El tema es abordado en diversos lugares. Obra de excepcional valor para formarse en el discernimiento. Se trata de un comentario de las Reglas de discernimiento ignacianas.

10. Cfr. Del Verbum, c. 5. 11. Cfr. Del Verbum, n. 10.

12. B-V Aufauvre, G. Constant, E. Garin, o.c., 177-179.

13. Cfr. V.M. Walsh, A Key to Charismatic Renewal in the Catholic Church, Abbey Press, St. Meinrad, 1976. 16;59-173. Un largo capítulo que aborda aspectos diversos del discernimiento. Nos parece muy iluminador.

14. Cfr. D. Gil, o.c. (passim).

15. B-V, Aufauvre, G. Constant, E. Garin, o.c., 184-188. Las ideas que expresan pueden ser discretamente aplicables al tema que ahora se presenta.

16. Autores citados anteriormente, 179-180.

17. Un buen sentido común y toda obra sobre discernimiento ofrece y enumera los diversos modos en que Dios se nos comunica. Cfr. El Nuevo Diccionario de Espiritualidad ya citado. 18. Cfr. E. Garin, Le discerment dans le Groupe de Priere, Tychique, n.-44, 1983, 10-16;

Steven Clark, Knowing God‘s Will…

19. Hoy es muy frecuente oir decir: ―Dios me ha dicho en tal o cual acontecimiento‖,o‖ el Espíritu Santo me ha hablado‖, etc. ¿Cómo reconocer, en definitiva, si nos habla Dios en un determinado acontecimiento?

―En primer lugar, hay que contar, por supuesto, con lo que acabamos de decir: la confrontación con alguien que le conozca a uno; aunque uno esté profundamente convencido de que es Dios quien le habla, esta verificación es siempre necesaria. Como dice San Ignacio, hay que distinguir siempre entre, por una parte, el momento en que Dios le toca directamente al alma y, por otra, la transposición que cada uno de nosotros puede hacer de dicha palabra auténtica de Dios. La Iglesia jamás se comprometerá con respecto a las revelaciones, aun las más grandes, tal como han sido formuladas por ellos. La Iglesia se ha comprometido con una revelación en toda su integridad una sola vez, concretamente con

Escritura ha asumido todo: la letra y el espíritu; y ello acarrea a veces ciertos problemas. Pero la Iglesia jamás se ha comprometido con ninguna revelación, ni de Santa Brigida ni de Santa Teresa ni de ningún otro santo o santa), y mucho menos, lógicamente, si se trata de una persona cualquiera con la que puede uno encontrarse en el despacho y que le diga, papel en mano, ―El Espíritu Santo me ha dicho esto….‖ y o creo, efectivamente, que Dios puede hablar. Pero de lo que no se dan cuenta muchas y muy santas personas es que han transpuesto la acción inmediata de Dios a si mismos, con su temperamento, su imaginación y su propia manera de representarse las cosas. Fijémonos en la admirable santa Catalina de Siena, que hace hablar a Dios al lenguaje esclástico…Lo cual no es extraño, porque ella había tenido una formación dominicana. Pero es evidente que nos apresuremos a trasponer las gracias de Dios a nuestra persona, la manera de hablar y de ver las cosas. Y si topamos con una persona suficientemente equilibrada, ¡menos mal…!

Pero resulta que Dios también puede hablar a personas cuyo equilibrio es más que dudoso. Pues bien, ese equilibrio habrá de reflejarse en las palabras que dichas personas atribuyen a Dios. De ahí el malestar que experimentamos ante determinados escritos. Puna una parte decimos: ―esa persona es santa‖, pero, por otra, sabemos que ha hecho una transposición a su propio lenguaje de las gracias que ha recibido de Dios‖

H. Laplace, el camino espiritual según los Ejercicios Ignacianos, Sal Térrea, 1988, 126-128.

XIII

Responsabilidad de los servidores en el

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