En términos generales podríamos decir que Ruzafa posee elementos y condiciones que hacen posible la apropiación del espacio por parte de los nuevos vecinos migrantes del barrio. Pues lo distancian de aquella “intersección de elementos móviles”, sin apropiación para situarlo cerca del ideal del barrio como “Lugar practicado” (De Certeau, 1984). Esto último es posible constatarlo a partir de: su presencia y distribución residencial, sus micro emprendimientos comerciales, (apropiación económica), las dinámicas sociales y prácticas culturales en el espacio público (apropiación socio-cultural) y desde su incipiente involucramiento en el tejido asociativo del barrio y las asociaciones de población migrante que operan en el mismo (apropiación política).
El sujeto migrante de Ruzafa es visibilizado, así también lo son sus formas de apropiación del espacio que han transformado la configuración del mismo, a diferencia de lo ocurrido en el caso de Esmeralda, caracterizado por la invisibilización y marginación del vecino migrante. Las formas de apropiación primarias del espacio, propiciadas por la acción – transformación (materiales) de parte de la población migrante son evidentes en el caso Ruzafa, a través de los locales de comercio étnico y migrante, los oratorios y centros de culto religiosos, las practicas socio-culturales en el espacio público (carnavales y jornadas interculturales promovidas desde la sociedad civil organizada), entre otras. Hecho relevante y necesario para el devenir de formas de apropiación más complejas, continuas y dinámicas, vinculadas a las acciones de reciprocidad con la alteridad, a la interacción con los otros como apropiación (simbólica), por identificación y/o sentido de pertenencia.
Independientemente de que no lleguemos a dilucidar el sentido conferido a dichas formas de apropiación, más propia de la experiencia de la población migrante del Barrio Ruzafa, (material y/o simbólica), pues no es interés de esta investigación profundizar en este campo más subjetivo. Lo cierto es que al menos en este barrio – a diferencia de lo ocurrido en Esmeralda-las formas de apropiación material sientan las bases necesarias y constitutivas para formas de apropiación más simbólicas, identitarias y de reconocimiento, como el devenir del espacio en lugar por efecto de dichas apropiaciones.
La apropiación económica en Ruzafa, se manifiesta en los espacios de comercio, consumo y servicios, como negocios étnicos o migrante (locutorios, comercio chino) o étnico (restaurantes de comida y venta de productos típicos del país de origen) adquieren una connotación más social que tiende a trascender la transacción puramente económica. Estos operan como micro-espacio etnificados, de “sociabilidad inmigrante concentrada” que no considera un mayor involucramiento de la población autóctona.
Las formas de apropiación socio-cultural, como usos cotidianos del espacio público y las dinámicas de sociabilidad, en el caso de la población objeto de este estudio, están atravesadas por consecuencias propias de la condición migrante; extenuantes jornadas de trabajo y falta de tiempo libre. Estos elementos también inciden en la escasa participación de los mismos en el tejido asociativo del barrio.
En relación a las dinámicas de interacción, se observa una apertura “etnificada” a la sociabilidad de parte de la población latinoamericana referida principalmente al círculo social más próximo entre personas del mismo colectivo. El migrante (latinoamericano) del barrio- si bien por un lado, forma parte del conjunto social, por otro, especialmente determinante, estaría “por fuera y enfrente”. En la práctica tiene lugar un tipo de convivencia “pacifica pero distante” (Torres, 2006) que no implica necesariamente el intercambio social entre la población autóctona y migrante, más allá de la civilidad propia de las relaciones entre extraños.
Algunas prácticas culturales y asociaciones de carácter migrante, como apropiaciones socioculturales y políticas del espacio público, se presentan como estrategias de inserción al ámbito local, arraigadas en la valoración del derecho a residir en el mismo y a demandas de reconocimiento que no necesariamente son correspondidas por la población autóctona en la forma esperada. Esto último cobra relevancia al comprender que dichas formas de apropiación del espacio por parte de la población migrante, reciben de vuelta una afirmación de sí mismos, (Alteridad- reconocimiento-identidad).
Por su parte la apropiación política respondería a estrategias de inserción. En este componente asociativo se identifican tres elementos: una acción de empoderamiento y legitimidad de la organización migrante, la posibilidad de participación en el tejido asociativo del barrio y así también la generación de acciones e instancias propicias para “compartir” con la población local.
En lugar de formas de apropiación del espacio público, para el caso de Esmeralda, resulta más pertinente referirnos a formas de estar de los migrantes latinoamericanos, desprovistas de
apropiación “como dominio de una aptitud, y/o un proceso dinámico de interacción del individuo con su medio externo” según una de las acepciones del termino especificado por Pol (1996:45).
Se trata de formas más incipientes de apropiación espacio público, que más bien se concretan por fuera del barrio126. En espacios próximos de centralidad migrante y sociabilidad entre la población extranjera que los frecuenta como: “Pequeña Lima” en el sector de Plaza de Armas y el Mercado Central, en Barrio Mapocho. Al igual a lo ocurrido en Ruzafa, algunos de estos espacios públicos y semipúblicos de comercio, se vuelven propicios para el encuentro entre la población migrante, y en estos la apropiación económica del espacio público deviene en social. Los espacios públicos de Esmeralda, subutilizados por la población migrante, que más bien se repliega al ámbito privado, y solo los transita. Por otro lado, no se identifican formas de apropiación política, comprendidas a partir de la participación de ésta, en las organizaciones de la sociedad civil autóctona del barrio o mediante asociaciones exclusivas de la población migrante.
Los migrantes en Esmeralda, suelen vivir hacia adentro, recluidos en el ámbito privado, se mueven en la dualidad visible/ invisible y no practican el espacio público, evidenciando su marginación. Esta dualidad estaría supeditada a la percepción de la población autóctona, y a su discrecionalidad en cuanto a su posible incorporación al ámbito local. El migrante del barrio es generalmente invisibilizado y solo se vuelve visible cuando irrumpe en la “normalidad” del espacio público y también privado (entre viviendas colindantes) con ruidos molestos y otras prácticas propias del “mal vivir”. Las formas de estar desde la perspectiva social responden más bien a prácticas asimilativas o de adaptación de los migrantes al ámbito local de destino, contrario a la figura de la apropiación como un proceso dinámico de interacción del individuo con su medio externo.