3 ANÁLISIS Y DISCUSION
REGION METROPOLITANA /CHILE
3. II.2 Antecedentes del Barrio Esmeralda y el Centro Histórico
Los “centros históricos” para el caso de las principales ciudades latinoamericanas, son concebidos como lugares de encuentro y contraste de personas, prácticas, símbolos e imágenes, espacios donde entran en escena diferentes y contrapuestos imaginarios sobre el presente y el pasado (Hiernaux, Lindón, Aguilar, 2006). El doble significado del Centro, relacionado con lo espacial y lo temporal, recae en su condición de centralidad física pero también simbólica respecto de la ciudad. Es ahí donde, a lo largo del tiempo, se ha concentrado tanto el poder económico y político como el religioso, donde, además de haber ocurrido hechos históricos relevantes en el pasado, opera una lógica de lo funcional constitutiva del presente. De aquí que el hecho de establecerse en el centro de la ciudad misma o en sus alrededores -ya sea mediante la residencia o por trabajo- además de los reportes funcionales, constituye un valor simbólico relativo al posicionamiento en las cercanías del poder.
Algo propio de las ciudades del centro tiene relación además con su carácter mixto, debido a la diversidad de público y uso: residencial pero también comercial, sus áreas verdes y espacios públicos, la población que ahí habita y/o transita normalmente y también al hecho de “no estar exento ni de confrontación ni de conflicto”. En este tipo de espacio urbano se acrecientan las formas de coexistenciaen la distancia donde cada actor tiene tiempos y lugares de apropiación legítima (Remy & Voyé, 2006, en Matus: 2010:66).
Hacia fines de los años ’80, y comienzos de los ’90, la comuna de Santiago91 encuentra su punto más álgido de pérdida de población92, quedando de manifiesto, las consecuencias de haber privilegiado el uso del territorio para fines comerciales, industriales y de servicio, por sobre la vigencia de éste como área residencial (Rojas, 2004). A partir de esta misma época, se inician una
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El cálculo deducido -que difiere del estimado en 38.737 migrantes (Censo, 2012) -es el resultado de tres veces el total de población migrante registrada en las bases de datos de la salud y educación de la Municipalidad de Santiago, a fin de considerar a la población migrante en condiciones administrativas irregulares. ( Programa Migrante, 2012)
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Ver Anexo Nº17, del Plano de las comunas que integran el Gran Santiago
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En esta fecha se estima un total de 230.000 residentes en la Comuna de Santiago, específicamente en el centro histórico, muy por debajo de los 600.000 registrados en la década de los ’40. (Torres y Coquimbo, 2007:122). Esto sumado al déficit en construcción, que se venía arrastrando desde 1980 “donde no alcanzó a representar más del 1,5% del número de unidades residenciales en la Región Metropolitana” (pp.166) incrementa aún más el despoblamiento de la comuna.
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serie de movimientos que buscan “revitalizar el centro histórico de Santiago” producto del denominado “vaciamiento” (Torres y Coquimbo, 2007). Este contexto fue propicio para impulsar un
Programa de Repoblamiento habitacional que “orientado a promover los barrios antiguos del centro como lugares de interés residencial,” (Rojas, 2004:166), estuviese en la línea de aumentar la calidad de vida e integración al desarrollo de sus habitantes, aspirando a mejoras en el espacio público, la recuperación medioambiental, la seguridad ciudadana, y la valorización del patrimonio urbano y arquitectónico. (Colectivo Plaza Corregidor, 2011)
La atracción de parte importante del mercado inmobiliario hacia el área central, se logra gracias a una estrategia que “liberaliza las alturas de edificación”, y la llegada de nuevos habitantes a la comuna se consigue entre otras cosas, mediante los incentivos del Programa de Subsidios Habitacionales del Gobierno nacional (Subsidios entre US$5.400 y US$6.000 para compras en viviendas nuevas o refaccionadas). Paralelamente surge la idea de construir una imagen urbana vinculada no solo a los aspectos funcionales de la ciudad, sino también a la valoración de aspectos sociales, arquitectónicos e históricos, generándose un proceso de “patrimonialización” del centro de Santiago. Esto determina un cambio en la concepción de los espacios, y en la forma de abordarlos, pues lo que antes era considerado “viejo”, se transforma en algo histórico, identitario y constitutivo de la sociedad y su ciudad93.
Todo esto sumado a las múltiples ventajas de localización y servicios que ofrecía el área central de Santiago -en algo más de diez años- logran cambiar la imagen urbana, transformándola en una zona atractiva para la clase media, con alrededor de 21.000 nuevas viviendas construidas, y una demanda habitacional estable (Rojas, 2004). Hecho que va provocando un masivo interés por residir e invertir en este sector, acompañado del arribo de población joven, con tendencia de transformar los barrios y revalorizar aquellas “zonas más ruinosas y desprestigiadas de Santiago”.
De forma paralela, comienza a asentarse población migrante en el centro de la ciudad, con mayor regularidad, desde inicios del año 2000- gracias entre otras cosas a la buena ubicación y conectividad del mismo, y al arriendo de viviendas antiguas y amplias a bajo coste. Si bien, al principio la migración era esencialmente de peruana, con los años esta tendencia ha variado en cuanto a la diversificación de origen de los migrantes, entre ellos: colombianos, dominicanos argentinos, chinos, ecuatorianos, entre otros (Ver Gráfico Nº4)
93La construcción de estacionamientos subterráneos, y el Paseo del Mercado, -en el área comercial contigua
a Esmeralda el 2004 -, y más tarde la remodelación de las calles San Antonio, Miraflores y Esmeralda, -el 2008- sumado a la restauración del adoquín y las fachadas de algunas casas históricas, de la Posada de Corregidor y la Plaza de mismo nombre, son algunos de los cambios que trajo consigo el antes mencionado auge inmobiliario y la “re-valorización”del centro de la ciudad.
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A nivel comunal se identifican tres flujos migratorios provenientes de: América del Sur -Perú, Argentina, Colombia, Ecuador, y Bolivia- del resto de países de América Latina -más recientemente de Haití y República Dominicana- y de países del Norte –España- (Programa Migrante, 2012).Cabe señalar que existen notables diferencias entre estos tres flujos, mientras los migrantes del norte se enfrentan a situaciones más favorables,- deseados-, los migrantes del sur, se encuentran en circunstancias más vulnerables producto de la condición propia del sujeto migrante- indeseado- las precarias condiciones laborales94 asociadas dificultades para conseguir un contrato de empleo (necesario para acceder a la visa temporal de residencia), la situación de irregularidad propia de esta consecuencia y algunas relativas al idioma para los haitianos, actitudes xenófobas y racistas por parte de la población autóctona, entre otras.
El sector céntrico va adquiriendo tintes de “ciudad moderna”, del “espacio bi-funcional” - ampliamente trabajado por la Escuela de Chicago- debido a que en él coexiste lo comercial con lo residencial, pero también lo diverso. Lentamente -y siguiendo a Jacobs (1973)-, se va abriendo paso a la relación entre la “valoración del centro” y la “diversidad cultural”, en la cual se releva el “espíritu de vida urbana”, del antiguo centro de la ciudad, como espacio de interacción y contacto entre diferentes habitantes (Jacobs, 1973 en Matus, 2010:55).