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II.6.1 El Programa Migrante de la Municipalidad de Santiago (2009 – 2013)

3 ANÁLISIS Y DISCUSION

REGION METROPOLITANA /CHILE

3. II.6.1 El Programa Migrante de la Municipalidad de Santiago (2009 – 2013)

La encargada del Programa hasta el 2013, da cuenta del diagnóstico antes explicitado.

“Mientras no entre en vigor la nueva ley de migración, el Programa Migrante de la comuna de Santiago y su permanencia, seguirán dependiendo de la voluntad política del Alcalde de turno. Esto debido a que este Programa no es fruto de una política pública, no está institucionalizado, y por ende no dispone de financiamiento propio”. (Encargada Programa Migrante)

El Programa Migrante surge el año 2009, como parte de una política del gobierno local de la Municipalidad de Santiago, en el marco de una Ordenanza contra la discriminación (104 / Mayo – 2009), orientado a la población migrante de la comuna desde un enfoque de derechos.

Al no estar institucionalizado y no ser producto de una política pública, este no cuenta con financiamiento propio, en articulación con otros departamentos de la administración local (Educación, Salud, Vivienda y Empleo), diseñado como un programa de gestión con un carácter transversal.

Su funcionamiento lo realiza a partir de alianzas estratégicas, con agentes externos a la Municipalidad de Santiago, pero también internos. Servicio Jesuita de Migrantes (hoy Ciudadano

Global) quienes trabajan desde hace más de 10 años en la temática, la Policía de

investigaciones, (PDI), el Fondo Nacional de Salud, (FONASA) y los algunos consulados. Departamento de Extranjería, Universidades y algunas asociaciones de migrantes, como Mira Chile. Quienes apoyan el trabajo de orientación para migrantes, en temáticas relativas a la Primera Acogida.

Algunas áreas de intervención del Programa se orientan a : la acogida de los migrantes de la comuna, su normalización e integración en el acceso a los servicios públicos de primera necesidad y a la promoción de algunas prácticas interculturales es el ámbito escolar, dirigidas a niños/as y padres migrantesy autóctonos y también a profesores.

Cabe mencionar que no se ha involucrado a las asociaciones de migrantes123 en el diseño del Programa Migrante, ni tampoco en la elección de las áreas prioritarias, medidas y proyectos a ejecutar. Se recogen sugerencias del trabajo en terreno con algunas familias migrantes, las que sumadas a los resultados de investigación -encomendados a algunas de las instituciones Universitarias con las cuales este Programa se articula-, dan origen a las actividades y proyectos en cuestión. Esta forma de proceder más bien intuitiva encuentra su piedra de tope en la falta de planificación, proyección programática y la posible articulación con otros departamentos municipales. Asimismo contribuye a la reproducción del asistencialismo, y a la invisibilización del migrante organizado como un interlocutor legítimo y activo en el proceso de incorporación al contexto local.

Referida específicamente a la gestión social de la migración, este Programa Municipal, orienta su intervención de acuerdo a dos líneas: Acogida e Integración, ambas líneas de actuación se encuentran bajo el principio de otorgar Garantías de Igualdad a los migrantes de la comuna

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De acuerdo a lo expresado por la Encargada del Programa (2012), no habría un numero representativo de asociaciones de migrantes, esta son más bien informales, carecen de organicidad y estabilidad en el tiempo y operan de acuerdo a intereses deportivas.

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Línea de Acogida: “Favorecer y mejorar la acogida de la población migrante en la comuna, mediante actividades orientadas a la información, capacitación y la sensibilización, priorizando garantías en la igualdad”. Entre las principales medidas de intervención destaca la Información y Capacitación en el proceso de acogida de los y las migrantes, (derechos y deberes respecto a la sociedad receptora) y la Sensibilización, orientada a principalmente a educar a la ciudadanía respecto a los flujos migratorios y a la realidad del país como destino de estos y erradicar practicas sensibilizar a la población

Línea de Integración: Objetivo: “Facilitar la integración de los/las migrantes y sus familias a la comuna, mediante la protección y promoción de los derechos en: Salud, Educación, vivienda y empleo” (Programa Migrante, 2012). Esta línea cuenta del nutrido entramado de medidas, y proyectos orientados a promover y facilitar el acceso igualitario al sistema de salud y educación, y a los programas de empleo y vivienda comunales.

Durante el último tiempo, se han venido produciendo dos fenómenos paralelos en la comuna de Santiago: Por un lado, un incremento en la demanda de servicios públicos por parte de la población migrante124 y por otro, un aumento de actitudes de carácter racistas y xenófobas entre la población autóctona. De aquí que el trabajo emprendido por el Programa Migrante, requiera de la actuación simultánea tanto en: la integración de los/las migrantes, como en la sensibilización de la población autóctona, respecto del tema migratorio.

Según lo manifestado por la encargada del Programa Migrante, durante estos cuatro años de ejecución, la evaluación interna de esta línea, sobre todo en lo que respecta al trabajo de sensibilización con funcionarios municipales en temáticas migratorias es positiva. La limitación de esta última es que no se han implementado mayores proyectos de sensibilización orientados a la población local, ni tampoco en el ámbito del barrio. La carencia y urgencia de intervención de políticas y programas en materias de sensibilización, quedó en evidencia en el apartado 3. II.5.1,

respecto a las percepciones ante el migrante indeseado, y a las actitudes xenófobas y racistas latentes entre la población autóctona. Así también se releva la importancia y ausencia de mecanismos de mediación intercultural como una “modalidad de intervención orientada hacia la consecución del reconocimiento del otro y el acercamiento de las partes, el desarrollo de la convivencia, y la regulación de conflictos” (Giménez, 1997)

Desde el Programa de Migrante se espera cubrir esta necesidad, y abordar el ámbito barrial mediante prácticas de sensibilización a dirigentes vecinales, como primera medida:

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Se trataría sobre todo de flujos migratorios provenientes de países de Latinoamérica, no así de migración europea.

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“Lo ideal es llegar a tener este espacio de participación con mesas de trabajo con Migrantes, pero para llegar a eso, necesitamos trabajar con la sociedad santiaguina para que esté un poco más abierta a esta nueva realidad. Para nosotros es fundamental poner en marcha la sensibilización con los dirigentes vecinales en primera instancia, en las unidades vecinales donde hay un alto porcentaje de población migrante” (Encargada Programa Migrante)

La administración local no ha tenido mayor protagonismo en la promoción de dinámicas de convivencia ciudadana en barrios multiculturales, o algún otro tipo de actividad orientada a propiciar el intercambio entre los vecinos migrantes y autóctonos del barrio. Sea por falta de financiamiento, y/o la ausencia de una legislación que ampare este tipo de intervenciones desde el nivel central, lo cierto es que esta ausencia limita el quehacer de los poderes públicos y su responsabilidad en la promoción de medidas necesarias para la comprensión y tratamiento de la

incorporación como un proceso bi-direccional. De acuerdo a lo señalado por Felip i Sardà (2009):

“Es necesario que consideremos que la integración no puede consistir en la asimilación por parte del inmigrante de las costumbres del otro, sino que ha de convenirse en algo con sentido recíproco, configurando, en consecuencia, un modelo de integración como un proceso dual exigente tanto para el inmigrante como para la sociedad en la que permanece.” (Felip i Sardà, 2009:15)

Recordemos que dependiendo de la comprensión que tienen los Estados respecto de los conceptos de ciudadanía y nacionalidad, es como estos van conformando no solo las reglas de admisión y pertenencia a la sociedad receptora –contenidas en la política de inmigración propiamente tal- sino además van condicionando tanto el trato a esta minoría asentada en el territorio nacional, como las oportunidades de inclusión que estos reciben –más propia de la política de integración-. (CeiMigra, 2010). En este escenario, el Programa Migrante, bastante alejado de algunas de las propuestas para una “inmigración exitosa” (Putnam, 2007) está en deuda respecto al proceso de incorporación de los migrante en su dimensión espacial. Hecho que sin duda, se torna más complejo, al no existir una política de carácter nacional fundamentada en un enfoque de derechos que garantice la promoción de estas instancias y que ampare la inserción de los migrantes en todos los niveles.

4. CONCLUSIONES

A continuación presento algunas de las principales conclusiones de esta investigación en formato comparado. Más allá de puntualizar de manera exhaustiva los principales hallazgos en cada uno de los Barrios; Ruzafa y Esmeralda por separado, interesa hacerlos dialogar en función de las tres dimensiones que articulan este trabajo, como un fin en sí mismo; la apropiación del espacio público para la experiencia del sujeto migrante, en relación a las percepciones y disposiciones de las organizaciones de la sociedad civil de población autóctona y las actitudes y decisiones del gobierno local para su incorporación desde la perspectiva de la convivencia ciudadana en barrios multiculturales.

La comprensión y tratamiento de la cuestión migratoria por parte de la ley y la política migratoria en cada uno de los contextos, se presenta como un elemento distintivo y fundamental, pues incide en las condiciones propias del sujeto migrante y en las configuraciones sociales que se erigen respecto al mismo de parte de la población autóctona. Mientras en el caso español podríamos hablar de condiciones de recepción medianamente favorables, sobre la base de respeto a los derechos de los migrantes, la libre competencia “individual” y a la moderación de “estereotipos” relacionados con las características de los inmigrantes. El caso de Chile se interpreta más bien como un contexto receptor poco favorable respecto a la incorporación de la población migrante tanto desde el “aparato gubernamental” y el sector empresarial, como por parte de la población autóctona. Esto debido a que la política migratoria no se fundamenta en la concepción del migrante como sujeto de derechos, sino más bien en el control y regulación de las fronteras, tendiendo a propiciar la irregularidad y vulnerabilidad en estos grupos en esta sociedad de destino. En este contexto los estereotipos respecto de la población migrante cobran mayor relevancia y se traducen muchas veces en actitudes racistas y xenófobas por parte de la población autóctona.

Independientemente de lo anterior, existen ciertos elementos compartidos por el sujeto migrante latinoamericano en ambos contextos locales; la forma colectiva de habitar la vivienda migrante - principalmente en la primera etapa del asentamiento, al momento de la llegada-, la precarización de la misma – mayor en el caso de Esmeralda- Santiago-, el perfil familiar que asume la migración y el carácter feminizado de la misma, pues se trata en general de iniciativas de movilidad laboral emprendidas en primera instancia por mujeres. El carácter femenino de la migración peruana, para el caso de Santiago, cobra una significación especial atribuida a la “emancipación de la mujer en destino”, respecto del papel que ocupa en la estructura familiar más propia de origen.

Barrio Ruzafa y Barrio Esmeralda, comparten su ubicación en el centro de la ciudad, su carácter comercial y residencial, un porcentaje significativo de población migrante entre su composición y un

marcado componente gentrificador. Por su parte, los distinguen elementos relativos al tipo de migración en cada uno de estos; de mayor diversificación en cuanto a los países de procedencia y a los años de asentamiento en el caso de Ruzafa, migración principalmente fronteriza y de menor trayectoria, para el caso de Esmeralda. Otro elemento distintivo radica en la configuración social que se tiene del mismo, mientras el Barrio Ruzafa es caracterizado socialmente como “multicultural”, producto entre otras cosas de su asociación en los medios de comunicación y la visión de los vecinos de Valencia (Moncusí, 2008). El Barrio Esmeralda se distingue por otros elementos más asociado al comercio, al patrimonio y la vanguardia. La inmigración en comparación con Ruzafa es más bien incipiente.

El componente gentrificador atraviesa los dos barrios analizados en este trabajo; y asimismo determina el devenir los mismos. De esta forma y una vez trascurridos tres años, desde el inicio de esta investigación comparativa (2011-2014) se puede observar con mayor perspectiva cómo dichas prácticas gentrificadoras - patrimoniales para el caso del Barrio Esmeralda del Centro Histórico de Santiago, terminaron por limitar toda posibilidad de apropiación del espacio por parte de la población migrante ahí residente. Relegando de manera evidente la presencia migrante, producto de la llegada de nuevos inversionistas y emprendedores del rubro del diseño independiente, la hostelería y la gastronomía (por el uso comercial de espacios antes destinados para la vivienda). Un hecho similar, pero menos fulminante, tiene lugar en el Barrio Ruzafa, pues tanto a migrantes como a los habitantes de toda una vida en el barrio, no les ha quedado otra opción que ir cediendo ante la presión immobiliaria y los nuevos usos comerciales.

Si bien Ruzafa se presenta como un barrio multicultural por excelencia, un ejemplo de convivencia “pacifica en la distancia”, existen ciertos elementos asociados al constante cambio del mismo que de alguna manera ponen en riesgo este imaginario social de barrio históricamente popular, reivindicativo y multicultural125. En Ruzafa existen algunos elementos que tienden a posibilitar el ingreso del sujeto migrante en la valoración de este como multicultural, contrario a lo que ocurre con el ingreso del sujeto migrante en las configuraciones imaginarias en torno al barrio al Barrio Esmeralda; Diverso, Patrimonial e Inclusivo.

En Esmeralda, ya sea por omisión o evidente negación- el migrante aparece como un punto de tensión ante la imagen de del barrio que se pretende. Hecho que se confirma aún más con la invisibilidad del migrante en el espacio público, y con la construcción social de este, asociado a categorías de lo ajeno, lo sucio, lo burdo, lo impropio. Todas estas, contrarias al ideal de patrimonio que se quiere preservar.

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Entre estos, la renovación inmobiliaria, turística, gastronómica, y la posible pérdida del espacio público del mismo como posibilidad para el encuentro y sociabilidad entre los distintos vecinos.

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Desde la población local de Esmeralda, la valoración ideal de inclusión de la diversidad, es más bien discrecional pues solo se permite el ingreso de la población autóctona en esta diversidad constitutiva del barrio y no así al vecino migrante. No habría una apertura ante el otro, como alteridad necesaria en la construcción de una incorporación bidireccional, pues las identidades permanecen intactas