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3.2 Imagen, materialidad y mirada

3.2.1. Fotografía como objeto de memoria

“En uno de los estantes de arriba todavía hay una caja de zapatos llena de fotos, que él me va explicando. Compruebo así que la realidad puede verse, estimular su recuerdo, mediante fotos” (de Miguel, 2005, p.18) Para hablar de la relación de la memoria con la fotografía es necesario considerar que la imagen tiene relación con los recuerdos y olvidos, en tanto trata con personas que, al ver fotos, se remiten a un pasado. En Reyero (2004; 2006; 2007; 2007b) la fotografía se relaciona teórico-metodológicamente como disparador y soporte de la memoria, ya que la mirada, en estos casos, supone acercamiento contextual a las fotografías, donde “el recuerdo como algo que aparece, algo pasivo o como algo que se busca, como objeto de una búsqueda (rememoración)” (Ricoeur, 2000 en:Reyero, 2007, p.37).

Existen varios casos de trabajos sobre fotografías etnográficas con comunidades, entre las cuales resalto los de Giordano (2009), Giordano y Méndez (2006), Reyero (2004; 2007) Reyero y Barrios (2010) Giordano y Reyero (2010) desde el Chaco y, en algunos casos, referenciando a las fotografías de fueguinos en Tierra del Fuego. Un punto en común entre ellas, es la discusión en torno a “la situación pendular entre procesos de estetización y de alterización (construcción de identidades y diferencias culturales)” (Reyero, s.f.), donde:

estas imágenes sometidas a lo que hemos denominado una “trashumancia iconográfica”, han contribuido a moldear y muchas veces han influido directamente en la construcción de identidades étnicas y sociales específicas, en relación a lo llamado “chaquense” y “fueguino”. Planteamos que las maneras en que se ha definido la “otredad” visual de estos grupos están sometidas a ciertos mecanismos de construcción e interpretación de identidades y etnicidades, y de transmisión de imaginarios premoldeados en donde se manifiestan características visuales específicas para organizar la diferencia y por lo tanto, diversas formas de “imaginarizarlas” (Alvarado y Giordano, 2007, p.17).

En esta revisión de temáticas y abordajes similares sobre fotografías desde y con comunidades étnicas, los contenidos varían y dependen del contexto en que se efectúa dicha interacción. Estas formas de imaginación, se relaciona con los imaginarios en tanto conjunto de representaciones y significados colectivos (Mancilla & Rehbein, 2007). El

asunto común que se desprende de estos casos, es que, pese a que se manejen diferentes temáticas sobre las fotografías ─como lo étnico, las sonrisas, entre otros─ siempre sobresalen las diversas reacciones, las similaridades y los extrañamientos frente a las fotografías. Así es evidente que las fotografías etnográficas dicen más que lo “etnográfico” que hay en ellas; y una lectura antropológica puede dar cuenta de ello; de la interacción con grupos vivos y lo que ellos pueden decir de las fotografías, donde:

la imagen fotográfica es en este sentido, capaz de producir memoria y experiencia, ella misma es en sí un acontecimiento cuyo origen se remonta a un pasado añorado. Esta conexión con el momento de su origen que la foto misma posibilita se expresa particularmente en el retrato en tanto “culto al recuerdo de los seres queridos, lejanos o desaparecidos”, cuya percepción permite experimentar cierta “belleza melancólica e incomparable’ (Benjamin, 2005 en Reyero, 2007)

Bajo ese sentido, me dispongo a reconocer la lectura de las fotografías de Gusinde, entendiendo que estas experiencias se dan alrededor del “análisis de las formas y recorridos de la mirada, los niveles y regímenes de representación, la construcción del eje espacio- temporal que supone el acto de lectura de la imagen” (Reyero 2006:1).

Para esto, mi proceso de investigación partió de comprender quiénes de los retratados son ancestros de los yaganes de la actualidad. El trabajo realizado desde el museo se había encargado de dar cuenta de las relaciones de parentesco de los retratados con las 43 familias yaganes, que se encuentra en el “álbum familiar” entregado. Por fortuna o desgracia, tuve mayor contacto con las fotografías que ellos. Algunos de los entrevistados se sorprendieron “ah, pero usted los reconoce a todos”, “sabe más de las fotografías que nosotros”. Por lo cual, es una de las razones por la cual se acercó lo trabajado con las fotografías como una forma de devolver el conocimiento a sus familiares, más que quedar como conocimiento del museo.

Así sucede el intercambio: refiere a la posibilidad de devolver historias, de abrir que desde la materialidad se conectan con la memoria (Reyero, 2007), y de relacionar las fotografías de 1920 con la actualidad. Desde aquí surge la tensión sobre qué implican las fotografías para los yaganes actuales de isla Navarino. Su significado a veces resulta una cuestión de miradas. Por ello Barthes diría: “yo quisiera una historia de las miradas” (en Guigou, 2001) para comprender los elementos que nadie más podía ver sobre la fotografía familiar, puesto que la mirada configura el sentido con el cual está se comprende una imagen. Para Barthes, las miradas son cambiantes y subjetivas. Cada mirada origina

diferentes y nutridas lecturas, especialmente si se trata de una fotografía familiar, que despierta apreciaciones profundamente subjetivas (Kuhn, 2007). De allí resalto un aspecto de la lectura de la fotografía familiar, donde:

the materiality of the photograph is integral to its affective tone as an image. The subjective and sensuous experiences of photographs as linking objects within memory are equally integral to the cultural expectancies of the medium (Edwards, 1999, p. 223)

Esta consideración enfoca un asunto que tiene que ver con los yaganes actuales, y una de las dificultades del tema: también se configura para ellos su historia y la relación que tienen ahora con las fotografías. Este acercamiento y vínculo con las fotografías de las personas con quienes trabajé, es independiente de mi subjetividad y mis propios procesos de trabajo con las fotografías. Es decir, no puedo hablar por ellos, porque sus historias les pertenecen y son parte de su espacio privado. Puedo hablar de los sujetos retratados, sus historias inscritas en el texto etnográfico de Gusinde; pero aquello que hoy implica para los actuales yaganes, es tema privado, que evoca relatos ─sobre la vida de antes, la vida actual─, envueltos en una suerte de recuerdos y de olvidos que adquieren sentido desde una aproximación al archivo.