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Como se abordó anteriormente, la representación consignada en las imágenes fotográficas de Gusinde adquiere significado dependiendo de cómo sean expuestas y bajo qué marcos se utilicen. Tras lo visto en el abordaje etnográfico al archivo y mediante la interacción con las personas de la comunidad, y en las formas de apropiación a estas imágenes materiales, observo sentido de representación desde tres usos: lo histórico, familiar y étnico; como también de función política de las imágenes.

Estas son representaciones en la medida que hablan sobre otros de manera discursiva y mimética. Son históricas, porque refieren a un momento pasado, hito de la fotografía en 1920. Como etnográficas, han sido utilizadas bajo preceptos de raza y diferencia cultural; pero al mismo tiempo, y tras lo realizado en el museo, y en esta investigación, conduce a reflexionar sobre la representación en la que son imágenes familiares, y bajo esta idea hay otros significados de representación como imagen y como archivo.

Ahora bien, estas diferenciaciones entre “histórico-étnico-familiar” no se refieren a campos inconexos. La representación no refiere a un campo unívoco: Esa es una de las taras al tratar la representación en las fotografías. No hay una sola representación completamente valedera. La representación sobre las fotografías de Gusinde ha variado, en tanto cada una se ha visto desde diferentes perspectivas e intereses, respaldado en que: “no representations are true, all are simply perspectives on reality, and hence the way to overcome the problems of bias is to have multiple representation of the same thing” (Morphy, 1986, p.24). Por tanto su representación conjuga un campo interconectado; y sus usos han son históricos, etnográficos y, al mismo tiempo, familiares.

Por un lado, la representación histórica ha configurado imaginarios de los yaganes. Incluso en otras imágenes de fotógrafos e investigadores −como la expedición de la romanche en 1881, Furlong ([1907] 1917 en Maturana, 2005), Amos Burg en 1934, entre otros archivos fotográficos privados− contienen rastros de aquella historia de los yaganes, consignada como registros visuales, que habla de sujetos que en algún momento fueron conocidos, lo que abre la discusión sobre si a los grupos indígenas les pertenecen y se les deben devolver sus fotografías. Cada uno de ellos “constituye una instancia particular al interior del amplio rango de prácticas y discursos representacionales que han intervenido en la construcción del mundo de imágenes” (Poole, 2000, p. 7) de los yaganes.

Este rol de fotografías históricas da cuenta de un momento determinado de los yaganes. En otras ocasiones, la temporalización que suprime la cámara hace que las imágenes consignadas y los sujetos se atemporalicen, lo que supone que se niegan sus procesos de cambios y transformaciones en el tiempo (Wolf, 2005), como sucede en este caso, donde: “photographs become symbolic structures, reifying culturally-formed images as observed realities, rendering the latter as visible 'objects' in space” (Fabian, 1983 en Edwards, 2006, p.8). Pero tras ubicarlos como sujetos con historias y vínculos con los presentes, estos documentos históricos se transforman en vehículos para acceder y reflexionar a temas presentes, propios, subjetivos y objetivos, y llevan a pensar la brecha entre 1920 y la actualidad desde una mirada familiar y social.

Como imágenes familiares, las fotografías contienen aspectos subjetivos por el significado de quienes son familia para ellos: hay muchos temas que circundan −de los cuales se habla, otros que no−. Por ello fue interesante llegar al punto donde ellos hablaran

incluso de sus propias fotografías, y en algunos casos, de su interacción con ellas desde antes: “el abuelo Sarmiento estaba en el Museo”, “mi mamá me llevó al museo a conocer a Witsch”. Es así que el valor de familiar en las fotografías no era solamente el otorgado por el álbum familiar, sino que existía antes desde otros usos:

While clearly representational content is a key element in this model, material forms and their use value have, (…), equal weight as integral to the way in which groups of images were exchanged, accumulated and thus given social value, the power of the image being related to their status as accumulated objects (Poole 1997, p.11-12)

Por ello, dar cuenta del valor familiar consignado en las fotografías −reforzado por estos usos previos y actuales− permite darle sentido a la representación de las imágenes, más allá del olvido, y desde la relación que ellos construyen con ellas. Por eso es grata la idea de devolver estas fotografías a la comunidad, y más aún, porque ahora se pueden comprender como base para una representación desde ellos, que remite a un tema intrínsecamente étnico.

La representación desde lo étnico ha sido comprendida y dirigida desde el uso etnográfico que han tenido las fotografías, referente a la construcción sobre categorías como raza, etnia, mestizaje. Digo esto sobre representación de lo étnico-etnográfico, en la medida que permite hablar de identidades imaginadas, que remiten al abordaje que la fotografía ha tenido con la representación de la diferencia. Frente a lo visto anteriormente, los usos de estas imágenes implican un problema de representación histórica, porque desprovistas de contexto y atemporalizadas, los sujetos retratados se vuelven objetos; y objetos que representan diferencia. En el tema de lo étnico, ayudan a configurar una imagen hiperreal de lo indígena (Reyero, 2007 Rita Ramos, 1994), en el cual, regido por la producción de la imagen, y que construye e imagina un indígena más real que el indio actual.

Por ello, para comprender el valor étnico que contienen las fotografías, las relaciono con la propuesta de Reyero (2007), donde las fotografías son productos culturales que pueden ser leídos desde su valor documental y de la reflexión que acarrean con los yaganes actuales. Dicha perspectiva sirve para dar cuenta de las transformaciones históricas alrededor de las imágenes, y de detalles referidos −como lo “missing”− que cobran valor para los descendientes de los retratados, que así también son referidos “descendientes de yaganes”, es decir:

descendientes que -se sobreentiende- proseguirán ese horizonte en el futuro. Creemos que esta conciencia es lo que permite tolerar la diversificación real del grupo y a su vez contener las diversificaciones imaginarizadas. No importa en verdad cuáles son los contenidos -o, mejor dicho "significantes"- que sustentan ese horizonte de ascendencia. Desde este punto de vista, el conjunto de significados que, para sus actores y en un momento o circunstancia dada dan cuenta de la etnicidad son en última instancia significantes que apuntan a ese común denominador del horizonte de ascendencia” (Briones et.al, 1990, pp.59-60).

Desde su valor documental, abordado como espacio de construcción de sentido de la realidad (Morphy, 1986) en vínculo con la actualidad, el archivo aparece como lugar para buscar lo étnico. Y lo es efectivamente, si entendemos lo étnico en el marco de las discusiones por la etnicidad y la identidad étnica, donde etnicidad es un “proceso [de] reproducción caracterizada –que marca rumbos de continuidad en la transformación-” (Siffredi y Briones, 1989), porque la identidad étnica, como fue referido anteriormente es un proceso de imaginarización de la etnicidad.

Así, para referir a esta construcción como valor político en relación a la imagen, y al vínculo que supone entre 1920 y la actualidad, tomo como referencia la frase encontrada en el guión museográfico del Museo: “abrimos una ventana en una casa de puertas abiertas, donde el recuerdo y el olvido conviven para quienes somos” (MAMG, 2008) como muestra de la construcción de identidad alrededor de los yaganes.

Desde esta perspectiva, tanto los vacíos, como las memorias y sus silencios se encuentran presentes en los yaganes actuales. Más que reconocer que existe una “última yagana” o un “último yagán”, el desafío es pensar en las fotografías y sus flujos en razón de una proximidad con las personas vivas de la comunidad indígena de Bahía Mejillones. Durante este proceso de apropiación y de construcción de memoria, hay muchos temas que siguen surgiendo, así como sucede con lo poco que se sabe sobre los yaganes hoy día, abundante en desinformaciones nutridas por los medios de comunicación, así como de noticias y de relatos de viajes que aportan a aquella imaginarización social que trata la identidad étnica (Briones, et. al., 1990)

Allí radica el valor que tiene trabajar estos documentos con las comunidades en general, y que con la comunidad de Bahía Mejillones en particular, porque ha puesto de fondo un asunto que les atañe: lo que se ha dicho sobre los yaganes, las fotografías que bajo ciertas discusiones académicas les pertenecen, en tanto conocimiento que puede servir para

elaborar un relato sobre ellos, desde ellos mismos. Al leer las imágenes contextualmente se provee un sentido histórico vinculado a la etnicidad en tanto “proceso de continuidad en la transformación a lo largo del cual se va caracterizando la reproducción de un grupo” (Siffredi y Briones, 1989, en: Briones, et.al, 1990, p. 58).

Ambos panoramas son parámetros que se que se observan al hablar de la representación de los yaganes: la supuesta “extinción”; y los descendientes que tienen en estas fotografías vínculos familiares que hablan de su historia. Este tema importa en la medida que sirve para un reconocimiento identitario: comprender de dónde se proviene y el valor de las personas que ya no están. Por algo, como señala Hall (2005):

la identificación se construye sobre la base del reconocimiento de algún origen común o unas características compartidas con otra persona o grupo o con un ideal, y con el vallado natural de la solidaridad y la lealtad establecidas sobre este fundamento. En contraste con el «naturalismo» de esta definición, el enfoque discursivo ve la identificación como una construcción, un proceso nunca terminado: siempre «en proceso» (p.15).

Por ello, el trabajo realizado, en tanto aproximación a la representación en las imágenes, da cuenta del contenido y del contexto en el que fueron producidas las imágenes, y habla también de usos y flujos de ellas. Este trabajo es más un proceso que un producto finalizado porque: “al prestar atención a las imágenes en la investigación y representación etnográficas, es posible que nuevas formas de entender a los individuos, las culturas y los materiales de investigación pueden emerger” (Pink, 2001, p.13 en Mora Rivera, 2009, p.2).

Conclusiones

Parte de la comprensión del problema de representación consignado en las fotografías de Gusinde ha llevado a ubicar intersticios y conexiones entre 1920 y la actualidad. Es un archivo cuya contextualización permite comprenderlo en diferentes niveles: como producción antropológica de trabajo con personas desde 1920 cuyo impacto trasciende sobre su representación actual. Históricamente lo dicho, referido y retratado alrededor del tema yagán ha resultado configurándose dentro del problema de representación de lo indígena, presente desde el discurso antropológico, y las formas en las cuales se ha mostrado y se refiere sobre los indígenas.

Este caso en particular (de fotografías yaganes tomadas por Gusinde), es un ejemplo de cómo se puede pensar un archivo fotográfico desde diferentes niveles: el trabajo con el archivo; la representación propia; y las fotografías como material de representación.

Cada uno de estos niveles fue encausado por las necesidades de investigación que surgieron desde el diseño metodológico hacia este trabajo escrito, donde quizá la clave para dar cuenta de la representación histórica como problemática fue a través de la contextualización sugerida por Scherer (1992) para trabajar los archivos fotográficos. La contextualización fue uno de los elementos constitutivos que dieron cuenta de los discursos a los cuales están asociados los yaganes. Estos refieren a las fotografías de Gusinde, pero están arraigados también a la representación e imaginarios circundantes sobre los yaganes. Las representaciones sobre y en la australidad −la Patagonia y sus habitantes, especialmente los yaganes, como el “grupo indígena más austral del planeta”- construidos sobre documentos cartográficos, visuales y escritos forman parte del problema de la representación histórica de lo indígena. Estas representaciones son productos culturales (Reyero, 2007) que dan cuenta del proceso de hablar sobre otros (vertreten) o retratarlos (darstellen) (Spivak en Castañeda, 2011, Menard, 2009, Pávez, 2012), como construcción sobre la realidad, más no la realidad en sí misma (Morphy, 1986). Desde lo visto, creería que hay muchos tipos de representaciones provenientes de las imágenes fotográficas yaganes de Martin Gusinde, ya que sobre ellas hay numerosas lecturas, dependiendo de dónde sean leídos y bajo qué intereses.

I.

Este archivo fotográfico, traído desde el Anthropos Institute, (Alemania) por el director del Museo Martin Guinde, se trata de un documento histórico del siglo XX, con múltiples características aquí abordadas. Desde su valor documental, estas imágenes están cargadas de significados unidos al contexto de su toma. La relación que estas fotografías guardan con Gusinde y con su etnografía, permitieron conocer historias que fueron puestas en interacción con los actuales yaganes de isla Navarino, con quienes el archivo tiene nexos por tratarse de familiares retratados (Marticorena, 2012). Por tanto, este trabajo suscita diferentes reflexiones finales: por un lado, como archivo y producto fotográfico; y por otro, en relación a lo que estas imágenes fotográficas implican en sus representaciones sobre lo yagan.

Que se trate de un archivo -como campo de poder (Derrida, 1997)- implica que desde él se erigen múltiples discursos y significados. Ello lo hace susceptible a ser utilizado como una plataforma de análisis sobre la construcción de la otredad: el archivo como una forma de investigación que potencia lo político, a través formas de abordar las investigaciones contextuales e históricas con los lugares donde son elaboradas, ya que hablan de dicho lugar. “Según Berger (1998), las imágenes guardadas en archivos o instituciones retratan sucesos separados de su contexto social y se convierten en objetos que se prestan para diversos usos y significaciones (…) Pues la fotografía, a diferencia de la memoria, no conserva en sí misma significado alguno pues depende de su contexto de enunciación” (Maturana, 2013, p.13). Por tanto, es mucho lo que se puede hacer con los archivos, y más si son pensados para trabajar con comunidades.

Las fotografía son productoras y producto de conocimiento que han estado al servicio del poder (Harlan, 1998). La relación que la antropología tuvo con la fotografía desde el siglo XIX y XX, fue una herramienta colonial que dio sentido a las imágenes como productoras de otredad al representar razas. Las fotografías que viajeros, antropólogos, científicos, misioneros, entre otros, tomaron por años, ayudaron a configurar a un sujeto-objeto imaginado (Alvarado, et.al.2007), que se reforzó bajo el uso de las fotografías etnográficas.

Bajo este renombre, las “fotografías etnográficas” acarrean cuantiosos imaginarios (Barabas, 2000), debido a que contienen discursos asociados a la raza como forma de

alteridad en tanto elemento que delimita y exacerba la diferencia cultural, como también la cosificación de los sujetos que están retratados (Fabian, 1983, p.117 en Edwards, 2006, p8). Esto involucra un problema de representación de lo indígena, que implica a las fotografías de yaganes tomadas por Gusinde, donde los usos y formas de recepciones de estas imágenes, están en concordancia con la representación de la alteridad, y en discordancia con lo que implican para la comunidad actual.

Las imágenes fotográficas de yaganes del archivo de Martin Gusinde han sido presentadas como imágenes etnográficas, ayudando a una configuración de “lo fueguino” (Alvarado et.al, 2007); pero, paralelamente, por su imagen y materialidad retratan un momento determinado de la vida de los yaganes que tiene un vínculo con el presente, como espacio para ver otros significados y representaciones que surgen de las mismas: elementos encontrados entre 1920 y la actualidad; y cómo ahora, además de ser fotografías etnográficas también son (y habían sido) fotografías familiares.

El “álbum familiar” −como producto trabajado desde Marticorena y Serrano (2012) desde el Museo− se planteó para compartir las fotografías con los actuales yaganes por lo que implica para sus raíces, para su comprensión histórica. El abordaje interno y contextual (Concha Lagos, 2005) de las fotografías del archivo de Martin Gusinde, bajo sus detalles, como historias internas (o “historias crudas” Edwards, 2006) consignadas desde la etnografía, fueron llevadas a la comunidad para ser pensadas como representación de lo yagán.

Ahora el álbum es un producto donde hay un proceso de construcción de significado: las fotografías fueron traídas del espacio del archivo a ser trabajadas y compartidas como fotografías familiares, más que sólo como fotografías etnográficas, prístinas, distantes; y mostraron que este vínculo con familiares, si bien fue “novedoso” para algunos miembros de la comunidad, también era un tema común para otros. Esto es un ejemplo de cómo existe una relación entre archivo y memoria, como vínculo y proceso entre pasado y presente de la comunidad y de la representación   que va influenciando el devenir de una comunidad (Nora, 1998 en Maturana, Op.cit).

Esta es una aproximación realizada desde la materialidad del archivo fotográfico al “álbum familiar”, donde se puede dar cuenta que las fotografías no hablan de una imagen

de lo indígena −de los sujetos como objetos icónicos−, sino son cambio personas con nombres, apellidos, historias, parentesco y vínculo a unos actuales.

Reconocer su identidad −como se hizo desde el trabajo en el Museo− es uno de los aspectos que se pueden lograr trabajando documentos como archivos, como una especie de desotrerización (Trouillot, 2011), para no reconocerlos como un “otro” de la antropología −ajeno, atemporal−, sino personas con nombres e historias, que vivieron y que dejaron huellas para saber sobre ellos hoy día. Algo similar sucede con Menocchio, el molinero del siglo XVI del trabajo de Ginzburg (1999): “Sabemos muchas cosas de Menocchio. De este Marcato, o Marco —y de tantos otros como él, que vivieron y murieron sin dejar huellas— no sabemos nada” (p.208). También son “Menocchio” los antiguos yaganes como Julia – Carrupakó Lekipa-, Luisa –Weisawea-, Peine, Lola, Kertie, Chris, Calderón, Sarmiento, Felipe, entre otros, rastreables y ubicables en documentos y en la memoria de los actuales (Marticorena y Carvalho, 2014). Devolver estos nombres y estas historias que hacen parte de la historia de la isla a las personas de la comunidad, es también devolver un producto cultural que habla de ellos, ya que “nombrando a los in-nombrados, a los anónimos de siempre, devolviendo con ello no solo un nombre, una identidad, sino también la dignidad” (Salazar, 2013, contraportada).

Como el archivo fotográfico de Martin Gusinde, hay otros archivos fotográficos, de diferentes comunidades, en otras regiones del mundo. Poder devolver estos documentos a las comunidades (Brisset-Martin, 1999) y analizarlos con ellos abre nuevas posibilidades de lectura, significado y apropiación. Los retratados no son “otros”, y tampoco quienes hoy día ven las fotografías son “otros” de la antropología. Las imágenes de los retratados denotan procesos −como sucedió en este caso−, hacia lo familiar de ancestros retratados, como asunto de memoria, de historia, de representación, de formas hegemónicas que como dijo Scherer (1995) se encuentran en mundos perdidos como archivos y bibliotecas.

La mirada antropológica utilizada aquí sobre el archivo, sugerida por Scherer (1992; 1995) sirvió para tratar este documento histórico, como también para abordar la imagen fotográfica y los significados que no están a simple vista; logrando relacionar las fotografías tomadas por Gusinde con la construcción histórica de los yaganes, inmersas en aquello que hoy denominamos “fueguino”, y que ahora forma parte de elementos históricos y culturales de los yaganes actuales.

II

El trabajo con estas imágenes deja abierto el interés para continuar con otras búsquedas, no sólo desde el Museo y sus funcionarios, sino también de la comunidad. Como dije anteriormente, estas imágenes son productos culturales que hablan de los yaganes; y en ellas recae valor ontológico, y político (Moxey, 2007). Esto significa que hay valor en lo