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3.2 Imagen, materialidad y mirada

3.2.2 Proceso metodológico

Llegué a Williams a trabajar con la comunidad con la idea inicial de elaborar talleres de memoria alrededor de las fotografías. Durante el proceso simultáneo de escritura y de trabajo con el archivo, prioricé que este acercamiento fuese una continuidad del trabajo que se había comenzado en el Museo: la recepción de los álbumes como forma de recepción de las fotografías con personas de la comunidad. Ahora reconozco que fue una decisión que permite pensar el movimiento de las imágenes desde archivo fotográfico al “álbum familiar”, e incluso, al movimiento que éste ha tenido para las personas de la comunidad.

Gracias a esta adecuación, comprendí que las estrategias metodológicas dependen del contexto en el que se realicen. No hubo cabida para un taller de memoria, porque implicaría otras temáticas en relación a la imagen, que desvirtuarían la interacción de los actuales yaganes con las fotografías, por las tensiones, dinámicas e historias previas que existen alrededor de lo que la fotografía implica en este campo.

Se trata de una comunidad que históricamente ha tenido interacción con las fotografías de investigadores, reporteros y antropólogos, que han instalado el escepticismo, la incredulidad, la desconfianza, así como también silencios en torno a la idea de “investigar” algo sobre ellos para luego irse sin devolver los resultados, ni las fotografías. Incluso desde la década de 1920 Gusinde lo expresó:

quien se atreve a atravesar esas regiones lejanas, lógicamente viene equipado con una máquina fotográfica y no deja escapar ocasión alguna de tomar muchas fotografías de “esos salvajes habitantes de esta región inhóspita”. Para ello persiguen a los aborígenes y dan caza a sus rostros. Yo mismo presencié extraños incidentes, como cuando un blanco sigue con su cámara a tal o cual indio que se defiende con uñas y dientes. Cuando después de largas negociaciones se llega, por fin, a un arreglo entre el fotógrafo y el modelo, siempre es en base a la promesa de enviarle pronto una foto. ¡Tantas veces se ha hecho la promesa como ha quedado sin cumplir! Así nació la desconfianza general de los indios cuando los blancos aseguran algo enfáticamente (1982 p.71)

Por ello, como este trabajo parte de lo realizado anteriormente con el Museo, me adecué a lo que se venía realizando: compartir, dar recíprocamente y no “extraer historias”. De esta manera, se consolidó un acercamiento reflexivo y exploratorio, inspirado en la experiencia metodológica de Kuhn con fotografías (2007) donde imperan actitudes de confianza, atención por los detalles ─como también a mis propios elementos subjetivos─, lo que se tradujo en una actitud abierta para comprender los sentidos alrededor de las fotografías, así como las historias que las acompañan. Esta cuestión me hizo involucrar mis opiniones y el trabajo con el archivo, lo cual me permitirá relatar algunos apuntes de elementos encontrados durante dicha revisión.

Como señalé anteriormente, de las 43 familias que recibieron el “álbum familiar”, contacté a 10; y la selección de fotografías leídas fue reducida a 70, correspondientes a las categorías de Retratos, Familiares, Grupales familiares, y Paisajes ─ obviando las rituales─. Esta selección tuvo la intención de extender un puente entre las imágenes del pasado ─sin pintura corporal─ con los actuales yaganes vía una selección que expone lugares conocidos por la comunidad, con el fin de proveer un acercamiento personal. Es necesario aclarar que algunas de las personas con quienes realicé el acercamiento habían participado previamente en la selección de fotografías para el álbum (Marticorena, 2012 Marticorena y Serrano, 2012), y por ello es un ejercicio que se entronca en un proceso ya iniciado. También se les contextualizó sobre quién fue Gusinde y su trabajo, explicando un poco el por qué fueron tomadas, cuál era el rol de la cámara en aquel instante, y qué había

dicho él sobre ellos, como una manera de socializar lo que hasta el momento habría sido mi investigación.

Ésta labor implicó un intercambio de miradas, donde “la relación imagen-memoria supone también silencios y emociones que conllevan a su vez otros interrogantes vinculados a los procesos y procedimientos de recepción” (Reyero, 2007, p.38). Por tanto, las opiniones y reacciones son elementos que quizá no tienen lugar aquí, porque no tenía el objetivo de extraer información, sino en cambio de compartir, generar dudas, dialogar, cuestionar conjuntamente. Así doy cuenta de este proceso, de intereses que van surgiendo desde estos encuentros, para pasar de ser fotografías ─muchas veces desconocidas─ que posteriormente adquieren un sentido familiar.

Así reside el sentido de evidenciar los tipos de miradas: una es mi mirada sobre este proceso, otra es la de ellos. No puedo dar cuenta de la percepción de ellos porque es propia y subjetiva ellos. Pero puedo hablar de los elementos que surgieron al ser vistas y trabajadas, relacionadas con su propia vida, y su propio relato que surgía con algunas de ellas, donde este pasado está desprovisto de las personas que lo vivieron; pero que, en tanto pasado arraigado en lugares conocidos, despiertan el recuerdo, accionan acontecimientos, miradas, reflexiones y opiniones actuales sobre ese pasado.

En general, las reacciones a partir del contacto de las historias y las fotografías, estuvieron asociadas con la elaboración de su propio relato con el fin de ilustrar momentos de su propia experiencia, ligados a lugares retratados que visitaron, que conocieron, que hicieron o hacen parte de ellos; como también, que dieron paso a saber dónde nacieron, en qué año nacieron: “Nací en Mejillones,..”, “viví en Róbalo..”, “viví en Bahía Douglas..”, ─como también aquellos espacios cotidianos que se acabaron con la vida civilizada en la base naval─; y muchas reflexiones sobre la década de 1920 y la actualidad. En sí, son reflexiones interesantes para abordarlas desde otros ámbitos que hablan de sus perspectivas. Si bien ellos no pueden hablar por las personas retratadas, sí pueden hacerlo por sí mismos y referirse a las construcciones que ahora hacen alrededor de las fotografías. Además, ligado al contenido familiar, el álbum y el trabajo realizado por Marticorena (2012) sirvieron para dar cuenta de vínculos familiares que anteriormente no se conocían, por ejemplo, lo que sabían de la abuela que no conocieron, o frente al tío del que alguna vez escuchó: “antes sabíamos que éramos parientes, pero no se sabía por quién” (Sarmiento,

2013). Para estas recepciones, la abuela Cristina juega un papel bien particular, por ser la última de las abuelas que tuvo nexo con “la vida de antes”. En ella reside un sentido de lo que eran los yaganes y de sus relaciones de parentesco, porque sabe las historias familiares: “la abuela era la única que sabía, puede que ella no hubiera conocido a algunos, pero si sabría quienes eran” (V. Balfor, 2012).

El acercamiento a estas fotografías desde la mirada familiar y personal involucra el valor e importancia que tienen, al ser relatadas y reconocidas como familiares, como fortuna de poder conocer a sus tíos, abuelos, tatarabuelos, y en el deseo de querer poseerlas para que las vean sus descendientes y puedan comentarles: “ella es mi tatarabuela”. Así lo relataba V. Balfor, y yo le respondía que ni yo había tenido la posibilidad de ver fotografiados a familiares tan lejanos.

Además, este acercamiento con las fotografías permite pensar la brecha de tiempo entre 1920 cuando fueron tomadas las fotografías, y la actualidad, cuando se comprende el valor etnográfico, histórico, y familiar que se ha configurado alrededor del flujo de las imágenes. Así, el trabajo con el “álbum familiar”, y su recepción implicó un espacio de diálogo, intercambio, e incluso algunas sorpresas y elementos no planificados, como es la relación que algunos tenían con ciertos recuerdos y con las fotografías exhibidas en el Museo, o en libros y revistas. De esta manera, el trabajo con fotografías permite pensar los flujos y otras representaciones que presentaré a continuación.