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3. LOS SABERES TÉCNICOS Y POLÍTICOS EN LO EDUCATIVO

3.3 La función de intelectual y la función de experto: su distribución y relación con los

Esta dinámica entre lo político y lo técnico posibilitó también la distribución de los hablantes en dos funciones primordiales: la del experto y la del intelectual. De la misma manera que se presentaba el juego entre los saberes, las funciones establecían un juego de intercambios que a veces parecían borrar sus límites claros de distinción.

Sobre lo que puede determinarse como intelectual existen diversas posiciones y clasificaciones. En términos generales, al intelectual se le ha colocado al lado de la actividad política, como un guía iluminado; Foucault, estableció, en Microfísica del Poder,

una transformación profunda en esa función clásica del intelectual; tradicionalmente a los intelectuales se les ha definido por su posición privilegiada en la sociedad burguesa y su discurso revelador en tanto verdad; pero el problema de estos criterios para definirlo, es que se han elaborado asumiendo que el intelectual estaría por definición al margen, y no inmerso en el sistema de poder-saber, gracias a su posesión de la verdad:

“Me parece que la politización de un intelectual se hacía tradicionalmente a partir de dos cosas: su posición de intelectual en la sociedad burguesa, en el sistema de la producción capitalista, en la ideología que ésta produce o impone (ser explotado, reducido a la miseria, rechazado, «maldito», acusado de subversión, de inmoralidad, etc.); y su propio discurso en tanto que revelador de una cierta verdad, descubridor de relaciones políticas allí donde éstas no eran percibidas. Estas dos formas de politización no eran extrañas la una a la otra, pero tampoco coincidían forzosamente. […] El intelectual decía la verdad a aquellos que no la veían aún, y a nombre de aquellos que no podían decirla: conciencia y elocuencia.

Pues bien, lo que los intelectuales han descubierto [recientemente] es que las masas no tienen necesidad de ellos para saber; […] Pero existe un sistema de poder que bloquea, prohíbe, e invalida ese discurso y ese saber. […] Ellos mismos, los intelectuales, forman parte de ese sistema de poder, la idea de que son los agentes de la «conciencia» y del discurso pertenece a este sistema. El papel del intelectual ya no es más el de situarse «un poco adelante o un poco al lado» para decir la muda verdad de todos; es ante todo luchar contra las formas de poder allí donde él es a la vez su objeto y el instrumento: en el orden del «saber», de la «verdad», de la «conciencia», del «discurso»”.303

Pero la verdad ya no puede ser concebida como un saber puro al margen de todo poder, y el intelectual lucha con y por la verdad, dentro de la verdad, esto es, dentro del régimen del conocimiento, como cualquiera otro de los “usuarios” de los saberes.

El intelectual como término y objeto concreto tiene un tiempo y un lugar definido de aparición, Neiburg y Plotkin lo ubican en el contexto francés en el último tercio del siglo XIX (especialmente con el caso del affaire Dreyfuss). En cambio, el término experto, para

estos autores, tiene una historia más reciente, considerado típico del siglo XX, específicamente después de Segunda Guerra y bajo la influencia norteamericana: “aunque individuos caracterizados como expertos han existido desde mucho antes”.304

Los autores establecen que aunque a los intelectuales se les ha asignado un carácter crítico y “alejado de los poderes”, a los expertos se les designa un lugar y una especificidad concreta: “suelen ser los técnicos, los especialistas que trabajan en y para el Estado, y más recientemente para las ONGs y las organizaciones internacionales”.305 No obstante, diferencias más contundentes entre uno y otro son planteadas de acuerdo a su formación, pues: “si la figura del intelectual remite a un tipo de formación general, que puede o no tener a la universidad como un ámbito general de acción, la figura del experto evoca especialización y entrenamiento académico”.306

303 Foucault, Michel.

Microfísica del poder, pág., 79. Recurso electrónico en pdf hallado en: https://www.u- cursos.cl/derecho/2009/1/D121C0209/1/material_docente/bajar?id_material=210299

304 Neiburg, Federico; Plotkin, Mariano. (Comps)

Intelectuales y expertos. Paidós, Buenos Aires, 2004, pág.,

15

305 Neiburg y Plotkin,

Intelectuales y expertos….., pág. 15

De la misma manera, la acción pública de estos sujetos prescribe la presencia de dos funciones específicas; pues mientras el intelectual: “dice anteponer un tipo de valores y un tipo de sensibilidad”,307 el experto “actúa en nombre de la técnica y de la ciencia reclamando hacer de la neutralidad axiológica la base de la búsqueda del bien común”.308 Sin embargo, es importante tener en cuenta que ninguno de los dos (intelectuales y expertos) deben concebirse como una polaridad extrema, pues constituyen “más bien, un espacio de intersección productiva”.309 Más allá de establecer los espacios de intervención dentro o fuera del Estado, los autores plantean puentes o “pasajes” que el intelectual y el experto comparten, puentes en donde reside la producción de conocimiento de la sociedad, de manera que “ideas, modelos institucionales y formas de intervención” pueden compartirse sin excluir el lugar político de los sujetos.

Los lugares de enunciación constituyen también una problemática necesaria de precisar. El Estado, como organismo al cual comúnmente se les ha vinculado a los técnicos o expertos es asumido por Neiburg y Plotkin como: “un espacio de agentes sociales y de instituciones con intereses y tradiciones no siempre compatibles entre sí, que se han transformado (…) como resultado de cambios bruscos”,310 y la academia, desde donde se espera que se enuncien los intelectuales, es vista como “un universo cambiante y también fragmentado, un mundo fuertemente ligado a la política y a los propios conflictos en el ámbito estatal, sujeto a violentos cambios institucionales”.311

Planteamos entonces las nociones del técnico y el intelectual más cercanas a unas funciones prácticas o papeles generales del dispositivo de verdad,312y no como la

institución de unos sujetos concretos. Hasta el momento, el recorrido de nuestro relato ha dejado ver que, sin distinción de los sectores hablantes, un mismo enunciado podía actuar, bien como experto, bien como intelectual, inmersos ambos en unas relaciones de poder en unos espacios de intersección productiva. Esto nos lleva a analizar un juego de relaciones

307Neiburg y Plotkin, Intelectuales y expertos…..,., pág., 15 308Ibíd., pág., 15 309Neiburg y Plotkin, Intelectuales y expertos…..,., pág., 17 310Ibíd., pág., 20 311Neiburg y Plotkin, Intelectuales y expertos…..,., pág., 20 312 Foucault,

Microfísica del Poder, pág., 188. Recurso electrónico en pdf hallado en: https://www.u-

donde se sacan a luz cuatro planos de saber, que igualmente comportan relaciones de poder; y que abordaremos a continuación.