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La función política de la prensa: un debate abierto

PRENSA, POLÍTICA E INFORMACIÓN PENAL

1. La función política de la prensa: un debate abierto

Briggs y Burke (2002: 101) cuentan que Napoleón resumió claramente el poder político de la prensa al afirmar que “cuatro periódicos hostiles pueden ser más letales que 10000 bayonetas”. Con todo, la prensa tal cual la conoció Napoleón93 es tributaria de un modelo político diseñado para que las libertades de expresión e información garanticen el funcionamiento del sistema político.

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Tal como relatan Briggs y Burke (2002: 99), en los seis meses previos a la Revolución Francesa de 1789, más de doscientos cincuenta periódicos fueron creados en Francia; mencionan también la existencia de más de 1700 cafés, donde no sólo se consumían dichos periódicos sino que, además, a raíz de ellos los habituales entablaban conversaciones y proponían temas de debate. En opinión de Habermas (2002), éste es el sustrato ilustrado que permitió la creación de la opinión pública burguesa, fundamental para el propio éxito de los ideales revolucionarios. Sin embargo, después de la Revolución y con la llegada al poder de Napoleón, sobrevivieron apenas cuatro periódicos, todos ellos bajo la censura impuesta por el Emperador (Briggs y Burke 2002: 99).

En efecto, los medios de comunicación (y la prensa, en especial) son condición necesaria para que la palabra y las ideas políticas circulen por el espacio público. Asimismo, conforme explicó Habermas (2002), la propia construcción de la “esfera pública burguesa” se debe a la organización de un sistema de prensa libre; las reflexiones y opiniones políticas ejercidas en las tribunas mediáticas servían de soporte para el debate público de los temas políticos en los salones y cafés de los siglos XVIII y XIX, en Francia e Inglaterra respectivamente.

Precisamente, en este periodo, la prensa fue elemento esencial para la caída del Antiguo Régimen y la construcción de una nueva ágora reconfigurada. El modelo idealizado en la polis griega para la participación política de los ciudadanos, restringido a la exigencia de una presencia física, había quedado demasiado limitado si tomamos en consideración no sólo el crecimiento demográfico de las ciudades sino también las transformaciones socioeconómicas impulsadas en la modernidad. Por ello, previamente a las revoluciones burguesas, con el surgimiento de la prensa los periódicos pasaron a cumplir la función de hacer llegar a los ciudadanos la palabra, y con ella la política. No obstante, como explica Ruiz (2008: 16),

El concepto de prensa que circula hoy en los discursos – periodísticos, políticos, empresariales- continúa siendo, casi intacto, el discurso liberal democrático que se forjó en el siglo XVII para consolidarse un siglo después. Sin embargo, en sus actuaciones prácticas, la prensa es sólo una foto borrosa de la función política que entonces se le encomendó.

Y ello porque progresivamente la prensa perdió esta función política, la de promover la circulación de la palabra y el debate libre y racional de ideas. Lo que creció en el siglo XVIII y se consolidó como uno de los pilares de las democracias decimonónicas se vio puesto en peligro a lo largo del siglo XX y así sigue a principios del XXI. En parte, según el propio Ruiz (2002: 16-17), debido a que, a día de hoy, los Poderes del Estado detentan el control sobre la prensa94.

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La tesis propuesta por Ruiz (2008) no está exenta de polémica, pero si bien esta situación de dependencia del campo mediático respecto a los demás Poderes del Estado pueden parecernos grave o exagerada, pensemos que, al contrario, la inexistencia de dicho control podría conllevar riesgos para la pluralidad en los medios existentes y para el desarrollo de su función política. Con todo, la afirmación de Ruiz en el contexto de la mencionada obra se trata más bien, según nuestra interpretación, de una provocación ante lo que él analiza como la pérdida de las funciones políticas de la prensa.

El pensamiento liberal proponía que la prensa funcionara como un elemento emancipador de los individuos. Eso queda claro si analizamos la influencia de la prensa en los procesos de formación de la opinión pública y el papel activo que ésta jugó en revoluciones claves de la modernidad, tales como la Reforma de Lutero, la Guerra civil inglesa, la Revolución Gloriosa de 1688 o la Revolución Francesa (Briggs y Burke 2002: 74). Paradójicamente, mientras se consolidaba una esfera pública en las nacientes democracias europeas y se eliminaba la censura impuesta por el Antiguo Régimen, la cultura política moldeada por la propia prensa en estos eventos históricos fue progresivamente perdiendo espacio.

Un ejemplo muy claro de ello es la evolución del papel desempeñado por la prensa como instrumento de lucha por los derechos de la clase media trabajadora en Inglaterra. Posteriormente a las Revoluciones industriales, ésta pasó a funcionar como un elemento de disuasión de la lucha de clase (Curran 1995: 46). Primero, porque la “prensa radical”, con un fuerte contenido político, a partir de 1830 fue perdiendo espacio a favor de una prensa comercial y cada vez más enfocada a temas de entretenimiento (literatura popular, folletines, crónicas sociales, etc.). Segundo, porque surgieron nuevos vínculos comerciales que impulsaron la consolidación del “mercado de la información”. Tercero, porque el Estado pasó a controlar o regular gran parte del sistema mediático. Por ello, afirma Curran (1995: 45) que,

The new liberal press diluted the ideology of the early militant press to such an extent that it acquired a new, therapeutic meaning for the functioning of the social system. The co-operative ethos that would inform the new social order, proclaimed by some militant papers, became transmuted into the spirit of partnership between masters and men that would make the British economy prosper.

En este sentido, el propio Curran (1995: 7) critica la visión comúnmente aceptada por muchos autores que consideran la conquista de la libertad de expresión como un acontecimiento casi mítico, en el cual se otorga a los medios de comunicación el triunfo sobre el poder político del Estado, en los siglos XVII o XVIII en Inglaterra. En su opinión, tan importante como el debate en torno al alzamiento de la prensa como

contrapoder político es la contextualización de este fenómeno en el marco de las transformaciones introducidas por el mercado capitalista95.

Por ello, Thompson (1995) atribuye a la creación de la imprenta una parte central del engranaje en la adquisición del derecho a la libertad de expresión. El surgimiento de la imprenta y su uso en la Reforma luterana o en las Revoluciones Gloriosa o Francesa promovió, por un lado, la creación de un nuevo mercado (público lector) y, por otro, una nueva industria para suplir las demandas generadas por este mercado.

En efecto, tanto la utilización de las tecnologías de impresión como el mercado generado por éstas permitieron que, en la Modernidad, a través de la prensa, se rompiera la necesidad de copresencialidad física y temporal para la acción política, creando un nuevo modelo para el ejercicio de la misma (Ruiz 2008; Thompson 1995).

Durante el Antiguo Régimen, el ejercicio del poder político se basaba mayormente en la visibilidad del soberano y la construcción de una mística publicitaria en torno a la figura de éste (Thompson 2000). Precisamente por eso, Maquiavelo ya había vinculado en El Príncipe los conceptos de visibilidad y opinión al afirmar que “los hombres juzgan más por los ojos que por las manos” (Maquiavelo 2004: 104). A su vez, a partir de la expansión de las ideas liberales, ya entrados en la modernidad, la clase política pasó a verse obligada a publicitar sus acciones, sobre todo, a través de la prensa.

Y será solamente a partir de la adquisición del derecho a la libertad de imprenta - con independencia de la censura estatal -, que nacerá la libertad de prensa y de información (Curran 1995: 277). Precisamente por ello, al tratar sobre la constitucionalización de los derechos fundamentales de la esfera pública, Molas (2008: 316-317) puntualiza la importancia del surgimiento de la libertad de imprenta para la consolidación de las demás libertades de expresión ejercidas en el espacio público.

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Específicamente, hemos trabajado este planteamiento en el punto 2.1.4 del Capítulo I, al contextualizar la evolución del campo mediático español a raíz de las transformaciones históricas y en función de la división del trabajo social.

Igualmente, sin la libertad de información y expresión96, en opinión de Ruiz (2008: 23), la propia consolidación de la libertad de empresa, base del capitalismo en las democracias liberales, no hubiera sido posible. Sin embargo, a día de hoy según el mencionado autor el capitalismo, tributario de los ideales políticos-liberales, consume vorazmente los principios que le permitieron llegar a ser lo que es, al tolerar, por ejemplo, la configuración de grandes conglomerados multimedia y reduciendo así la pluralidad de voces en la esfera pública.

Sea como fuere, el ejercicio de la función política por parte de la prensa es tributario en gran medida de la consolidación de las democracias liberales. En este sentido, Curran (1995: 277) señala tres funciones políticas de la prensa - siguiendo la teoría liberal -, que serían: a) la creación de un foro para el debate público de los temas del día (actualidad); b) la articulación de una “opinión pública” a partir de este debate; c) por consiguiente, la opinión pública constituida forzaría a los gobiernos a tener presente la voluntad de los ciudadanos en la toma de decisiones políticas97.

Habermas (2002), en la misma dirección, entiende que la prensa funciona como una especie de agencia a través de la cual la opinión privada de los ciudadanos gana un cuerpo público capaz de ejercer una función de control sobre los poderes estatales. Es en la prensa y a través de ella que los ciudadanos pueden hacer uso público de la razón. Igualmente, según la propuesta habermasiana, será a partir de las opiniones en circulación en la esfera pública que la prensa asumirá un papel crucial en el sistema político. A través de la prensa, se institucionaliza la opinión pública como parte de las democracias liberales. Como explica Ruiz (2002: 83)

La abolición de la censura y la libertad de prensa fueron y son dos principios irrenunciables en el catecismo liberal […] la obligación de publicidad, de transparencia que de ella se deriva, unida al hecho de que el ciudadano se ha

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Aunque estén íntimamente relacionadas, las libertades de expresión e información no deben ser entendidas como sinónimos, dado que la libertad de información proviene de los derechos derivados de la libertad de expresión. Trabajaremos más a este respecto en el apartado 3 del presente Capítulo.

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Si tenemos presente las referidas funciones políticas de la prensa a raíz de lo que expusimos en el Capítulo I (apartado 1) acerca del proceso de policy-making, constataremos de inmediato la importancia de la prensa a la hora de fijar la agenda política así como en el proceso de debate de alternativas políticas y en la ejecución de determinada política pública.

convertido en la fuente de legitimación de poder, hacen emerger a finales del siglo XVII un nuevo sujeto que, existiendo ya en la historia, sólo ahora cobra vida política: la opinión pública. Un concepto que, en democracia, une moral y políticamente a la prensa y al ciudadano.

En la base de esta ecuación liberal que establece una íntima relación entre la función política de la prensa y la formación de la opinión pública y por consiguiente en la base del mismo funcionamiento del sistema democrático, se encuentra la información. Para que todo este proceso pueda desarrollarse, los ciudadanos necesitan disponer libremente de informaciones que les permitan emitir juicios.

No obstante en las democracias liberales progresivamente el campo político empezó a generar vínculos cada vez más explícitos con el sistema mediático, fuera por la producción de mensajes políticos diseñados exclusivamente para el consumo en la palestra mediática, fuera por la concentración de poderes en la gestión de los medios públicos o en la concesión de licencias (de radiodifusión) para su explotación privada (Street 2001).

Por ello, no sólo recobra sentido la discusión en torno a la función política de la prensa a raíz de su constitución en el seno de la teoría liberal, sino que además se hace necesario reflexionar sobre su poder frente al sistema democrático, punto que revisaremos brevemente a continuación.