Virginia Woolf
1.3 GÉNERO FEMENINO Y PSICOANÁ LISIS EL “ TECHO DE CRISTAL”
Una hipótesis psicoanalítica
Desde diversas hipótesis psicoanalíticas se ofrecen variados modos de comprensión a la constitución de la subjetividad femeni- na, con el análisis del desarrollo de la iden- tificación con la madre mediante el Ideal maternal, a través del sistema Superyó- Ideal del Yo. La configuración de semejan- te ideal parecería haber suministrado a las mujeres de mediana edad una fuente de satisfacción debido a la movilidad pulsio- nal que tal identificación provoca,una mo- vilidad pulsional desplegada ampliamente en su vínculo con sus hijos. Las caracterís- ticas del vínculo materno filial en cierto grupo de mujeres han sido de máxima in-
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timidad corporal, fusión y/o identificación con las necesidades de sus hijos pequeños o adolescentes, de modo tal que la ruptu- ra de tal vínculo cuando los hijos son gran- des y se alejan de ella las ha dejado sin ob- jeto libidinal. La movilidad pulsional antes desplegada con los hijos quedaría sin des- tinatario aparente, provocando una situa- ción crítica al aparato psíquico. Uno de los efectos resultantes de tal condición es la así llamada estasis pulsional. Bajo estas cir- cunstancias, lo que produciría sería lo que en la teoría freudiana se denominan esta- dos tóxicos: se trata de la imposibilidad de transformar una cantidad de libido dispo- nible en algo cualificable, que tenga una significación para el sujeto. El conflicto pa- recería derivarse del hecho de que existiría una magnitud libidinal no tramitable, o di- fícil de procesar, es la que en esta hipótesis se describe como estancamiento pulsional.
He desarrollado con más amplitud esta hipótesis en trabajos anteriores, en parti- cular cuando analicé el empuje pulsional en dos crisis vitales femeninas: la de la adoles- cencia y la de la mediana edad .En esa oca- sión he ilustrado cómo se produce en ellas un incremento de empuje libidinal que se constituye en estasis tóxica por la dificul- tad de procesamiento psíquico. También he descripto algunas adicciones comunes entre las mujeres, por ejemplo, a los psicofárma- cos, como resultado de la dificultad para tra- mitar magnitudes pulsionales que se vuel- ven tóxicas para la sujeto que las padece).
En una investigación que he realizado en 1991-1992, las mujeres del estudio que
se encuadran dentro del grupo de las Tradi- cionales se encontrarían más representadas dentro de esta problemática, en tanto que aquellas categorizadas como Transicionales o como Innovadoras estarían enfrentando esta problemática con otros recursos que les permitirían lograr mayor movilidad pulsio- nal. Estas últimas tratan de encontrar más salidas o resoluciones a la inermidad yoica ante los avatares de la detención pulsional que puedan padecer. Muchas de ellas refuer- zan su inserción laboral, otras su participa- ción social, otras diversifican o amplían sus actividades recreativas, de estudios, de cuida- dos por su salud, etc., en el intento de inves- tir libidinalmente otros objetos pulsionales. Este trabajo de elaboración psíquica lo reali- zan mediante diversos recursos de reflexión y de juicio crítico en relación con su compo- sición subjetiva, para lo cual suelen atravesar una profunda crisis vital que pone en cues- tión su subjetividad. Sin embargo, también he encontrado la problemática del estanca- miento libidinal de aquellas mujeres que han logrado un máximo de movilidad pulsional a través de su carrera laboral. En este grupo de mujeres el “techo de cristal” ha operado como factor de detención y aún de estanca- miento, en sus carreras laborales. El efecto de estasis pulsional en este grupo de muje- res puede percibirse a través de la expresión de su malestar, especialmente bajo la forma de estados depresivos en la mediana edad. Me refiero a un “techo de cristal” que opera simultáneamente en una doble inscripción : como realidad cultural opresiva y como rea- lidad psíquica paralizante. Mi preocupación estará dirigida a analizar esta doble inscrip- ción del “techo de cristal”.
Una hipótesis de género:
el “techo de cristal” en la carrera laboral.
El concepto de “techo de cristal” ha sido des- cripto recientemente por algunas estudiosas de la sociología referido al trabajo femenino, particularmente en los países anglosajones.
En mi estudio sobre estados depresivos en mujeres de mediana edad, he intenta- do articular la noción de “techo de cristal” con algunas hipótesis psicoanalíticas y de género para comprender ciertos rasgos del malestar de este grupo de mujeres.
¿Qué es el “techo de cristal”?. Se deno- mina así a una superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar, que les impide seguir avan- zando. Su carácter de invisibilidad está dado por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni có- digos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está cons- truído sobre la base de otros rasgos que, por su invisibilidad, son difíciles de detec- tar. Debido a esta particular conformación del techo de cristal, para estudiarlo debe- mos buscar sus rasgos en los intersticios que deja el entramado visible de la carre- ra laboral de este grupo de mujeres. Entre ellos, he hallado rasgos cuya comprensión nos la ofrecen las hipótesis de género y otras que podemos comprender mediante hipótesis psicoanalíticas.
El concepto “techo de cristal” fue ori- ginariamente utilizado para analizar la ca- rrera laboral de mujeres que habían tenido altas calificaciones en sus trabajos gracias
a la formación educativa de nivel superior. Sin embargo, su experiencia laboral indica que en determinado momento de sus ca- rreras se encuentran con esa superficie su- perior invisible llamado “techo de cristal”.
A partir de los estudios realizados desde la perspectiva del género, que indican cómo nuestra cultura patriarcal constru- ye semejante obstáculo para las carreras la- borales de las mujeres, me he preocupado por estudiar cuales son las condiciones de construcción de la subjetividad femenina que hacen posible tal imposición cultural. He hallado que parte del “techo de cristal” como límite se gesta en la temprana infan- cia y adquiere una dimensión más relevan- te a partir de la pubertad en las niñas. La importancia del análisis de este fenómeno en los estadios tempranos de la configu- ración de la subjetividad femenina se ma- nifiesta cuando comprendemos sus efec- tos ulteriores, sobre su salud mental y sus modos de enfermar.
La necesidad de regular las semejanzas y las diferencias entre hipótesis provenien- tes de teorías psicoanalíticas e hipótesis que surgen de los estudios de género nos han llevado a puntualizar algunas proble- máticas que inciden en la construcción del “techo de cristal” en las mujeres.
Dado que no podemos extendermos ampliamente en ellos, describiremos so- meramente algunos de los elementos que constituyen la superficie del techo de cris- tal. Luego, abordaremos esta problemáti- ca a partir del análisis de dos componentes
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subjetivos: el deseo hostil y el juicio crítico, en la configuración del aparato psíquico de las niñas, y de su resignificación en la pu- bertad. En esta circunstancia, los estudios de género nos ofrecerán herramientas con- ceptuales para comprender la constitución de la subjetividad femenina y su incidencia sobre su salud mental. El análisis más am- plio de este estudio puede hallarse en las re- ferencias indicadas en la bibliografía. 1.4 Género y subjetividad femenina. Algunos de los rasgos que nuestra cultura ha construído para configurar esa estructura su- perior invisible denominada “techo de cris- tal” para las mujeres se basa en:
a. Las responsabilidades domésticas:
* la dedicación horaria de los puestos más altos en la mayoría de los espacios laborales están diseñados por lo general dentro de un universo de trabajo masculino, e incluye ho- rarios que habitualmente no están disponi- bles para las mujeres -por ejemplo, horarios vespertinos o nocturnos- dado que, por lo ge- neral, este grupo de mujeres también desem- peñan roles domésticos como madres, espo- sas y amas de casa. Entre el grupo de mujeres definidas como Transicionales en su desem- peño laboral, han aceptado los límites del “techo de cristal” y realizado enormes esfuer- zos tratando de superar tales limitaciones, utilizando recursos muy diversos; en su ma- yoría, uno de los efectos de tal esfuerzo con- siste en padecer de estrés laboral.
* el entrenamiento predominante de las mujeres de este grupo etáreo en el ámbi- to doméstico, en los vínculos humanos
con predominio de la afectividad, con rela- ciones de intimidad, con el acento puesto en las emociones cálidas (ternura, cariño, odio, etc.) estaría en contraposición con el mundo del trabajo masculino, donde los vínculos humanos se caracterizarían por un máximo de racionalidad, y con afectos puestos en juego mediante emociones frías (distancia afectiva, indiferencia, etc.). En el grupo de mujeres caracterizadas como tra- dicionales, suelen encontrar muy dificul- toso el pasaje de un tipo de vinculación al otro; por lo general, consideran inacepta- ble cambiar sus modos clásicos de vincu- lación, y renuncian a seguir avanzando en sus carreras. Entre las mujeres caracteri- zadas como innovadoreas, suelen identi- ficarse con el modo de vinculación mascu- lino requerido para seguir adelante en sus carreras laborales, estableciendo una dico- tomía entre sus vínculos en el ámbito do- méstico y los del ámbito laboral. El grupo mayoritario está localizado entre las muje- res caracterizadas como transicionales, que padecen las tensiones y conflictos de inten- tar compatibilizar los dos tipos de vincula- ción -a predominio afectivo y a predominio racional- dentro del ámbito laboral.
b. El nivel de exigencias: este grupo gene- racional ha encontrado que en sus carreras laborales se les exige el doble que a sus pares masculinos para demostrar su valía. En su mayoría, perciben que en tanto a ellas se les exige un nivel de excelencia en sus desempe- ños, a sus pares varones se les acepta un ni- vel mediano o bueno a la hora de evaluar sus desempeños. En estos casos, en los criterios de evaluación utilizados, se califica por igual
el nivel de excelencia obtenido como cualifi- cación por las mujeres, con el nivel de bueno obtenido por los varones. Esto constituiría un ejercicio de discriminación laboral en per- juicio de las mujeres.
c. Los estereotipos sociales:
Algunos estereotipos que configuran el “techo de cristal” se formulan de la siguien- te manera: “las mujeres temen ocupar posi- ciones de poder”, “a las mujeres no les inte- resa ocupar puestos de responsabilidad”, “las mujeres no pueden afrontar situaciones difí- ciles que requieren actitudes de autoridad y poder”. Estos estereotipos sociales inciden en la carrera laboral de las mujeres, hacien- do que se vuelvan intelegibles para puestos que requieren autoridad y ejercicio del poder. En el grupo de mujeres estudiadas, tal este- reotipo ha sido internalizado de tal modo por ellas mismas, que casi sin cuestionarlos, los repiten como si fueran resultado de eleccio- nes propias. Si embargo, afirmaciones tales como “a mi no me interesa ocupar posiciones de poder” se ven confrontadas con otras ac- titudes en las que, contradictoriamente, de- sean asumir trabajos que les representan poder, autoridad, prestigio, reconocimiento social, etc. En tanto el grupo de mujeres tra- dicionales parece refugiarse más en aquellas afirmaciones, las mujeres agrupadas como innovadoras admiten sus conflictos y tratan de enfrentarlos con recursos variados cada vez que ocupan tales puestos de trabajo.
d. La percepción que tienen de sí mismas las propias mujeres: la falta de modelos fe- meninos con los cuales identificarse lleva a este grupo generacional a sentir inseguri-
dad y temor por su eficacia cuando acceden a lugares de trabajo tradicionalmente ocu- pados por varones. Uno de los temores que suele surgir en ellas es el miedo a perder su identidad sexual. La necesidad de identifi- carse con modelos masculinos -preferen- temente camisas y faldas largas, maletín o portafolios- como así también cambios en el timbre de su voz, impostando sonidos más graves y hablando en tonos más altos que su voz habitual.
Las mujeres que en su carrera laboral desean ocupar puestos hasta ahora carac- terizados como típicamente masculinos deben enfrentar el doble de exigencias que sus pares varones, afrontar más riesgos -por ejemplo de acoso sexual- soportar un mayor escrutinio de sus vidas privadas, a la vez que se le perdonan menos equivoca- ciones. Cuando cometen errores, no se los atribuyen, a la parte correspondiente a su entrenamiento, o a su experiencia previa, o a su formación profesional, sino al hecho de ser mujer; su pertenencia al género fe- menino operaría como categoría que expli- caría su incapacidad.
e. El principio de logro: otro factor que incide en la composición del “techo de cristal” y que resulta discriminatorio contra el género fe- menino es el así llamado “principio de logro”. Al evaluar la valía de las personas miembros de una empresa u organización tradicional- mente masculina, en que compiten hombres y mujeres por igual, algunos estudios descri- ben cómo funciona un tipo de adscripción que precede al desempeño en el cargo, aún cuando esto ocurra en forma velada e imper-
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ceptible la mayoría de las veces. En el caso de las mujeres de este grupo etáreo, esto ha llevado a muchas de ellas no sólo a ser orien- tadas hacia el mercado de trabajo secundario, sino también a la “división secundaria” casi universal dentro de las profesiones y las ocu- paciones lucrativas. Como resultado de este proceso, incluso mujeres profesionalmente muy cualificadas se ven orientadas sistemá- ticamente hacia ramas de estas ocupaciones menos atractivas, poco creativas y general- mente peor pagadas.
Este fenómeno, que ha sido descripto como parte de la división sexual del traba- jo, es bien conocido por la mayoría de los estudios que se realizan sobre la participa- ción de las mujeres de este grupo etáreo en el mercado de trabajo. Sin embargo, su al- cance no es fácil de medir y además, está sometido a diferentes interpretaciones. Lo que sí ha sido bien analizado es que esta si- tuación poco tiene que ver con el desempe- ño concreto del trabajo de las mujeres, sino que más bien está conectada con los susti- tutos simbólicos antes descriptos, que sir- ven de base para la evaluación. Ocurre que no sólo se suele valorar inicialmente a las mujeres como si tuvieran un potencial más bajo para determinados puestos de tra- bajo y por lo tanto menor valía para quie- nes las empleen, sino que además suelen mostrar ellas mismas un grado inferior de “habilidades extrafuncionales” tales como planificar su carrera, demostrar intereses ambiciosos, capacitarse dirigiéndose a de- terminados fines. Por el contrario, las ha- bilidades extrafuncionales de las mujeres de este grupo etáreo se han orientado más
bien hacia cierto “laissez-faire” respecto de su carrera laboral -entendida como comple- mentaria o secundaria a su carrera princi- pal que sería la carrera maternal y/o matri- monial- y cultivar rasgos de personalidad tales como demostrar intereses ambiciosos parecían contrarios a la configuración de una subjetividad definida como femenina.
Entonces no es accidental que muchas de las mujeres de nuestro estudio se sien- tan en una “impasse” -un callejón sin sali- da- cuando se refieren a sus carreras labo- rales. Se les hace evidente que el talento, la capacidad y la dedicación a sus trabajos, in- cluso con una legislación orientada en con- tra de diversas formas de discriminación directa, no les garantiza un éxito laboral equitativo. La exigencia de igualdad, e in- cluso las garantías formales de tratamiento igualitario para todos, por una parte, y por otra parte, las renegociaciones individua- les de las relaciones privadas, la distribu- ción de tareas y responsabilidades domés- ticas, la elaboración de normas aceptables para convivir con alguien, sólo constituyen condiciones límites de la necesaria rees- tructuración de las instituciones laborales y de las relaciones de poder entre los géne- ros femenino y masculino.
f. Los ideales juveniles: otro factor que ope- ra en la configuración del “techo de cristal” son los ideales juveniles cultivados por es- tas mujeres mientras se estaban forjando una carrera laboral. Muchas de las mujeres de esta generación convalidaron los idea- les sociales y familiares que les indicarían “asegúrense de hacer lo correcto”, y sobre
esta base afirmaron una ética femenina propia de las mujeres de éste grupo etáreo. En la actualidad, he hallado que muchas de estas mujeres se encuentran con un mer- cado laboral cuyos ideales y valores se han transformado por efecto del pragmatismo imperante para este fin del milenio, y que algunas de ellas expresan, decepcionadas, que el mandato social actual sería “asegú- rense de ganar mucho dinero y rápido”. Esta noción de que el fin justificaría los me- dios, ya que el valor supremo sería ganar mucho dinero, entra en contradicción con sus ideales juveniles con los cuales iniciaron sus carreras laborales. Para este grupo de mujeres, los medios importan tanto como los fines: por ejemplo, la consideración por el otro, el respeto mutuo, el peso dado a los vínculo afectivos, la confianza en el próji- mo, constituyen valores irrenunciables, y forma parte de los ideales con los cuales construyeron su subjetividad femenina.
Los ideales generacionales de este grupo de mujeres son puestos en cuestión; sienten de- cepción por la ineficacia actual de aquellos valores, y junto con necesidades económi- cas crecientes debido a la crisis económica en la Argentina, se ven sumidas en dudas, replanteos, cuestionamientos, poniendo en crisis sus ideales generacionales y gené- ricos. Esta puesta en crisis de los ideales de su generación y de su género para algunas, las mujeres categorizadas como innovado- ras, opera como motor que pone en mar- cha nuevos criterios de inserción laboral; pero para otras, las mujeres agrupadas como tradicionales, constituye uno de los factores más poderosos en la configuración
del “techo de cristal” como factor depresó- geno. En estas últimas, la puesta en crisis de sus ideales generacionales y genéricos encuentra como única resolución posible la detención pulsional.
1.5 Psicoanálisis
y subjetividad femenina.
Actualmente, la conceptualización acerca de la identidad femenina se ha visto revita- lizada por algunas estudiosas provenientes de los movimientos de mujeres que han in- corporado la noción de identidad de géne- ro femenino. Quienes provienen del campo psicoanalítico fundamentan la identidad de género femenino en la temprana iden- tificación de la niña con su madre. Esta primera identificación concentrada en un único objeto libinal, su madre, determina- ría en la sujeto mujer una mayor depen- dencia del mismo, un vínculo fusional in- tenso que dificultaría posteriormente los movimientos de separación. De acuerdo con las hipótesis freudianas, las relacio- nes tempranas de la niña con su madre son de enorme intensidad, tanto en el víncu- lo amoroso como en el vínculo hostil, de- bido a que tanto la erogeneidad como el narcisismo entre ambas están constante- mente interpenetrados. El vínculo fusional maternofilial se construiría de modo dife- rente con hijas mujeres y con hijos varo-