Rocío Guadalupe Sánchez
La Pampa Central, como también toda la Patagonia actual, formó parte de la diócesis bonaerense desde tiempos coloniales. Diferentes órdenes religiosas –jesuitas, lazaristas, franciscanos– reali- zaron viajes apostólicos durante los siglos XVII y XIX. Avanzada la centuria decimonónica, misio- neros franciscanos del Colegio de Río Cuarto, Córdoba, comenzaron sus viajes hacia la frontera Sur (1870-1896). A partir de 1896 la congregación salesiana tuvo a su cargo “La misión de La Pampa” hasta 1934.8 General Acha, desde sus inicios, fue uno de los puntos estratégicos para los
misioneros, a partir de allí organizaron sus viajes hacia el resto del Territorio. A su vez, el pueblo fue la sede del capellán de la Gobernación –el primero fue el sacerdote José Añón, quien registró el primer bautismo, luego lo sustituyó Juan Portela en 1884 y Julián Perea en 1886–. Los objetivos de este capítulo son, por un lado exponer, a grandes rasgos, el proceso de conformación del cato- licismo en General Acha. Y por el otro, realizar una introducción a los próximos tres capítulos que refieren de manera específica a los misioneros, los colegios católicos y las asociaciones de laicos.
Los inicios franciscanos
En 1867, diez años después de la llegada del contingente de franciscanos italianos a Río Cuarto (Córdoba), el Papa Pío IX dio a conocer la bula Apostolicae sedes, documento que confirió a la Orden de los Frailes Menores la jurisdicción espiritual sobre la Pampa Central. Los franciscanos tenían su convento y Colegio de misioneros en dicha localidad cordobesa y el objetivo principal de su venida al territorio argentino fue la “evangelización de los indios de la frontera”.
Los frailes acompañaron, partir de 1870, a distintas excursiones militares hacia la Pampa Central. Una de ellas, quizás la más conocida, fue la comandada por Lucio V. Mansilla hacia los toldos de Mariano Rosas en Leubucó. Los franciscanos querían fundar reducciones indígenas en el territorio pampeano como lo habían hecho en los fuertes Sarmiento y Tres de Febrero, provin- cia de Córdoba. Es por ello que, además de acompañar a los contingentes militares, los religiosos formaron parte de las redes de rescate de cautivos e intervinieron en las gestiones para la firma de tratados de paz entre las comunidades indígenas y el Estado nacional. Sin embargo, luego de la “Conquista del Desierto” (1879) y de la creación del Territorio Nacional de La Pampa (1884), con una población indígena diezmada, dispersa e incorporada de manera forzosa a las nuevas re-
8Debemos aclarar que la diócesis de La Pampa se creó en 1957, hasta esa fecha, el territorio pampeano dependió, siempre hablando de la Iglesia católica, de diferentes diócesis: hasta 1897 formó parte de la diócesis de Buenos Aires, luego de la diócesis de La Plata y en 1934, la parte centro y norte dependió de Mercedes (Bueno Aires) y la parte sur de Bahía Blanca. Recién en 1957 el papa Pio XII creó la diócesis de Santa Rosa que abarca toda la provincia de La Pampa.
des de inserción en el capitalismo, la orden franciscana debió reacomodarse a un nuevo contex- to. La idea de fundar una reducción en la Pampa Central quedó atrás y, en su lugar desarrollaron misiones volantes. Victorica, General Acha y Santa Rosa, fueron los incipientes centros urbanos que demandaron su atención. Estos poblados eran los destinos finales de los misioneros ya que los franciscanos hicieron efímeras escalas en los diversos parajes con los que se encontraban.
La primera visita de los franciscanos a General Acha fue el 31 de marzo de 1891. El prefecto de misiones Ludovico Quaranta y su compañero Leonardo Herrera llegaron al pueblo a través del transporte de mensajería.9 Todas las autoridades del lugar estuvieron presentes en el arribo y así
lo relató Quaranta en uno de sus informes,
“
(…) fuimos recibidos por nuestro amigo Presbítero Sr. Perea, por nuestro amigo Sr Bonacci y por un crecido número de vecinos muy selectos. La acogida que nos hizo toda la ciudad de Acha no se puede ponderar, yo a decir verdad no la esperaba; principiando por el Vicegobernador, Mayor Garrido (Sargento Mayor), Juez de Letra, Presidente Municipal, hasta el último ciudadano nos dio la bienvenida”.Las invitaciones a cenar no faltaron, tanto de parte de las autoridades civiles como también de otros vecinos. El sacerdote Quaranta, como era costumbre, había pedido por telegrama al arzobispo bonaerense el permiso para administrar los sacramentos. Aunque la respuesta fue positiva, el capellán Perea puso en duda la actuación del Arzobispo. Según Perea este último lo habría importunado para que renunciara y “dar a los Salesianos toda la Gobernación, cuya pretensión era apoderarse de Acha y extender su dominio hasta la provincia de Córdoba”. Este hecho particular fue uno de varios que se sucedieron a partir de la incidencia de los salesianos en el territorio pampeano y la ambigüedad en la delimitación de los ámbitos de acción de unos y de otros. Ahora bien, aquella primer visita de los franciscanos a la capital pampeana duró seis días. El capellán Perea junto a otros vecinos, acompañaron a los frailes hasta la primer posta de parada, con el objetivo de recibir al nuevo gobernador, General Eduardo Pico. En aquella oportunidad, el gobernador escuchó los proyectos de los franciscanos y prometió su ayuda en todo lo que estuviese a su alcance (Sanchez, 2012).
Los lugares de culto: las antiguas capillas
La primera capilla se construyó en 1882 en el domicilio del Coronel Campos. Las dimensio- nes: una habitación de cuatro metro por tres. El altar estaba ubicado al oeste de la Capilla contaba con una imagen de la Inmaculada Concepción, traída por el propio Coronel. Quie- nes asistían a las celebraciones del culto eran: El capellán de la brigada, su monaguillo, los soldados de la 3ra Brigada, el escuadrón 1ro de Caballería (a pie), el 1ro de infantería y el Escuadrón Alsina conformado por indígenas.
9 Como lo han apuntado Folmer y Otamendi (2008), las sendas y rastrilladas fueron las primeras redes de caminos que con el tiempo se mejoraron para permitir el acceso de carruajes con personas. Hacia fines del siglo XIX las primeras empresas de transporte fueron “las mensajerías” a través de coches conocidos como “galeras criollas” que comenzaron a correr desde la fundación misma de Victorica y General Acha.
La segunda capilla: Al construirse la Comandancia de la Brigada, el coronel Campos, reservó la última habitación del edificio para que sirviera de capilla. Era un poco más grande que la primera, medía 4 x 4,50 m y su puerta daba hacia la calle General Roca.
La tercera capilla: funcionó en una dependencia del edificio del cuartel. En la esquila y calle General Roca, una cuadra de 20 x 15 mts.
A mediados de junio de 1891 los sacerdotes Quaranta y Herrera realizaron una segunda visi- ta a General Acha. En aquella ocasión estuvieron ausentes tanto el capellán como el gobernador y la primera actividad de los franciscanos fue la visita a “los toldos de los indios”,
“(…) había entre los toldos una casita perteneciente al indio llamado Linconau, a quien yo [Quaranta] conocía por haberlo bautizado estando muy enfermo de viruelas aquí en Río Cuarto, en la época cuando era jefe de la frontera el Coronel Mansilla, ahora General de la Nación”.
De esa forma Quaranta pidió a Linconao Cabral que reuniera a su gente para catequizarla y bautizarla.10 Este ranquel ofició de intérprete y de intermediario con los demás indígenas, ya que,
según los franciscanos, debían estar suficientemente instruidos antes de recibir los sacramentos. Sin embargo, surgieron problemas con la figura de los padrinos ya que debían ser “blancos” y no indígenas. Estos últimos temieron que, luego del bautismo, les robaran a sus niños. Esta era una sospecha con fundamento porque según consta en la Relación trienal de Quaranta (informe del misionero), años atrás en Fuerte Sarmiento los padrinos se apoderaron de los pequeños indí- genas “arrancándolos de los brazos de sus padres”, situación que profundizaba el desmembra- miento de familias enteras. No obstante, el inconveniente se resolvió cuando el Jefe de Policía Mayor Vieyra buscó los padrinos entre las principales familias de General Acha y el bautismo se concretó. Al respecto, Quaranta relató:
“(…) Llegado el día, vimos de todos los rumbos acudir a la iglesia caballeros, señoras y señoritas todos dispuestos a patrocinar a los pobres indios. En ese mismo momento vimos venir al Mayor Linconau quien vestido de gala y puesto a la cabeza de la indiada conducía a la iglesia. En verdad, esto fue sumamente conmovedor e hizo una bellísima impresión a todos los presentes, todos llenos de admiración veían con placer a tantos indios, los mismos que años no muy lejanos habían sido el terror de todos, ahora veían presentarse humildes y sumisos al Santo Templo de Dios […] Los indios neófitos quedaron muy contentos y muy satisfechos, y habiendo recibido por los padrinos algún regalo de dinero iban por los negocios a comprar lo que les hacía falta y preguntados por los negociantes si estaban o no contentos por haberse hecho cristianos, contestaban que sí, porque ya eran gentes como los demás cristianos”.
Ochos días consecutivos hicieron falta para bautizar, casar y administrar el sacramento de la confirmación a todos los indígenas de los alrededores. Esta segunda visita tuvo una duración mayor que la anterior, los misioneros permanecieron un poco más de un mes. De todas maneras,
en un contexto en el que los franciscanos eran pocos, los viajes irregulares, las estadías cortas
10 Linconao Cabral, hermano de Ramón Cabral, ambos trasladados forzosamente desde Villa Mercedes y Sarmiento Nuevo. Linconao era conocido entre los franciscanos por haberlo bautizado y curado de viruela en los tiempos en que el General Mansillla era jefe de la frontera de Río IV.
y los recursos escasos, la feligresía adquirió protagonismo en el sostenimiento del catolicismo. Los años 1893-1896 fueron intensos en lo que respecta a viajes misionales en todo el Territorio. La Misión estuvo a cargo de los franciscanos Marcos Donati, Guido Depedri, Juan José Gigena y Leonardo Herrera. Este último fue quien visitó General Acha en julio de 1895 y en una de sus informes relató
(…) bendije una preciosa Imagen del Sagrado Corazón de Jesús en compañía de otras varias imágenes que compré en Buenos Aires para la Iglesia de General Acha. Fueron Padrinos de la Bendición el Sr, Gobernador del Territorio General de Brigada Dr. Eduardo Pico y su Señora Esposa doña Amalia S de Pico (...) Por la tarde del mismo día bauticé 11 Indios adultos de la tribu del Cacique Pichihuincá, pues desde varios días antes los venía preparando para ese día. Sirvieron de padrinos el Sr. Gefe de Policía Sr. Carlos M. Saoniz y su Señora esposa y el Sr. Don Sebastián Berón y su Señora esposa. El 12 de agosto por orden del Sr. Gobernador del Territorio, canté una solemne misa y un Te-deum, en conmemoración del aniversario de la fundación del Pueblo General Acha.
De todas maneras, la estructura misionera franciscana, compuesta por dos o tres misioneros am- bulantes y un centro de residencia situado en otra jurisdicción (Río Cuarto), resultó insuficiente para garantizar las tareas que estos nuevos espacios requerían. Sumado a esto, la presencia sale- siana en la Patagonia y sus iniciales viajes apostólicos en el espacio pampeano la colocaron como la postulante ideal para estas tierras. Fue así que en 1896 los franciscanos debieron renunciar a la Misión de la Pampa Central y el Arzobispo de Buenos Aires otorgó la mayor parte del Territorio
Nacional de La Pampa a los seguidores de Don Bosco.11La jurisdicción de la orden franciscana
se restringió a la parte Norte del Territorio, secciones 1 y 7 –correspondiente a los actuales departamentos de Chapaleufú, Realicó, Rancul, Trenel y Maracó–, mientras los salesianos obtu- vieron el resto del Territorio (Mapa 1). Dicha renuncia significó la reducción de los ámbitos de desenvolvimiento de los franciscanos y la pérdida del reconocimiento social que, durante más de tres décadas, los constituyó en la voz autorizada de la Iglesia Católica en el Territorio. De todas maneras, los límites de las jurisdicciones no fueron claros hasta 1910.
11 Los sacerdotes pertenecientes a la Congregación Salesiana fundada por Don Bosco en Italia arribaron a Buenos Aires en 1875 y su primera actividad fue hacerse cargo de la salud espiritual de la colectividad de inmigrantes más numerosa, la italiana. Pronto se impusieron como una especie de vanguardia católica por el tipo de obras desarrolla- das (escuelas, publicaciones, imprentas, hospitales). De esa manera, supieron dar respuesta a los desafíos que para la Iglesia católica demandaban las nuevas realidades urbanas, industriales y obreras. Y a los ojos de la jerarquía ecle- siástica, el éxito alcanzado en Buenos Aires podía trasladarse a otros espacios donde hubiera italianos. La primera excursión salesiana hacia la zona de la Pampa Central fue en la “Conquista del Desierto” como capellanes militares y, como hemos mencionado, en 1896 sumaron el Territorio Nacional de La Pampa a sus misiones (Di Stefano, y Zanatta, 2000: 330).
Mapa 1
Límites de las misiones salesianas y franciscanas hacia principios del siglo XX. Fuente: elaboración de Daniel Cardin y Oscar Folmer en base a Cayetano Bruno (1975:513)
Los salesianos y un objetivo: la Pampa católica
Como lo ha estudiado Ana M. Rodríguez, la congregación salesiana llevó a cabo la denominada “Misión de la Pampa” durante los años 1896 y 1934. Dicha misión se estructuró a partir de tres parroquias, General Acha, Victorica y Santa Rosa y cada una contó con la figura del misionero ambulante. El proyecto salesiano de construir una sociedad católica llevó a los misioneros a desarrollar su obra apostólica tanto en centros poblados que requerían atención permanente debido a su progresiva densidad demográfica, como en los diversos parajes, colonias y pueblos
del Territorio que visitaban de manera asidua. Desde los primeros años en el territorio pampea-
no, los salesianos desarrollaron una serie de estrategias según los lugares y la feligresía. A partir de la organización parroquial, los misioneros ambulantes, los colegios y la institucionalización de la feligresía laica –sobre todo Ex-alumnos–, la Congregación bregó por construir una sociedad católica pampeana.Algunas de las acciones realizadas por los salesianos de General Acha en los últimos años del siglo XIX y las dos primeras décadas del siglo XX fueron: la construcción del Colegio La Inmaculada (1896) –y, con la llegada de las hermanas de la congregación de María Mazzarello, la fundación del colegio de las hijas de María Auxiliadora (1900)–, la regularización de los matrimonios, la organización de la catequesis, las permanentes giras apostólicas, la edición
de la publicaciones –en un primer momento La Brujulilla de la Pampa con una tirada de 4000 difundidas en General Acha, Santa Rosa, Victorica, Toay y Hucal, y, a partir de 1933 cambió su nombre por La Unión–, la creación de grupos católicos como el “Apostolado de la oración”, las “Hijas de María”, el “Círculo de obreros Católicos”, el “Centro de Ex-alumnos”, la banda de música “Ceferino Namuncurá”.
La obra salesiana contó con el apoyo formal de las autoridades civiles territorianas y nacio- nales. Por ejemplo, el gobernador Pico fue el padrino de la capilla de General Acha en 1896; el presidente Roca y los ministros Civit y Richieri visitaron la casa en 1900.