Capítulo 1. Determinación temprana de la tarea de la filosofía en el contexto de una elevación a la vida infinita
1.2. Del todo hacia las partes
En primer lugar, ha de considerarse que la vida está presupuesta o fijada como indivisa. Desde una consideración inmediata, los vivientes deberían ser considerados como sus exteriorizaciones o exposiciones (Darstellungen), i.e. la vida infinita se pone ella misma como la variedad de sus vivientes, y el ser-puesto de los vivientes es infinito en la medida en que conserva la referencia a la acción que los produce: la acción a través de la cual la vida se manifiesta como multiplicidad de vivientes. Entonces, lo viviente es parte del movimiento infinito de la vida, y ésta en cuanto poner no sólo pone como múltiple el ser-puesto (en sí) de cada uno, sino que también opera como vínculo inmediato entre cada ser-puesto y el todo, formándose, de esta forma, un fluido incesante, al cual
57 ibíd., p. 203.
58 Buchner lo expone de un modo muy radical, aunque, a nuestro juicio, en vista del desarrollo ulterior del pensamiento de Hegel y, por tanto, un tanto fuera de los límites del Fragmento: “Verselbständigung ist der Grundcharakter einer Wirklichkeit, die sich in Gegensätzen herausgebildet und fixiert hat. Diese Sichherausbilden und Sichfixieren in Gegensätzen als Wirklichkeit ist das Geschehen der Reflexion. Es gibt nicht eine Wirklichkeit und dann etwas, was wir gewöhnlich „Reflexion“ nennen, die dann mit dieser Wirklichkeit dies und das anfängt, sie trennt, zerlegt, sie wieder zusammenzusetzen versucht. Sondern: die Wirklichkeit, wie sie in Gegensätzen herausgebildet und fixiert ist, ist, wie sie ist, selbst das Werk der Reflexion, genauer: das Reflektieren der Reflexion selbst und ihres Reflektieren” (ibíd., p. 211.). El problema radica, entonces, en que “die Reflexion ist blind gegenüber dem, wohin sie selbst gehört” (ibíd., 210), y por tanto no puede reconocerse en el todo viviente. A su vez, Düsing sostiene:“Es ist damit aber nicht nur die alles in sich enthaltende, universale Einheit, sondern als Leben zugleich der dynamisch-produktive und in sich einige Grund, der die Relationen, auch die Gegensätze des Endlichen und mit ihnen dieses selbst erst aus sich hervorgehen läßt, aber als ihm zugehörig bewahrt” (K. Düsing, Hegel und die Geschichte der Philosophie, op. cit. (1983), p. 171).
podemos entender como intuición homogénea de lo uno59, en el siguiente sentido: la vida infinita se manifiesta en la multiplicidad de vivientes, pero ¿se manifiesta para quién? ¿Quién piensa e intuye? ¿Cómo es posible esta diferenciación de los vivientes allí donde ésta se encuentra inmediatamente inmersa en el continuum del proceso vital? Es necesario pues una distancia de este continuum y tal distancia es la reflexión, que, como veremos inmediatamente, adquiere conciencia de sí en el conocer finito. En tal sentido es posible sostener que la unidad de la vida se desplaza necesariamente60 por la acción de la reflexión, y por eso la vida “está presupuesta y fijada como indivisa”, lo que equivale a decir: ha sido cortado el vínculo entre la vida (la unidad) y sus exteriorizaciones (devienen contrapuestas), acaso como precio a pagar por la individualidad de estas últimas. De esta forma, la reflexión hace de cada ser-puesto un individuo para sí: “los fija como puntos sólidos, en reposo y subsistentes”. Mas “reflexión (es decir: separación, oposición) e intuición (relación: vínculo de unificación) deben ser pensadas a la vez”61. Y la pregunta es cómo se piensa esto desde la separación entre la vida y sus exteriorizaciones.
En síntesis, la operación de la reflexión es doble: i) por una parte, disuelve el vínculo entre la el ser-uno de la vida, la unidad inmediata de la separación y la unificación y los vivientes; por otra, ii) determina a los vivientes en su ser para sí de modo tal que éstos carecen de un vínculo originario, quedando inmersos en diversas contraposiciones. Existe, por tanto, una primacía general de la separación operada por la reflexión, aun cuando coexistan unificaciones relativas. Lo que viene a continuación es una intensificación de este problema, pues sólo desde allí puede alcanzarse una suprema unificación. El entendimiento humano será aquello que se muestre como el “poner” (Setzen) de los momentos caracterizados.
59 En este punto nos encontramos mutatis mutandis con la multiplicidad espacio-temporal que, en Kant, es suministrada por la sensibilidad (KrV A19/B33). Recordemos pues el famoso dictum según el cual las intuiciones sin conceptos son ciegas y éstos sin aquéllas son vacíos (KrV A51/B76). Pues bien, aquí se encuentra un fluido variado pero carente de determinación, lo cual, paradójicamente viene a decir que es homogéneo en su heterogeneidad inmediatamente referida, carente de conciencia. Se trata, pues, de la intuición de la vida como uno que excluye lo múltiple de la reflexión (su variedad no es aún variedad de individuos). Falta, empero, la determinación reflexiva, que al saber separa y al separar viene a determinar aquello que, en su no-separación, permanece indeterminado—omnis determinatio est negatio. El problema es que la determinación, el impulso de separación, al escindirse él mismo de la vida (entendimiento reflexivo), no sólo determinará a los individuos, sino que al mismo tiempo los escindirá de su vínculo con la vida infinita. Para la reflexión, la referencia inmediata entre los vivientes se pierde y deviene pluralidad de individuos autosubsistentes que sólo se relacionan mecánicamente —y allí la ley de la relación opera como un concepto meramente representado, la norma de los casos que se abstrae de ellos y entra en contraposición con otras normas.
60 Consideramos que no se pretende afirmar, en el texto, lo deseable que sería la inexistencia de la reflexión, sino cómo es posible superar su acción en un plano “esencial”. No sólo es imposible su inexistencia en tanto ella es parte de la vida, un factum, sino que también se afirma que, como limitación del fluido incesante, es completamente necesaria, al menos para nuestra experiencia como seres finitos. Tal como Nietzsche (y antes Schiller) se preguntaba en la Segunda Intempestiva: el problema es hasta qué punto es deseable la reflexión, qué problemas para la vida podría acarrear un exceso de reflexión, i.e. una cultura unilateralmente determinada por el entendimiento, cómo poder ir más allá de los límites en los que su acción nos confina.