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HEIDEGGER Y EL NACIONALSOCIALISMO

In document 30. Moreno Claros, L.F. - Heidegger (página 77-82)

Ser y verdad están estrechamente unidos Para Hei degger, la pregunta por la verdad tendrá que condu­

HEIDEGGER Y EL NACIONALSOCIALISMO

El «olvido del ser» trae como consecuencia que el Dasein se torne materialista, que se pierda en los entes y el tráfago del mundo. «El olvido del ser es el bostezo desinhibido que va propagando el vacío por todo», escribió Heidegger en 1931. Este olvido también era perceptible en la situación política de Alemania en tom o a la década de 1930. La república de Weimar había traído pesimismo y desarreglos instituciona­ les; la crisis económica y la humillación sufrida por los ale­ manes después de la Primera Guerra Mundial sumieron a la nación en un catastrofismo que casaba bien con el nihilismo reflejado en la situación del Dasein inauténtico descrito por Heidegger en Ser y tiem po.

Un momento de los actos celebrados en Leipzig en noviembre de 1933 con ocasión del M an ifiesto d e la ciencia alem a n a a fa vo r d e A d o lf Hitler (Heidegger aparece en la fotografía marcado con un aspa). En su época como rector, Heidegger creía que los estudiantes tenían que constituir la fuerza espiritual de la nueva Alemania y encaminar sus vidas al servicio de la nación para devolverle su verdadero ser y su verdadera esencia.

Opuesto a ese Dasein iniuiténtico, caído y arrojado en bra­ zos del uno y perdido para sí mismo, se alzaba otro Dasein resuelto, que asumía por completo su ser en el mundo y ser para la muerte y que elegía su destino navegando con soltura entre las mejores posibilidades. Con la llegada del nacional­ socialismo a Alemania y sus consignas de orgullo nacional, muchos alemanes creyeron ver la luz a la salida del túnel: también Heidegger. Alemania «resuelta» a ser ella misma era un trasunto magnificado y generalizado del Dasein resuelto a conducir su propio destino. Heidegger se ilusionó pensan­ do en que la «revolución nacionalsocialista» traería un nue­ vo espíritu a la nación; con ello cometió uno de los mayores errores de su vida.

En abril de 1933 Heidegger fue nombrado rector de la Universidad de Friburgo. Hitler acababa de acceder al po­ der y también el nuevo rector aparecía ante sus estudiantes como otro «Führer universitario». En su célebre Discurso

de rectorado, pronunciado al ocupar el cargo de rector, el 29

de mayo de 1933, Heidegger arengó a los estudiantes y pro­ fesores presentes (la mayoría vestidos con uniformes nazis) conminándoles a constituirse en «fuerza de trabajo para el espíritu». E l texto estaba plagado de términos tales como «voluntad», «heroísmo» o «decisión». La universidad tenía que ser la escuela de élite que debía formar los futuros líde­ res de la nación.

El Discurso de rectorado se publicó y halló eco en Alema­

nia y fuera de ella. Voces hubo que lo calificaron tanto de excéntrico e ininteligible como de servil; en cualquier caso, sirvió para rubricar públicamente la militancia nacionalsocia­ lista de Heidegger. Animado por este espíritu de búsqueda del ser traducido en búsqueda de la identidad alemana, de servicio a la ciencia y al saber para mejor liderar la nación, Heidegger comenzó su gobierno en la Universidad de Fri-

b urg o , En se g u id a se en co n tró con que o tro s p ro feso res eran m enos id e a lista s que él y m ás p rag m ático s.

A algunos de sus colegas les disgustaban las lecciones del nuevo rector y encargaron informes psicológicos so­ bre él para desprestigiarlo. En alguno de estos informes pudo leerse que Heidegger era un «esquizofrénico» cuyo enrevesado lenguaje recordaba a «los galimatías de la cien­ cia judía». Heidegger, por cierto, tuvo siempre numerosos alumnos judíos en sus clases. Por eso no vio con buenos ojos que se «limpiara» la universidad de judíos, como le comuni­ có a Hannah Arendt en una de sus últimas canas, aunque tampoco hizo nada eficaz para impedirlo. Un gesto que lo desprestigió para la posteridad y le granjeó el calificativo de antisemita fue su rechazo a su antiguo mentor Edmund Husserl, que era judío. Husserl tuvo prohibido el acceso a la universidad siendo Heidegger rector, aunque, al parecer, este no tuvo nada que ver con aquella orden. Sin embargo, el matrimonio Heidegger rompió relaciones con los Hus­ serl durante el nazismo, y Heidegger no asistió al entierro del gran filósofo en 1938; se excusó diciendo que estaba enfermo. Por otra parte, la dedicatoria a Husserl que figura­ ba en la primera edición de Ser y tiem po desapareció en las ediciones impresas en la época nacionalsocialista. Después de la Segunda Guerra Mundial volvió a publicarse la dedi­ catoria, pero el daño ya estaba hecho.

Volviendo a los informes de la época, en ellos se afirmaba que Heidegger era un «original» por antonomasia y que con el tiempo podría dejar de ser adepto al régimen dada su idio­ sincrasia. Controversias académicas con colegas, ministros y jerifaltes nazis, tales como el poderoso Alfred Rosenberg, causaron la desilusión de Heidegger como líder universita­ rio y ocasionaron que renunciara al cargo el 28 de abril de 1934, apenas un año después de haber sido investido como

rector. A partir de entonces, continuó con sus clases pero sin pretender ejercer protagonismo político alguno. Los nazis lo decepcionaron. La universidad se convirtió en un nido de adeptos al régimen a los que les traía sin cuidado la filosofía y el pensamiento. La «técnica» y el estudio de «lo ente» pri­ maba sobre las ciencias del espíritu.

En 1936 Heidegger se había distanciado ya del régimen casi por completo y lo que vino después, la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial, él lo vio como una consecuen­ cia extrema del dominio de la técnica en el mundo moder­ no, consecuencia asimismo de la prevalencia en el mundo del nihilismo y del olvido del ser. A pesar de su decepción, Heidegger continuó en posesión del carnet del partido hasta 1945 y nunca criticó al régimen en público.

In document 30. Moreno Claros, L.F. - Heidegger (página 77-82)