Ser y verdad están estrechamente unidos Para Hei degger, la pregunta por la verdad tendrá que condu
QUÉ ES METAFÍSICA?
Uno de los textos emblemáticos de Heidegger lleva por tí tulo ¿Q ué es m etafísica? Fue compuesto para una lección magistral impartida en 1929, y ampliado posteriormente en diversas ocasiones en la década de 1940. La lección tuvo un gran éxito en su época y confirmó el carisma mágico de Hei degger como pensador sorprendente y originalísimo.
En este enjundioso texto, 1 leidegger expuso las tesis cru ciales en las que basaba su crítica de la metafísica, pero, a la vez, en un alarde de pensamiento pura y ejemplarmente metafísico, se preguntaba por «la nada»: ¿qué papel desem peña en nuestro pensar? Con ello demostraba qué debía ser y qué no había sido la especulación metafísica tradicional, desde Platón a Nietzsche, principio y fin, respectivamente, del pensamiento metafísico occidental en el que debía con centrarse la crítica.
«La metafísica piensa el ente en cuanto ente»; esta senten cia era clave para Heidegger, puesto que en ella asentó la afir mación de que la metafísica occidental solo tuvo en cuenta a los entes, olvidándose del ser. Aun así, Heidegger sostuvo que la validez de la metafísica es obvia, y que también ella está «iluminada» por el ser, puesto que a fin de poder pen sar el ente en cuanto tal, requiere de la luz iluminadora del ser. Aquí entra en juego un concepto nuclear en el análisis heideggeriano de la verdad: el término griego de A létheiay o la verdad como iluminación. Lo que está oculto, el ser, es el fundamento de lo desoculto, el ente. Solo la oculta verdad del ser fundamenta la metafísica, sus preguntas y sus respuestas.
Con todo, aunque sea el ser lo que ilumina las preguntas y las respuestas de la metafísica, Heidegger siguió reiteran do su pensamiento esencial, que la metafísica — justo desde Platón, su gran iniciador— dejó de pensar el ser. De ello se deducirá que un pensar que reflexione sobre la verdad del ser no podrá contentarse con «la metafísica» tal y como se desarrolla en Occidente y procurará «superarla».
Heidegger entendía al ser humano antes que como anim al
rationale, como anim al metaphysicum. Que el ser humano
se interese por la metafísica es una manera suya de ser; por eso seguirá pensando desde la metafísica, porque ello está en su naturaleza de pensador por antonomasia. Pero no es
precisamente el ser humano quien no alcanza a pensar el ser, sino la propia metafísica; esta, a pesar de que parece re presentarse el ser cuando piensa los entes, se revela incapaz de «llevar el ser al lenguaje». ¿Por qué le resulta imposible? Porque se le aparece lo que ella denomina la «verdad del ser» bajo la forma derivada del «conocimiento» y del «enun ciado»: la metafísica posee su vertías, la «verdad» entendida en sentido tradicional, la cual Heidegger diferencia de otra clase de verdad más originaria, el «desocultamiento» del ser.
E l filósofo argumentó que la verdad tradicional o vertías, esgrimida por la metafísica como uno de sus más grandes logros, difiere de la verdad del ser o A létheia, a la que nos hemos referido antes. La primera se atiene a lo estrictamen te racional de las deducciones y del lenguaje convencional; la segunda requerirá de un nuevo pensar (no basado en la mera razón) y de un nuevo lenguaje que intente ir más allá de los conceptos tradicionales.
Para Heidegger, la metafísica es engañosa e ilusoria, pro mete aquello que no otorga aunque se comporta como si lo otorgase. No obstante, existe un atenuante para la metafísica y su falta de respuesta por el ser: ¿por qué no contesta nunca a la pregunta por la verdad del ser?, se preguntó Heideg ger; su respuesta fue sorprendente: «Porque nunca formuló esa pregunta». La metafísica se refiere constantemente al ser y a los entes, mas sus enunciados se insertan en la confu sión y el trueque entre lo ente y el ser, y jamás buscaron una aclaración entre qué es ente y qué es ser. He aquí otra tesis fundamental heideggeriana: la no distinción por parte de la metafísica entre ente y ser. Desde este presupuesto podría suceder que la metafísica, dado el modo en que piensa el ser y los entes y deja impensada la verdad del ser, fuese precisa mente — sin saberlo— «la barrera que impide al hombre la relación inicial del ser con su propia esencia».
Con ello, Heidegger reveló de nuevo su teoría de que es indudable que existe una relación directa de «la esencia del hombre con el ser», si bien el lenguaje utilizado por la me tafísica occidental la ha velado. Al despreocuparse la meta física del ser, el hombre mismo terminó alejándose de él, y lo que es casi peor, hasta «ha llegado a olvidarse de su ale jamiento», apuntó Heidegger. Ello suscitó en el filósofo una de sus reflexiones nucleares, y más críticas, esenciales para comprender su pensamiento posterior a Ser y tiem po: dada la ausencia de esa relación del hombre con el ser, el primero ha quedado abandonado en medio del ente de manera ex clusiva y única.
El concepto de «existencia inauténtica» del Dasein, de sarrollado en Ser y tiem po, coincidiría precisamente con este estado suyo de inmersión en el olvido d el ser y en los entes. ¿Y si esta situación fuese a seguir así para siempre? se preguntó Heidegger; ¿acaso un verdadero pensador no acabaría cayendo en el estado de ánimo de la angustia? Mas un pensador que se precie tendrá que pensar más allá de la metafísica y llegar a ser consciente de tal olvido; ello inaugu raría la tarea de un «nuevo pensar».
Las líneas de este «nuevo pensar» quedaron establecidas en los párrafos introductorios de ¿Q ué es m etafísica? y va riaciones de las mismas ideas aparecerán en otros textos pos teriores, tales como las célebres lecciones que forman Intro ducción a la m etafísica o en el asimismo famoso escrito Los
conceptos fundam entales de la m etafísica, ambos de 1930.
El «nuevo pensar» por el que clamaba Heidegger a co mienzos de la década de 1930 tenía que sustentarse prin cipalmente en formular de nuevo las preguntas fundamen tales. La primera y más esencial es la que reza: «¿P or qué hay ente y no más bien nada?». Esta misma pregunta la formuló Leibniz en sus Principes de la nature et d e la grace:
«Pourqttoi il y a plutót quelque chose que ríen?». Sin embar go, Heidegger argumentó que entre una y otra pregunta hay diferencia. El nuevo preguntar no espera una respuesta igual a la que esperó Leibniz; es decir, elaborada desde el discur so metafísico tradicional. La metafísica tradicional pregunta: ¿por qué es tal cosa? y confía en obtener una réplica en el mismo tono, basada en el hilo conductor del pensamiento que jamás sale del ente, que siempre queda atrapado en él. Es el argumentar basado en el principio de causa-efecto — el fundamento del llamado «conocimiento»— . El conoci miento, como la ciencia, siempre remite a lo ente. En este contexto se encuadra el dicho heideggeriano que tantas ampollas ha levantado de que «la ciencia no piensa». Para el filósofo, la ciencia se contenta con respuestas convencio nales que no se esfuerzan por ir más allá del ente, más allá de la razón.
Heidegger sostuvo que habrá que «formular la pregunta de Leibniz» dándole un sentido distinto de los buscados has ta el momento por la metafísica tradicional. La pregunta no partirá de lo ente para tomar a lo ente, su punto de partida se ubicará en el mismo «fundamento de la metafísica», y este es el extremo opuesto a lo ente: la nada; con ello, el filósofo inició una de sus reflexiones metafísicas más fascinantes, la reflexión sobre la nada, la cual tomó como ejemplo de una nueva manera de preguntar y pensar.