Ser y verdad están estrechamente unidos Para Hei degger, la pregunta por la verdad tendrá que condu
EL NIHILISMO Y EL FINAL DE LA METAFÍSICA
Un hito en la trayectoria filosófica de Heidegger lo constitu yeron sus lecciones sobre Nietzsche, impartidas entre 1936 y 1946, publicadas en dos gruesos tomos en 1961 junto con otros escritos sobre el autor de A sí habló Zaratustra. Si Pla tón fue, según Heidegger, el iniciador de la metafísica en Occidente, Nietzsche lo secundó como el último gran me- tafísico, con el que se constata el término y final de aquella. Nietzsche fue para Heidegger uno de los filósofos más gran des de Occidente, de la talla de Platón y Aristóteles; como ellos, también él se preguntó por «el ser del ente en su totali dad», y su respuesta fue que la totalidad del ente es «volun tad de poder». A su vez, el ser de la voluntad de poder se re suelve en la concepción del «eterno retorno de lo mismo»; e imbricada con estas dos teorías se halla también la intención nietzscheana de una transvaloración de todos los valores, lo cual remite en conjunto al gran análisis del «nihilismo euro peo». Se trata de los tres puntos de vista desde los que Hei degger interpretó el pensamiento de Nietzsche en tanto que culminación y ocaso del pensamiento metafísico occidental.
Para Heidegger, Nietzsche culminó y terminó con la me tafísica al proclamar su célebre sentencia «Dios ha muerto». Como recordó en el Discurso d e rectorado, si tal aserto era cierto «habrá que tomarse en serio el abandono del hom bre en medio del ente». E l autor de Zaratustra proclamó el final de Dios, mas con ello inició un «nuevo comienzo», argumentó Heidegger. Nietzsche fue el primero en utilizar
la expresión «nihilismo europeo», refiriéndose a algo bien distinto del nihilismo budista o el quietismo chino. Su breve sentencia resumía lo esencial de lo que él entendió por nihi lismo: «El Dios cristiano ha perdido su poder sobre el ente y sobre el destino del hombre». Pero este «Dios» es, además, la representación que remitía a lo «suprasensible» en gene ral y sus diferentes subordinaciones, esto es, a los «ideales» y las «normas», los «principios» y las «reglas», los «fines» y «valores», a los que se situó más allá d el ente o sobre lo ente a fin de otorgarle a este en su totalidad un orden superior y un «sentido». Al «morir» Dios, su muerte arrastra consigo todo lo que pertenece a su esfera. La muerte de Dios fue aconteciendo a lo largo de la historia, lenta pero inexora blemente, y el nihilismo en sí es un proceso histórico cuyos albores se remontan a la filosofía de Platón, el cual «inventa» un mundo «suprasensible» que prevalece sobre el mundo real de la vida.
La sobrevaloración del más allá fue declinando en favor de una valoración cada vez más acusada del mundo del ente y la sensibilidad: he aquí el proceso que Nietzsche denomi na «avance del nihilismo» en virtud del cual lo «suprasensi ble» declina en su dominio y se torna nada, «se hace nulo». El triunfo del nihilismo se desvela a su vez como el final de la metafísica. Este final no destruye la historia; antes bien, se muestra como un nuevo comienzo, este en el que debe tomarse en serio la sentencia «Dios ha muerto».
E l nihilismo pensado por Nietzsche significará, pues, la liberación de los valores anteriores como un primer paso ha cia la transvaloración de todos esos valores. Con esta transva loración de todos los valores válidos hasta el momento se le formula al hombre la ilimitada exigencia de erigir de modo incondicionado, a partir de sí mismo, por medio de sí mis mo y por encima de sí mismo, los «nuevos estandartes» bajo
los cuales tiene que consumarse la institución de un nuevo orden del ente en su totalidad. «Puesto que lo “suprasen sible”, el “más allá” y el “cielo” han sido aniquilados, solo queda la tierra»; solo esta es la base desde la cual habrá que comenzar a pensar de nuevo. ¿Quién será capaz de pensar desde la nueva situación? Nietzsche respondió que solo el superhombre — o ultrahom bre— lo hará, pues encamará al pensador del nihilismo por antonomasia y se revelará como su superador.
En las lecciones sobre Nietzsche, Heidegger propuso su propia concepción del nihilismo. Para él, el nihilismo tam bién deberá apuntar a una reflexión sobre la nada. La nada en cuanto el no ser algo de un ente, tal y como el filósofo ya apuntó en ¿Q u ées m etafísica? La nada, el nihil, alude al ente en su ser, y es, por lo tanto, un concepto del orden del ser y no del orden del valor, como pensó Nietzsche. E l nihilismo para Heidegger no trataría tanto de la pérdida de los valo res morales, como pretendió el autor del Zaratustra, sino del ente en su no ser, de la nada. Ya vimos que para él la nada está ligada al «es» y al «ser». Afirmó que quizá la esencia del nihilismo europeo descanse en que no se toma en serio la pregunta por la nada — algo que tampoco hizo Nietzsche— , puesto que es asimismo una pregunta por el ser.
Según Heidegger, Nietzsche se mostró incapaz de com prender la esencia del nihilismo desde este punto de vista y por eso lo hizo desde la perspectiva del valor y desde la moral. Nietzsche pensó también de manera m etafísica, firmemente aferrado a la lógica del pensar metafísico; olvidado del ser y de la nada, pretendió sustituir unos valores metafísicos cadu cos por otros supuestos valores nuevos que, desgraciadamen te, también se hallarían situados en el plano de la metafísica.
Su «transvaloración de todos los valores» consistía en la idea de instaurar valores nuevos pero que nada tenían
que ver con la verdad del ser y de la nada. En este sentido, si Platón proclamó el culto al mundo suprasensible, Nie- tzsche quería instaurar la valoración del mundo sensible. Si el cristianismo rendía culto al alma, él pretendía rendir culto al cuerpo. Nietzsche tampoco superó la metafísica, simplemente le habría «dado la vuelta»; he aquí el porqué de que Heidegger lo denominase «el último metafísico de Occidente».
El autor de Zaratustra no había tenido en consideración al ser, puesto que de él afirmó que tan solo fue «un error y un vapor»; un concepto vacío que, sin embargo, había constitui do uno de los grandes «errores» que cautivaron la atención del pensamiento humano. Esta convicción era en el fondo lo que determinó y orientó su filosofía de raíz, según Hei degger. Con ello, tampoco Nietzsche escapó al gran error de la metafísica occidental: el del olvido del ser. Al negarle consistencia al término «ser», también Nietzsche se convir tió en otra víctima más de las concepciones metafísicas que olvidan lo esencial. Platón fue, pues, el primer metafísico; Nietzsche, el último. Entre ellos solo quedaba el olvido del ser; superados el pensamiento de ambos, se abría un nuevo comienzo: la búsqueda y la espera del ser.
Capitulo 4