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LOS HISTORIADORES JUDÍOS

In document LOS MISTERIOS DE JESÚS (página 144-147)

EL HOMBRE QUE NO ENCONTRAMOS

LOS HISTORIADORES JUDÍOS

Filón era un eminente autor judío de la misma época en que se supone que vivió Jesús. Escribió alrededor de cincuenta obras que han llegado hasta nosotros. Son obras de historia, filosofía y religión, y nos dicen mucho sobre Poncio Pilato; pese a ello, no mencionan para nada la llegada del Mesías Jesús.

Justo de Tiberíades, contemporáneo de Filón, era un judío que vivía cerca de Cafarnaum, donde, según solía decirse, se había alojado Jesús. Escribió una historia que empezaba con Moisés y llegaba hasta su propia época, pero tampoco él mencionaba a Jesús.

No obstante, todavía nos queda Josefo, contemporáneo más joven del apóstol Pablo. Escribió dos famosos libros de historia, La guerra judía y la monumental Antigüedades judaicas. Estas dos obras son nuestras fuentes más importantes de información sobre la historia del pueblo judío durante el primer siglo de la era cristiana. Y aquí por fin, como cabía esperar, nos parece que encontramos el testimonio que andamos buscando. Escribe Josefo:

Alrededor de aquel tiempo vivía Jesús, un hombre sabio, si en verdad se le podía llamar hombre. Porque era uno que llevaba a cabo proezas sorprendentes y era maestro de esa gente que ansía ver novedades. Se ganó a muchos de los judíos y a muchos de los griegos. Era el Mesías. Cuando

Pilato, a raíz de una acusación que formularon los hombres principales entre nosotros, le condenó a la cruz, los que le habían amado desde el principio siguieron apegados a él. Al tercer día se les apareció devuelto a la vida, porque los santos profetas habían predicho esto y miles de otras maravillas relacionadas con él y la tribu de los cristianos, llamados así por él, hasta el día de hoy no ha desaparecido.

Josefo también nos dice que cuando «el que hacía milagros» fue llevado ante Pilato, éste sacó la conclusión de que Jesús era «un benefactor y no un criminal o un agitador o alguien que quería ser rey». Josefo relata que como Jesús había curado milagrosamente una enfermedad de la esposa de Pilato, éste dejó que se marchara. Pero entonces los sacerdotes judíos sobornaron a Pilato para que les permitiese crucificar a Jesús «en contra de toda la tradición judía». En cuanto a la resurrección, dice que no es posible que el cadáver de Jesús lo robaran sus discípulos, como solía decirse para contrarrestar las afirmaciones de los cristianos en el sentido de que Jesús había resucitado milagrosamente, ¡toda vez que «se apostaron guardias alrededor de su tumba, treinta romanos y mil judíos»!

Durante cientos de años los historiadores cristianos aprovecharon estos pasajes de Josefo como pruebas concluyentes de que Jesús existió. Así fue hasta que los estudiosos empezaron a examinar el texto de forma un poco más crítica. Ningún estudioso serio cree ahora que estos pasajes los escribiera realmente Josefo. Se han identificado claramente como añadiduras muy posteriores. Están escritos en un estilo que no es el de Josefo, y si se eliminan del texto, el argumento original de Josefo sigue la secuencia apropiada. A principios del siglo III, Orígenes, a quien las actuales autoridades en la materia consideran uno de los estudiosos más concienzudos de la Iglesia antigua, nos dice que no hay ninguna mención de Jesús en la obra de Josefo y que éste no creía que Jesús fuese Cristo, toda vez que no creía en ninguna figura mesiánica judía.

Josefo, de hecho, era un judío prorromano. Sus compatriotas lo odiaban por colaboracionista, debido a lo cual huyó de Judea y vivió en Roma hasta su muerte. En Roma fue protegido por dos emperadores y un acaudalado aristócrata romano.

Josefo menciona varias figuras judías que aspiraban a ser el Mesías y hace comentarios muy poco halagadores sobre ellas. En la época en que escribió, la antigua creencia de los judíos de que su Dios les mandaría al Mesías para liberarlos de la opresión se había convertido en una obsesión. Pero Josefo tenía su propia interpretación de lo que denomina este «antiguo oráculo». No negaba que fuese una profecía divina, pero creía que sus compatriotas judíos la habían interpretado de forma totalmente errónea. Según Josefo, el gobernante del mundo que la profecía anunciaba había llegado en la persona del emperador romano Vespasiano, ¡que casualmente había sido proclamado emperador cuando se hallaba en Judea! ¡Es absolutamente inconcebible que Josefo, de forma totalmente súbita, pudiera romper con su estilo de escritura, con todas sus creencias filosóficas y con su característico pragmatismo político para escribir en tono reverencial sobre Jesús!

Los primitivos cristianos que, al igual que nosotros, buscaban testimonios históricos de la existencia de Jesús hubieran aprovechado cualquier cosa escrita por Josefo como prueba concluyente. Sin embargo, no lo mencionan en absoluto. No fue hasta comienzos del siglo IV cuando el obispo Eusebio, el propagandista de la Iglesia de Roma, presentó de pronto una versión de Josefo que contenía estos pasajes. A partir de entonces, Josefo se convirtió en el fundamento de la autenticidad histórica de Jesús.

Al no poder aportar pruebas históricas de la existencia de Jesús, los cristianos de épocas posteriores falsificaron la prueba que tanto necesitaban para apoyar su interpretación literalista de los evangelios. Era una costumbre común, como veríamos repetidamente.

EL TALMUD

Aunque no hay pruebas de la existencia del Jesús histórico en los escritos de los historiadores judíos, en el Talmud hay varios pasajes que a veces se sacan a relucir como testimonio de que existió Jesús el hombre. Es claro que son falsificaciones que hicieron personas que no eran cristianas. He aquí lo que dicen:

- «Nos ha sido enseñado: en la víspera de la Pascua colgaron a Yeshu [...] porque practicaba la brujería y llevaba a Israel por mal camino.»

- «Nuestros rabinos predicaban: Yeshu tenía cinco discípulos: Mattai, Nakkia, Netzer, Buni y Todah.»

- «Sucedió al rabino Elazar ben Damah, a quien mordió una serpiente, que Jacob, un hombre de Kefar Soma, fue a ayudarlo en nombre de Yeshu ben Pantera.»

- «Una vez iba yo caminando por la calle alta de Sepphoris, y encontré a uno de los discípulos de Yeshu el nazareno.»

«Yeshu» es una forma abreviada de «Yehoshua» o «Joshua», que en griego se convierte en «Jesús», así que tal vez estos pasajes se refieren al Jesús de los evangelios.

Con todo, descartando que sólo se mencionan cinco discípulos con nombres completamente irreconocibles, hay otras razones que hacen pensar que estos pasajes no son la prueba que buscamos.

Que se mencione a «Yeshu el nazareno» no es extraordinario. Los nazarenos eran una secta religiosa judía y la palabra «nazareno» no significa por fuerza «de Nazaret». Yeshu era un nombre sumamente común que podía referirse a mucha gente. Josefo menciona por lo menos diez Jesuses, aunque

es revelador que algunas traducciones de Josefo sólo traduzcan los pasajes que quieren que el lector identifique con Jesucristo, y con tal fin utilicen la versión griega del nombre que todos reconocemos, ¡al tiempo que dejan los nombres de todos los otros Jesuses en hebreo, es decir, sin traducir!

Como reconoció el descubridor de estos pasajes del Talmud, aunque se refieran a Jesús y no a algún otro Yeshu, no pueden tomarse como prueba de la existencia de Jesús, porque se escribieron muy tarde. Aunque se basa en escritos más antiguos, el Talmud no se escribió hasta 200 d.n.e. y no sabemos si estos pasajes eran antiguos. De todos modos, los rabinos son tan imprecisos en su cronología ¡que hay diferencias de hasta doscientos años en las fechas que asignan a la figura que pudo o no pudo ser Jesús!

No parece que aquí haya nada importante. ¿En qué otra parte podemos mirar? Curiosamente, ¡eso es todo! Hemos examinado todas las posibles pruebas históricas de la existencia de Jesús. Por extraordinario que parezca, sencillamente no hay nada más. Lo único que nos queda son testimonios cristianos. ¿Podemos considerarlos documentos históricos?

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