l Responsabilidad y libertad
4. El hombre en cuanto ser responsable
La justificación para atribuir responsabilidad es, por tanto, el efecto presumido derivado de esta práctica en las acciones futuras. Su pretensión es enseñar a los individuos lo que deben considerar en situaciones futuras comparables. Aunque les dejemos que decidan por sí mismos, puesto que como regla general están en mejor situación para conocer las circunstancias que rodean a su acción, nos preocupan también las condiciones que les permitirán la utilización de su conocimiento para lograr las mejores consecuencias. Si atribuimos a los hombres la libertad, porque presumimos que son seres racionales, dicha libertad debe valer la pena a la hora de actuar como tales seres racionales y permitirles soportar las consecuencias de sus decisiones. Esto no significa que se presuma siempre que e! hombre es el mejor juez de sus intereses. Significa meramente que nunca poseemos la seguridad de que otros los conozcan mejor y, por tanto, deseamos utilizar totalmente la capacidad de todos aquellos que puedan contribuir con algo al esfuerzo común de lograr que e! mundo que nos rodea sirva a los propósitos humanos.
La asignación de responsabilidad presupone, en e! caso de! hombre, la capacidad para una acción racional y la aspiración de que actúe más racionalmente de lo que lo haría sin aquélla. Presupone una cierta capacidad mínima humana para aprender a prever, para guiarse por e! conocimiento de las consecuencias de sus
acciones. No entraña objeción el argüir que, de hecho, la razón juega sólo una pequeña parte en la determinación de las acciones humanas, pues e! objetivo consiste en hacer que ese poco vaya tan lejos como sea posible. Racionalidad aquí puede significar tan sólo cierto grado de coherencia y consistencia en la acción de la persona; cierta influencia duradera de! conocimiento o discernimiento que, una vez adquirido, afectará a la acción en fecha posterior y en diferentes circunstancias.
La complementariedad de libertad y responsabilidad significa que las razones en favor de la libertad se aplican sólo a aquellos a quienes se les puede imputar responsabilidad y no pueden atribuirse a los niños, a los idiotas o a los locos; presupone que una persona es capaz de aprender de la experiencia y de guiar sus acciones por e! conocimiento así adquirido; es inválida para aquellas que todavía no han aprendido suficientemente o son incapaces de aprender. Una persona cuyas acciones estén totalmente determinadas por los mismos inmutables impulsos no controlados por el conocimiento de las consecuencias, una genuina personalidad incompleta, un esquizofrénico, no sería responsable en el sentido que comentamos, porque sus acciones no podrían aplicarse a las personas que sufren accesos incontrolables, cleptómanos o dipsómanos, cuya experiencia, según se ha demostrado, no responde a motivaciones normales. Ahora bien, siempre que exista razón para creer que e! conocimiento de la responsabilidad influirá probablemente en las acciones de un hombre, será necesario tratarle como responsable, tanto si tal conocimiento ha producido e! deseado efecto en e! caso particular de que se trate como si no. La atribución de responsabilidad no se basa en lo que sabemos que es verdad en un caso determinado, sino en lo que creemos que serán las probables consecuencias de estimular a la gente a comportarse racional y consideradamente. Se trata de un recurso que la sociedad ha desarrollado para competir con nuestra incapacidad de ver lo que hay dentro de la mente de otros y para introducir orden en nuestra vida sin recurrir a la coacción.
Este no es el lugar para entrar en discusión sobre los problemas especiales que plantean todos aquellos que se hallan imposibilitados para ser responsables y a quienes, por tanto, no se les aplican las razones en favor de la libertad o no se les pueden aplicar totalmente. El punto importante estriba en que ser miembro libre y responsable de la comunidad supone un status particular que acarrea cargas y privilegios. Si la libertad ha de lograr sus fines, la concesión de dicho status no puede subordinarse a la discreción de cualquier persona. Automáticamente el status aludido debe pertenecer a todos los que satisfagan ciertas condiciones objetivamente verificadas (tales como la edad), y en tanto que la presunción de que poseen la requerida capacidad mínima no sea claramente impugnada. En las relaciones personales la transición de la tutela a la completa responsabilidad puede ser gradual e indistinta, y aquellas formas más leves de coacción que existen entre los individuos - en las que no debe interferir e! Estado- pueden ajustarse a grados de responsabilidad. Ahora bien, política y legalmente, para que la libertad sea efectiva, la diferenciación debe establecerse clara y definitivamente y venir determinada por reglas generales impersonales. Al decidir si una persona es dueña de sí misma o está sujeta a la voluntad de otra, debemos considerarla como responsable o no responsable, como teniendo o no e! derecho a actuar de una forma que pudiera resultar ininteligible, imprevisible o inoportuna para todos. El hecho de que no se pueda otorgar completa libertad a todos los seres humanos no debe significar que la libertad de todos esté sujeta a restricciones y regulaciones ajustadas a las condiciones individuales. El tratamiento individual izado de los Tribunales de Menores o de los organismos para guarda de enfermos mentales pone en evidencia la falta de libertad de! tutelaje. Aunque en las relaciones íntimas o en la vida privada debamos ajustar nuestra conducta a la personalidad de nuestros semejantes, en la vida pública la libertad requiere que seamos considerados como tipos, no como individuos, y tratados bajo la presunción de que las razones normales que nos disuaden de hacer esto o aquello
tendrán efectividad -sea verdad o no-- en el caso particular de que se trate.
5. La persecución de las propias finalidades
CAPÍTULO CAPÍTULO Se confunde mucho el ideal de libertad de la persona para la persecución de sus propios fines con la creencia de que tal libertad se traduciría en la voluntad o el empeño de lograr únicamente fines egoístas 9. Sin embargo, la libertad para perseguir los propios objetivos es tan importante para las personas más altruistas, en cuya escala de valores las necesidades de los otros ocupan un lugar muy alto, como para cualquier egoísta. Trae su origen en la naturaleza ordinaria de los hombres (y quizá todavía más de las mujeres), y una de las principales condiciones para su felicidad es tener como objetivo principal el logro del bienestar de otros. Comportarse de dicha forma constituye parte de la normal elección que se abre ante nosotros y a menudo la decisión que generalmente se espera de nosotros. De acuerdo con una opinión general, nuestra principal preocupación a este respecto es, desde luego, el bienestar de nuestra familia. Ahora bien, también demostramos nuestro aprecio y aprobación a los otros mediante la amistad y uniendo nuestros fines a los suyos. Parte esencial de la libertad y de las concepciones morales de una sociedad libre es la elección de nuestros asociados y, generalmente, de aquellos cuyas necesidades hacemos nuestras.
El altruismo general es, sin embargo, una concepción carente de sentido. Nadie puede cuidar eficazmente de los extraños. Las responsabilidades que podemos asumir deben ser siempre particulares y pueden referirse sólo a aquellos de quienes conocemos hechos concretos y a quienes o la elección o ciertas condiciones especiales han unido a nosotros. Uno de los derechos y deberes fundamentales del hombre libre es decidir qué necesidades y qué necesitados se le antojan más importantes.
Una parte del concepto que nos merece la personalidad individual consiste en el reconocimiento de que cada ser humano tiene su propia escala de valores que debemos respetar aun cuando no la aprobemos. La forma de valorar a una persona necesitada dependerá de nuestra propia escala de valores. Ahora bien, creer en la libertad significa que no nos consideramos el juez último de los valores de otra persona; que no nos sentimos con títulos para impedirle la prosecución de fines que desaprobamos; a condición de que dicha persona no infrinja la esfera igualmente protegida del resto de las gentes.
Una sociedad desconocedora de que cada individuo tiene derecho a seguir sus personales preferencias carece de respeto por la dignidad del individuo y desconoce la esencia de la libertad; sin embargo, también es verdad que en una sociedad libre la estima del individuo depende del uso que éste haga de su libertad.
La estima moral carecería de significado sin la libertad. «Si cada acción buena o mala de un hombre de edad madura estuviese bajo limitaciones, prescripciones y coacción, ¿qué sería la virtud sino un nombre? ¿Qué alabanza se debería a las buenas obras? ¿Qué gratitud al justo, al sobrio, al continente?» 10. La libertad es una oportunidad para hacer el bien, pero también lo es para hacer el mal. El hecho de que una sociedad libre funcione con éxito solamente si sus individuos se hallan guiados en cierta medida por valores comunes es quizá la razón en cuya virtud los filósofos han definido a veces la libertad como acción conforme a reglas morales. Sin embargo, tal
9 T. N. CARVER, Essays in Social Justice, Harvard Univ. Press, 1922, yel primer ensayo de mi lndividualism and Economic Order, Londres y Chicago 1948.
10 JOHN MILTON, Aeropagitica, Everyman, Londres 1907, p. 18. La concepción del mérito moral dependiente de la
libertad fue subrayada por algunos de los filósofos escolásticos y de nuevo, especialmente, en la literatUra clásica germánica: cfr., por ejemplo, F. SCJIILLER, On the Aesthetic Education of Man, Yale University Press, 1954, p. 74: «El hombre debe disfrutar de libertad a fin de estar preparado para la moralidad.»
definición es una negación de la libertad que a nosotros nos importa. La libertad de acción, que constituye la condición del mérito moral, incluye asimismo la libertad de actuar mal. Nosotros únicamente alabamos o censuramos cuando la persona tiene oportunidad de escoger, cuando su acatamiento de una norma no se obtiene por la fuerza, sino meramente por voluntaria decisión.
Que la esfera de la libertad constituya también la esfera de la responsabilidad individual no significa que hayamos de responder por nuestros actos ante cualesquiera personas privadas. Verdad es que podemos incurrir en la censura de los otros al hacer cosas que no les agradan; sin embargo, la principal razón de la responsabilidad de nuestras decisiones es llamar nuestra atención hacia las causas de los sucesos que dependen de nuestras acciones. La principal función de la creencia en la responsabilidad individual es hacer que utilicemos nuestro propio conocimiento y capacidad hasta el máximo en la consecución de nuestros fines.