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GUGLIOTTELLA, Gabriela Inés/ FF y L, UBA- [email protected]

Eje: Amor, erotismo, monstruosidad. Tipo de trabajo: ponencia

» Palabras claves: - Füssli – La Pesadilla- Monstruos- Mujeres

Resumen

El trabajo tiene como propósito investigar la imagen de lo monstruoso en las representaciones de las pesadillas del Romanticismo tomando como eje especialmente las obras de Johann Heinrich Füssli. En La pesadilla, expuesta por primera vez en 1781 en la Royal Academy, se observa una mujer que yace sobre una cama en una actitud de desvanecimiento, su vestido se adhiere a las piernas y el pecho, el íncubo sobre el vientre de la mujer y el caballo asomándose detrás de las cortinas mezcla sensualidad y erotismo. Se une lo fantástico, lo demoníaco y lo oculto. La belleza, pero también la monstruosidad son juegos del inconsciente que perturban y ponen contraposición valores como la belleza, la fealdad, el desconcierto y la calma. También Goya, en El sueño de la razón produce mons-

truos, mostraría a un hombre agobiado por terribles pesadillas. Podemos observar en estas imágenes

cómo se encuentra un claro interés por la violencia, la ilusión, lo fantástico y la locura. Füssli remarca lo erótico en numerosas pinturas y grabados e insiste en el carácter de lo demoníaco. Ocuparon un lugar preponderante en muchos cuadros lo misterioso y lo fantástico, expresados de forma dramáti- ca. También se representaron la melancolía extrema y la pesadilla, llegando a combinar en ocasiones el tema de la muerte con el erotismo. Monstruos habitaron los lienzos. Autores como Füssli, Blake o Goya, en plena época neoclásica, pintaron cuadros que rendían culto al inconsciente, a la irracionali- dad, la locura y el sueño.

Así, pintores y escritores exhibieron una visión sombría y tenebrosa. Es en esta visión de lo si- niestro que se reconoce aquello que genera angustia, lo reprimido que retorna según Freud. Surge un nuevo imaginario que vuelve su mirada donde reinan las bestias. En diferentes países se desarrolla el auge de una estética de la fealdad que muestra un mundo de horrores de lo grotesco y bestial mezclado con un placer por la desmesura de la sexualidad y el erotismo. Como dice Georges Bataille en su libro El erotismo, los hombres están sometidos a dos impulsos: el del terror, que produce un movimiento de rechazo que continúa por el asco y la náusea, y el de atracción, que despliega una fuerte fascinación sobre la sensibilidad. Lo monstruoso combinado con lo erótico produce tensiones contradictorias que experimenta el sujeto y permite depositarlas fuera del mismo. Es la provocación de lo monstruoso la amenaza terrible y fascinante de una naturaleza que parece contradecir el orden.

Los monstruos habitan los lienzos

Es un fenómeno general en nuestra naturaleza que lo triste, terrible y hasta horrendo nos atrae con una fascinación irresistible; que las escenas de dolor y de terror nos atraen y repelen con la misma intensidad

Son numerosos los artistas que representaron figuras monstruosas en la Historia del Arte. En este caso se abordan imágenes del romanticismo que juegan con esta idea de lo fantástico y de lo racional que atiende como foco principal a la obra de Füssli: La pesadilla. Afirma Félix Duque: “La belleza, pero también la monstruosidad son juegos del inconsciente que desbaratan y ponen en entredicho la placidez de la incipiente vida burguesa y la solidez y exactitud de la razón.” (Duque, 2007)

Lo grotesco, lo repulsivo y monstruoso son cualidades que los artistas representaron en el Arte. A partir de estas categorías se buscó mostrar ese lugar de lo desconocido y de lo que escapa a pen- samiento racional. Es, de alguna manera, reconocer el lado oscuro y no controlable de la vida. Así, afirma Éder García-Dussán:

(…) debemos aceptar, sin más, que en el patrón narrativo, el monstruo asoma para sostener unos valores que sirven de apoyo para significar las relaciones humanas dentro de la lógica maniquea que nos mueve socialmente. Así las cosas, la dicotomía bueno-malo, seguida de otras connotadas como luz-oscuridad, positivo-negativo, constructivo-destructivo, arriba-abajo, etc., aparecen como un fun- damento ideológico que, dentro de las sendas matrices actanciales de los relatos y los metarrelatos occidentales, estructura formas de comprender las relaciones entre sujetos y objetos en el mundo sociohistórico. (García-Dussán, 2014: 87)

De esta manera, es interesante destacar que en la época estudiada, mientras Kant publicó Crítica

de la razón pura en 1781, el pintor Johann Heinrich Füssli pintó Der Nachtmaar (La pesadilla), la cual

fue expuesta en el Royal Academy de Londres en 1782.

La pintura permite ver en una habitación con poca luz a dos figuras, una mujer desvanecida en la cama y un monstruo ubicado sobre su vientre que mira amenazante al espectador.

La figura femenina se encuentra desvanecida sobre la cama. El cuerpo de dicha mujer se muestra

La pesadilla de Johann Heinrich Füssli (1781), óleo sobre tela, 101 x 127 cm, Institute of Arts, Detroit.

accesible a la vista del espectador. Ella sumida en sueños y con una actitud casi orgásmica no devuel- ve la mirada. John Berger en Modos de ver propone que la representación de la mujer es construida a lo largo de la historia como un objeto que es observado por el “espectador- propietario” (Berger, 1972: 65). Está sumergida en sus propias fantasías mientras que el espectador puede regocijarse ob- servando su belleza nívea. Como demuestra Felix Duque: “el blanco camisón bien podría representar tanto un sudario cuanto ser un pretexto para acentuar las formas sensuales de la mujer (como en la técnica griega de paños mojados), resaltadas por los pliegues que parecen converger, sombríos, en su seno, oscurecido aún más por la sombra del monstruo.” La técnica clásica de paños mojados permi- tía observar el cuerpo a través la textura visual que traslucía las formas de la mujer. Así, se produce un interesante juego de lo visible y lo oculto. Cubrir o descubrir un cuerpo recrea la simultaneidad de la posesión y la no posesión que es el eje del erotismo. Como dice Georges Bataille en su libro El

erotismo, los hombres están sometidos a dos impulsos: el del terror, que produce un movimiento de

rechazo que continúa por el asco y la náusea, y el de atracción, que despliega una fuerte fascinación sobre la sensibilidad. Lo monstruoso combinado con lo erótico produce tensiones contradictorias que el sujeto experimenta, y permite exteriorizarlas. Es la provocación de lo monstruoso la amenaza terrible y fascinante de una naturaleza que parece contradecir el orden.

El simbolismo sexual se encuentra reforzado por la aparición de la cabeza de un caballo que irrumpe de entre las cortinas con ojos desorbitados. Curiosamente, el mismo título de la obra alude a un juego de palabras en inglés: Night es “noche” y mare es “yegua”. El folclore de la época relacionaba los caballos con las visitas nocturnas. En la cultura occidental, el caballo tiene una fuerte connotación sexual. Se observa, en esta imagen, cómo se encuentra un claro interés por la violencia, la ilusión, lo fantástico y la locura. Füssli remarca lo erótico en numerosas pinturas y grabados e insiste en el carácter de lo demoníaco. Mora (2007) categoriza los monstruos y su relación con la figura del mal por excelencia, el diablo, en tres situaciones: la primera es la invasión donde Satán es destructor y representa y expresa el daño. Como tal, es un antagonista de la humanidad. De esta primera deriva la segunda categoría de posesión demoníaca -muy famosa en la Edad Media- por medio de íncubos, súcubos o demonios carnales. Implica la posesión que consiste en la invasión del Diablo o de los de- monios en el cuerpo de los animales, plantas, objetos y seres humanos, lo cual cambia su comporta- miento o situación. La tercera categoría se relaciona con el pacto directo con el Diablo.

Es interesante que la pesadilla corresponde a la mujer. Ella es quien fantasea una pesadilla eróti- ca. Se elige una mujer y no a un hombre como protagonista del sueño erótico. Como dice Mercedes González de Sande, una vez más, la mujer es el origen de lo pecaminoso y aquella que provoca y atrae a través de su cuerpo la mirada del hombre. Así, afirma Laura Mulvey en relación con el placer visual:

El placer de ver se ha dividido en activo/masculino y pasivo/femenino. La determinante mirada masculina proyecta su fantasía en la figura femenina, que es estilizada como corresponde a aquella. En su papel exhibicionista tradicional, las mujeres son simultáneamente miradas y expuestas, con su apariencia codificada para un impacto fuertemente visual y erótico de modo que pueda decirse que connotan mirabilidad (Cordero-Sáenz, 2007: 86)

La pintura contiene numerosas lecturas relacionadas con la sexualidad. La dominación masculina transforma a las mujeres en objetos simbólicos pensados con el objetivo de ser observados y pro- vocar el agrado de la mirada del sexo opuesto a través de las características femeninas socialmente construidas (Bourdieu, 2000). De esta manera, como afirma Lukacher “La mujer aparece tendida boca arriba y vulnerable y, sobre ella en peculiar postura fetal el demonio como personificación ven- gativa de los deseos de ella, lo psíquico inhabilita lo somático lo cual da como resultado la oculta fan- tasía de violación de la protagonista femenina.” (Lukacher, 2001:114). Según Kramer, la causa de que los demonios se conviertan en íncubos o súcubos no es meramente el placer, ya que un espíritu no tie- ne carne ni sangre; ante todo, “se sirve del vicio de la lujuria con la intención de herir en el cuerpo y el alma a los hombres, de modo que puedan entregarse más a todas las desmesuras.” (Kramer 2005:85) La mujer es, entonces, el foco que crea dichos sueños que buscan satisfacer un deseo erótico. Es la figura femenina la que manifiesta los deseos sexuales ocultos y adquiere un poder pasivo dentro de sus fantasías ofreciéndose al espectador.

Sin embargo, para Lukacher “es más exacto decir que la fantasía es de Füssli que postula el delirio onírico de esta insinuada violación como interno al deseo femenino para enmascarar la proyección demoníaca del masculino, esto es bajo la dirección escénica del artista; la mujer que sueña se victimi- za a sí misma.” (Lukacher, 2001:114)

Según narra este autor, a Füssli, durante toda su vida, le obsesionaron los sueños femeninos y, por otro lado, desconfiaba de la defensa de los derechos de las mujeres en el círculo Wollstonecraft. Sin embargo, en la posterior obra erótica, de carácter privado, y cerca de 1810, Füssli tendió a invertir los términos de la dominación sexual, en dibujos en los que a menudo aparecía una figura masculina con su sexualidad dominada por un grupo de figuras femeninas. Si bien es cierto que la imagen muestra a mujeres en actitudes dominantes, sigue siendo el hombre el objeto complacido. Es decir, sigue res- pondiendo a la mirada masculina.

La pesadilla fue retomada por el director Ken Russell en la película Gothic (1986). Dicho film tra-

ta la reunión de los grandes escritores de las novelas clásicas de terror -Mary Shelley, Lord Byron, John Polidori- una tormentosa noche entre los muros de la aislada y gótica Villa Diodati, dando pie a una velada que, asimismo, es el origen de las más célebres creaciones literarias del terror gótico y romántico. Es interesante la influencia entre cine y la pintura, en este caso, ambas relacionadas con los sueños.

Debido a ello, no es accidental que una buena parte del cine, a todo lo largo del siglo XX, se haya visto influenciado por las ideas, los motivos y los fenómenos que conciernen al psicoanálisis y a la patología mental. Los hechos a los que remite este campo, la sexualidad, las pulsiones reprimidas, las fantasías mórbidas, los trastornos de la personalidad, de la memoria o de la identidad, los sueños, los delirios, las alucinaciones, la agresividad, la culpa y las perversiones, han sido un territorio que el cine no ha dejado de explotar en sus creaciones más populares. (Peña Martínez, 2009)

Francisco de la Peña Martínez explica que no por azar la industria del cine es conocida como la “fábrica de sueños”. Analiza las imágenes de la locura en el cine como representaciones culturales.

Por un curioso azar, como observa, el nacimiento del cine es contemporáneo al nacimiento del psi- coanálisis y al descubrimiento de lo inconsciente.

A modo de conclusión

La pesadilla permite reflexionar acerca del rol que la mujer cumple en el imaginario de lo fantás-

tico y lo erótico en las obras de Füssli como objeto de deseo y en vinculación directa con el “otro” y lo oculto. Estas dos cuestiones se entrecruzan en el discurso romántico. La relación entre la razón y lo fantástico se encuentra en constante juego. Lo abyecto y lo incontrolable amenazan la confianza en la razón y esto equivale a mover el eje de la norma, así como dice Cortés: “Lo importante es que, llámese brujo, diablo o demonio, todos ellos son seres monstruosos que equivalen a aquello que representan una amenaza para la integridad, de un sistema o de un individuo, un elemento que se opone a las estructuras que constituyen la vida. Se presentan siempre como una diferencia, una distinción en relación con la naturaleza (…). Transgreden las fronteras establecidas y cuestionan las normas socia- les.”(Cortés, 1997:17)

Dicha dualidad en constante relación genera una pulsión hacia lo oscuro y extraño, aquello que busca reprimirse. Esto en constante vínculo con lo sexual y erótico cuyo objeto de deseo construido por la mirada masculina es la mujer. Como afirma Cortés: “Asimismo, la atracción por lo monstruoso puede ser entendida como el retorno, la recuperación de lo reprimido o como la convulsiva proyec- ción de objetos de un deseo sublimado. En este sentido, nuestra reacción ante lo monstruoso tiene menos que ver con lo que se entiende como miedo que con el echar abajo las reglas de la socialización y extrapolar el código secreto del comportamiento, especialmente en la esfera de lo sexual.” (Cortés, 1997:22). Lo fantástico también amenaza el espacio en apariencia tranquilizador e íntimo. Fue a partir del Hombre de arena, el cuento de Hoffmann, que Freud analiza lo siniestro como el malestar demostrado por la manifestación de aquello que debía mantenerse oculto. Según Kayser, el punto de gravedad de lo grotesco descansa en lo monstruoso y horroroso:

Sólo en su carácter de antípoda de los sublime lo grotesco revela toda su profundidad. Pues así como lo sublime- a diferencia de lo bello- dirige nuestras miradas hacia un mundo más elevado, so- brehumano así ábrase en el aspecto de lo ridículo- deforme y monstruoso- horroroso de lo grotesco un mundo inhumano de lo nocturno y abismal. (Kayser, 1964:67)

Lo horroroso, terrorífico y grotesco queda revelado en La pesadilla como aquello oculto que logra manifestarse fuera del orden y comprometer los ideales de una época que esgrime la razón como foco principal.

Bibliografía

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Monstruos que espantan la muerte propia:

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