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ALETTA DE SYLVAS, Graciela Facultad de Humanidades y Artes Universidad Nacional de Rosario / [email protected]

Tipo de trabajo: ponencia

» Palabras claves: Alteridad. Posesión . Mujer. Poder. Cuerpo. Sexualidad Represión

Resumen

Las posesiones diabólicas ocurridas en la pequeña ciudad francesa de provincia de Loudun en el siglo XVII, entre 1632 y 1640, constituyen un síntoma de la represión. Diecisiete monjas ursulinas incluida su superiora, la madre Juana de los Angeles, revelan que están poseídas por multitud de demonios cada uno con nombre propio, los principales denominados Asmodeo y Zambulón. Se pone entonces en marcha el largo proceso del exorcismo para intentar liberarlas, pero las monjas señalan al cura párroco jesuita, Urbain Grandier, por quien sentían una gran atracción, como culpable de haberlas hechizado. Personaje conflictivo por sus relaciones amorosas y su rechazo al celibato, se ha- bía granjeado poderosas enemistades que después de un proceso, termina condenado a la hoguera, torturado y quemado aunque se declara inocente. La descripción que A. Huxley realiza de sus sufri- mientos en Los demonio de Loudun (1953), resulta de una crueldad inusitada.

El campo de lo monstruoso va a estar atravesado desde su inicio, por el problema de la sexualidad, que como expresa M. Foucault no es lo que se calla sino lo que se obliga a confesar. La regla del silen- cio sobre la temática empieza a tener peso en el siglo XVII. Solo hay monstruosidad, cuando como en este caso hay transgresión de los límites naturales, donde el desorden toca, transporta, inquieta las leyes instituidas por el derecho civil, canónico o religioso. Cuando se produce una infracción del dere- cho humano o divino. Los médicos de la época insisten en que el fenómeno de la posesión sobrepasa los límites de la naturaleza. Se gesta en ese momento una alianza entre poder político y eclesiástico, la Iglesia y el Rey, Richelieu y sus aliados frente a sus enemigos . Lo religioso se trasforma en político. Michel de Certau en La posesión de Loudun (1970) despliega un entrecruzamiento de voces que re- construye en su ensayo polifónico, en el que recupera distintas opiniones. En esta complicada trama de intereses se inscribe la problemática de género desde dónde vislumbramos los deseos e inquietu- des de mujeres que, consciente o inconscientemente, expresan bajo la máscara de los demonios sus deseos sexuales insatisfechos. Como expresa Freud en Una neurosis demoníaca del siglo XVII ( 1922) los límites entre la neurosis y la simulación son harto borrosas. Encuadra en este ensayo, los casos de posesión diabólica dentro de las neurosis e interpreta que los demonios son deseos rechazados, ramificaciones de impulsos e instintos reprimidos. El cuerpo en su materialidad atravesado por el deseo se asocia al cuerpo femenino que protagoniza la mayor parte de los episodios de brujería, mis- ticismo y posesión. Hay un proceso de histerización del cuerpo femenino que se expresa en formas disruptivas que la Iglesia intentará neutralizar .En el caso de las poseídas, a diferencia de la bruja, la mujer es la víctima, la que habla y confiesa espontáneamente. Foucault en Los Anormales (1999) se- ñala las continuidades y las diferencias entre brujería y posesión. Esta última se convierte en un nue- vo aparato de control y poder de la Iglesia a partir de Concilio de Trento ( 1545-1563) que instaura la nueva pastoral de la carne asociada a la práctica de la confesión y dirección de conciencia. El sexto mandamiento, sobre la lujuria, enfatiza el control de la concuspicencia. El fenómeno de la resistencia a estas normas se expresan en el lenguaje de la convulsión y otros síntomas corporales.

Si pensamos con De Certau que la posesión como síntoma de una crisis, como alteración amena- zante que no solo haquedado recluida en un pasado, nos podemos preguntar cuáles son las nuevas figuras sociales de lo “otro”, en nuestras sociedades contemporáneas, cómo se revelan las tensiones de la sociedad que, recluidas en las sombras, afloran en los momentos de crisis, no ya bajo la forma de lo diábolico, sino en las expresiones de la inquietud, de la inseguridad, del totalitarismo y de la violencia.

Presentación

“Cualquier oposición al poder tiene el rostro del demonio “ De Certau

Las posesiones demoníacas constituye un complejo fenómeno social y político relacionado con el género, las creencias religiosas depositadas en la sexualidad, el saber médico y el campo discursivo, el entretejido del poder y la biopolítica, todos factores que revelan la crisis desatada en el siglo XVII. Se trata de una sociedad en proceso de transformación, en inestable equilibrio entre las creencias establecidas y los nuevos horizontes de la ciencia.

El debate sobre la monstruosidad, tema de este Congreso, se plantea cuando hay transgresión de los límites naturales, donde el desorden inquieta las leyes del derecho civil, canónico o religioso e inflige el derecho humano o divino. Foucault plantea que el monstruo humano es el que transgrede la ley y su campo de aparición pertenece a los dos reinos, al dominio jurídico y biólogico. 1 Con respecto

al fenómeno de la posesión satánica se instaura en el siglo XVII un debate sobre si los acontecimien- tos obedecen a las leyes de la naturaleza o a desórdenes patológicos, o sea si la posesión es efecto del diablo o consecuencia de una enfermedad de la mente producida por la melancolía. Una tercera posibilidad incluía el mero engaño.

Podemos preguntarnos entonces dónde radica lo monstruoso en el caso que comentamos, si en las religiosas que se convierten en una combinación de mujer humana y demonio cuando son po- seídas, única manera de expresar lo que no podían decir ni sentir porque estaba prohibido, en los procedimientos a veces muy crueles empleados por los exorcistas representantes de la Iglesia, en la curiosidad de la sociedad, en los excesos del poder que domina las conciencias y los cuerpos, en la represión de la sexualidad o en las torturas inquisitoriales practicadas en el juicio al cura acusado de brujería, más atroces que el supuesto crimen.2

Cada época crea e imagina sus propios monstruos. En el marco de la postmodernidad podemos pensar en una concepción contemporánea de la monstruosidad a partir de focalizarla en la violencia patriarcal contra las mujeres, lo que nos conduce a una revisión del concepto de biopolítica. En una ida y vuelta en el tiempo, entre el siglo XVII y el XXI, leemos las posesiones diabólicas, cuyas protago- nistas principales son las mujeres, con proyección a nuestra sociedad actual y lo hacemos desde el concepto de género como producto de una construcción social e histórica y desde una construcción ideológica cultural con significado de discriminación, dominación, violencia y en ocasiones de exter- minio, ya que ellas, junto al moro y al judío, significan la alteridad, “lo otro”.

La creencia en el vínculo entre las mujeres y las potencias ocultas unida al señalamiento de su in- nata debilidad y peligrosidad se asocia a la misoginia plasmada en el Malleus Maleficarum, manual de la Inquisición redactado por Kramer y Sprenger. Esta publicación de 1484 continúa y profundiza la arraigada opinión de larga data sobre la inferioridad de la mujer y provoca una escalada de violencia antifeminista como bien lo expresa Jean –Michel Sallman 3, que se revela en las estadísticas propor-

1. Foucault Miche (1996) l: La vida de los hombres infames, Ed. Altamira, Buenos Aires.

2. Huxley Aldous (1954): en Los demonios de Loudun, Editorial Hermes, Buenos Aires-México. describe con minuciosidad el ensañamiento y los dolorosos tormentos a los que Grandier fue sometido antes de morir a pesar de haber declarado su inocencia. 3. Sallman Jean-Miche (1993): “La bruja” en Duby Georges-Perrot Michelle: Historia de las mujeres, tomo 3, Taurus, España.

cionadas. Dado que el 80% de las víctimas de brujería son mujeres, sostiene Gil Lozano4, este dato mirado desde la perspectiva de género, nos hace pensar el cuerpo femenino como territorio elegido para culpar y castigar problemas e injusticias de toda índole por diversos grupos sociales. Las per- secuciones por delito de brujería constituyen una primera etapa con respecto a las posesiones dia- bólicas y, aunque de naturaleza diferente, se suceden y continúan en el tiempo. Michelet, entusiasta defensor de las mujeres, ensaya en La Bruja 5 (1862) una interpretación socio histórica de la brujería medieval y advierte el triunfo de Satanás en el siglo XVII. Afirma que durante 100 años el único médi- co del pueblo fue la así denominada “bruja”, quien practicaba un saber basado en el conocimiento de la naturaleza, de las hierbas, de la belladona y otros venenos saludables administrados como antído- tos de los grandes flagelos de la época medieval. También arreglaba huesos y oficiaba de comadrona.

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