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“Hoy el progreso se focaliza en los avances tecnológicos”

In document Claves de la alfabetización digital (página 125-128)

Me gustaría destacar dos consecuencias importantes de esta idea de progre- so. La primera es que los avances suelen presentarse como parte de un proceso

“evolutivo”, donde nos encontramos con personas “tecnológicamente adaptadas” que van por delante y otras que no consiguen adaptarse y van por detrás. La segunda es que con este planteamiento no se contemplan otros caminos posibles ni rutas alternativas: sólo hay una sociedad de la información posible que llegará se quiera o no, con lo que se da por sentado que no depende de la voluntad de la ciudadanía el cómo construir la SI.

Esta idea se refuerza a través de los medios de comunicación, que glosan per- manente los avances técnicos estableciendo una visión (pre)determinada del futuro ajena a la realidad cotidiana de la población. En el discurso dominante se asume que hoy cualquiera puede hacer la compra por Internet, consultar al médi- co, entrar en contacto con algún político, o realizar una videoconferencia, aunque según los estudios sociológicos sólo un reducido porcentaje de la población haya realizado alguna vez una de estas actividades. Se asume con la certeza de que es un futuro definido, establecido y que se quiera o no llegará. Tanto es así que al referirnos a ese futuro-presente hablamos de “la” sociedad de la información, “la” sociedad red, etc.

Desigualdades sociales y ordenadores

La relación entre desigualdades sociales y ordenadores ha sido estudiada durante los últimos veinte años. Es cierto que la forma y enfoque de acercarse al problema han sufrido profundos cambios. Al principio el ordenador personal era visto como una herramienta de trabajo intelectual cuya utilidad se focalizaba en desarrollar las capacidades de los alumnos a través del aprendizaje de la informá- tica, de forma que la enseñanza tendía a reproducir un aprendizaje dirigido bási- camente a desarrollar la capacidad de programar, ser capaz de leer y entender la estructura del programa o manejarse con el código fuente.

Conforme a este esquema podemos fijar la atención en dos asuntos relevan- tes: el primero estaría relacionado con lo que concierne al cómo y el para qué se enseñaba el uso de ordenadores. Este es un aspecto muy interesante y frecuente- mente relegado en los estudios sobre las sociedades de la información. El segun- do aspecto radica en cómo se determina actualmente el grado de penetración de las tecnologías de la Información y la Comunicación en nuestras sociedades. ¿Qué parámetros se utilizan para medir nuestro grado de cibersociedad y determinar si somos alfabetizados o analfabetos digitales?

En el ámbito de expertos e iniciados en que se usaron las computadoras durante bastantes años, era relativamente sencillo determinar quién estaba o no

en el mundo de los ordenadores. Para manejarse con un ordenador se debían de conocer los comandos del sistema operativo. Fue años más tarde cuando hicieron su aparición los interfaces de uso fácil,“amigables” (user friendly): accesorios como el ratón y desarrollo de entornos gráficos que permitieran un manejo más intuiti- vo de los programas.

A partir de la generalización de esta práctica empieza a ser cada vez más com- plicado determinar quien está y quien no en “lo ciber”. Para determinar lo que es un internauta nos encontramos con un problema similar: ¿será la posesión de una conexión a la red o el tipo de uso que hacemos del ciberespacio? ¿Se puede encua- drar en la misma categoría de internautas a quien cotidianamente consulta pági- nas, usa videoconferencia, descarga archivos, cuelga información en la red, usa blogs, sabe buscar y encontrar lo que le interesa, etc., con aquellos otros que sólo esporádicamente utilizan alguna que otra aplicación, como el correo electrónico o la navegación circunscrita a las versiones electrónicas de los periódicos?

La respuesta, obviamente, es no. A pesar de que utilicen el mismo artilugio, socialmente son fenómenos distintos, por lo que contabilizarlos bajo la misma categoría de internautas, sin más matizaciones, entiendo que conduce a crear con- fusión sobre las posibilidades y potenciales del desarrollo social de la SI.

Al plantear la conectividad, la tendencia dominante tiene como punto de par- tida el simple esquema alfabetizados versus analfabetos digitales. Es una forma de abordar el problema muy marcada por las tendencias mercantilistas, según las cuales la solución es la venta masiva de ordenadores y conexiones a Internet sin importar su uso o utilidad.

Estratificación digital

Desde mis primeras investigaciones de campo en este ámbito, entre el año 1999 y 2000 aposté por redefinir el término inglés digital divide, (traducido por brecha digital) presentando un término, “estratificación digital” o “brecha digital estratificada”, que considero más adecuado para aprehender mejor la naturaleza del fenómeno, así como a pensar sus soluciones.

Como definición provisional del término propuesto, propongo denotarlo como el ámbito de investigaciones que se centra en el estudio de los discursos y prácti- cas asociadas con las desigualdades y diferencias en el acceso a ordenadores, infraestructura de entrada a la red, adquisición de tipos de conocimientos del soft- ware y hardware y habilidades de manejo de la información que se dan entre las distintas clases sociales, así como por género, edad, nivel educativo, etnia, idioma,

zona en la cual se habita y convicciones políticas o religiosas. Situando el estudio de esta matriz bidimensional en los contextos definidos por el tipo de políticas promovidas por las autoridades y las instituciones públicas.

Parámetros y categorías básicos

Este esquema pretende identificar seis parámetros que abarcan el acceso a ordenadores, infraestructura de entrada a la red, adquisición de conocimientos del software y hardware y habilidades de manejo de la información.

Las categorías serán: a) el equipamiento o hardware, b) infraestructura física de acceso, c) lugar de acceso, d) derechos de conectividad, ciberderechos, e) acceso y disponibilidad de la información, y f) metodologías de enseñanza, formas de aprendizaje y definición de oportunidades de uso en consecuencia con los objeti- vos. Cada una de estas categorías habrá de ser considerada y estudiada individual- mente bajo todas y cada una de las variables de clase social, género, edad, nivel educativo, etnia, idioma, zona en la cual se habita, convicciones políticas o religio- sas. Estas variables están a su vez influidas por las políticas promovidas por auto- ridades e instituciones públicas las cuales, a su vez, han de condicionar las políti- cas de mercado (otros dirían que viceversa).

La clase social remite a la situación económica, pero también al capital cultu- ral y al capital social, con la consiguiente diferencia de oportunidades de partida que conllevan.

El género afecta tanto al número de accesos, como a los usos. Es una variable que necesita ser relacionada con otras, como por ejemplo, el país en el que se habi- ta. Es una variable fundamental cuyo estudio deconstruye parte de los optimistas mitos formados en torno a la construcción de la Infoesfera, ya que muestra cómo el diseño de las nuevas sociedades de la información reproduce con fuerza las coercitivas viejas costumbres y divisiones patriarcales de nuestras sociedades.

Como en anteriores innovaciones tecnológicas, la edad también resulta clave. Es cierto que dependiendo de los países y su nivel de desarrollo, la edad de resis- tencia a los ordenadores cambia.

El nivel educativo se dibuja como uno de los espacios sensibles en los que desarrollar políticas correctoras de la estratificación digital.

“El nivel educativo es uno de los espacios sensibles en

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