Segunda parte: El estudio de los edificios desde la arqueología de la arquitectura
III.2. Prospección y exploración
III.2.2. Identificación de los sectores y elementos de exploración
Dentro de cada espacio, existen diferentes sectores y elementos arquitectónicos que es necesario visibilizar por medio del proceso de exploración, para poder observar o bien las características constructivas o decorativas, o bien los cambios presentes en los diferentes elementos que componen el espacio.
Lo anterior implica que la exploración funciona en dos niveles distintos con relación a la dimensión temporal: hacer visible un momento particular y específico (diferente al que se observa a simple vista) y hacer visible una serie de momentos diferentes superpuestos.
Esta doble condición temporal (que podría denominarse estática y cinética) determina en buena medida los métodos que se elijan para realizar las exploraciones en un espacio, puesto que las ventanas, pese a su menor extensión, permiten organizar cambios entre los elementos del espacio, mientras que la apertura de calas, sean estas corridas o no, permiten mostrar las combinaciones posibles de varios elementos en un mismo momento; desde luego, la combinación entre ambos tipos de exploración (ver figura 44) permite obtener mayor información (siempre y cuando se realicen primero las ventanas).
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84 Sin embargo, y debido a que el problema central de la exploración radica en qué es lo que se pretende hacer visible, es sólo a partir de la apertura de calas, que es posible apreciar características globales de un momento en particular y por lo tanto, visibilizar un ambiente. Mostrar la sensación perceptiva que tuvo un espacio y por lo tanto los patrones y relaciones culturales que lo determinaron, es uno de los objetivos que se buscan con la exploración.
Para la elaboración de las ventanas de sondeo, se deben elegir los sitios teniendo en cuenta en primer lugar, la tipología del elemento a explorar, puesto que no es lo mismo un muro portante que uno divisorio, una moldura en yeso o el derrame de un vano (ver figura 20).
En segundo lugar, se debe evaluar la forma del elemento, su superficie y los cambios que esta tenga, para ubicar sitios que sean homogéneos o aquellos que sean muy diferentes en su topografía para poder realizar una comparación. Para este tipo de sondeos en el caso de los muros, por regla general se eligen zonas a una altura media (alrededor de 1,50 m) lejos de los zócalos y los remates superiores, que normalmente presentan diferencias en la decoración o cambios y alteraciones relacionadas con problemas de humedad; esto conduce a la tercera variable que corresponde a los deterioros y alteraciones, los cuales deberían evitarse para realizar este tipo de exploración.
Con respecto al número de ventanas de sondeo, no existen tampoco reglas fijas y depende de la complejidad de elementos en cada espacio, aunque siempre es recomendable elegir más de un lugar en un mismo elemento para poder establecer comparaciones y por lo tanto continuidades.
Un punto problemático que debe abordarse aquí (y que ya se mencionó en el capítulo II) corresponde a la fiabilidad de los datos obtenidos mediante la exploración por ventanas de sondeo. Técnicamente hablando, la elaboración de este tipo de exploraciones requiere de experticia por parte del ejecutor (que debería ser un conservador-restaurador de bienes muebles) lo que tiende a disminuir las posibilidades de obviar estratos o perderlos. Sin embargo, en la experiencia práctica se ha visto que casi en la totalidad de los casos la exploración por ventanas implica una pérdida de información, mientras no se realicen de manera paralela análisis morfológicos como los cortes estratigráficos (ver capítulo II.4.1).
La exploración estática por su parte, al permitir visualizar cómo era la apariencia de un determinado espacio en un momento dado, depende entonces (además del reconocimiento de la tipología de los diferentes elementos que componen el espacio) de otros aspectos relacionados ya no tanto con la superficie sino con la morfología de cada uno de los elementos.
En este tipo de exploraciones la altura juega entonces un papel central, en tanto que para un mismo momento (por ejemplo una decoración con papel de colgadura como el de la figura 44) se pueden presentar diferencias sustanciales en la apariencia dependiendo de si se trata de un zócalo, una cenefa o la zona media de un muro; lo mismo ocurre por ejemplo con las molduras y yeserías que en función de su forma y su definición (ver figura 45).
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Figura 44. En este ejemplo se observan las diferencias en el tipo de información que brindan las diferentes exploraciones. En la parte superior izquierda se observa una ventana de sondeo que permite establecer los cambios en la decoración de un muro. Las otras imágenes muestran la exploración por medio de calas que permite hacer visible la apariencia que tenía el muro en tres momentos específicos. Nótese como al realizar las calas (A, B y C) a una altura cercana al remate del muro, se puede ver la combinación decorativa para cada uno de los papeles de colgadura. (Palacio Echeverri – Casa D, 2005).
86 Algo similar sucede con aquellos elementos como los arcos o los vanos, que debido a su morfología generan caras interiores y exteriores que generalmente muestran diferencias y que por lo tanto se deben abarcar con la exploración.
Otro factor de gran relevancia para la ubicación de las calas, corresponde a las áreas o límites de contacto entre los elementos. Estas hacen posible visualizar por un lado, cómo era la combinación de elementos para un momento dado, por otro, permiten observar detalles importantes acerca de cómo fueron construidos los elementos y en qué orden; es por esta razón que las esquinas suelen considerarse como puntos estratégicos (independientemente de la altura) para la exploración por medio de calas.
En el caso de los muros, reconocer su interacción física por medio de calas en las esquinas, brinda información relevante para establecer la tipología de los muros (y su relación temporal) al observar la existencia o no de entrabes o sistemas de unión o amarre entre ellos (ver figura 46).
Figura 45. La morfología de las decoraciones tridimensionales como las molduras o yeserías, implica diferencias o cambios en la apariencia de un mismo elemento, al igual que distintas combinaciones entre sus partes. Este tipo de información sólo puede percibirse por medio de una cala (derecha). (Palacio Echeverri – Casa D, 2005).
Figura 46. La existencia de entrabes en los muros (sección A) o no (sección B), es un indicador de los tipos de muro puesto que aquellos que son simplemente divisorios, al no recibir cargas, no requieren de un amarre perpendicular. También es un indicador temporal puesto que en el caso de A, ambos muros deben construirse al tiempo, mientras que para el caso de B un muro debe construirse antes que el otro.
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Recuadro 15. Cortes estratigráficos y ventanas de exploración
89 Los bordes constituyen otro tipo de límite (ya no entre dos elementos distintos) por lo que deben considerarse de una forma similar en la medida en que, en ocasiones ofrecen información que en otras áreas puede haberse perdido (como en el ejemplo de la figura 38) o resultan ser ideales para hacer visibles cambios en la apariencia de un mismo elemento o combinaciones específicas.
En las exploraciones cuyo objetivo es visibilizar momentos específicos, las alteraciones juegan un papel distinto (que en el caso de las ventanas de sondeo) puesto que ciertos deterioros como las grietas (ver figura 20) pueden ser de utilidad en la ubicación de las calas permitiendo mostrar cambios en la materialidad de un mismo muro y por lo tanto modificaciones.
Debe tratarse por último la cuestión del tamaño de las calas y por lo tanto si deben ser corridas o no. Desde el punto de vista del estudio arqueológico del edificio, casi en ningún caso se justifica llevar a cabo este tipo de exploraciones, debido al grado de dest u ió ue involucran, pese a que cuando se realizan, permiten mostrar en mayor grado el ambiente del espacio. Desde el punto de vista de la restauración, las calas corridas resultan ser útiles cuando se quiere tener una idea del estado de conservación de una decoración y poder definir a partir de esta información, posibles tratamientos (así como posibles costos).
Para poder completarse, la exploración debe quedar registrada por medio de una documentación que muestre la ubicación de las ventanas y calas en cada espacio, pero que incluya también observaciones relevantes derivadas del proceso como por ejemplo el tipo de método empleado para la eliminación de las capas (dado que en algunos casos se debe recurrir al uso de solventes o de calor para facilitar el proceso), su dureza y consistencia física, su apariencia y el grado de dificultad que tienen para separarse entre sí. Está información será de gran utilidad cuando se lleve a cabo el estudio estratigráfico del edificio y la definición de las unidades estratigráficas.
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Capítulo IV: El estudio estratigráfico del edificio
El estudio estratigráfico tiene por finalidad, poder establecer secuencias que organicen los diferentes elementos de los espacios (y sus cambios) en el tiempo, mostrando relaciones que permitan posteriormente reconstruir cómo ha sido la trayectoria que ha seguido el edificio en su devenir.
Por otro lado, la identificación de los elementos (como unidades) y su análisis, debería permitir un marco cronológico (datación) dentro del cual se inserte la información temporal y al mismo tiempo un conocimiento desde la materialidad, que permita durante la etapa posterior de interpretación, comprender las razones que han conducido a que se produzca una configuración específica de la casa en un momento dado, como respuesta a las necesidades de sus habitantes con respecto al patrón cultural imperante y a la idea de lo que (también en cada momento) es o debería ser una vivienda y cómo debería ser habitada.
El otro objetivo del estudio estratigráfico se centra en registrar o documentar esas relaciones, antes de que se pierdan por causas naturales como el decaimiento o destrucción del inmueble o por causas artificiales como, por ejemplo, la realización de un proceso de restauración.
La primera parte de este estudio consiste entonces en identificar los eventos o unidades estratigráficas que existen en cada sector (de cada espacio) de la casa y cuáles son las relaciones físicas que mantienen entre sí, para luego convertirlas en relaciones estratigráficas propiamente dichas que revelen, a través de las secuencias estratigráficas, cuáles eventos ocurrieron antes que otros y cuáles son contemporáneos y configuran un mismo momento en la ocupación de la vivienda.
91 Por último, el estudio estratigráfico debería caracterizar en detalle las unidades identificadas, estableciendo similitudes y diferencias; para esto es para lo que sirven las técnicas de análisis científico o técnicas arqueométricas.