II.2. La Matriz de Harris y los principios de la estratigrafía
II.2.2. La construcción de secuencias estratigráficas
Como ya se ha explicado, el primer momento para la construcción de las matrices de Harris corresponde a la identificación de las unidades estratigráficas y a la manera en cómo interactúan entre sí en el espacio, para posteriormente transformar esas relaciones espaciales en relaciones temporales que permitan interpretar los cambios que ha sufrido la edificación.
32 A pesar de ser una operación aparentemente sencilla, presenta ciertas complicaciones que están dadas en función de la naturaleza de cada espacio (con su particular configuración de eventos) y por la manera en que algunas unidades son visibles mientras que otras no.
Por otro lado (como se observa en las figuras 15 y 16), cada uno de los paramentos que conforman un espacio, puede tener unidades que se comparten con el resto de la habitación (o incluso con otras habitaciones y espacios de la casa como se verá más adelante), mientras que tiene otras que le son propias y exclusivas. Este hecho, implica que cada uno de los muros o sectores de un espacio, deba ser tratado como si fuera un yacimiento independiente, pero relacionado con sus yacimientos adyacentes; también implica que la numeración de las unidades, que generalmente se hace desde la superficie de los muros (hacia los estratos más profundos), deba ser consecutiva sin que se repitan números dentro de un mismo espacio, a menos que se tenga la completa certeza, de que se trata de unidades que en efecto se repiten o están presentes en varios sectores.
La segunda complicación que aparece, debido a que las leyes de sucesión estratigráfica no siempre se cumplen, es precisamente el proceso mediante el cual se convierten las relaciones topográficas (espaciales) entre las unidades, en relaciones estratigráficas (temporales).
Así por ejemplo, si un muro de una misma habitación presenta ocho capas de pintura y el muro contiguo solo dos, no sólo basta con suponer que el segundo muro es una división posterior sino que esto debe corroborarse (puesto que puede ser también un muro que se pintó menos veces) y además, debería poder establecerse a través de las secuencias estratigráficas, los diferentes momentos en cada muro y su interacción; para ponerlo en otros términos, las secuencias deberían poder mostrar (aunque no siempre sea así) las diferentes combinaciones
entre sectores y elementos de un mismo espacio.
Figura 15. La identificación de las unidades estratigráficas en un sector, se puede realizar mediante gráficos (izquierda) en donde se diferencian eventos tanto positivos como negativos. Tal y como se observa en el gráfico, la numeración de las UE es consecutiva y se hace en función de los eventos más visibles o superficiales (Gráfico de una de las habitaciones de la Casa Iregui, elaborado por David Cohen, Javier Rivera y Mariney Santos como parte del curso de Arqueología de la Arquitectura. Escuela Taller de Bogotá, 2011).
33 Lo mismo ocurre en otra escala, al establecer correspondencias entre dos espacios distintos de una misma casa en donde existen estratigrafías diferentes entre los distintos sectores (o inclusive elementos) de cada espacio y entre los espacios entre sí (figura 17).
Evidentemente, cuando los espacios tienen relaciones de contigüidad, ya sea vertical (fig. 17) u horizontal, presentan muros compartidos y por lo tanto, eventualmente estratos que van a estar presentes en ambos espacios, sin que esto signifique que exista una correspondencia en todos las UE, es decir, deben tenerse en cuenta las relaciones de continuidad (ver figuras 6 y 7).
En el ejemplo de la figura 16, la construcción de la secuencia estratigráfica para los dos espacios (sección G) sólo puede ser posible mediante las exploraciones de los muros, que permiten ver los estratos subyacentes en cada yacimiento y establecer comparaciones en función de sus características para poder determinar cuáles estratos están presentes en más de un yacimiento y unificar así la numeración.
Teniendo en cuenta lo anterior, y el hecho de que en efecto se repitan números para las unidades entre dos espacios separados (puesto que la numeración de cada espacio es independiente), es posible entender por qué la construcción de secuencias estratigráficas es un procedimiento dialéctico que aunque se lleve a cabo en distintas escalas de análisis (sector- espacio-conjunto), sólo puede configurarse de manera definitiva una vez se haya realizado una caracterización de los estratos en cada uno de los sectores y en cada uno de los espacios seleccionados.
De ahí se desprende, que una de las claves de este análisis, esté dado por la posibilidad de determinar cuáles de las unidades estratigráficas identificadas se repiten (o se
Figura 16. Cada uno de los muros (A y B) ha sido tratado como un yacimiento por separado, cuyas secuencias estratigráficas se unifican (en la sección extrema derecha) para formar la secuencia de todo el espacio. Las UE de color naranja, son aquellas que se comparten entre ambos yacimientos. En este caso hipotético, los faltantes de pañete al hacer visibles los estratos subyacentes permitieron corroborar cuáles unidades (además de la 1 y la 2) aparecen en ambos muros. De no ser así, cada una de estas unidades (5) debería numerarse de manera distinta para cada muro.
34 corresponden), entre los distintos sectores y espacios de la edificación, puesto que son estos elementos comunes (la construcción de muros con un mismo tipo de ladrillo, morteros de pega y pañetes similares, carpinterías iguales, etc.) los que permiten establecer equivalencias (o
correlaciones) y por lo tanto, relaciones temporales entre todo el conjunto que constituye el edificio.